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Inauguración de nuevo blog

Con este post inauguro oficialmente el blog de recursos, el cual iré llenando, como lo prometí, de videos y textos bastante útiles para todo aquel interesado en temas tanto espirituales como científicos. Espero poder estar a la altura del reto, y que el tiempo y las ocupaciones no me jueguen en contra. Lamento no estar tanto en la blogósfera como debería, pero, como comenté antes, circunstancias de fuerza mayor me lo impiden. Espero, dentro de poco, tener algo más de tiempo libre, el cual dedicaré a mejorar este nuevo proyecto que espero sea todo un éxito.

Los espero en esta, su casa, y ojalá les guste lo que vean. La dirección del blog de recursos es:
www.ri-recursos.blogspot.com

Visítenlo y comenten

Cambios en el blog

A partir de hoy, y en lo que resta hasta Mayo, incorporaré novedades al blog. Con esto pretendo hacer al mismo más rico en contenido, más útil y más cómodo para todos.

¿Por qué hasta Mayo? Porque en esa fecha debo hacer un viaje importante, y es posible que esté desconectado más aún de la blogósfera que hoy. Por eso quiero dotar al blog de recursos útiles, a fin de convertirlo en una fuente de referencia para los ateos, agnósticos y creyentes, al proporcionales material adecuado para sus elucubraciones, el cual espero satisfaga su apetito intelectual y cuya variedad sea lo suficientemente amplia como para concertar el interés de todos.

A la par de la ampliación del contenido, viene adjunta una modificación visual. Algunos de los cambios los he ido implementando, y tanto los iniciados como los que están por venir los señalaré a continuación:

  • Incremento en las categorías y cantidad de blogs enlazados
  • Más páginas independientes: Sobre mí, por qué soy ateo, normas del blog, etc.
  • Inclusión de una sección de “Sugerencias de temas”, en las que me digan cuáles les gustaría que desarrolle. Así la variedad aumentaría, y la temática sería más de su agrado.
  • Inclusión de un chat en el blog: Esto está por verse, pues no lo considero indispensable, además de sermuy engorroso.
  • Creación y enlace a un blog de apoyo, en el cual se encontrará el nuevo material, y tendrá por nombre “Reflexiones Irreverentes – Recursos”. Su dirección será: www.ri-recursos.blogspot.com, y en él se encontrarán los mismos en diferentes categorías:

1.      LIBROS:

  • Libros sagrados: Todos los libros sagrados que me sea posible conseguir, en formato PDF, DOC, DOCX, HTML, e incluso programas que emulen los mismos.
  • Libros y textos sagrados de apoyo: Textos que sirvan de apoyo a los libros sagrados, y que por tradición sean propios de una religión específica. Por ejemplo, en el caso del cristianismo, estaríamos hablando de los evangelios apócrifos; en el caso del islamismo, de los Haddits.
  •  Libros doctrinales: Los que sean exclusivos de una sola fe, y no tengan la misma categoría que los textos clásicos inspirados. Por ejemplo, en el caso de los testigos de Jehová, el libro “El arpa de Dios”, de Charles Taze Russell, o los muchos sobre profecías de Elena G. de White.
  •  Libros históricos: Textos antiguos que sea posible conseguir en la red, como las Antigüedades Judías.
  • Libros de temática religiosa: Libros que simplemente traten el tema de la religión, sin inclinarse por ninguna ideología en particular.
  •  Libros escépticos sobre religión: Los que, por su contenido, proporcionen una visión escéptica de la religión y la fe, promoviendo el pensamiento racional y escéptico de estas cuestiones.
  • Libros escépticos varios: Los que traten temas no religiosos desde un punto de vista muy humano, escéptico y racional.
  • Libros ateos: Los que traten temas ateos, o temas varios desde el punto de vista ateo.
  • Libros científicos: Todos los de divulgación científica, tengan el grado de dificultad que tengan.
  • Libros filosóficos: Los que traten de temas filosóficos netamente.
  •  Libros varios: Para aquellos que no encajen en ninguna otra categoría.


2.      VIDEOS:
  • Grandes líderes y fundadores de religiones: Documentales sobre los grandes líderes y fundadores de religiones. Aquí solo se mencionarán a quienes fundaron las religiones más grandes e importantes. Entre ellos tenemos a Buda, Jesús, Mahoma, etc.
  •  Pequeños líderes y fundadores de religiones: Los que no encajan en la categoría anterior, y aunque no sean del todo pequeños, aquí estarán por el hecho de que su creencia no influyó ni influye grandemente en la historia de la humanidad. Aquí caben personajes semioscuros como John Smith, fundador del mormonismo; Charles Taze Russell, fundador de los testigos de Jehová; Elena G. de White, fundadora de los adventistas, etc.
  • Documentales varios: Documentales de todo tipo, excepto los que tratan temas ateos o religiosos. Normalmente son documentales científicos.
  • Videos varios: Ídem a lo supracitado, pero con una duración menor.
  • Documentales ateos: Los que tratan temática netamente atea; o los que siendo de divulgación científica, tratan temas de corte ateo como la evolución biológica y cósmica.
  • Videos ateos: Ídem a lo supracitado, pero con una duración menor.
  • Documentales sobre religión: Documentales que traten el tema de la religión y la fe, sin inclinarse por ninguna ideología en particular, o los que lo hagan desde un punto de vista muy humano, escéptico y racional.
  •  Videos sobre religión: Ídem a lo supracitado, pero con una duración menor.
  • Documentales proreligiosos: Los pocos pero existentes documentales creados con el solo fin de promover la fe. Entre ellos tenemos aquellos que ven con buenos ojos a la fe o la consideran algo bueno. También a los creados por grupos de creyentes específicamente para defender sus creencias, como los del Instituto Discovery (entidad creacionista por excelencia), entre otros.
  • Videos proreligiosos: Ídem a lo supracitado, pero con una duración menor.
  • Videos doctrinales: Aquí se presentarán videos de servicios religiosos.
  • Fanatismo y extremismo: Videos que muestren los extremos a los que se puede llegar en el celo de la fe, y las terribles consecuencias de la observancia plena, y por tanto adecuada, de la misma. Por ejemplo, aquí se presentarán los desvaríos psicológicos y los desórdenes psiquiátricos de los cristianos evangélicos, en especial los pentecostales, en medio de sus cultos.
  • Documentales misceláneos: Los que no quepan en ninguna otra categoría.
  • Videos misceláneos: Ídem a lo supracitado, pero con una duración menor.


3.      RECURSOS, MEJORAS Y TRUCOS PARA BLOGGERS Y BLOGMASTERS:

  • Numeración de comentarios
  • Numeración de páginas
  • Añadir un botón de respuesta a los comentarios
  • Personalización del formulario de respuestas: Cómo añadir el texto o las opciones que queremos.
  • Cambio de plantilla del blog
  • Otros trucos interesantes

Sé que éste es un proyecto ambicioso, por ello les pido toda la colaboración posible. ¿En qué forma? Sencillo: Si saben de documentos, videos o recursos valiosos que se puedan añadir, háganmelo saber. Claramente se deben tener todos los enlaces del caso antes de hacer una recomendación, así podré añadirlos a las secciones correspondientes.

Aparte de las distinciones anteriormente mencionadas, el contenido se clasificará, además de por su naturaleza, por su temática. Por ejemplo, un contenido nuevo será clasificado según su naturaleza (libro, video), pero también según su temática: Ateísmo, cristianismo, budismo, etc.

Este no es un proyecto a corto plazo (me encantaría que así fuera), sino uno a mediano plazo. El fin del mismo es, como ya comenté, servir como base de datos y referencia para las disertaciones y debates entre ateos y creyentes; así como convertirse en una especie de biblioteca básica y punto de acceso rápido en el tema de la religión, la filosofía, el ateísmo, la ciencia actual y muchas otras cosas interesantes.

Espero que este proyecto les guste y entusiasme tanto como a mí, y de nuevo reitero la solicitud de apoyo a todos ustedes, esperando tengan a bien ayudarme y acoger esta idea.

De antemano les agradezco, y espero que mi proyecto sea de su agrado. Y espero que (estoy casi seguro) que el mismo no afectará demasiado mi producción de artículos, pues desde antes de comenzar con esta idea, tenía el tiempo limitado. Y hasta ahora no he podido recuperar la otrora libertad y holgura de que disfrutaba. Así que éste no representa un obstáculo demasiado alto, ni una dificultad que no se pueda superar.


¿Quién manda a quién?

Últimamente se ha dado un gran revuelo por un tema que, si bien es importante, carece de toda la grandilocuente trascendencia con que algunos interesados han querido investirlo. Me refiero al tema de la fecundación in vitro. En Costa Rica se da un caso extraño: So pretexto de defender la vida se termina impidiendo, e incluso vetando moralmente la misma. ¿Cómo es esto posible? Pues bien, la gente hace tiempo notó que en algunos asuntos legales (y otros más) su patria deja mucho que desear. Y esto no por causa de los habitantes, sino del inoperante aparato estatal, cuya inopia casi raya en lo clínico. La gente vio que las leyes no son lo que deberían, y que el apoyo de la ciencia en la reproducción es algo que debería estar al alcance de todos. Después de todo, la paternidad es un derecho, así como la salud. Y no olvidemos que la razón de ser del gobierno es la sociedad, pues del leviatán sintiente deviene casi toda autoridad que le ampara, aunque al final no se preste oídos a su voluntad.

Se podría decir que todo gobierno democrático se basa en las falacias ad numerum, ad populum, ad antiquitatem y ad autorictas. Estas, junto a alguna variante de la tradición fideísta escatológica nacional, son suficientes para mantener la eutaxia. Pero existe un error de base cuando la democracia se torna en el gobierno de la ignorancia y el sentimentalismo hecho ley, pues deviene en desgracia lo que debería ser de utilidad y beneficio. En este caso, la acción más perjudicial que cometió la actual legislatura es el haber llamado a dar su opinión, como si fuera un tema cualquiera, a quienes están a favor o en contra. Es un error por varias razones: Primera, porque este no es un tema cualquiera, es un tema científico, por lo que solo los profesionales y especialistas son apropiados para dar una opinión sobre éste. Segunda, porque su misma calidad de profesionales les impide opinar libremente, pues hacerlo sería antiético, y quien lo hiciese no sería merecedor de su título. Tercera, porque esta limitación expresiva no se explaya a los que están en contra, ya que éstos suelen ser moralistas de todo tipo, y no tienen ningún reparo en incitar la animadversión de los legisladores, ignorantes en temas tan específicos, y cuya formación su ecuanimidad casi siempre puede menos que su apego a su tradición, a su fe, a lo “políticamente correcto” y a lo que le digan sus vísceras. Y cuarta, porque los opositores al tema o son personas sin preparación médica, o son profesionales que han dejado primar sus juicios de valor sobre su deber profesional. En el primer caso, ellos no tienen nada que decir frente al tema, pues nada saben de él, excepto lo que piensan que saben o lo que otros les han dicho, y lo que digan no será más que una opinión subjetiva y sin valor. En el segundo caso, profesionales que priman lo personal sobre lo profesional no merecen ningún crédito, pues sus opiniones están teñidas de moralina y exentas de objetividad, por lo que nada pueden, objetivamente, aportar.

