miércoles, noviembre 28, 2018

La mentira de la violencia contra la mujer. Parte 6: El infanticidio y el aborto selectivo

¿Y qué hay del infanticidio y aborto selectivo?




NOTA: Si no has leído el artículo anterior, léelo AQUI.

La muerte de niños (infanticidio) está incluida en las cifras sobre homicidio, por lo cual no es necesario hacer mayores precisiones. Lo que sí debe quedar claro es que la muerte sigue afectando grandemente a niños y niñas, por muchos motivos, y como siempre, más a niños que a niñas. En todo caso, hasta ahora no se ha podido probar la muerte de una niña por motivo de su sexo, por lo que no podría tratarse de una forma de “feminicidio infantil”. Incluso si se diera ese caso (considerando que nunca falta un loco en este mundo), los casos de ello serían tan escasos, que serían estadísticamente insignificantes, siendo correcto clasificar estas muertes como simples infanticidios

El aborto o la muerte fetal de nonatos femeninos se deriva del derecho al aborto, que suelen defender las feministas. Si se ve a mal el aborto por razón de sexo, eso significa que se le está dando una dignidad humana desde antes de nacer, en este caso, la categoría de mujer, por lo que esto iría en contra del alegato del aborto como derecho y libertad esencial de la mujer gestante, y de la idea de que el nonato es un ente con inferior dignidad que la mujer adulta, de que es un ente no comparable con un ser humano nacido. Por el contrario, si se mantiene la idea de la validez del aborto, no hay forma ni motivo por el cual criticarlo. La posibilidad y libertad de efectuarlo por el solo deseo de la mujer (o pareja) hace imposible cualquier crítica al motivo del mismo. Ya sea por no ver frustrados sus planes profesionales o académicos, porque el nonato tenga algún problema no letal del que no quieren hacerse responsables (como el síndrome de Down), por el sexo que tenga, o porque simplemente no se desea tener un nuevo hijo, no hay forma de criticar una decisión soberana y personal, cuando desde el inicio se ha dado por válido este proceder.

En resumen: Si se da la plena libertad de abortar, sin razón de causa, es absurdo criticar el sexo como causa del aborto. Si se ve como inválido un motivo para el aborto, cualquiera que sea, entonces se está tirando al tacho la libertad plena de efectuar un aborto, y por ende sería válido establecer restricciones al mismo. Y una razón tan subjetiva como el sexo del nonato es equivalente a otra tan subjetiva como “es pecado” o “no le gusta a (mi) deidad”.

La mentira de la violencia contra la mujer. Parte 5: El acoso sexual

¿Y qué hay del acoso sexual como violencia?




NOTA: Si no has leído el artículo anterior, léelo AQUI.


Ver el “acoso”, de buenas a primeras, como “violencia contra la mujer”, es un grave error. Primero, porque tanto hombres como mujeres podemos ser acosados. No es una realidad exclusiva del sexo femenino. Por eso existen historias y estereotipos de las novias obsesivas, y de chicas que siguen a chicos, tanto que hasta ha llegado al mundo de los memes. Hace unos años existía el meme de la “novia celosa y obsesiva”, que si bien, como todo meme, va tras el humor, refleja una realidad femenina imposible de negar. Segundo, porque no todo es acoso. Hay cosas que al día de hoy se ven a mal, sin que ese rechazo sea fundamentado en un criterio racional y realista. Por ejemplo, el piropo es visto como una forma de acoso, cuando, siendo intelectualmente honestos, no encaja en esa categoría. El piropo no es a priori violencia, sino un uso de la libertad de expresión personal. Es cierto que puede ser incómodo para algunas personas, pero hay que verlo desde una perspectiva lógica, no solo por encima: Incómodo = emoción personal y subjetiva. Y bueno, a partir de una emoción personal y subjetiva no se puede determinar que algo es bueno o malo. Eso sería cometer una falacia de non sequitur.

Recordemos algo: Hoy en día, las mujeres en general, y las feministas en particular, defienden la libertad de usar su cuerpo como les parezca (por ejemplo, para ponerse la ropa que quieran, en cualquier momento y lugar). Ergo, quienes sostienen esto no deberían tener problema alguno en que otro haga uso de esa misma libertad, ¿verdad?...bien, un hombre que mira con deseo a una mujer, está haciendo eso mismo: Usando libremente una parte de su cuerpo (los ojos). Un hombre que emite un piropo (o cualquier sonido) está haciendo ello también: Usando libremente otra parte de su cuerpo (su boca y sus cuerdas vocales). Mismo caso, misma lógica. Esto es lo que se conoce como una isomorfia, y es la base de toda analogía válida.

Intentar objetar este hilo de razonamiento afirmando que esta analogía es falsa, debido a las diferencias entre estos escenarios (aludiendo a la incomodidad, por ejemplo), es inválido, dado que ese alegato no ataca la isomorfia planteada, la cual es ineludible, y por ende, indestructible. Así, o a todos se les reconoce la libertad de uso autónomo de su cuerpo (validando que una chica se pueda poner la ropa que quiera, así como que los hombres puedan mirarla y piropearla cuanto quieran), o no se le reconoce a ninguno (restringiendo el piropo, pero también la libertad de vestimenta).

Insistir en diferente trato para estas situaciones isomorfas, requiere echarse al hombro una astronómica carga de prueba, para, una vez asumida y válidamente cumplida, recién poder tratar diferentemente circunstancias cuya base, a priori, es idéntica. Ello requiere una justificación epistemológica como un Leviatán, que, como es obvio, no puede reducirse a los sentimientos o emociones femeninas, ni a la mera diferencia entre los analogados (las analogías se hacen entre elementos diferentes, sino no serían analogías, para empezar). De hecho, aludir a las diferencias irrelevantes es algo que en lógica se conoce como "falacia casuística". El que algo sea incómodo para una mujer no lo hace malo en sí (non sequitur), ni es suficiente diferencia para descartar la isomorfia planteada (casuística).

Muchas mujeres ya se han dado cuenta de esto. Una mujer no puede tachar de acoso el coqueteo torpe, o la admiración de su belleza. Eso es algo básico en la interacción humana. El que alguien no sepa coquetear, cortejar o seducir no es violencia, es simplemente torpeza, que se soluciona con la debida experiencia. No se puede castigar legalmente la torpeza o la falta de experiencia masculina solo porque no le gusta a las mujeres. Las mujeres que ven en esto acoso y violencia contra la mujer, deben comenzar a madurar, pues en el mundo uno se encuentra de todo, y todo tipo de personas. Parte de la madurez humana consiste en saber manejarse entre las diferentes situaciones que uno se encuentre en la vida, así como saber tomar las cosas como de quien viene. Tomar como algo serio y solemne el piropo de un hombre con el que probablemente nunca más te encuentres en tu vida, es cuando menos ridículo; cuando más, un problema de sensibilidad que podría requerir una consulta con un profesional de la salud mental. Tomar a mal el coqueteo, verlo algo tan normal, sano y natural como si fuera un acto aberrante de violencia, no tiene el menor sentido. El coqueteo está más cerca al romance que a otra cosa. Tal vez no sorprende, por ende, que sean las feministas quienes más estén en contra del amor romántico, y pugnen por cambiarlo por el “amor libre”, es decir, relaciones sin compromiso ni responsabilidad emocional, sino algo como “amigos con derecho”.

Pero vamos más allá. No es solo que se ve a mal que el hombre exhiba formas de acercamiento a la mujer, sino que en similares o iguales circunstancias, al hombre se lo tacha de acosador, violento y peligroso, y es pasible de sanciones legales, así como de terminar con la vida destrozada por efecto de las redes sociales. No es solo eso. Es peor aún: A las mujeres que hacen eso mismo, se las toma como románticas y empoderadas, y cualquier crítica es tomada automáticamente como violencia contra la mujer. Sí, tan extraño, contradictorio e hipócrita como suena. Se ve a mal cuando un hombre coquetea y busca el romance, pero se ve a bien cuando lo hace una mujer. Para muestra un botón: El 18 de abril del 2017, un joven de Murcia, España, vio a una chica en el tren. Al instante se sintió atraído por ella. Dado que no se animó a pedirle sus datos, se dedicó a buscarla, poniendo 4 papeles pegados en la ciudad, y solo 4, confesando su sano y romántico interés, e invitándola a que se conozcan. Al instante, salieron quienes comprendieron la actitud romántica del joven. Algo inadecuada tal vez, pero sin malicia. Sin embargo, no faltaron quienes vieron esto como acoso, machismo y un posible problema psiquiátrico. Y fueron muchos. Los medios crucificaron al joven, quien solo quería conocer a una chica y salir con ella [1], tachándolo de lo peor, sobre todo desde la perspectiva de muchas mujeres feministas [2], e incluso inventando supuestas respuestas de “la chica del tren”. Por fortuna, la verdadera “chica del tren” llegó a ser contactada, y la historia tuvo un final feliz, pues se cayeron bien y se comprometieron a conocerse, una vez los medios se hayan alejado [3].