¿Por qué se permite la exposición de expertos y detractores, como si estuvieran en igualdad? No tiene sentido que un tema que solo compete a expertos y a unos pocos desinformados popularmente electos, sea tratado como uno en el que todos tuviéramos derecho a opinar. No es así. En asuntos de ciencia solo los especialistas comentan. Las opiniones nacidas de la fe y del sentimentalismo no tienen comparación con las de la ciencia, en especial cuando de asuntos científicos se trata. La pregunta no es porqué impedir la expresión de todas las opiniones (como si los temas científicos se decidieran democráticamente), sino por qué deberíamos dejar que gente movida por sus intereses y creencias indemostrables dicte la manera de hacer ciencia y de legislar, en este o en cualquier país. Siendo la ciencia, por la rigurosidad de su método, antidemocrática por antonomasia, no se puede esperar ni que éste tema sea expuesto a la voluntad de quienes nada saben ni quieren saber del mismo.

Ateísmo vs. Budismo vs. Cristianismo. Parte 3: La condición humana

En este artículo analizaré un tema desde la perspectiva del ateísmo, el budismo y el cristianismo: La condición humana. Como todos deben saber, los puntos de vista de cada una son completamente diferentes, y es poco probable que encontremos puntos de conciliación, por lo menos en lo que a cristianismo y ateísmo se refiere. Pero al incluir al budismo en la ecuación podemos obtener resultados diferentes. En los artículos anteriores he demostrado, usando al budismo como máximo ejemplo, que hay dos puntos muy interesantes: Primero, que no todas las religiones son igual de irracionales. Asumiendo la innegable influencia cultural, se puede extraer una buena dosis de escepticismo en algunas filosofías religiosas antiguas, lo que contribuye a que veamos el pasado como algo más que la prehistoria del mundo tecnocivilizado, así como su único pero irremediablemente vulgar y tosco prefacio. Segundo, podemos ver que el escepticismo compite con la fe desde antaño, así que la idea de que ésta es un instinto o fuerza primordial, siempre más poderosa que la razón, queda por completo destruida. El escepticismo budista, por ejemplo, limita la medida de la fe que puede ejercerse en el Dharma y la confianza a depositar en la Sangha, e incluso puede llevar a dudar de la palabra de Buda, e incluso de su existencia, sin que ello sea visto como un insulto, una ofensa ni una herejía. En este sentido, la racionalidad de la creencia se combina con elementos fideístas, y aunque esto no siempre es bueno, lo es si puede generar un debilitamiento de la fe como elemento preponderante de decisión, pues a la larga la razón tenderá a dominar por completo. Y esto es exactamente lo que hace el budismo. Pero sigamos sin entrar en un largo exordio y veamos de una vez el punto mencionado en un principio en acción:



LA CONDICIÓN HUMANA


Ateísmo

            Desde el ateísmo el hombre es libre y esclavo a la vez. Esclavo de sus instintos, y por ende de la naturaleza, así como también de la materia y las condiciones inherentes a la misma. Libre por cuanto es capaz de alcanzar, en cuyo caso es capaz de escarpar del férreo control que la evolución ha ejercido sobre nosotros por largo tiempo. Ahora comenzamos a ser libres de guiar nuestra evolución hacia donde queramos o más nos convenga, y con el tiempo esa libertad irá intensificándose y extendiéndose a todos los campos de la vida. Esto significa, en palabras sencillas, que el hombre comienza a ser libre desde el momento en que toma conciencia de su naturaleza y sus limitaciones, y se propone a superarlas.

            El hombre no se encuentra sometido a la voluntad ciega y dictatorial ningún dios, sino que es libre de elegir su destino, conforme a sus propias luces y a su grado de desarrollo sociocultural y psicoemocional. No es un ser atrapado en un plano donde el sufrimiento es ley, sino que el sufrimiento y la felicidad son cosas que debe construir por sí mismo, y de su propio esfuerzo depende cuán feliz o desdichado pueda llegar a ser.

            La vida del hombre es limitada. Como todo ente natural estamos sujetos a la extinción, y con ello, al final de nuestra consciencia. Nuestro yo desaparece con la muerte, pero esto no debe ser objeto de temor excesivo. Si bien en las etapas tempranas de la vida, conforme pasan los años uno se da cuenta que la perspectiva de eternidad es una extensión injustificada de los miedos y las debilidades de ciertas personas, que da la casualidad y mala suerte que son mayoría, y por ende controlan los medios y las esferas del poder (no por su poder numérico solamente, sino más importante aún, porque de entre ellos emergen los gobernantes, ya que su proporción mayoritaria hace que sea más probable que ellos alcancen el poder). Aunque fuera posible que el hombre alcance la eternidad, o por lo menos una gran longevidad, la extensión de la existencia no solucionaría los problemas esenciales del hombre. Solo mediante su desarrollo personal, la concientización de la naturalidad de su naturaleza, que no es un ser especial, sino un animal más, y que por ende que aprenda a ser respetuoso y humilde cuando debe (pues por falta de esta virtud se ha dejado el planeta casi en ruinas), y que cuando haya que serlo se vea al mundo como un lienzo en blanco, en el cual podemos dibujar lo que queramos. El universo entero está lleno de materiales a nuestra disposición. Y nosotros, si queremos sobrevivir, deberemos volvernos una especie científica, y aprender a aprovechar lo existente como materiales e instrumentos útiles, sin darles algún significado diferente ni más especial del que merecen. El universo no es un gran ente vivo, sino una bodega, una reserva esperando ser explotada adecuadamente. Una mina de oro, si el ejemplo cabe. Y somos nosotros, como entes inteligentes y habitantes de este universo, los responsables de aprovechar esta materia prima para dar vida a nuestros deseos.

            En cuanto podemos controlar y modificar nuestra naturaleza y lo que está a nuestro alrededor, en esta medida somos libres. En cuanto podemos ser conscientes de nosotros mismos y elegir hacer lo bueno a lo malo, lo útil y constructivo a lo destructivo, lo conveniente en lugar de lo perjudicial, en esa medida somos libres. En cuanto somos capaces de dar un sentido a nuestras vidas, de definir lo bueno y lo malo, en cuanto tenemos la capacidad y el valor de tomar las riendas de nuestro destino, y no dejarlo al viento o a la ciega y advenediza voluntad de algún dios, en lo que podamos ser dueños de nosotros mismos y responsables al mismo tiempo de las consecuencias de nuestras acciones, en esa medida y en ese momento seremos auténticamente libres. Así las cosas, el ateísmo es una perspectiva de responsabilidad personal y social, donde no podemos esconder la cabeza bajo tierra, esperando que un ser supremo resuelva nuestros problemas.

El ateísmo es una ideología de compromiso, al no dejar duda de la inexistencia de los dioses, y por ende de la materialidad de nuestra existencia, lo cual nos hace conscientes de que si queremos vivir bien hace falta mucho más que rezar y regocijarse en la complaciente suavidad de la pereza y la inacción, hace falta el compromiso de cuidar nuestro rincón del espacio y proteger a todos los seres vivientes, pues después de todo, no somos mejores ni tenemos más derecho a existir que ningún otro. Y tal como ahora somos la especie dominante, después podrá serlo cualquier otra, lo que nos quita el ego, la arrogancia y el orgullo, pues las razones por las que triunfamos evolutivamente pueden luego volverse en nuestra contra y definitivamente no son exclusivas de la raza humana. Un extraterrestre tecnológicamente desarrollado lo sabría, y si estamos conscientes de que tal vez no seamos los únicos en el universo, también debemos saberlo.

            En resumen, en el ateísmo el hombre solo es verdaderamente libre cuando deja tras de sí la ominosa cadena de los dioses, cuya supuesta existencia ha sido el mayor lastre que la imaginación, la necesidad, la conveniencia y las disonancias cognitivas han podido crear. El hombre no está atado a un destino, y puede llegar a ser tan feliz como se lo proponga. Pero eso sí, debe admitir que es completamente responsable de sus actos, y que si hace algo mal deberá vivir con la culpa  pagar las consecuencias. La perspectiva de naturalidad lo hace consciente de que no somos mejores ni peores que ningún ser vivo, lo que estimula la protección del ambiente, así como la compasión y la paz social, al entender que solo humanamente se pueden resolver los problemas de la existencia. Un ser inmaterial no tiene nada que decir ante problemas que escapan a su naturaleza. Somos nosotros los únicos responsables de nuestra felicidad y de vivir bien, por lo cual lo mejor es colaborar para mejorar el mundo en que vivimos, propiciando el reforzamiento de los lazos sociales y mejorando la sana eutaxia, pues es algo que conviene a todos.


Budismo

            En el budismo nuestro mundo es denominado “Saha”, que significa mundo de sufrimiento. Se lo ve como pasional y primitivo, sujeto a los más grandes sufrimientos: La vejez, la enfermedad y la muerte. Para hacer honor a la verdad, “Saha” es el nombre de nuestro plano de existencia, que califica no solo a nuestro planeta, sino a todos los que existían en el mismo plano material. El hecho de que el hombre sufre y el mu8ndo es un lugar de sufrimiento es la base de su doctrina y su cosmovisión, y sin ella ésta se derrumba. ¿Por qué? Porque la idea de que podemos superar el dolor y el sufrimiento del mundo material es la base de su pensamiento. Éste es el motivo del advenimiento del Buda, su peregrinación, sus sermones, su vida y obras.

            Por un lado, esto es una perspectiva algo deprimente, pues un mundo supuesto malo de antemano no es algo muy esperanzador desde donde partir. La novedad es que el método que da para desasirse del sufrimiento no es sobrenatural, sino natural, material y humano. Dice que todos somos capaces de superar el sufrimiento y el dolor, y se despoja de los exclusivismos con que los maestros se veían a sí mismos. También del velo cuasisagrado del que se revestían estos hombres, los que llegaban a trabar una relación de dios-hombre con sus discípulos, y cuya supuesta divinidad de sus revelaciones los hacía copartícipes del poder trascendental. Aunque no podía esperarse completa imparcialidad de una religión, su doctrina del empoderamiento humano y su capacidad de cambiar su destino revolucionó el panorama religioso de la época. Aunque en ese tiempo había una multitud de sistemas ideológicos que daban al hombre el control de sí mismo, e incluso negaban completamente a los dioses, ninguno de esos sistemas filosóficos tenía tanto poder dialéctico como el budismo.

            En el budismo, en la “enseñanza verdadera” (posterior a la enseñanza provisional, dictada esta última supuestamente antes de que Shakyamuni obtuviera la budeidad, mientras que la primera se da luego de su iluminación), se declara la igualdad de todos los seres, y de sexos humanos, siendo éste un temprano avance en la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, cosa extraña para la época, y que tardó miles de años para poder concretarse a nivel mundial. El cristianismo, tan alabado en occidente por su ética y moral “superior” (por su supuesto origen divino), ni siquiera contempla la posibilidad de equiparar a hombres y mujeres, y trata a éstas últimas como seres inferiores, maliciosos por naturaleza, e indignos de la salvación. No por nada en el islamismo las mujeres no heredan el cielo como los hombres. Es más, algunos afirman que las mujeres carecen de espíritu.

            En el budismo incluso los animales pueden alcanzar la budeidad. Esto es especialmente interesante porque ninguna filosofía anterior había incluido a los animales como sujetos de derechos o beneficios, lo cual es un adelanto de más de 2500 años en cuanto a derechos animales se refiere. En la actualidad, solo los países desarrollados están comenzando a dar verdaderos derechos a los animales, y no la triste protección que se les da hoy en día, la cual incluye tratarlos como poco más que máquinas sin sentimientos, y en caso de gran sufrimiento muchos veterinarios prefieren recomendar el sacrificio que los cuidados paliativos. Lastimosamente muchos veterinarios y personal de los ministerios de salud de muchos países no ven a los animales en el mismo nivel que el hombre. Esto se debe a la influencia cristiana en la política, y que muchos veterinarios, mal que nos pese, siguen creyendo en los dioses, lo que los hace verlos como un negocio (igual que los médicos para humanos, que han llegado a hastiarse de ver gente y los tratan como trozos de carne con beneficios económicos incluidos) y como “criaturas de dios, bonitas pero sin espíritu”, lo que antaño promovió la práctica de la vivisección y el uso de animales con fines de estudios de laboratorio (práctica que algunos países aún preservan). A diferencia de nuestra moderna mezquindad, el budismo trata a todos los seres vivos con el mismo respeto, y no hace diferencia en ninguno, porque dicha diferencia es vista como un apego a la forma, una manifestación del ego, y por ende un estorbo para la iluminación. Un ejemplo de esto lo podemos ver en el “Metra Sutra”, o discurso del amor hacia todos los seres:

[1] “Aquel que desea penetrar el Nirvana
y persigue su propio bienestar
debería ser capaz, recto, muy recto, obediente,
apacible y sin vanidad.

Debería estar satisfecho, ser fácil de 
mantener, tener pocas actividades y pocas
posesiones, controlado en sus sentidos,
prudente, sin desvergüenza y sin apego a familias.

No debería cometer la más mínima falta
que podría ser objeto de censura por parte de los 
sabios. Que todos los seres estén felices y seguros.
Que estén felices en sus corazones.

Que todos los seres que existen, débiles o
fuertes, largos o grandes, medianos o bajos, 
pequeños o gruesos, conocidos o desconocidos,
cercanos o lejanos, nacidos o por nacer, que todos los
seres sin excepción estén felices.

Que nadie engañe ni desprecie al otro
en ningún lugar; que no desee el sufrimiento
del otro con provocación o enemistad.

Así como una madre protege a propio hijo,
su único hijo, a costa de su propia vida,
de la misma forma uno debería cultivar un
corazón sin límites hacia todos los seres.

Que sus pensamientos de amor llenen todo
el mundo, arriba, abajo y a lo largo; sin diferencias, 
sin malicia, sin odio.

Parado, caminando, sentado o acostado,
mientras despierto uno debería cultivar esta
meditación de amor. Ésta, ellos dicen, es la
mejor conducta en este mundo.

Sin caer en opiniones erróneas,
virtuoso y dotado de visión,
uno elimina el apego a los sentidos y
realmente no viene de nuevo al vientre.”


Un ejemplo de esto también lo podemos ver en el siguiente pasaje del Sutra del Loto:


[2] El Buda le dijo a Shariputra:

Todos los Budas, los Así Venidos, enseñan y transforman solamente
a los Bodhisattvas. Todas sus acciones son siempre para un solo
asunto, y ese es solamente demostrar e iluminar a los seres vivientes
sobre el conocimiento y la visión  de los Budas; a los que solamente
usan el único Vehículo de Buda. No hay otros vehículos, ya sean dos o
tres. Shariputra, el Dharma de todos los Budas de las diez direcciones
es así.

Shariputra, los Budas del pasado, a través de los ilimitados e
incontables expedientes útiles, causas variadas y condiciones,
analogías y expresiones, han proclamado extensivamente todos los
Dharmas a los seres vivientes. Esos Dharmas eran todos para el
beneficio del Único Vehículo de Buda. Todos esos seres vivientes,
oyendo el Dharma de los Budas, alcanzan eventualmente la Sabiduría
de Todos los Medios.

Shariputra, cuando los Budas del  futuro, lleguen al mundo, ellos
también a través de los medios ilimitados e incontables expedientes
hábiles, las variadas causas y condiciones, las analogías y las
expresiones, proclamarán todos los Dharmas a los seres vivientes.
Estos Dharmas serán todos para el  beneficio del Único Vehículo de
Buda. Oyendo el Dharma de los Budas, todos esos seres vivientes
alcanzaran eventualmente la Sabiduría de Todos los Medios.

Shariputra, en el presente, todos los Budas, los Honrados por el
Mundo, a través de las diez direcciones en ilimitados cientos de miles
de miríadas de millones de Tierras de Buda, benefician grandemente a
los seres vivientes y les traen paz y felicidad. Esos Budas también a
través de medios ilimitados, incontables expedientes útiles, variadas
causas y condiciones, analogías y expresiones, proclaman
extensivamente todos los Dharmas a los seres vivientes. Esos
Dharmas son todos para el beneficio del Único Vehículo de Buda.
Todos estos seres vivientes, oyendo el Dharma de los Budas, logran
eventualmente la Sabiduría de Todos los Medios.


O este otro:


[3] En ese momento el Honrado por el Mundo, deseando reafirmar lo que había expresado, pronunció los siguientes versos:

Si hay un Bodhisattva,
En la era diabólica futura,
Que con una mente valerosa,
Desea hablar este Sutra,
Él debe entrar en la extensión de la práctica
Y la extensión de asociación.
Él debe siempre mantenerse aparte
De los reyes, tanto como de los príncipes,
Los grandes ministros y los oficiales
Ejecutantes brutales y peligrosos;
De los chandalas junto con 
Los externalistas y brahmacharis.
Él no debe acercarse a
Aquellos de orgullo arrogante
……….
Él tampoco debe acercarse
A los que cruelmente matan a los animales, a los carniceros,
O a cualquiera que mata por sacar producto de ello,
O a los que venden carne como medio de vida,
O aquellos que trafican con carne femenina:


Cristianismo

            En el cristianismo la idea es simple. El hombre está hecho a imagen y semejanza de Jehová, el cual le infunde un espíritu que lo hace potencial acreedor de la vida eterna. Los animales no lo tienen, por lo que al morir desaparecen, y por ende se puede hacer lo que sea con ellos, lo que incluye la masacre, la experimentación desconsiderada, la vejación, el maltrato y su muerte para diversión y disfrute del hombre. El cristianismo no prohíbe la caza, ni otorga derechos a los animales. Es más, no exige ningún respeto por ellos. Los testigos de Jehová recomiendan no encariñarse con ellos, pues son seres sin espíritu que no tienen un valor intrínseco.

            El hombre debe seguir la voluntad de su dios si no quiere ser condenado al infierno. Y a esto lo llaman libre albedrío: A elegir entre una vida de sumisión a Yavé, o una eternidad en un lugar de sufrimiento sin fin. ¡Y a eso lo llaman libertad de elegir, a poner a la gente entre la espada y la pared!

            En el cristianismo este mundo es un lugar de sufrimiento, y el cielo es la verdadera patria, la recompensa, el lugar a donde se debe volver. El destino de todo lo existente está en manos de Yavé, por lo que el hombre no es responsable de mantener ni cuidar el planeta. No por nada la biblia solo dice que el hombre debe multiplicarse y fructificar, dominar la tierra y sojuzgarla. No dice nada de respetarla ni de no depredar sus recursos. Es más, los testigos de Jehová aducen que solo su dios puede restaurar las condiciones mundiales y traer la paz, por lo que todo esfuerzo humano es vano. Otros cristianos los critican por esta y otras opiniones, pero las mismas no son ajenas a la biblia, sino su inexorable, directa, mejor y única consecuencia. La omnipotencia de Jehová da como resultado la impotencia humana, y la completa dependencia del hombre al poder de la divinidad. Esto en teoría debería liberarlo de responsabilidad alguna, pues de existir un ser todopoderoso es incomprensible la responsabilidad humana en algo que no le compete. Y como el hombre no ha pedido venir a la existencia ni tener que vivir, ergo no puede ser responsable del universo, a menos que esto no sea una responsabilidad, sino una imposición. Y por lo mismo, la existencia de un dios, en especial uno omnipotente, siempre será una ofensa del mayor calibre a la dignidad del ser humano, por no ser un ser libre, sino haber nacido como esclavo de su materialidad, de sus necesidades y de su propia naturaleza. Pero Yavé, indolentemente, hace al hombre responsable de la creación entera, y lo obliga a cargar con un peso demasiado grande. Y cuando se muestra incapaz de ello, como es patente, se enoja y lo castiga desproporcionadamente, pues una pena eterna jamás podrá hacer justicia de un mal limitado, como lo es todo lo material.



OBJECIONES A LAS PERSPECTIVAS DE LA CONDICIÓN HUMANA


Ateísmo

1.  La naturaleza meramente material y finita del hombre es triste. Éste es un criterio únicamente emocional, por lo que no constituye un argumento contra el ateísmo ni su perspectiva de la condición humana. Es producto del apego a la existencia, al yo y a lo material, así como del miedo a la muerte, es decir, una opinión basada en la debilidad y los más rastreros instintos del hombre. Por lo tanto no merece que se le preste atención.

2.  La nula importancia del hombre en el cosmos es una idea deprimente. Otra objeción emocional típicamente cristiana. Ésta se debe a la errada idea, ampliamente propalada por el cristianismo, de que la única forma en que la existencia humana puede tener valor es que se le dé un significado trascendente. Olvidan los creyentes que existe la opción de que el hombre se lo dé, y que pueda ser por sí mismo libre, pleno y feliz. Todo apunta a que podemos hacerlo, mediante la inteligencia, la ciencia y la educación. Pero esto destruiría la dependencia hombre-dios, principio del poder clerical, y      fuente de sustento de todos los arciprestes. Puede ser deprimente para quien es incapaz de vivir por sí mismo y se siente débil, incapaz y desvalido. Pero para alguien consciente de sí mismo, de su condición material y de su realidad existencial, es un estímulo más para vivir plenamente, ya que la efimeridad de la existencia la hace una de las joyas más preciosas del universo.