Como se ve, en caso sea un hombre el romántico, interesado, o “aventurado” en hacer este tipo de búsquedas públicas, automáticamente hay una acusación de machismo y violencia contra la mujer. Pero, ¿qué pasa cuando el caso es a la inversa, cuando es la mujer la que hace este tipo de cosas? Creo que intuyen la respuesta. Y sí, es esta: Simplemente se toma como un acto romántico y de empoderamiento femenino. ¿No creen que existan esos casos? Véanlo ustedes mismos:

Vera Feddersen [4], una berlinesa residente en Dublín, que trabaja para una institución educativa alemana en esa ciudad [5], volaba de Londres a la capital irlandesa en un vuelo de Ryanair, cuando vio entre los pasajeros a un hombre del cual se enamoró a primera vista. Intercambiaron unas cuantas palabras al recoger maletas, pero no pudo obtener sus datos. Así que inició una búsqueda por redes sociales, misma que se volvió viral, tratando de ubicar a su amor platónico. Y bueno, aunque es obvio, Facebook tiene mayor alcance que 4 papeles en la ciudad de Murcia. Pero a ella no se la llamó loca y enferma, mas bien los medios la calificaron como una historia de película romántica [6] [7], y las opiniones al respecto en las redes sociales son casi en su totalidad positivas y de buenos deseos.

Una chica en un bus de Rosario, Argentina, vio a un chico del cual se sintió atraída. No tuvo mejor idea que sacarle una foto sin que él se diera cuenta, y usarla para buscarlo por redes sociales [8]. Al final llegó a dar con el joven en un lapso de 48 horas. Él, en lugar de molestarse y ver esto como acoso, tomó las cosas con humor y mucha educación, rechazando sus avances románticos y deseándole suerte en la búsqueda de su media naranja. En este escenario, si los sexos de los protagonistas hubieran estado invertidos, casi con seguridad se hubiera hablado de una agresión machista, unida a una posible sanción legal por la difusión de su imagen. Pero como se dieron las cosas, no pasó de una anécdota romántica sin mayor consideración de gravedad.

¿Qué estos casos también son violencia y deberían estar prohibidos y/o penados? ¿En serio? Siendo intelectualmente honestos, estos casos, si bien pueden ser ejemplo de comportamiento inapropiado, no constituyen algo malo en sí, pues la intención de los ejecutantes no fue hacer daño, y la acción tampoco generó daño objetivo. Por ende, en vez de ver a mal y como legalmente punibles estos casos, deberíamos verlos como algo inocuo, pues sin duda lo son. No es lo mismo que alguien te busque para matarte, que para invitarte a una cita. Y no podemos tratar ambos casos como si fueran lo mismo. Tampoco tiene sentido punir un coqueteo torpe o el romanticismo. Eso no hace ningún daño. Por más que intenten estirar el término para incluir cualquier suerte de daño subjetivo, invitar a alguien a una cita o similar, objetivamente hablando, no es algo lesivo.

¿Qué la cantidad de mujeres que hacen esto es menor a la de hombres? Pues no hay estadísticas globales de este tipo de casos. Como se comprenderá, los gobiernos no hacen estadísticas de intentos de coqueteo por Facebook, así que no podemos afirmar ello.

¿Qué no es lo mismo empapelar la ciudad que hacer una búsqueda en redes sociales? Bueno, claro que no es lo mismo. En el caso del chico de Murcia, solo fueron 4 papeles. La chica alemana fue directamente a Facebook, y esta red social tiene alcance global. Así que mucho respeto a la privacidad no hubo, y la escala del intento inicial fue claramente dispar.

¿Qué no es lo mismo que lo haga un chico a que lo haga una chica, siendo que si lo hace un chico es machismo? Bueno, eso no tiene sentido, y es mas bien una forma de misandria, al querer denostar a los hombres y sus características (macho) como algo negativo, aunque el acto denostado no tenga relación alguna con ello. Y efectivamente no la tiene. Primero, no hay motivo por el cual afirmar que es diferente cuando lo hace un chico que cuando lo hace una chica. La exposición del otro a escala global es la misma. El deseo de encontrar a la otra persona es la misma. Las ganas de encontrarla no tienen que ser las mismas, eso cae en la esfera particular-subjetiva, y no es juzgable de ninguna manera. Si vemos que un hombre y una mujer hacen lo mismo (una búsqueda global de alguien que les gustó), ¿cómo se va a decir que es diferente? Simplemente no se puede. Cualquier alegato en ese sentido es un intento de construir un escenario ad hoc a favor de la mujer y en detrimento del hombre, y por ende, una falacia que debemos rechazar de antemano. Segundo, que no es ni puede ser machismo algo que hacen hombres y mujeres sin distinción de sexo y sin fundamento en el sexo del otro, más allá de la orientación sexual propia. Buscar a alguien que te gusta no tiene nada que ver con alguna superioridad masculina. Si se dice que ello es ver a la persona buscada como un objeto, y que ello es un comportamiento machista, entonces la mujer que lo hace también lo estaría viendo así, y por ende, ese alegato de machismo se derrumbaría. Si se insiste diciendo que las mujeres también pueden ser machistas, volvemos a lo mismo: Buscar a alguien que te gusta no tiene relación alguna con el machismo. Para decir que las mujeres también son machistas, y tomar como prueba este acto, tendríamos que aceptar de antemano que este acto es machista. Es decir, tendríamos que aceptar un argumento circular. Y no tenemos motivo alguno para hacer esto.

Lo que la evidencia nos deja claro es que esto no es algo que hagan en exclusiva los hombres contra las mujeres. Es algo que hacen unas personas sobre otras personas. Así de simple. Si se va a ver romántico en un caso, lo intelectualmente honesto es verlo romántico en todos. Si se va a ver como acoso en un caso, se debe ver así en todos los demás, sin distinción. Así, lo único a analizar es si efectivamente ese comportamiento es malo o no. Y siendo honestos, no hay algo malo en sí en un avance romántico como este, ni en general, en un avance romántico torpe. Estas historias se han repetido varias veces en el tiempo, y muchas han dado origen a relaciones realmente bonitas. Por ende, siendo que en esto no hay nada de malo en sí, lo correcto es dejar que ocurra, sin satanizarlo, muy a pesar de que se quiera usar estos casos para denostar al varón.

También se suele acusar al hombre de machista, misógino, cosificador y demás por apreciar la belleza femenina. Se ve a mal que los hombres expresen vehementemente su deseo y admiración por un cuerpo esbelto, una figura torneada, unos glúteos bien formados y unos pechos turgentes. Pero claro, solo en el caso del hombre. Cuando es una mujer la que hace esto, es empoderada y libre, y quien ose estar en contra es un machista. ¿No me creen? De nuevo, pruebas en mano, se los demuestro: En la toma de mando de Andrés Manuel López Obrador como nuevo presidente de México, éste tuvo una escolta de cadetes. Uno de ellos resultó muy atractivo para las mujeres, tanto así que buscaron su nombre, datos personales, fotos y demás. Al cadete le pusieron el sobrenombre de “el soldado del amor”. Su nombre verdadero es Giovanni Lizárraga [9]. No faltó la mujer que lo “cosificó”, como dirían en lenguaje feminista; o como se diría de forma normal, lo vio física y sexualmente atractivo [10] [11].

¿Ven ahora que la “cosificación”, el “acoso” y el “hostigamiento por redes sociales” no son algo exclusivo de los hombres? Por ello, es imposible decir que estas acciones son fruto del machismo y la violencia contra la mujer. En realidad son cosas que hacen hombres y mujeres, sin distinción de sexo, sin motivo de sexo (más allá de la orientación sexual), en mayor o menor medida. No hay aquí ninguna “violencia contra la mujer”, de la misma manera en que no la hay en ninguna acción cuya causa sea transversal a los sexos. Insistir en que esto es “violencia contra la mujer”, por ende, es imposible, y solo puede ser sostenido negando la evidencia de la transversalidad de este comportamiento y su motivación. De más está decir que sentirse atraído por alguien bello del sexo opuesto es algo normal, sano y natural, al igual que verlos como objetos en cierta medida. La mal llamada “cosificación” no es más que la sana, normal y natural atracción estético-sexual que experimentamos los seres humanos. Sobra decir que ver a mal y como machismo, algo tan, valga la redundancia, normal, sano y natural, no resiste el menor análisis, y solo puede ser sostenido renunciando a la ciencia, y abrazando discursos que no se sustentan en esta, o que de plano la niegan.