3.  El hombre es débil e incapaz de gobernarse a sí mismo, decidir su destino o dar propósito a su vida. Esto encaja con lo anterior, pues la cosmovisión tradicional de la fe es que sin un dios no somos nada. Nos hemos hundido en nuestra propia miseria, tratando de alcanzar una gloria irreal e inexistente, para escapar de este mundo tan lleno de sufrimientos y miserias; el lugar de ponernos los pantalones y hacernos responsables de nuestro rincón del universo, de nuestros propios actos y las consecuencias de los mismos, y esforzarnos por hacer un mundo mejor, ya por más difícil que parezca, el beneficio será tangible para nosotros y para todos. La doctrina cristiana, así como todo el teísmo y el deísmo, y por extensión toda fe religiosa, son la expresión sobrevalorada y grandilocuente de la irresponsabilidad humana. La gente quiere algo bueno y bonito, pero no quiere esforzarse por ello. La fe religiosa es, por este motivo, la expresión más abyecta de lo peor, más ruin y más inservible del género humano, al motivar la depredación, el irrespeto y la irresponsabilidad durante los siglos de los siglos.

4.  La igualdad del hombre con todos los seres vivos es ofensiva y no está comprobada, ya que la evolución está frecuentemente siendo puesta en duda. Esto solo pueden decirlo los fundamentalistas, creacionistas y fieles adláteres del diseño inteligente. La evolución es un hecho comprobado y aceptado por la comunidad científica en unísono. Otra cosa es que haya pseudocientíficos, es decir, personas con títulos universitarios en áreas científicas que expresan opiniones que nada tienen que ver con la ciencia, como sucede con los adherentes del instituto Discovery. Pero éstos individuos no pertenecen a la comunidad científica, aunque tengan títulos. Simplemente son rebeldes si causa, o mejor dicho, rebeldes, irresponsables, fatuos, y sobre todo, intelectualmente deshonestos por causa de su fe, la cual anteponen a los resultados de todo estudio intelectualmente imparcial.


Budismo

1.  La visión de mundo como lugar de inexorable sufrimiento es bastante deprimente. Es cierto, y al ser un axioma del budismo no es pasible de discusión, por lo que esta idea es completamente errada. El concepto de sufrimiento es relativo, en su extensión, significado, y sobre todo, porque depende de la existencia de seres capaces de percibirlo. La idea del sufrimiento como algo con independencia ontológica es un error. Pero la novedad del budismo, y en este sentido también de la filosofía hinduista de la época, es que abandonaba esta idea. No se veía al sufrimiento como algo ajeno e irremediable, sino como algo superable. Y es por esto que la filosofía budista, a pesar de su pesimismo inicial, se transforma radiantemente en una filosofía positiva y progresista.

2.  No está comprobado ni es lícito suponer que el hombre es capaz de superar todos sus problemas, dar sentido y propósito a su vida, ni ser feliz por sí mismo. Puede ser, pero todo indica que sí. Digo que puede ser porque evidentemente hay personas incapaces de enfrentar sus problemas o ser responsables de su propia vida. Estas personas son las más débiles de nosotros, a quienes les tenemos especial e infantil deferencia o encerramos en instituciones mentales. El punto de posibilidad en el “puede” que menciono es porque este tipo de fragilidad mental es susceptible de extenderse por la población por múltiples motivos, siendo uno de los más poderosos la filosofía cristiana. Pero en general, el hombre es el destinado de hacerse cargo de sí mismo, porque los problemas humanos no pueden tener una solución que no sea también humana. Una solución sobrenatural solo será una ilusión, una expresión de nuestra irresponsabilidad hecha dios. Solo será el deseo de que alguien más se hace responsable de nuestras acciones, y por ende, una excusa para la inacción.

3.  La igualdad del hombre con todos los seres vivos es ofensiva y no está comprobada, ya que la evolución está frecuentemente siendo puesta en duda.


Cristianismo

1.  La visión del hombre como sometido sin remedio a la voluntad de un dios es deprimente. Esto es más que una objeción emocional, porque en este caso estamos hablando de una ideología que pretende dar felicidad, significado y plenitud a la existencia humana, y un sentido trascendental al universo. Además, esto refleja la visión de dios como un ser autárquico y egoísta, algo diametralmente opuesto a la tradicional imagen del dios cristiano como un ser absolutamente amoroso.

2.  La impotencia del hombre es una idea deprimente y fatalista. La impotencia humana es una prueba de que la voluntad de Jehová, si es que existiera y nos hubiera creado, sería que fuésemos infelices, porque no nos creó con la capacidad que nos daría más felicidad: La de autogobernarnos y poder dar sentido a nuestras propias vidas.

3.  El sometimiento del hombre a la voluntad de un dios viola sus derechos, pues le quita voluntad, independencia y coarta su libertad de acción, expresión y decisión.

4.  De acuerdo a lo anterior, el hombre no debería ser responsable de nada, al anegarse lo existente en la omnipotencia divina, siendo el dios creador el único responsable de su creación. No puede culparse al hombre por las debilidades propias de su naturaleza material, a menos que el dios en cuestión sea malévolo e indolente. Además, siendo el hombre impotente de hacer algo por sí mismo, no debería ser culpable de sus propios errores, ya que no puede luchar contra su naturaleza, obra de su supuesto creador. ¿Por qué? Porque si pudiera entonces el dios en cuestión no podría predicarse como todopoderoso.

5.  La idea de un castigo eterno por los males cometidos en este mundo, y por ende de naturaleza humana y material, vale decir, un mal limitado, es una injusticia. De igual forma, una recompensa eterna por una vida justa es una desproporción, al recompensarse un bien limitado (por la extensión de la vida) con la gloria celestial. Si la recompensa se diera no por las acciones sino por el propósito y el corazón de las personas, Yavé no debería prometer el cielo solo a quienes creen en él, sino a toda buena persona, sea cristiana o no. Pero esto no es así, y la misma biblia lo dice. Y si es como la biblia lo dice, Jehová sería un dios múltiplemente injusto, al recompensar desproporcionadamente (primera injusticia) sólo a quienes creyeron en él (segunda injusticia); y castigar desproporcionadamente (tercera injusticia) a quienes por su propia naturaleza (creada por este dios, sin consentimiento del hombre, y por ende violando sus derechos, lo que sería una cuarta injusticia) son incapaces de cumplir sus estrechos mandamientos (incapacidad producto de la naturaleza que les impuso su creador, por lo que éste dios no solo castigaría el pecado sino la incapacidad, lo que sería una quinta injusticia) o simplemente no creen en él, sea por desconocimiento de sí (Yavé castiga la ignorancia, una sexta injusticia; a la vez que no permite el arrepentimiento de quienes no saben de él, dándoles por algún extraño y malévolo designio suyo un pase directo al infierno, pues si quisiera podría revelárseles, pero no hacerlo constituye una sétima injusticia) o porque se lo encuentra intelectualmente imposible (Yavé castiga la honestidad intelectual y el uso de la razón, capacidades supuestamente dadas por él mismo, lo que constituye una octava injusticia).



CONCLUSIÓN

Nuevamente vemos que ante la inevitable disyuntiva de las tres ideologías, el ateísmo sale bien librado, el budismo obtiene una distinción meritoria frente a las diferentes religiones, y el cristianismo sostiene las tesis más anacrónicas de todas, que producen la menor cantidad de dicha posible. Es cierto que para el occidental de hoy, e incluso para muchos otros, el cristianismo es más aceptable, no porque sea poseedor de una verdad absoluta y revelada, o tenga en su haber poderosos argumentos intelectuales, sino porque es más compatible con los instintos de la vida doliente y quejumbrosa, es más afín con el sufrimiento y el dolor que con la valentía necesaria para encontrar una solución. Buscar resolver un problema representa un gran sacrificio, algo doloroso, que sin embargo debe hacerse. El cristianismo sustituye el esfuerzo humano por la dependencia divina, y con ello dispensa al hombre de sus responsabilidades, que de otra forma serían penosa y negativamente realizadas por él. Es el relevo de responsabilidades lo que hace que el hombre sea más compatible con el cristianismo, pues éste despoja al hombre del pesado trabajo de encargarse de sí mismo, y como pago toma como su propiedad a la totalidad del individuo. Por esto ser cristiano, si se desea tener una vida feliz, implica abandonarse a un ser intangible, arrogante y egoísta al más alto grado. Es una mala opción, pues a cambio de una tranquilidad momentánea y falaz se tiene que dar la vida entera, es un mal trato, en el que uno siempre sale perdiendo. Por ello, toda fe que implique perder la independencia a cambio de conseguir una pizca, no demasiado tangible ni segura, de tranquilidad, no vale la pena. Por lo menos en el budismo uno sabe a lo que se atiene, y no se ofrecen recompensas más grandes de las que uno es capaz de alcanzar con su propio esfuerzo. No se da una justificación ad hoc y completamente inverosímil e incomprensible sin fe, sino una descripción fría y seca del mundo: Un lugar donde existe el sufrimiento. En este caso, aunque sean mucho más frías, el budismo y el ateísmo dan las mejores opciones de vida. Otra cosa es que la gente sea lo suficientemente fuerte o valiente para aceptarlas y vivir bajo el nada grato peso de sí mismos. Pero la debilidad de otros es algo que no debe interesarnos demasiado, y en definitiva es otro tema.



REFERENCIAS

[1] Texto editado y traducido del pali por Bhikkhu Nandisena. Edición del Sexto Concilio Budista. ©CMBT 1999. Revisión, 13 de marzo de 2000. Fondo Dhamma Dana.

[2] El Sutra del Loto, pág. 38. Traducido al español por Rev. Yin Zhi Shākya, de la Orden Hsu Yun del Budismo Chan/Zen en el año 2007.

[3] Misma obra, pág. 207.

Ateísmo vs. Budismo vs. Cristianismo. Parte 2: ¿Qué hay después de la vida?

En este artículo analizaré lo que cada ideología tiene que decir sobre lo que ocurre tras la muerte. Se suele conocer la resurrección, pues es la idea más extendida debido a la influencia cristiana. Pero poco se conoce acerca de otras opciones. En cuanto al budismo, la idea de la reencarnación le es adecuada, pero el concepto en sí es diferente al hinduista, mucho más conocido, y por mucho es opuesto a lo que creemos que es. La reencarnación budista no tiene casi nada que ver con la hinduista, pues ni siquiera se tiene en cuenta el concepto de espíritu. Por el contrario, lo niega. El ateísmo sigue la misma línea, y no sorprende, pues al igual que el budismo, objeta el aspecto sobrenatural. Pero no solo eso. El ateísmo va mucho más lejos que el budismo y propaga el extincionismo, el cual dice que somos materia y que al igual que todo lo viviente, tenemos que fenecer.

Pero no nos adelantemos demasiado, y veamos cada uno de estos casos. Sopesaremos los factores a favor o en contra de cada explicación desde el punto de vista emocional e intelectual, así como cuál está más, menos, nula o completamente sustentada por evidencia. Por último, veremos cómo es posible ser felices o porqué es imposible serlo con cada una de ellas.