Un grupo de intelectuales francesas, conscientes de la locura de esta situación, han firmado un manifiesto dejando en claro lo que es obvio: El piropo no es acoso [12], y movimientos como el #MeToo han llegado demasiado lejos. Una prueba de ello es el mismo caso Weinstein, donde, si bien se puede apreciar el uso de la posición de poder que un hombre ejerció para conseguir favores sexuales (cosa que es bastante criticada), poco se habla de que las mujeres que aceptaron acostarse con él, básicamente ejercieron la prostitución: Cambiaron sexo, por un beneficio material. Y claro, eso no es criticado, ni es tomado como lo que es: Una muestra del poder femenino, basado en la belleza y el sexo. Una muestra más local y reciente en Latinoamérica es el caso de la actriz Karla Sousa, misma que acusó haber sido víctima de una violación por un productor mexicano hace años, y que ocasionó graves perjuicios laborales y sociales al productor Gustavo Loza, sin prueba alguna de que este la hubiera violado. De hecho, este mostró pruebas de su relación con Karla, refutando así una asociación espuria con la idea de ser una especie de Weinstein mexicano y criminal [13], tanto mas cuanto la misma Karla había dicho que ella se aprovechaba de su belleza para seducir a productores y conseguir papeles [14].

Este no es el único caso de mujeres que se dan cuenta de que el piropo no es acoso, y que hablar de acoso tan a la ligera, es un grave error. El nuevo libro de Marta Lamas (feminista) también da cuenta de ello. Y es interesante que lo diga una feminista de amplia trayectoria como ella, pues de una feminista no es de esperarse un pensamiento así [15].

Personalmente estoy en contra de los "piropos" subidos de tono, de los de tipo albañil. Pero somos adultos, y un adulto psicológicamente sano y normal es capaz de discriminar las cosas, dándole importancia a lo que realmente la tiene, y tomando las cosas como de quien viene. En la vida, no solo nos encontraremos con piropos, sino con toda suerte de problemas y malestares, de opiniones y posturas que no nos gustan, pero no por ello podemos plantear una censura hacia quienes no estén en sintonía con nosotros. Eso no tiene sentido, y de hecho sería altamente dañino para la sociedad. Sería discriminar bien por sexo (misandria), por clase social, por grado de cultura, etc. Si bien no toda discriminación es mala en sí, ya que hasta la inteligencia artificial puede ejercerla [16], hacerlo solo porque no comparten nuestros pensamientos o forma de ver las cosas sería absurdo, y en nada diferente a la inquisición o el nacionalsocialismo alemán. De allí a hacer guetos y comenzar una cacería de brujas, no hay mucho trecho. Y no hay que dudar de cuán irracional puede ser la sociedad al día de hoy. Si en muchos lugares siguen matando gente por ser atea u homosexual, e incluso por rumores de violación o compra-venta de niños que al final resultan falsos, cualquier cosa es esperable.

En la vida hay que saber manejar todo tipo de situaciones. Y que la gente te incomode, es una de ellas. No podemos simplemente poner una censura solo porque quienes se incomodan son mujeres. Ser mujer, es decir, nacer con caracteres urinosexuales femeninos y cromosomas XX, no es algo de una dignidad especial. Es igual de valioso que nacer hombre. Poner leyes o derechos dependiendo del sexo, es básicamente prescribir privilegios. Y se supone que desde el feminismo se lucha por abolir los privilegios masculinos. Poner privilegios femeninos sería convertirse en lo mismo que se busca destruir. Incluso dejando de lado el feminismo, sería absurdo por innecesario y discriminatorio.

La vulgaridad en general debe irse erradicando de la sociedad. No por tonterías de "respeto a la mujer" o evitar la "violencia de género", sino porque la sociedad debe hacerse cada vez más sabia, erudita, intelectual. Y ello implica dejar de lado las formas inferiores de acción. Pero en sí, el piropo, vulgaridades aparte, no es algo que genere un daño objetivo, y por ende, no hay motivo por el cual sostener que debe ser eliminado, que es acoso, y que es “violencia contra la mujer”.

Así las cosas, hay que tener mucho cuidado al hablar de acoso, pues puede terminar confundiéndose algo tan como la capacidad de la libre expresión, el coqueteo y la cortesía, con violencia. Y sin duda, no son lo mismo. Confundirlos, como sucede hoy, infla falazmente las cifras de acoso, y lo mismo sucede con otras cosas, que hoy son calificadas como “violencia contra la mujer”, siendo que en realidad son simplemente violencia, sin etiqueta alguna. De hecho, hablar de “violencia contra la mujer” impide visibilizar la violencia que sufre el hombre, al prestarle especial importancia a la que viven las mujeres, relegando a un plano secundario la violencia “común”, y peor aún, la violencia que pueda sufrir el hombre, aunque esta sea idéntica en características a la que vive la mujer.


[1] “Esto es un poco sicópata”: Busca a chica que vio en el tren y su idea indigna a todos. Recuperado de https://www.rockandpop.cl/2017/04/no-te-das-cuenta-que-esto-es-psicopata-busca-a-chica-que-vio-en-el-tren-y-su-iniciativa-causa-controversia
[2] “No, lo de la chica del tranvía de Murcia no es romántico”. Diario El País. Recuperado de https://elpais.com/elpais/2017/04/28/mujeres/1493373650_777203.html
[3] “Joven que buscaba a la chica que lo ‘enamoró’ en un tren recibe una inesperada respuesta”. Recuperado de https://www.biobiochile.cl/noticias/sociedad/curiosidades/2017/04/29/joven-que-buscaba-a-la-chica-que-lo-enamoro-en-un-tren-recibe-una-inesperada-respuesta.shtml
[4] Just Eat National Takeaway Awards 2017. Recuperado de https://www.beaut.ie/photos/just-eat-national-takeaway-awards-2017-397718. Vera es la chica con vestido negro y saco gris que sale junto a otra chica con vestido azul.
[5] Vera Feddersen, parte del staff de St. Kilian’s Deutsche Schule Dublin. Recuperado de https://www.kilians.com/staff_members/vera-feddersen/img_6512-copy
[6] “Facebook: se enamoró de un hombre en el aeropuerto y pide ayuda para encontrarlo. Recuperado de https://larepublica.pe/ocio/839957-facebook-se-enamoro-de-un-hombre-en-el-aeropuerto-y-pide-ayuda-para-encontrarlo
[7] Vio al hombre de su vida en un avión, no le pidió el teléfono y ahora lo busca en Facebook. Recuperado de https://www.20minutos.es/noticia/2934116/0/hombre-vida-avion-pidio-telefono-facebook
[8] “Se enamoró en el colectivo, lo buscó por Facebook y lo encontró”. Diario Clarín. Recuperado de https://www.clarin.com/sociedad/enamoro-colectivo-busco-Facebook-encontro_0_HkWzckgjD7e.html
[9] “Sensual cadete opaca a AMLO en plena toma de protesta”. Revista TV Notas, Recuperado de http://www.tvnotas.com.mx/virales/sensual-cadete-opaca-amlo-en-plena-toma-de-protesta
[10] “Los comentarios más ‘hot’ de mujeres hacia cadete ‘guapo’ de AMLO”. Recuperado de https://elbigdata.mx/trending/los-comentarios-mas-hot-de-mujeres-hacia-cadete-guapo-de-amlo
[11] “Cadete se robó las miradas durante la posesión de López Obrador como presidente de México”. Recuperado de https://www.pulzo.com/mundo/memes-cadete-robo-miradas-posesion-amlo-PP601589
[12] Catherine Deneuve y un centenar de mujeres francesas denuncian ‘totalitarismo’ de #MeToo. The New York Times. Recuperado de https://www.nytimes.com/es/2018/01/10/francia-metoo-deneuve-balancetonporc
[13] Gustavo Loza difunde mensajes de Karla Souza tras denuncia de agresión sexual. Diario El Comercio. Recuperado de https://elcomercio.pe/tvmas/farandula/gustavo-loza-conversaciones-karla-souza-defender-acusaciones-mexico-noticia-524715
[14] Karla Souza, en 2014: “Cuando veía que a un productor yo le gustaba, lo usaba para recibir un papel”. Sin Embargo MX. Recuperado de https://www.sinembargo.mx/23-02-2018/3389405
[15] Mujeres feministas se manifiestan contra nuevo libro de Marta Lamas por justificar acoso. Página “La Crítica”. Recuperado de http://www.la-critica.org/feminismo/feministas-denuncian-marta-lamas
[16] Could AI robots develop prejudice on their own? EurekAlert. Recuperado de https://www.eurekalert.org/pub_releases/2018-09/cu-car090618.php

La mentira de la violencia contra la mujer. Parte 4: La ablación genital femenina

¿Y qué hay de la ablación genital femenina?