 

PERSPECTIVAS DE ULTRATUMBA

 
Ateísmo

El ateísmo es extincionista, es decir, sostiene que una vez muerto un ser, nada de él sobrevive. Esta es una postura materialista, y por ende, niega la existencia de cualquier tipo de alma o espíritu, así como toda forma de existencia inmaterial. A esta postura también se la puede llamar intrascendentalismo. Esta idea se basa en el escepticismo, el empirismo y la razón. Explicaré brevemente el por qué de cada una de ellas.

El uso del empirismo se da cuando nos damos cuenta que solo podemos hablar coherentemente, y por ende hacer afirmaciones razonables, sobre lo que conocemos. Sabemos que existe el mundo material. Sabemos que es en el cerebro donde se llevan a cabo las reacciones sinápticas, y es allí donde se almacenan la memoria, la personalidad y los gustos. Sabemos que un daño en el cerebro puede causar alteraciones de conducta y pensamiento. Sabemos que todo lo que nos configura como seres vivientes reside en el cerebro, y que el cerebro se disuelve con la muerte. Bien, tenemos todo para decir que lo material existe, y nada para negarlo. Por el contrario, de lo inmaterial no tenemos ninguna prueba, excepto los relatos subjetivos de quienes se dicen tocados por la divinidad, y por ello se declaran capaces de percibir dicho plano. También tenemos los fenómenos inexplicables. Pero sucede que todo esto no es prueba de nada, a lo mucho representa una duda sobre algún aspecto de la realidad, no una objeción a la misma.

Por ahora sabemos que lo material existe. Es nuestra realidad, y por más que la despreciemos no va a dejar de estar ahí. Pero de lo inmaterial no tenemos ninguna certeza. Los testimonios son subjetivos, y en muchos casos responden a prejuicios, condicionamientos, trastornos psicológicos crónicos o agudos, claras muestras de disonancia cognitiva o fallos en la percepción producto de la hiperactividad de la agencia. Puede que incluso todo sea una mentira, a sabiendas o no. Sea como sea, los testimonios no son confiables, pues pueden ser cualquier cosa menos pruebas objetivas e imparciales.

Los fenómenos inexplicables, por otra parte, son meras lagunas en nuestro conocimiento actual, las cuales son inescrupulosamente utilizadas por los creyentes en lo sobrenatural para intentar desbaratar el edificio del conocimiento moderno, el mismo que ha demostrado tantas veces ser correcto, y sobre todo, útil. Pero lo que no quieren admitir es que no hay ninguna razón para suponer que lo desconocido de hoy siga siéndolo mañana. Y sobre todo, que lo desconocido no es motivo para suponer que exista lo sobrenatural. Nada materialmente físico da ni puede dar pie a la suposición de una realidad inmaterial. Así, desde el empirismo, afirmar lo inmaterial es imposible, pues no tenemos motivos para suponer, desde lo físico, que exista. Y siendo nosotros seres físicos, nos es imposible obtener algún tipo de conocimiento o tener alguna de experiencia calificable de no física. Es simplemente imposible.

El uso de la razón se da cuando nos damos cuenta que no hay motivos para suponer que exista lo sobrenatural o lo inmaterial. Basándonos en el mundo físico, y partiendo desde él, no podemos suponer, ni mucho menos afirmar, que exista algo diferente. La materia no puede ser no física si sabemos que existe materia física y conocemos que el universo y todo lo existente ha sido sometido a un proceso de devenir y evolución cósmica. No evolución en el término darwinista, sino en el de cambio desde formas simples hacia formas complejas, excluyendo el concepto de selección natural y competencia (un ejemplo de este aumento temporal de complejidad sería la formación de estrellas, sistemas solares y planetas). Todo sea por el cumplimiento de las leyes físicas, en especial la de la entropía. Las leyes de la física no dejan dudas que todo lo que interactúe con la materia tiene que ser efectivamente materia. Y todo lo que interactúe con lo físico tiene que ser necesariamente físico (en cualquiera de sus presentaciones). Si con el empirismo somos conscientes de que solo podemos hablar de materia como materia física, y que no tenemos motivos, razones o herramientas para decir nada sobre lo no material, desde el racionalismo podemos deducir que no tenemos ningún motivo para suponer que exista nada aparte de lo físico. Es más, toda afirmación al respecto se revela como fútil y errada al carecer de base. No podemos siquiera decir que lo inmaterial sea posible, menos aún que sea probable.

Por último, el escepticismo nos sirve para negar definitivamente a existencia de lo inmaterial, al no tener que aceptar nada que carezca de pruebas. Nada si pruebas puede decirse verdadero, y por ello es posible suponerlo como falso. Si bien ausencia de prueba no es prueba de ausencia, sí lo es de falsedad. Además, debemos recordar que lo que se afirma sin pruebas puede negarse sin pruebas. Gracias al escepticismo, la negación de lo sobrenatural completa su mapa y se erige como al opción más lógica y mejor constituida en términos intelectuales, además de ser la que mejor encaja con la ciencia, y por ende ser la más útil.

Negar lo sobrenatural e inmaterial equivale a decir que no existe el alma o el espíritu. La existencia de la misma es innecesaria para explicar el fenómeno de la conciencia, y no hay pruebas de que ésta tenga un soporte ajeno al cerebro. Es más, no hay ninguna razón para suponerlo excepto la ignorancia, heredada y voluntaria, producto de la perpetuación de los mitos religiosos, procedente de épocas donde se creía que el cerebro era algo ajeno a la volición, y no lo que es, la sede de lo que llamamos el yo. Nuestro cerebro somos nosotros, y sin él no existimos. Una alteración a él y dejaremos de ser lo que creemos ser, y le diremos adiós a nosotros mismos. No hay ninguna prueba de la trascendencia de la conciencia, y esta idea permanece porque existe en las religiones, michas de las cueles sobreviven, y muy bien, hasta hoy. Es la influencia y la popularidad de la fe, junto a las creencias animistas innatas, el miedo a la muerte, a lo desconocido y a otras cosas lo que hace de la supervivencia del alma una idea tan atractiva y universal. Y es por la falta de pruebas, la incoherencia y la imposibilidad de la misma que los ateos la rechazan.

Los ateos sabemos que al morir se extingue el yo, pues todos los componentes que sostienen nuestra personalidad e integran nuestro ser se separan. Es el fin común de todo lo vivo, y por más que se quiera ver en esto una apología del fatalismo, no por ser aciaga la realidad ésta deja de ser verdadera, existente e invariable. O por lo menos así será hasta que la ciencia encuentre la fórmula de la inmortalidad.


Budismo

El budismo sostiene la reencarnación. La forma primordial de la misma, es decir, la de la filosofía hinduista, indica que existe un espíritu inmortal, creado por Brahma y otorgado a todos los hombres. Cuando un ser vivo muere, sea cual sea, puede renacer en el cuerpo de otro ser y volver a vivir. Este ciclo se repite indefinidamente, y al mismo se le conoce como la rueda del Karma. La palabra karma se traduce como “reacción”, y da la idea del resultado de una acción. La raíz de esa palabra, karman, significa “acción”, y a su vez esta raíz proviene de la palabra antigua “kri”, del mismo significado.

La reencarnación budista es diferente. Sostiene que no existe un alma o espíritu en el hombre, de modo que en la muerte nada sobrevive. Se dice que cuando un hombre le preguntó a Buda si el yo seguía existiendo tras la muerte, él no le respondió. Lejos de ser una afirmación de ignorancia de su parte, o ser una muestra de desprecio, éste era el comportamiento común de los maestros de oriente, en especial los de la India. ¿Por qué? Porque se tenía la idea de que las mejores respuestas las encontraba uno reflexionando sobre algo. El maestro no debía ser un guía moral bajo su propia luz, sino ser un transmisor, un canal para que todos encontráramos el pleno desarrollo personal, un conducto de la sabiduría, no una encarnación de la misma. Por eso Buda nunca se consideró a sí mismo como el líder de la Sangha (orden budista), sino como un miembro más. Esto nos habla de su profundo carácter compasivo y humano, en contraposición con los demás maestros, que en esa época mostraban un aire de superioridad similar al de Jesús cuando maldecía con profusión a sus enemigos y se autoproclamaba hijo de un dios. En este caso, Buda no le respondió porque quería hacerle ver a ese hombre que el yo era una idea fruto del apego a la existencia, y que por ello no había respuesta posible. Lo que aquel hombre dijo era, en lenguaje moderno, algo similar a la falacia de bifurcación. El budismo niega la existencia platónica del yo, es decir, su independencia ontológica. Afirma que el yo es un reflejo eidético de nuestra existencia, condicionado y relativo a la misma. El budismo niega la existencia del alma, y negaba el ateísmo de su tiempo, el cual en muchas ocasiones aceptaba la existencia del alma, pero la declaraba finita.

Entonces, ¿En qué consiste esta reencarnación? En que la existencia de los seres vivos es una manifestación de la vida universal. En otras palabras, somos un producto del universo, no algo ajeno a él. Las circunstancias de nuestra vida son la manifestación de eventos latentes en el universo, que se dan en cuanto exista el ser adecuado. Es decir, que no existe un alma que tenga que pagar culpas arrastradas de una vida a otra como en la reencarnación hindú, sino una serie de circunstancias potenciales que se dan apenas existe un individuo apropiado para expresarlas y vivirlas. Lo que se repite son las circunstancias y las formas de pensar, no el ciclo de la vida y la muerte de un ente inmortal. Para dar un ejemplo, si una persona avara y mala muere, y nace alguien que es igual o casi igual que ella (en el plano mental), pasa por las mismas o muy similares circunstancias en las que el anterior vivió, se dice que ésta persona es la reencarnación de la anterior.

El budismo se basa en una idea parcialmente panteísta, pues dice que el ser vivo es uno con el universo, y al morir se funde nuevamente con éste. Como toda mitología, se basa en elementos mágicos y fantásticos, pues la idea de que somos emanaciones universales procede de la idea del Atmán hindú, el espíritu universal. Esta es la idea real del budismo, aunque esta comprensión antigua encaja mejor que la de ninguna otra religión en el panorama del conocimiento moderno. Es más, es la religión que mejor se adapta, pues ha dejado de lado el dogmatismo, y está abierta a dudar incluso de las opiniones de todos los maestros, y hasta del mismo Buda. La idea del espíritu universal impersonal, del que todos somos chispas minúsculas, pasa a ser el de la vida del universo como ente cambiante y del que todos procedemos. Todos formamos parte del universo, por ende, todos estamos conectados.

Así las cosas, surge una duda: ¿Qué implica en este contexto la idea de cambiar el karma? Bien, en este caso se trata de un cambio de mentalidad, mejor entendida como la superación personal. Cuando somos sometidos a una serie de circunstancias, podemos hacer las cosas de una forma u otra. Volviendo al ejemplo del avaro reencarnado, si en su “siguiente vida” logra hacer las cosas mejor y superar su defecto, se puede decir que ha cambiado su karma. Como el karma se refiere a las consecuencias de las acciones que ha tomado, si cambia su comportamiento puede cambiar la reacción que éste causa. Y aún en el caso de que los efectos ya se hayan manifestado, su cambio de actitud le permitirá afrontarlos mejor, y cambiar lo que en un principio se consideraba inevitable. Éste es el espíritu del budismo, lo que Daisaku Ikeda, líder de la Sokka Gakkai Internacional (organización budista laica japonesa), ha llamado la “revolución humana”. Lograr esto es lo que en budismo se conoce como propagar la ley, también conocido como kosen rufu. Esto implica que mediante el conocimiento del budismo se pueda mejorar la condición humana, y así ser verdaderamente libres, siendo amos y señores de nosotros mismos, no ciegos esclavos de nuestras pasiones.


Cristianismo

El cristianismo sostiene la resurrección. Ésta parte de la preexistencia del espíritu, exclusivo de los humanos, y proporcionado a ellos por su dios. Este espíritu sobrevive a la muerte del cuerpo, y es pasible de merecer el cielo o el infierno, es decir una recompensa o un castigo eterno dependiendo de si se ha seguido la voluntad de dicha deidad. La resurrección consiste en la reconstrucción del cuerpo, a fin de infundirle nuevamente el espíritu separado por la muerte, preparándolo para un juicio final.

La doctrina de la inmortalidad del alma se conjuga con la de la existencia del cielo y el infierno. Estos supuestos lugares existirían en el plano inmaterial, y fueron creados por el dios judeocristiano para hacer cumplir su voluntad. Es discutible si su objetivo es llevar justicia al mundo, pues uno de los requisitos indispensables para acceder al cielo es creer en él. De nada vale ser bueno, honesto y virtuoso si no se cree ciegamente en dicho ser. Así, el cielo es el supuesto lugar donde el espíritu, y luego del juicio final también el cuerpo (por lo menos en la teología cristiana tradicional, excluyendo testigos de Jehová y otros) de los que Jehová considera buenos van al morir. El infierno es para todos los demás. Y no importa si la adoración no se le dio por desconocimiento (todos los vernáculos americanos antes de la colonización fueron irremediablemente al infierno, aunque no hayan tenido la oportunidad de conocer a este dios; a menos que se crea en el relato de los mormones de que Jesús se manifestó en América, por lo que la condenación sería por rechazo consciente), porque se tenía otros dioses igual de plausibles que él, no se creía en ningún dios, o porque se opinaba que el tema es indecidible. Simplemente con no creer en él, o no hacer su voluntad al pie de la letra (la cual se dice no se puede conocer plenamente) se está condenado. Por ende, ir al infierno es algo casi completamente seguro, excepto para aquellos a los que este dios escoja, lo que nos lleva a la doctrina de la predestinación (calvinismo), a la justificación por la fe (evangélicos), o al fanatismo religioso (como los cristianos fundamentalistas y los testigos de Jehová).



OBJECIONES


A la intrascendencia y la inexistencia del espíritu

Las objeciones a esta perspectiva son muchas, y tienen su origen en la ignorancia y el miedo. Algunas de ellas son:

1. La vida sería muy triste si el hombre simplemente se extinguiera en la nada, pudriéndose y siendo comido por los gusanos.

Esta opinión procede del miedo a la muerte, natural en todos los seres vivos, pero expresado aquí de forma trastornada. Por efecto de la ideología cristiana, y por extensión de toda aquella que vea en la vida un milagro o un supremo bien, se incrementa el miedo a la muerte convirtiéndolo en un apego insano a la vida, que es de donde deviene la idea de la muerte como un mal. La muerte es la cesación de la vida, mientras que solo cuando se está vivo se puede hacer o recibir bien o mal. Ya que solo los seres son pasibles de hacer y recibir bien o mal, y que cuando llega la muerte el ser desaparece, ergo no se puede decir que ésta sea un mal, porque disuelve al ser, y con él, a toda posibilidad de hacerle mal. La muerte es, a fin de cuentas, el antimal por excelencia.

Este sentimiento de lástima es el apego por la vida hablando, además de la nostalgia por aquello que inevitablemente espera perderse. Además, también es la expresión injustificada de la admiración por la humanidad, creyéndola algo especial y maravilloso, cuando no es más que el producto de la evolución de la materia, y por ende, algo sin valor intrínseco. Esta nostalgia también es producto de la influencia de cristianismo en la sociedad, el cual impide así una mirada valiente y directa hacia nuestro común e inevitable porvenir.


2. Sería lamentable que la enorme capacidad intelectual humana desapareciera para siempre con su muerte.

Como dije anteriormente, objeciones como ésta son injerencias emocionales en aspectos en los que la emoción nada tiene que decir. Esto también es producto del cristianismo y su desmesurado e injustificado aprecio por el hombre. Antropocentrismo puro y duro. No es mejor que la idea de la supremacía de la raza aria, pues ambas se basan en nada. Es cierto que el hombre es inteligente, pero eso no es motivo para desear que viva para siempre. Hay muchos que con su inteligencia solo han hecho daño, mucho daño. Por ende, la capacidad intelectiva humana no es prueba suficiente de su origen divino, así como tampoco de su pretendido derecho a perdurar indefinidamente. Y como en el caso anterior, este deseo se basa en el antropocentrismo altisonante y en el apego por la vida, o sea, nada racional.

¿Es la complejidad prueba de racionalidad, de supremacía, de derecho a dominar, de origen divino? A todas estas, la respuesta escéptica, materialista e intelectual, así como la más lógica, es un rotundo no.


3. Si no hay un más allá para traer justicia al universo, no hay razón para hacer el bien en esta vida.

Esta afirmación la hace alguien que, si no fuera por el miedo al castigo, se pasaría la vida haciendo maldades. Quien dice que la recompensa o el castigo eterno es la única razón por la que se hace el bien no tiene un motivo verdadero para ser bueno. Quien es realmente bueno hace las cosas sin esperar beneficios, recompensas o lisonjas cuyo único objetivo es elevar el ego del benefactor. Quien hace el bien “de corazón” lo hace sólo porque le gusta hacer cosas que beneficien a otros y a la vez no lastimen a nadie, porque sabe que una sociedad es mejor si todos los individuos se preocupan por el bienestar general. Quien es verdaderamente bueno hace el bien porque le nace, no por obligación. Y esto último es el porqué los creyentes son buenos. Es decir, un verdadero creyente es alguien malo de corazón, pero bueno externamente. En otras palabras, un verdadero creyente es un hipócrita.


4. Si no hay algo más allá de la vida, la vida no tiene ni puede tener sentido ni propósito. Así, no importa si se hace bien o mal, solo se puede vivir lo mejor posible (egoístamente claro), aunque esto implique vejar a los demás y ultrajar sus derechos.

Esto es lo mismo que lo anterior. Los creyentes asumen que una vida sin sentido ni propósito inherente es una vida vacía. Desconocen que se puede dar un significado personal a la existencia, y que éste más que ningún otro es nuestro derecho y nuestra responsabilidad.

Peor aún, puede que no se quiera dar un significado ni propósito a la vida propia, pero eso no es razón suficiente para imponer esta ideología a todos, por las buenas o las malas. Los creyentes asumen que si no hay un orden inmanente son libres para ejercer la anarquía. Esto lo demuestra la historia del cristianismo, el cual está lleno de atrocidades que, mal que les pese a sus acólitos, es producto de la exacerbación del dogma. Pero si el dogma no hubiese existido en primer lugar, no hubiera habido nada en lo que sustentar la barbarie, y ésta no hubiera existido. Así que exculpar al cristianismo por la responsabilidad que le toca en las masacres cometidas en su nombre es algo más bien iluso.

Por último, el que no exista un propósito inherente a la vida no significa que no pueda haber uno. No hay ninguna razón que nos impida crearnos el objetivo que queramos, así como no hay motivo para pensar que sólo mediante la divinidad es comprensible, justificable y soportable la existencia. Quien piensa así es porque en el fondo cree que su vida no vale nada, y busca una razón para no suicidarse, o en su defecto, dar rienda suelta a su malignidad y ser un asesino serial.


5. La intrascendentalidad es un prejuicio, pues quien así opina deja por fuera la posibilidad de la existencia del espíritu y de algún dios a priori. Esto es ser intelectualmente deshonesto.

El que afirma es quien debe probar, no el que niega. Partiendo del fisicalismo metodológico, la existencia de lo inmaterial es imposible, es cierto. Pero si este criterio fuera errado, sus resultados no serían verdaderos. ¿Y cómo comprobar si lo son o no? Simple: Si son aplicables y funcionan, lo son. Sino, son falsos. ¿Y qué podemos ver? Que los resultados de la ciencia funcionan, ergo el modelo desde el cual se descubren y generan conocimientos es verdadero. Si no lo fuera, no podría producir nada funcional.

La intrascendentalidad no es un prejuicio por tres razones: Primero, por lo dicho antes, quien afirma es quien prueba. Y como los inmaterialistas y demás creyentes no ha podido probar sus afirmaciones hasta ahora, no hay por qué creerles, ni respetar la idea tan bizarra de que exista algo que no sea físico. Segundo, como la ciencia es funcional, ergo sus conocimientos son verdaderos. Y es porque sus conocimientos son verdaderos que produce resultados funcionales, sino no podría. La funcionabilidad de sus resultados es el criterio con el que podemos medir el grado de veracidad de una afirmación. Tercero, porque la simple afirmación de algo no confiere a lo referido la categoría de real, existente o verdadero. El hecho de que se afirme lo sobrenatural y lo inmaterial no significa que existan ni que tengan la más ínfima posibilidad de existir. Solo expresa el deseo del creyente de que sus convicciones correspondan con la realidad. Pero las convicciones y la realidad son cosas diferentes, y no están de ningún modo conectadas.


6. No se ha probado la inexistencia de lo sobrenatural, por lo que no se la puede negar. Así, quienes lo hacen son deshonestos, y deben probar sus afirmaciones.

Hacer esto es ser deshonesto, pues se está cometiendo la falacia de invertir la carga de la prueba. Esto es una violación de Onus Probandi por inversión, y esta inversión es ilegítima en todos los sentidos. Quienes sostienen lo sobrenatural deben probarlo, y el hecho de que nadie haya probado su inexistencia no les da derecho de decir que existe, ni siquiera de que puede existir. Al contrario, debería ser un recordatorio constante de su responsabilidad no cumplida como sustentadores de aquello que tan alegremente y sin pruebas ni argumentos afirman.


7. Es imposible que la complejidad del cuerpo y la mente humana, así como la de todo lo existente, existan sin un propósito ni la guía de algún dios.