NOTA: Si no has leído el artículo anterior, léelo AQUI.

Esto es lo que se conoce también como “mutilación genital femenina”. Pero esta es una forma social de referirse a ello. El término “ablación” es, primero que nada, un término médico (ICD-10-PCS: H33.2, Z90.7; CIE-9-MC: 253.7, 621.8; CIAP-2: F82, X28, X99). Es un tipo de extirpación [1] por intervención quirúrgica, medios físicos (radiación, frío o calor) o químicos. Aunque coloquialmente, el término “ablación” suele usarse como sinónimo de “ablación genital femenina”, en medicina no tiene esa connotación exclusiva. De hecho, puede hablarse de “ablación cardiaca” para prevenir problemas en el ritmo de este órgano [2], y de muchos otros tipos de ablación.

Bien, ahora que hemos establecido el correcto uso de este término, vayamos a lo que nos atiene: Su posible calidad de violencia.  Claro está que, en su forma médica, no tiene nada de malo; de hecho es un procedimiento beneficioso para las personas, en determinadas circunstancias. Si vamos a ver ello como violencia, debemos dejar el campo médico, y por ende, ver un asunto médico desde un entendimiento sociocultural. Ya de por sí, hacer esto es un enorme problema, pues se está tratando un asunto de ciencia aplicada como si fuera un asunto de legítima discusión entre hijos de vecino, cosa que evidentemente no lo es. Así que, desde el inicio, hacer esto es un ejercicio no científico. Por ende, lo que podamos concluir de tratar este punto socialmente, aparte de los resultados estadísticos, no tendrá respaldo científico legítimo, sino que responderá al parecer de unos grupos u otros, imbuidos en su propia ideología y características ético-morales.

Para hablar de la ablación genital femenina como forma de violencia, primero debemos categorizarla y caracterizarla. Vamos a analizarla, para poder establecer la jerarquía categorial a la que corresponda, tentativamente, pues recordemos que estamos hablando ahora de algo social, y por ende, aunque la rigurosidad científica no es requerida, es menester echar mano de la honestidad intelectual para alcanzar resultados que posteriormente puedan ser usados para un tratamiento científico, y posibles investigaciones, de tal forma que podamos tratar estos problemas con la objetividad del caso, y por ende, tomar las mejores medidas para su solución exitosa. Así, primero tenemos que la ablación genital femenina, es, primero que nada, una forma de ablación negativa, es decir, mutilación. Una que se refiere a los genitales. Y en este caso, una que se refiere a los genitales femeninos. En esta ocasión, lo importante es definir las categorías con claridad, para incluir o descartar elementos que puedas desvirtuar su clasificación objetiva.

Bien, tenemos que la ablación genital femenina, es, antes que todo, una forma de mutilación. La mutilación es algo que se puede dar en hombres y mujeres, y es pasible de efectuarse en cualquier parte del cuerpo. Cada mutilación en específico tiene un nombre particular, pero como estamos estableciendo categorías, los nombres de cada procedimiento específico son irrelevantes. Lo que debe quedar claro es que la mutilación es un problema que no hace diferencia entre sexo, edad, condición social, etc. Puede darse tanto en la guerra (como una forma de tortura) como en tiempos de paz (por motivos socioculturales).

Pero la mutilación en sí pertenece a una categoría superior: La de modificación corporal. La modificación corporal puede darse al añadir cosas, quitar cosas, o cambiar cosas. Un ejemplo de lo primero es la de los llamados “biohackers”, que se implantan chips en el cuerpo voluntariamente. Un ejemplo de lo segundo es la ablación del clítoris, claro, pero también la amputación de una pierna gangrenada. Un ejemplo de lo tercero es la de partir la lengua en dos, para que esta tenga una apariencia viperina. La modificación corporal puede ser tanto voluntaria como no-voluntaria.

Así, ya tenemos dos categorías: Modificación corporal, y debajo de ella, bajo el subtipo de no-voluntaria, tenemos la mutilación. Podemos avanzar en especificar la parte del cuerpo que se va a mutilar, sin duda. La pregunta es: ¿Es eso necesario? La respuesta es: A priori, no. Cualquier mutilación corporal es deleznable, y debería ser castigada, por cuanto se habla de algo en contra de la voluntad de la persona. Establecer una diferenciación entre una mutilación u otra no puede responder a criterios enteramente subjetivos, como su pertenencia a determinado sexo. Necesitamos algo más fuerte. Algo que no provenga solamente del parecer de los sorprendidos y afectados emocionalmente, sino algo objetivo. Y lo primero que tenemos, a este respecto, es el mismo cuerpo humano. En este caso, su importancia sistémica, es decir, la importancia proporcional de su funcionamiento. Me explico: La ablación genital femenina es una forma de mutilación, sin duda. Pero el que te quiten una pierna luego de un secuestro también lo es. En el supuesto de que, en ambos casos, las heridas cerraran, sin recuperación de las partes mutiladas, ¿cuál mutilación implicaría mayor afectación a la persona? Una mujer con el clítoris completamente amputado, y que haya sanado exitosamente, presentará casi que como únicos síntomas la insensibilidad de la zona, eliminación del placer sexual, y en algunos casos, problemas al orinar. Pero nada del otro mundo. Claro está, este no suele ser el escenario común en este tipo de mutilaciones, pero ello es un tema diferente, y en realidad, irrelevante, pues esto último recae mas bien en el tema de la falta de medidas médico-sanitarias para practicar un procedimiento, cualquiera que sea, y en cualquier caso esto implica grandes riesgos para cualquier tipo de modificación corporal. Por otro lado, una persona a la que se le haya quitado una pierna presentará la necesidad de prótesis, tendrá movilidad restringida, y una serie de problemas que requerirán un cambio en la vida de la persona, poniendo en peligro su autonomía, y en la práctica (cosa que en realidad no debería ocurrir), mayor dificultad a la hora de conseguir trabajo o pareja. Si bien ambas formas de mutilación son deleznables, una es mucho más grave que la otra. De más está decir que alguien que pierde una extremidad requiere atención de un profesional de la salud mental, pues la carga psíquica puede llegar a ser muy grande y generar problemas. La atención psicológica es también necesaria en el caso de quien sufre ablación genital femenina.

Hasta aquí ya tenemos una clasificación inicial clara, sobre la cual podemos ponderar cierta importancia según la importancia fisiológica de aquella parte del cuerpo que haya sido mutilada. El clítoris es un órgano cuya única función es dar placer. Nada más. En ese sentido, una pierna es, fisiológicamente hablando, algo de mayor importancia. Y de nuevo, la mutilación sigue siendo un problema que padecen hombres y mujeres por igual. De hecho, podríamos decir que lo padecieron históricamente más hombres que mujeres, dado que son los hombres los que más han participado en guerras, descubrimiento de nuevos territorios, y colonizaciones, y estas situaciones, sin duda, los han expuesto a mayores incidencias de este hecho tan lamentable. Pero dejemos eso de lado por un momento. Si deseamos seguir ahondando en el tema de la mutilación, podemos incluso, siendo demasiado permisivos, hablar de la mutilación por la zona mutilada. En este caso, podemos mencionar la mutilación genital. Esto no sirve para fines de sopesar la importancia de la parte del cuerpo mutilada (pues eso se desprende de un análisis general), sino para meros fines de clasificación. Hablando de la mutilación genital, ¿tenemos evidencias de que sólo las mujeres hayan sufrido de esta práctica? La respuesta, de nuevo, es no. Existen mutilaciones más o menos severas, independientemente de la zona. Hablando específicamente de los genitales, la más leve sería la circuncisión, y las más severas serían la ablación genital (para mujeres, la clitoridectomía [3], o amputación total del clítoris, la forma más común de ablación genital femenina; para los hombres, la castración) y la infibulación (también practicable a hombres y mujeres, que consiste en el estrechamiento, por corte y/o sutura, del canal de salida masculino o femenino) [4]. Así, no ablación genital no solo se practica en mujeres, sino también en hombres, por lo que no es un padecimiento exclusivamente femenino. La ablación no tiene sexo.

Entonces, ¿por qué hablar de la ablación genital femenina como un problema especial y en específico? La respuesta es simple: Porque ello es lo que promueve el feminismo, a nivel nacional como internacional. Básicamente no hay otra explicación.

¿Podríamos clasificarlo como violencia contra la mujer por la cantidad de afectadas? No. Como hemos visto, la cantidad, por sí sola, no define un problema como típicamente de hombre, mujer, o de cualquier grupo. Una cosa es que un problema le pase a una mujer, otra es que le pase por ser mujer. De lo contrario, no solo estaríamos contradiciendo la propia definición de “violencia contra la mujer” de la ONU, y que aceptan todos los organismos nacionales e internacionales que luchan contra ella, sino que podríamos usar esa misma lógica para hablar de los asesinatos como violencia contra el hombre, simplemente por la preponderancia y la cantidad de muertos en su haber. Por otro lado, no existen cifras confiables a través de la historia acerca de la mutilación genital femenina. Las estadísticas más confiables las tenemos a través de la ONU, desde 1980, y se calcula que aproximadamente 200 millones de mujeres han sido objeto de esta práctica [5]. Y dicha práctica va en franco descenso. La forma más común de obtener información al respecto es mediante encuestas de autorreporte, donde se pregunta a las mujeres si han sido circuncidadas [6]. Pero si somos honestos intelectualmente, veremos que la práctica de la mutilación genital estaba mucho más extendida en hombres que en mujeres. En China, por ejemplo, los eunucos eran muy valorados en la corte real. En los pueblos semíticos, los hombres debían, sí o sí, estar circuncidados, e incluso se usaba la circuncisión como trofeo de guerra o forma de castigar a los pueblos vencidos [7]. Los pueblos mesopotámicos usaban la castración como forma de castigar la homosexualidad masculina [8]. En Europa, existía la costumbre de los castrati. E incluso en estos tiempos, la costumbre de la mutilación masculina sigue en pie, de la peor forma [9]. Mientras que la circuncisión femenina era mas bien algo poco común, incluso hasta excepcional y no obligatorio aún en los pueblos que la tenían contemplada (siendo la práctica de la circuncisión femenina, en la antigüedad, algo principalmente de los territorios musulmanes [10] [11], correspondiendo al tipo I de la clasificación de la OMS [12], quitar sólo el prepucio del clítoris, y excepcionalmente el exceso de labios vaginales), la circuncisión masculina ha sido efectuada al menos en 1 de cada 6 hombres [13]. Esta cifra, históricamente, supera por mucho el número de víctimas femeninas. Como dato adicional, la práctica de la mutilación femenina puede rastrearse hasta lo que se denomina la “circuncisión faraónica”, práctica de mutilación grave que incluía la infibulación, y que parece ser propia de pueblos africanos, justamente donde aún permanece esta práctica con más fuerza.

¿Podríamos clasificarlo como violencia contra la mujer por ser una práctica cultural asociada indisociablemente a la condición de mujer? Tampoco. De nuevo, una cosa es que algo le suceda a una mujer, y otra que le suceda a alguien por ser mujer. La ablación genital le sucede a la mujer y al hombre. La gravedad de la misma, según cada caso, es irrelevante. Evidentemente, la ablación genital femenina le acontece solo a la mujer, pero por clasificación, porque existe una diferencia fisiológica, y como manifestación del tipo de violencia, no como causa sui. No hay que confundir un problema general con manifestación según cada afectado, con un problema específico para alguien que resulte afectado. La forma en la cual poder distinguir un caso del otro es muy simple: Si existe una categoría general que explique suficientemente algo sin acudir a una especificidad como explicación causal, una categoría específica es irrelevante, y podemos descartarla haciendo uso de la navaja de Occam. En este caso, tenemos una categoría general (la ablación) que explica suficientemente el fenómeno (la diferencia en procedimientos se debe simplemente a la diferencia fisiológica), sin tener que añadir una categoría específica como explicación causal (puesto que, con esta categoría, se hace innecesaria la de “ablación genital femenina”). No hay que multiplicar los entes más de lo necesario, como decía el buen Occam.

Si todavía quedan dudas, es fácil despejarlas. Estas prácticas se encuadran, además de en las categorías señaladas, en las de “acciones de adscripción grupal”. En esta categoría podemos hallar otras cosas, como los ritos de iniciación y de transición a la vida adulta, aquellos que se encuadran en acciones de honor, y otras acciones tradicionales. Al día de hoy aún podemos ver algunas de estas acciones, por ejemplo, en el judaísmo, donde conservan la tradición del Bar-Mitzva (hombres) y Bat-Mitzva (mujeres). En países occidentales, se mantiene la fiesta de 15 años a las mujeres, resabio de la antigua presentación en sociedad de las hijas en edad núbil. En otros lugares del globo, se mantienen prácticas de adscripción grupal que pueden poner en riesgo la vida y salud de las personas, o incluso constituir violencia sexual contra los hombres. Un ejemplo de lo primero es la tradición de la “tribu cocodrilo” en Papúa-Nueva Guinea, donde se hace a los hombres una serie de cortes para darles una apariencia similar al cocodrilo [14]. Esta práctica cobra siempre algunas víctimas, por infecciones o la masiva pérdida de sangre. Un ejemplo de lo segundo es el ritual de la tribu Sambia, también en Papúa-Nueva Guinea, donde los varones jóvenes deben beber el semen de hombres adultos durante muchos años, hasta alcanzar la edad y madurez suficiente para ser considerados adultos. Esto se da bajo la creencia de que el semen masculino les dará fuerzas para conseguir su propia masculinidad [15]. Posteriormente, ellos darán a beber de su propio semen a los nuevos jóvenes, y a sus esposas cuando estén dando de lactar a sus bebés, bajo la creencia de que la leche materna es semen modificado, y por ende, que son los hombres los que realmente los alimentan [16].

Estos, y muchos otros ritos son los que a menudo han tenido que pasar los hombres en el transcurso de la historia [17]. Por ende, pensar que las acciones de adscripción grupal, en este caso, las acciones de modificación corporal no-voluntarias de tipo mutilatorio en los genitales, que conocemos como mutilación sexual, no son un problema exclusivamente femenino. Nunca lo han sido. Y los hombres han sido, en todos los tiempos, los más afectados por esta práctica. Así que no, no es un problema exclusivamente femenino, y no, no puede calificarse solo como “violencia contra la mujer”. Es violencia, de un tipo que afecta a hombres y mujeres, y que ha afectado más a hombres que a mujeres, siendo sinceros.