Este es el argumento del diseño. Dice que todo lo complejo tiene que haber sido diseñado. Y que como todo lo existente es material y complejo, su creación tiene que haber sido obra de un creador sobrenatural. No voy a dar una refutación extensa de este argumento ahora, sino una de tipo express. Este argumento tiene algunos puntos interesantes que son su debilidad. La creación inteligente niega el proceso de evolución cósmica y biológica, pues los creyentes dicen que de lo simple no puede emerger lo complejo. Por ende, todo lo complejo requeriría un diseñador inteligentísimo. Aquí hay varios problemas, pues si se dice que todo lo complejo requiere un diseñador, entonces el dios creador debería, a su vez, requerirlo, ya que su complejidad no podría ser menor a la de su creación. Así, partiendo de un creador con complejidad mayor a cero, tenemos tres perspectivas problemáticas:

Si la complejidad del creador es mayor que la del objeto creado se justifica su capacidad creativa, pero surge la inevitable cuestión de que éste, a su vez, requeriría de un creador a su vez. Y este nuevo creador debería ser más complejo que el primero, por lo que su existencia requeriría a su vez un nuevo y más poderoso creador, y así ad infinitum. Esto no nos lleva a ninguna parte, excepto a aplicar la navaja de Occam, y cortar de raíz toda este grupo de creadores innecesarios e imposibles. ¿Por qué imposibles? Porque una cadena infinita de creadores, uno más poderoso que otro, es imposible, pues una cantidad infinita de energía haría imposible la entropía. Y sabemos que la entropía existe, por lo cual lo imposible es el grupo de dioses. Además, si el creador del universo se define como omnipotente, el creador del creador, como mínimo, tiene que serlo también. Y entonces llegamos al problema de tener que postular una serie infinita de seres omnipotentes, cosa a todas luces imposible.

Si la complejidad del creador es igual a la de lo creado, sería igual de válida la existencia de cualquiera de ellos independientemente. Es más, la aparición de algo inanimado e inconsciente es mucho más probable que la de algo consciente, por lo que la hipótesis de un universo existente sin un creador es más probable que la de un creador que fabrica al universo. ¿Por qué? Porque en el primer caso, lo primero que existe es el universo, ente inconsciente e inmaterial; mientras que en el segundo se habla de un ente consciente, y para variar todopoderoso. Lo primero es más probable que lo segundo.

Si la complejidad del creador es menor a la de lo creado, la creación es imposible, pues se negó de antemano la posibilidad de que algo menos complejo produzca algo más complejo. Decir que sí se puede sería abrir la puerta a la evolución, algo que los creyentes, si son consistentes con su fe, no podrían hacer. A menos claro que no se den cuenta de esto, o sean hipócritas y convenidos (diciendo que con su dios si aplica pero con todo lo demás no).

Existe un problema más: Algunos creyentes dicen que su dios no requiere un creador, pues sale de la cadena causal. Dicen esto por varias razones: Por deducción lógica (asumen sin bases un fin de la cadena causal de la infinitud de dioses, pues dicen que ésta es ilógica –y lo es–, por lo que dicen que la única opción es postular un origen incausado), porque es sobrenatural (dicen que solo lo material requiere causa, y que no se puede aplicar el mismo criterio para lo inmaterial), o por simple fe.

El problema de la deducción lógica es que es gratuita, pues no hay pruebas de que haya que dejar de aplicar el concepto de causalidad en este aspecto ni en muchos otros. Ciertamente hay fenómenos sin causa, pero éstos proceden del reino subatómico, y es normal aplicar el indeterminismo a nivel cuántico, pero sigue siendo algo solo aplicable a la materia. Decir que también se aplica a escala divina o a lo inmaterial es acercar demasiado estos planos, e incluso se podría llegar a pensar que si el plano inmaterial está afectado por las mismas leyes que el material, entonces tal vez sean el mismo, o por lo menos puedan afectarse mutuamente. Esto implicaría que eventualmente podríamos usar a los dioses (si es que existiesen) como baterías, pero esta es una idea demasiado hereje para ser tomada en cuenta por el grueso de los creyentes. Pero por mal que les pese esto no es más que la consecuencia de sus propios postulados. Y hay un problema más: Se detiene la infinitud de la cadena causal sin motivo real. Y el supuesto motivo por el que se hace podría aplicarse mejor al universo. Es decir, la misma razón para decir que el creador no tiene causa puede aplicarse al universo, y mejor aún, pues en el caso del universo se tiene el apoyo de la termodinámica, y en el de un dios no.

El problema de postular que la causalidad no aplica al creador por ser él un ente sobrenatural es un flatus vocis. Además, esto complica las cosas, pues conlleva un enorme problema: Si es cierto que es inaplicable, entonces tampoco es posible afirmar la creación ni la intervención de la deidad en el plano físico. ¿Por qué? Porque lo primero es un proceso de conversión energía-materia, un suceso típicamente físico. Lo segundo es lo mismo, pues se tendría que convertir el poder divino e inmaterial en energía física, única capaz de interactuar con lo material. Aún cuando los milagros no requirieran conversión de energía (pero entonces serían imposibles), la creación sí lo haría. ¿Y cuál es el meollo del asunto? Simple: Si lo inmaterial no está regido por las leyes de la materia ni le es aplicable ninguna ley o aspecto que rija a ésta, ergo son completamente diferentes. Y por esta misma diferencia una no se puede mezclar con la otra, desbaratando así la posibilidad de que existan los milagros. En este caso el ejemplo es la causalidad, la cual se da en el plano material, y por ende sería imposible de extender al inmaterial. Pero si no se puede extender es porque no son similares en nada, y su diferencia crea un abismo infranqueable entre ambas, uno tal que ni siquiera la omnipotencia es capaz de sortear.

Si por el contrario, lo inmaterial puede relacionarse con lo material, entonces inevitablemente es materia, y de tipo físico. ¿Por qué? Por lo que estaba comentando antes: Sólo lo físico puede relacionarse con lo físico. Así las cosas, la dicotomía material-inmaterial quedaría destruida; la omnipotencia y sacralidad de los dioses, ultrajada; y su suprema dignidad y adoración puesta en entredicho, pues ¿por qué tendríamos que adorar a un extraterrestre? Si se afirman los milagros, se afirma la relación inmaterial-material, y por ende la fisicidad de todo lo existente. Así, sería imposible seguir sosteniendo la inaplicabilidad de la causalidad a la existencia de los dioses.

El último punto es el de la fe. Se afirma que u dos carece de causa solo por fe, como en el cristianismo, pero esta aseveración no cuenta con evidencia a su favor. Entonces ¿por qué perdura? Porque las personas así lo desean. Siempre es más fácil escabullirse de la realidad aduciendo prejuicios voluntariosos a dar razones de las ideas, y lamentablemente siempre se respeta más al hombre con convicciones que a aquel que sostiene sus dichos con pruebas. Al primero se lo ve como íntegro, al ser fiel a sus hábitos y sus ideas, a pesar de las pruebas en contra o la carencia de pruebas a favor; mientras que al segundo se lo ve como un mezquino, pues se lo ve como un tipo despreciable que presenta pruebas solo para que todos se convenzan, cuando lo más justo sería decir que las exhibe porque es lo correcto. Hasta ese punto tan bajo ha llegado la humanidad, menospreciando al escéptico y galardonando con bienes, favores, popularidad y dinero al cerrado de mente. Es por eso que el librepensamiento está tan devaluado en nuestros días.


A la reencarnación budista

1. La reencarnación es una idea fatalista, pues el karma es una cadena de la que uno no puede librarse.

Tanto en el hinduismo como en el budismo existe la idea de liberarse de la rueda del Karma. En el budismo este concepto equivale al Nirvana, el cual representa la liberación absoluta del renacimiento. El budismo ofrece una manera de liberarse por medio del cambio del karma, mediante la práctica budista.


2. La reencarnación es una idea predeterminista, pues establece de antemano lo que uno será.

El karma, si bien determina parcialmente lo que uno es (pues todos los humanos suele responder casi igual a una misma circunstancia), no es algo que dirija de manera invariable el transcurso de nuestra vida ni nuestras decisiones. Es solo una tendencia, y como tal podemos elegir seguirla o no. Por eso en el budismo existe el concepto del cambio de karma, aún del que se considera invariable (lo cual es una innovación con respecto al hinduismo).


3. El karma es venganza e injusticia, pues uno paga culpas de una existencia anterior de la que no tiene recuerdos, y de la que lo puede librarse.

Esta crítica es medianamente pertinente a la reencarnación hinduista, no a la budista, pues se sabe que los antiguos sacerdotes brahmánicos lo usaban como excusa para la separación de castas. Incluso este concepto era usado hasta tiempos recientes, y era universalmente aceptado en la India hasta el advenimiento de pensadores influyentes como Mahatma Gandhi. Sin embargo, aún el indio promedio de una aldea remota continúa con este pensamiento, así como con otras costumbres antiguas como el matrimonio arreglado. La reencarnación budista carece de este defecto, pues al no haber un espíritu inmortal, se desvanece el concepto de cargar con culpas ajenas. Y por el contrario, se puede cambiar el karma personal, e incluso grupal o nacional, de modo que el fatalismo hinduista queda por mucho superado.


4. El karma justifica la segregación y la injusticia, pues es por el mal karma acumulado de los sufrientes que se dan sus penas, al tener que pagar en existencias posteriores, con penurias de todo tipo, los males cometidos en vidas anteriores. Así, el mal actual es producto de las malas acciones pasadas, y se juzga como merecido, siendo por ello una racionalización absurda e indolente del sufrimiento y el mal.

Esto se responde con lo anterior, y es producto de la confusión entre reencarnación hinduista y budista. El karma no justifica las injusticias, si acaso les da una explicación, pero no es motivo por el cual debamos aceptarlas pasivamente.


5. La idea de estar inevitablemente atado a nacer y morir eternamente es como una prisión o un castigo, pero en lugar de ser en un plano inmaterial, lo es en el mundo físico.

Al igual que lo anterior, esto aplica al hinduismo, no al budismo. Sin embargo es bastante común lo mucho que suelen confundirse estos dos tipos, y la mala imagen que se ha creado de Buda a lo largo de los milenios, pasando desde el Buda original (un joven con cuerpo atlético) hasta el Buda chino (fusionado con el dios chino de la abundancia).


6. La reencarnación carece de pruebas, por ende no puede enunciarse verdadera.

Si se la toma literalmente, es imposible. No hay pruebas de que un espíritu inmortal transmigre de cuerpo en cuerpo renaciendo y muriendo. Tampoco de que l universo sea un ser vivo. Pero si se la toma en sentido figurado, no es más que la expresión poética del devenir de todos los seres, y en esencia no es incorrecta, solo demasiado retórica.


A la resurrección

1. La resurrección no puede darse, ya que rompe con las leyes de la física.

2. La resurrección carece de pruebas, por ende no puede enunciarse verdadera.

3. La resurrección es un fenómeno sobrenatural. Y como no hay pruebas de que estos fenómenos puedan darse, ergo no puede afirmarse verdadera.

4. Solo puede creerse en la resurrección por fe, ya que esta idea es de índole religiosa.



CÓMO SER FELIZ CON LA PERSPECTIVA ELEGIDA

 
Con la intrascendencia y la inexistencia del espíritu

1. El que el hombre no trascienda la muerte no significa que su existencia debe ser miserable. La felicidad humana no depende de la inmortalidad del cuerpo ni del alma, sino de la fortaleza, la perspectiva y la capacidad que tengamos de extraer el mayor beneficio posible del mundo, así como de nuestra capacidad de disfrute, la cual se ve positivamente ampliada por la paz social, la razón y el dominio consciente de nuestras pasiones, instintos y pulsiones animales latentes.