[1] http://dtme.ranm.es/dtm/ver.php?id=94043&cual=0
[2] Procedimientos de ablación cardíaca. Medline Plus. Recuperado de https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/007368.htm
[3] http://dtme.ranm.es/dtm/ver.php?id=54647&cual=0
[4] http://dtme.ranm.es/dtm/ver.php?id=119167&cual=0
[5] Female genital mutilation/cutting: A global concern. UNICEF. Recuperado de
https://www.unicef.org/media/files/FGMC_2016_brochure_final_UNICEF_SPREAD.pdf
[6] Female Genital Mutilation/Cutting: A statistical overview and exploration of the dynamics of change. p. 23. UNICEF. Recuperado de https://www.unicef.org/cbsc/files/UNICEF_FGM_report_July_2013_Hi_res.pdf
[7] La Biblia: 1 Samuel 18:25 Y Saúl dijo: Decid así a David: El rey no desea dote alguna, sino cien prepucios de los filisteos, para tomar venganza de los enemigos del rey. Pero Saúl pensaba hacer caer a David en manos de los filisteos // 1 Samuel 18:27 Levantóse David, y partióse con su gente, e hirió doscientos hombres de los Filisteos; y trajo David los prepucios de ellos, y entregáronlos todos al rey, para que él fuese hecho yerno del rey. Y Saúl le dió a su hija Mical por mujer // 2 Samuel 3:14 Después de esto envió David mensajeros a Is-boset hijo de Saúl, diciendo: Restitúyeme mi mujer Mical, la cual desposé conmigo por cien prepucios de filisteos.
[8] García Valdés, Roberto. (1981) Historia y presente de la homosexualidad, Madrid: Akal/Universitaria, pág. 15. Recuperado de https://books.google.co.cr/books?id=qoy-JqefILsC&printsec=frontcover&hl=es&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false
[9] Posible castración de menores, en Holanda por sus impulsos homosexuales. Diario “El País”. Recuperado de https://elpais.com/sociedad/2012/03/17/actualidad/1332001515_327741.html
[10] ¿Defiende el islam la mutilación genital femenina? Diario ABC. Recuperado de https://www.abc.es/internacional/20131211/abci-ablacion-islam-201312101850.html
[11] “cinco cosas son parte de la fitrah: afeitarse el vello púbico, la circuncisión, recortarse el bigote, depilarse el vello de las axilas y cortarse las uñas”. Sahih Muslim (495), p. 99. Muslim ibn al-Hajjaj. Recuperado de https://www.webislam.com/media/2011/11/49476_sahih_muslim.pdf
[12] Clasificación de la mutilación genital femenina. OMS. Recuperado de http://www.who.int/reproductivehealth/topics/fgm/overview/es
[13] Ayman Alshboul (2012). La cultura del cuerpo en el Islam. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas "Nómadas", Universidad Complutense de Madrid. Recuperado de https://webs.ucm.es/info/nomadas/34/aymanalshboul.pdf
[14] La isla en la que los hombres se cortan la piel para parecer cocodrilos. BBC Mundo. Recuperado de https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-45323682
[15] “Sambia”. Entrada en “Anthropology 135b, Current Topics In Psychological Anthropology”. Departamento de Antropología, UCLA. Recuperado de http://www.sscnet.ucla.edu/anthro/faculty/fiske/135b/sambia.htm
[16] Beber semen: el extraño ritual de una curiosa tribu que tienes que conocer. VIX. Recuperado de https://www.vix.com/es/mundo/177979/beber-semen-el-extrano-ritual-de-una-curiosa-tribu-que-tienes-que-conocer
[17] Mil caminos hacia la hombría. National Geographic. Recuperado de https://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/mil-caminos-hacia-hombria_11180

La mentira de la violencia contra la mujer. Parte 3: Violencia sexual y violación

¿Y qué hay de la violación?



NOTA: Si no has leído el artículo anterior, léelo AQUI.

Tal vez el caso donde se podría ver una violencia más sesgada hacia la mujer sea en el de la violación. Pero ojo, no hay que confundir "violencia sexual" con "violación". La violencia sexual incluye a la violación, pero no a la inversa. La violencia sexual implica desde la privación del uso de métodos anticonceptivos, la ejecución de prácticas sexuales riesgosas, la explotación sexual, y mucho más. Por otro lado, no toda relación sexual en el que se ejerza algún grado de violencia, es clasificable como violación. Por ejemplo, las parejas que presionan o manipulan psicológicamente al otro para que acepte tener relaciones sexuales, no están, siendo intelectualmente honestos, ejerciendo violación. La otra persona ha aceptado, por su propia decisión. Ante consentimiento expreso, no hay violación alguna. De otro lado, golpear o ridiculizar los genitales de la pareja podría ser calificado como violencia física o incluso sexual, pero no es violación. Sin embargo, este no es un pesar exclusivo de la mujer. Las mujeres también pueden ejecutar violencia sexual, y específicamente, violación contra los hombres.

Muchos organismos importantes tienen la errada idea de que toda manipulación emocional, ruego, insistencia y demás constituyen violación [1], como se ve en la siguiente imagen:

Figura 01. Violencia sexual, según la OMS. En el lado derecho del triángulo se aprecia cómo, 
infundadamente, se incluyen los ruegos y la insistencia como violación. En Informe mundial 
sobre la violencia y la salud (p. 162). Por la Organización Mundial de la Salud, 2003.


Si siguiéramos esta idea, el “sexo por compromiso” que muchas veces ejecutan los cónyuges, en el normal, sano y natural transcurso de la vida en común, sería calificable de violación. Y no es así. Recordemos que muchas veces hacemos cosas por compromiso, por complacer al otro. Por ejemplo, ir de compras aunque no queramos, ir a reuniones con familiares políticos que no nos agradan, comprarle a la pareja X cosa, cumplirle Z capricho, con tal de verla feliz, es algo normal en las relaciones de pareja, las cuales son un dar y recibir continuo. Si no estás dispuesto a hacer algo por tu pareja, a hacer algún sacrificio, a poner de tu parte y tu esfuerzo para que las cosas funcionen, y sobre todo, no estás dispuesto a emprender acciones efectivas en pos de su felicidad, entonces eso no es amor, y no es una pareja de verdad. Así de simple.

Muchas personas, especialmente las feministas, están intentando cambiar el foco de la cuestión en el tema de la violación. En vez de preguntar por el consentimiento, preguntan por el deseo. Y este es un grave error. El consentimiento puede ser expresado indiscutiblemente con palabras. El deseo es algo completamente subjetivo de lo cual jamás se podrá estar 100% seguro, en última instancia; y no puede ser afirmado o negado por completo, ya sea de forma verbal o no verbal. Siempre cabe la posibilidad de mentir al respecto. En todo caso, así no deseemos algo, al aceptarlo estamos dándole cabida, y prestando nuestro consentimiento. Además, podemos hacer algo que no deseamos, pero sí consentimos. Ese es el caso del sexo en muchas etapas de la relación. Hay veces en que una persona no tiene libido, o no la tiene en grado suficiente como para desear animosamente tener relaciones sexuales. Pero uno acepta tenerlas por complacer al otro, por amor. En ello no hay ni puede haber violación alguna, pues hay consentimiento, aunque el deseo sea poco o incluso nulo. Quien vea violación en un acto libremente consentido, y no forzado de forma violenta, simplemente está en un error, en una postura que no se sostiene en la evidencia, y por ende, su postura es descartable.

Por ende, siendo intelectualmente honestos, solo haber sido forzado físicamente, o coaccionado mediante la amenaza de un daño tangible a la vida o integridad propia o de los seres queridos (incluida la misma pareja), calificaría realmente como violación. Alguien engañado, o del que se han aprovechado, por ejemplo, no ha sido violado. Como ejemplo de esto puedo citar el que alguien engañe a otra persona para acostarse con ella, prometiéndole ser novios, dejar al cónyuge actual, darle un regalo en metálico, o similar. Si el engaño para obtener sexo se considera violación, todos estos casos lo serían. Pero la realidad es que no lo son, y solo podrían verse como violación bajo una perspectiva ajena a toda honestidad intelectual. Por el contrario, según el metaestudio citado, la violencia sexual es ejercida mayormente por mujeres. Así que habría que repensar muy bien este asunto y los estereotipos asociados.

En última instancia, la incidencia de violaciones es sumamente baja [2], comparada con la de otros delitos como el robo simple, agravado y el ataque físico, por lo que no es en sí un problema numéricamente grave. Comparado con otros crímenes, incluso la totalidad de la violencia sexual es numéricamente muy poca cosa [3].

Pongamos los números y los hechos sobre la mesa:
  • En promedio, la violencia sexual acumula más de 463,000 de víctimas anuales alrededor del mundo. Es decir, es una cifra similar a la de los homicidios (437,000).
  • Si contamos solo la violación (sin especificar el sexo de la víctima), la cifra se reduce a un promedio anual de poco más de 270,000 víctimas. Por sí sola, esta cifra es mucho menor que la de hombres asesinados anualmente (345,230).
  • En promedio, el porcentaje que ocupa la violación dentro de la violencia sexual es de poco más del 61%. Por sí sola, este porcentaje es mucho menor al de hombres asesinados anualmente (79%).
Es difícil separar los datos de mujeres y hombres, dado que prácticamente no existen registros de hombres que hayan sufrido violencia sexual de cualquier tipo, menos aún de hombres específicamente violados, y mucho menos de hombres violados por mujeres. Así que, en este caso, tomaré algunos datos y estudios de países del primer mundo, en los cuales se está comenzando lentamente a visibilizar este problema. En los países del tercer mundo falta aún mucho camino por recorrer, sobre todo en recopilación de estadísticas. A nivel mundial, la violencia sexual, y en específico la violación, está infrarreportada, sobre todo aquella en la que la víctima es hombre.


Figura 02. Incidencia de crímenes, por año y tipo de crimen [Tabla]. 
Se usaron datos de UNODC Statistics. Elaboración propia, 2018.



Figura 03. Incidencia de crímenes, por año y tipo de crimen [Gráfico de barras apiladas]. 
Se usaron datos de UNODC Statistics. Elaboración propia, 2018. Tamaño grande AQUI.