2. El que el hombre no tenga un espíritu y que no haya sido la creación especial de un dios no significa que su existencia no tenga valor. El valor de la existencia puede ser dado por cada individuo, y no es indispensable la medida, el deseo ni la voluntad de un creador para darle valor a la vida. Nosotros, como seres vivientes y dueños de nuestra vida, somos los únicos responsables de ésta, de determinar su valor y de la felicidad que seamos capaces de alcanzar.

3. El que la vida humana no tenga un propósito ni un significado intrínseco no significa que no pueda tener un significado. Somos capaces de crearnos uno por nosotros mismos, y así alcanzar la felicidad y la total plenitud. Un propósito previo solo nos encadenaría a un destino del que no podríamos escapar. El que un dios nos haya dado un propósito haría que no fuéramos libres, es decir, seríamos autómatas a merced de su voluntad, la cual se sobrepondría a la nuestra, negando el tan manido concepto del libre albedrío.

4. La finitud de la vida no es un motivo de ineludible tristeza. Podemos ver la brevedad de la misma de una forma menos atroz: El que la vida sea corta y única la hace especial y bella, y puede inspirarnos a vivir sin miedos ni tapujos, pues ya que no hay otra es menester vivirla lo mejor posible y ser lo más felices que se pueda, apreciando las cosas bellas de la vida, que al igual que nosotros son fugaces. Al contrario de la eternidad, la cual sería aburridísima por su misma infinitud, además de que con el tiempo se perdería el amor por la vida y se desvirtuaría su valor, pues todo llegaría a ser una repetición ad nauseam. Si no me creen, vean la perspectiva cristiana de la beatitud: Una eternidad alabando absurda y mecánicamente a un ser que, al ser todopoderoso, no deberían serle importantes nuestras loas. Una eternidad alabando día y noche, hablando de Jehová, viviendo y respirando su esencia por todos lados. ¡Qué perspectiva más deprimente y terrible! Y sobre todo, ¡Qué perspectiva tan humillante y tan esclavizante la de un lugar donde no se permita la duda ni el libre examen, pues se viviría sólo por fe! ¡Qué insulto y qué tormento más terrible para un librepensador!

5. La perspectiva materialista de la intrascendentalidad permite que nos veamos iguales a todo, desde materia inanimada a animales y plantas. La evolución biológica nos permite vernos como otro animal más. Esto hace que seamos mucho más humildes, y nos pongamos en nuestro verdadero lugar en el cosmos. No somos mejores que nadie ni que nada. Esto nos hace responsables y conscientes de todo lo existente, de modo que no tenemos razón para privar a otros de la vida innecesariamente, destruir por diversión ni complacer salvajemente nuestros deseos en detrimento de todo lo demás solo porque podemos hacerlo. Nuestra igualdad material con el universo hace que seamos reverentes, respetuosos y cuidadosos con el todo, y nos da un sentido de unidad vivificante, animal y racional, que pocas ideologías otorgan.


Con la reencarnación budista

1. La reencarnación budista no implica ningún tipo de sufrimiento innecesario, ni ninguno que no podamos soportar y superar. Todo problema puede solucionarse, y somos tan fuertes como queramos ser. Podemos cambiar nuestro karma y vivir una vida plena y feliz.

2. Al contrario que en otras religiones, no existe la idea de un castigo eterno. Todo lo malo se paga en este mundo, y por ende puede solucionarse aquí también. Esto elimina el temor, que muchas veces raya en obsesión y desorden psiquiátrico, de estar haciendo algo malo a los ojos de un dios, y por ende mejora la calidad de vida, pues al no estar en la paranoica búsqueda de la aprobación divina se es libre para disfrutar de la existencia sin tantas preocupaciones, y se es libre del temor de ser condenado eternamente por hacer o decir algo ínfimamente incorrecto.

3. La reencarnación budista da un sentido de unidad que pocas ideologías confieren, pues se es parte de la vida del universo, por lo que todos estamos conectados, lo que nos hace conscientes de nuestra responsabilidad con el mundo y con todo lo existente.

4. Por medio de la filosofía del desapego, el miedo a la muerte es enormemente reducido, y en muchos casos eliminado. La idea de unión del hombre con el cosmos hace que se vea a la muerte como algo incapaz de inspirar temor.


Con la resurrección

1. La idea de la resurrección, unida a la de la inmortalidad del alma, hace que el miedo a la muerte quede enormemente paliado. Para muchos es un consuelo pensar que la muerte no es capaz de separarnos de nuestros seres queridos.

2. La resurrección, unida a la idea del cielo y el infierno, da un sentido de justicia al mundo, y para muchos es un aliciente para hacer el bien.

3. La resurrección, unida a la inmortalidad del alma, el cielo y el infierno dan un panorama escatológico completo, el cual es sumamente útil para la mayoría de las personas, pues normalmente se suele querer que la vida propia sea algo especial. Estas ideas proporcionan a muchos un sentido de la vida, les da un propósito y los hace sentir bien. Sentirse especiales en la vastedad del universo es mejor que verse a sí mismos como algo sin importancia trascendente. Y no interesa si la bienaventuranza es falsa, sino si es confortable y halagadora.



JUSTIFICACIÓN EMPÍRICA Y EVIDENCIA


De la intrascendencia y la inexistencia del espíritu

Todas las evidencias apuntan a que no existe el alma o el espíritu. Desde el punto de vista de la ciencia se trabaja desde un esquema materialista. En principio, se podría pensar que esto excluiría injustificadamente y a priori cualquier evento sobrenatural, de modo de sería una petición de principio y una prueba circular, bajo las cuales los escépticos asientan sus asertos. Pero sucede que no es así, ya que quienes objetan el materialismo olvidan algo primordial: Todo aquello que interactúe con la materia debe ser materia. Y todo aquello que afecte a lo físico debe ser físico también.

Ante esta verdad práctica, los inmaterialistas afirman que esto es precisamente el ejemplo de petición de principio, pues no se podría decir que solo lo físico afecta a lo físico, pues lo no físico podría hacerlo también. Pero un observador imparcial con un mínimo de honestidad intelectual podrá darse cuenta que esto es solo un intento de dar validez a algo que no lo tiene. ¿Por qué? Porque quien afirme lo sobrenatural es quien debe probarlo, y no solo afirmarlo por descarte, por fe, y por la (pretendida) imposibilidad de demostrar la inexistencia de lo inmaterial. Quienes objetan lo inmaterial, lejos de querer demostrar lo inmaterial y lo sobrenatural, pretenden hacernos creer que afirmarlo es posible por el solo hecho de dudar de la ciencia y el materialismo. Pero se les olvida algunas cosas: Afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias; lo que se afirma sin pruebas puede negarse sin pruebas; el que afirma es el que prueba, no el que niega; y que algo no sea cierto no significa que lo contrario lo sea, pues pensar así es cometer la falacia de bifurcación. En el mejor de los casos, el actuar de los inmaterialistas pretende desprestigiar a la ciencia, al materialismo y al escepticismo, para que cuando las personas vean los dos lados de la moneda, piensen mal del último y se inclinen por el primero. Esa es la forma de actuar de quienes quieren hacer asar por verdades sus racional y empíricamente injustificadas convicciones. Quien pretenda desvalorizar a la ciencia para que no pueda decir nada en contra de lo inmaterial está siendo intelectualmente deshonesto. Y lamentablemente esta es la forma en cómo actúa la mayoría de los creyentes, en especial los fanáticos. Por eso es hoy más importante que nunca el librepensamiento, pues nos hace conscientes de que la realidad es diferente y no tiene nada que ver con nuestros deseos. Y partiendo de este punto es como podremos hacer un análisis honesto, justo, crítico, imparcial y estructurado de lo existente, vale decir, un análisis científico.


De la reencarnación budista

La reencarnación tradicional carece de pruebas, y es imposible desde el punto de vista científico. No podía esperarse otra cosa de una religión, pues su base es la exaltación de lo indemostrado. Por el contrario, la reencarnación budista es una forma poética de decir que somos materia en movimiento y en un continuo devenir. También puede tomarse literalmente, y creer que el universo es un ente vivo, en el cual todos habitamos y del cual todos compartimos la vida. La primera visión es de tipo figurado, la segunda de tipo literal. Bien, la visión literal no tiene pruebas; es más, es imposible, pues el universo no puede ser un ser viviente, menos aún puede tener un espíritu universal. Quien afirme tales cosas tiene el deber de probarlas, sin embargo, le será extremadamente difícil, sino imposible, pues los mecanismos de los seres vivos son similares, y por ende estudiables. Y no hay nada en el universo asimilable a una mente o un organismo. La visión figurada es bastante asimilable al materialismo moderno, y siempre y cuando no tenga pretensiones de convertirse en un culto a la abstracción, puede considerarse correcta.


De la resurrección

Esta, a diferencia de las dos anteriores, es la que menos pruebas tiene. Desde todo punto de vista, excepto el fideísmo, es imposible. La reestructuración mágica de un cuerpo es físicamente imposible. Menos aún la de millones y millones de ellos. Mucho menos aún la restauración de la memoria de millones de personas en cuerpos nuevos. Científicamente es imposible, pero quienes creen en ella le toman poco aprecio a la ciencia en este asunto, y normalmente también en muchos otros. A final de cuentas, se cree en la resurrección no por las pruebas a su favor, que no existen, sino por el deseo de que lo esperado sea correcto.



CONCLUSIÓN

Este artículo ha sido un esfuerzo por tratar de esclarecer las más importantes diferencias entre el ateísmo, el budismo y el cristianismo en cuanto a lo que significa la muerte y lo que sigue de ella. Las diferencias son ostensibles, irreconciliables y complejas. Personalmente, como ateo, me siento inclinado a materialismo, y en especial al fisicalismo, pues de entre todos es el sistema que tiene mayor poder explicativo, y cuenta con las mejores (por no decir las únicas) evidencias de entre todos. Queda a criterio del lector decidir entre una de ellas, pero extiendo una sugerencia a todo aquel que busque la verdad y la correcta comprensión de la realidad: ¿Qué es mejor: Una idea reconfortante, divina y consoladora, pero carente de pruebas y cuyo único sostén es el deseo y la irracionalidad; o una que, aunque fría, nos acerca y nos une al cosmos, haciéndonos partícipes del mismo, y hasta cierto punto maestros del mismo, al obtener el verdadero conocimiento de él? Toda idea que requiera fe para aceptarse; que rehúya de las evidencias y el análisis crítico, escéptico y racional; que banalice el conocimiento y el esfuerzo humano hasta el punto de considerarlo herejía y locura ante un dios, y de apreciar lo estúpido e ingenuo como el non plus ultra de su filosofía de vida; una ideología como esa no nos puede llevar a nada bueno. Y ya saben de cuál estoy hablando.

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