Figura 04. Incidencia total de violencia sexual versus solamente violación, por año [Gráfico de líneas]. 
Se usaron datos de UNODC Statistics. Elaboración propia, 2018. Tamaño grande AQUI.


Figura 05. Tendencia porcentual de violación, respecto a la totalidad de la violencia sexual, por año [Gráfico 
de líneas]. Se usaron datos de UNODC Statistics. Elaboración propia, 2018. Tamaño grande AQUI.



EL PROBLEMA DE LA DEFINICIÓN DE VIOLACIÓN Y VIOLENCIA SEXUAL

Uno de los principales problemas de la violencia sexual, y en especial de la violación, ha sido su correcta definición. Por poner un ejemplo, en USA, el Programa de Reporte Uniforme de Crímenes (UCR, por sus siglas en inglés), definía la violación como “the carnal knowledge of a female forcibly and against her will” (el conocimiento -acceso- carnal de una mujer, por la fuerza y contra su voluntad) [4]. Es a través de este programa que el FBI recopila información sobre crímenes. Como es claro, con esta definición, solo una mujer puede ser violada. Definiciones así han estado en la legislación de muchos países durante mucho tiempo, y es por ello que las cifras de violación masculina, así como de otros tipos de violencia sexual, no han sido recogidas hasta tiempos recientes. Es apenas desde el 2012 que el FBI actualizó su definición de violación a “The penetration, no matter how slight, of the vagina or anus with any body part or object, or oral penetration by a sex organ of another person, without the consent of the victim” (La penetración, sin importar cuán leve sea, de la vagina o el ano con cualquier parte del cuerpo u objeto, o la penetración oral por un órgano sexual de otra persona, sin el consentimiento de la víctima) [5]. Si bien esta definición es más neutral, sigue teniendo grandes problemas y vacíos. Por ejemplo, un hombre forzado a penetrar a otra persona no cuenta como alguien violado. Tampoco contaría un hombre al que se le ha hecho sexo oral por la fuerza. Y bueno, ¿qué es la violación, sino el sexo sin consentimiento, que involucra la zona anal o genital? Un beso por la fuerza, si bien es algo forzado, no es violación. El sexo oral forzado, en cualquiera de sus formas, por el contrario, sí debería ser tipificado de esa manera. Sin embargo, muy pocas veces lo está en el mundo. Las estadísticas no consideran como violados a los hombres que se han visto forzados a tener sexo con sus parejas bajo amenaza. Cuando esto se tiene en cuenta, las cifras de violación femenina y sexo forzado masculino, son prácticamente idénticas [6]. Tal vez cuente el hecho de que ambos son casos de sexo no consentido, y ambos deberían ser tratados con la misma severidad.

Algunos arguyen que una violación femenina es peor que una masculina. Eso no tiene sentido, y no se sustenta en la evidencia. En ambos casos, las personas experimentan sentimientos de culpa, intentos de suicidio, trastornos alimenticios y del comportamiento, y demás. Y sobre todo, ambos usan alguna forma de estrategia de defensa física en la misma proporción (89%), y tienen una proporción igual de heridas graves (9%) [7].

Tal como mencioné inicialmente, hombres y mujeres sufren el mismo tipo de violencia (física, psicológica o sexual), de diferentes formas. Dichas formas se constituyen en consecuencias de una misma causa. En este caso, el sexo no consentido es la consecuencia, el ser forzado a tener sexo es la causa segunda. La causa primera sería el menosprecio del otro por factores ya tratados anteriormente (dinámicas de poder, factores oscuros de la personalidad, etc.). Lo importante es saber que el sexo no consentido puede ser experimentado por hombres y mujeres de distinta forma, con más o menos gravedad en cuanto a la violencia física o psicológica implicada, siendo dicha gravedad un factor irrelevante a la hora de definir esta expresión de violencia. Es tal vez por ello que en muchos lugares ya no se usa el término “violación”, sino el de “abuso/agresión sexual” (España) [8] o “asalto sexual” (USA) [9].

Algunos datos importantes acerca de la violencia sexual entre hombres y mujeres, son los siguientes:
  • Sin tomar en cuenta las correcciones hechas por la adición de sexo no consentido masculino (“made to penetrate”), solo una de cada 10 víctimas de violación sería un hombre [10] [11].
  • Según las estimaciones más conservadoras, el 3% de los hombres estadounidenses son violados (1 de cada 33), así como el 16% de las mujeres (1 de cada 6) [12]. Sin embargo, otras estadísticas muestran que la cifra de violaciones masculinas puede oscilar entre el 5% (1 de cada 20) y el 10% (1 de cada 10) [13], llegando en las estadísticas más recientes al 25% (1 de cada 4) para mujeres y 16% (1 de cada 6) para hombres [14] [15], siendo que esta última cifra masculina puede llegar hasta el 38% [16].
  • Del total de violaciones hacia el hombre, la mitad de ellas fue efectuada por una mujer (46%, o 1 de cada 2). Además, hasta el 20% de las víctimas atendidas en los centros de atención a víctimas de violación, serían hombres [17].
  • Hay una brecha importante entre la información de los reportes oficiales y de los autorreportes de mujeres como autoras de una violación: En el caso femenino, casi no hay diferencias porcentuales. Pero en el caso masculino, la proporción de violadoras en los autorreportes es, en promedio, 10 veces mayor que en los reportes oficiales. Cabe resaltar que los reportes oficiales se dan en caso la victima acuda a la policía o los servicios sociales, cosa que mayoritariamente hacen las mujeres. La ayuda para los hombres sexualmente abusados sigue siendo escasa, y concordantemente, el número de denuncias, ante el estado actual de desprotección, sigue subrrepresentando ampliamente a la realidad [18].
  • En conformidad con lo anterior, y nuevamente, acudiendo a los autorreportes, la cifra de perpetradoras de violación a hombres puede llegar a ser tan alta como el 78%.
  • Según otras investigaciones, el 79% de los hombres que han sido forzados a tener sexo, en el que deben penetrar a otra persona, han reportado a mujeres como responsables de ello [19], lo que hace concordar las cifras con las del estudio anterior.
  • En conformidad con lo anterior, respecto a las mujeres, el 96% de los agresores, son hombres. O lo que es lo mismo, 1 de cada 20 mujeres víctimas de violación, han sido violadas por otra mujer. Es decir, porcentualmente, las mujeres violan más a hombres que a mujeres.
  • Asimismo, aproximadamente la mitad de las víctimas de violación (independientemente de su sexo) por parte de una mujer, han reportado que la misma se dio mediante el uso de la violencia, el cual resultó en heridas de consideración.
  • Y respecto a quienes están en prisión, las mujeres muestran una mayor tasa de violencia sexual (especialmente violaciones), misma que es producida por otras reclusas. Esta tasa es mayor a la que sufren hombres por otros hombres dentro de estos establecimientos. Esto significa que, si bien numéricamente la mayor parte de los reclusos son hombres, y por ende, el mayor abuso sexual dentro de las prisiones es hacia los hombres, las mujeres son proporcionalmente más violentas sexualmente.
Según lo recopilado por la CDC en el 2012 [20], tenemos algunos otros datos interesantes:
  • Durante el transcurso de su vida, 1 de cada 3 mujeres, y 1 de cada 6 hombres, será víctima de violencia sexual.
  • Normalmente las mujeres sufrirán más altas tasas de (su definición de) violación, generalmente por parte de hombres; mientras que los hombres sufrirán más altas tasas de los demás tipos de violencia sexual, generalmente por parte de mujeres.
  • Aproximadamente la mitad de las violaciones a mujeres son debidas a su compañero o excompañero sentimental; e igualmente, casi la mitad de las veces, el responsable es un conocido. De la misma forma, la mitad de las violaciones a hombres son producidas por conocidos, y una quinta parte por sus parejas. Aproximadamente, la mitad de las veces es su propia pareja la que lo fuerza a una penetración sin consentimiento, y casi la mitad de las veces quien lo hace es un conocido.
Así, con las cifras más conservadoras, y dejando por fuera el sexo del perpetrador (pues el foco es la víctima), la violación tendría cara de mujer. Sin embargo, con las cifras más actualizadas, y dejando de lado la narrativa tradicional de hombre malo/mujer buena, vemos que la violación, así como todo el espectro de la violencia sexual, está bastante equilibrado entre los sexos. Todo esto deja en entredicho el estereotipo del hombre como el malvado abusador sexual. Posiblemente todo sea cuestión de números, de una definición adecuada de violencia sexual y violación, así como de un legítimo deseo de llegar a la verdad.

Lamentablemente, al día de hoy, el hombre aún es visto como el monstruo por defecto. Esto se debe a la narrativa feminista, que pugna por invisibilizar la violencia hacia el hombre [21], misma que, lamentablemente, tiene efecto en los medios de comunicación masiva [22].

Por todo lo anterior, tendríamos al menos 3 escenarios respecto a la violación, y en general, a la violencia sexual:
  • El escenario feminista, donde el hombre es el culpable de la mayor parte de la violencia contra la mujer, tanto física, psicológica y sexual, y por ende el mayor perpetrador de violaciones, tanto a hombres como mujeres, y siendo al mismo tiempo el grupo menos sexualmente violentado (Figuras 06 y 07).
  • El escenario menos feminista, en el que se intenta dejar atrás los paradigmas feministas de hombre-malo y mujer-buena, y se comienzan a hacer estudios sobre la victimización sexual masculina, encontrando cifras que invitan a reflexionar y a romper paradigmas (Figuras 08 y 09).
  • El escenario actual, donde, aunque aún persisten grandes sesgos feministas, ya la realidad se hace innegable, y las cifras desbordan el prejuicio existente contra el hombre (Figuras 10, 11 y 12).

ESCENARIO #1: FEMINISTA


Figura 06. Violación por sexo, cantidad y porcentaje (escenario #1) [Tabla]. Escalado 
a 2000 personas. Se usaron datos de UNODC Statistics. Elaboración propia, 2018.


Figura 07. Violación, por sexo y porcentaje de agresores y agredidos (escenario #1) [Gráfico de barras]. 
Escalado a 2000 personas. Se usaron datos de UNODC Statistics. Elaboración propia, 2018.



ESCENARIO #2: ALEJÁNDOSE DEL FEMINISMO


Figura 08. Violación por sexo, cantidad y porcentaje (escenario #2) [Tabla]. Escalado 
a 2000 personas. Se usaron datos de UNODC Statistics. Elaboración propia, 2018.


Figura 09. Violación, por sexo y porcentaje de agresores y agredidos (escenario #2) [Gráfico de barras]. 
Escalado a 2000 personas. Se usaron datos de UNODC Statistics. Elaboración propia, 2018.



ESCENARIO #3: MÁS CERCA DE LA REALIDAD


Figura 10. Relaciones sexuales no consentidas (violación bajo criterio del CDC, 
mas las penetraciones forzadas. Para todos los efectos llámese “violación” a secas), 
por sexo, cantidad y porcentaje (escenario #3) [Tabla]. Cifras del National Intimate 
Partner and Sexual Violence Survey: 2010–2012 State Report, del Centers for 
Disease Control and Prevention (CDC). Los porcentajes se tomaron de la prevalencia 
a lo largo de la vida. Las cifras, de los casos acontecidos el año anterior al reporte. 
Elaboración propia, 2018. El reporte puede verse en 
https://www.cdc.gov/violenceprevention/pdf/NISVS-StateReportBook.pdf


Figura 11. Relaciones sexuales no consentidas (violación bajo criterio del CDC, mas las penetraciones 
forzadas. Para todos los efectos llámese “violación” a secas), por sexo y cantidad de agresores y 
agredidos (escenario #3) [Gráfico de barras]. Cifras del National Intimate Partner and Sexual 
Violence Survey: 2010–2012 State Report, del Centers for Disease Control and Prevention (CDC). 
Las cifras se tomaron de los casos acontecidos el año anterior al reporte. Elaboración propia, 2018.


Figura 12. Relaciones sexuales no consentidas (violación bajo criterio del CDC, mas las 
penetraciones forzadas. Para todos los efectos llámese “violación” a secas), por sexo 
y proporción de agresores y agredidos (escenario #3) [Gráfico de barras]. Cifras del National 
Intimate Partner and Sexual Violence Survey: 2010–2012 State Report, del Centers for Disease 
Control and Prevention (CDC). Los porcentajes se tomaron de la prevalencia a lo largo de la vida, 
y se aplicaron a las cifras de los casos acontecidos el año anterior al reporte. Elaboración propia, 2018.


¿Creen que una mujer no puede forzar a su pareja masculina a tener sexo, y que ello es solo una excusa para aumentar desproporcionadamente las cifras de violación masculina? Bueno, esa es una opinión con sesgo emocional, y que no se sostiene frente a la realidad. De hecho, hay amplia bibliografía al respecto, muchos estudios que dejan claro que ello sí es posible, y sucede mucho más frecuentemente de lo que pensábamos, desde hace muchísimo tiempo [23]. Y no, esto no es una falacia de autoridad. Es poner sobre la mesa las pruebas científicas del caso. Y ello, bajo ningún motivo es falaz.

Teniendo distintos puntos de partida, podemos ver que las cifras cambian. Si uno desea partir del prejuicio feminista, encontrará cifras que alimenten sus ideas preconcebidas. Si uno desea comenzar a abrir la mente a la honestidad intelectual, encontrará cifras que, año tras año, reflejan mejor una realidad hasta ahora desconocida: La violencia sexual que sufren los hombres, no es poca cosa comparada con la de las mujeres. Y también encontrará que, quien más agrede sexualmente al hombre, es justamente la mujer. Esto rompe el arquetipo de la masculinidad tradicional como tóxica. La toxicidad no está en lo masculino o femenino, como las cifras muestran. Las personas tienen muchos motivos para agredir, y la mayoría son transversales a ambos sexos, con sus respectivas diferencias psicobiológicas. Si se quiere sostener la toxicidad de la masculinidad, ateniéndonos a las cifras, necesariamente tendríamos que hacer lo mismo con la femineidad, lo que dejaría sin piso el paradigma de mujer como víctima y hombre como victimario. Si se quiere mantener este paradigma, sería quitándole importancia a las cifras y a lo inherente femenino, por lo cual podríamos hacer lo mismo en el caso del hombre. Ninguno de estos casos sirve como sostén para el feminismo y sus reclamos, que se revelan como simple misandria, al querer culpabilizar al hombre sin pruebas, y en este caso, aún contra las pruebas.

Y sobre la mal llamada “cultura de la violación”, estas cifras también la echan a la basura, como una idea que no se sostiene frente a la realidad. Si tuviéramos que hablar de ello con base en las cifras, tanto hombres como mujeres tendrían esa cultura, sin mayor diferencia. Excepto, claro, que los hombres, sin duda, condenan la violación femenina como una cosa aberrante y deleznable, y han hecho leyes, en el transcurso del tiempo, para combatirla. Por otro lado, las mujeres, cuando se trata de problemas masculinos, no prestan mayor atención, sobre todo quienes son feministas. No olvidemos que el feminismo es un movimiento “por y para las mujeres y sus problemas”. Ya se ha visto, por medio de los enlaces en este texto, cómo las mujeres menosprecian los problemas masculinos; y cómo, en vez de combatirlos a la par de los que las aquejan, tachan el estudio de los mismos de ser un intento de invisibilizar los suyos, y como una nueva forma de violencia contra la mujer. Al mismo tiempo, muchas de ellas son las que critican a los hombres por los estereotipos que los oprimen, a su parecer, y claman por “nuevas masculinidades”, o lo que es lo mismo, mujeres diciéndole a los hombres cómo ser hombres. Aunque cuando los hombres hacen lo mismo, lo tachan de machismo y violencia. En resumen: Si se habla de los problemas masculinos, machismo y violencia contra la mujer, por invisibilizar los problemas femeninos. Si no se habla de ellos, es machismo por mantener una “masculinidad hegemónica, tradicional y tóxica”. Cuando se muestra que esa toxicidad es de ambos sexos, se tacha ello de machismo. Es decir, en última instancia, todo es machismo, tanto lo que afecta al hombre como a la mujer, y el intento de hacer algo al respecto, aunque se hable con la ciencia en la mano. Eso, señoras y señores, se llama fanatismo, y es propio de las sectas y grupos radicales. Hay que tener cuidado, pues esas ideas no pueden construir el discurso y las políticas públicas. Un movimiento que las sostenga, tampoco, pues terminará fomentando el odio, la discriminación y restringiendo la libertad científico-académica, clave para el progreso humano. Y aunque suene feo, el feminismo es ese movimiento. Es, sin duda, un grave mal social que debe desaparecer, para al fin lograr un mundo más sano y mejor.


[1] Informe mundial sobre la violencia y la salud. Organización Mundial de la Salud. Recuperado de http://iris.paho.org/xmlui/bitstream/handle/123456789/725/9275315884.pdf
[2] Rape at the national level, number of police-recorded offences. UNODC Statistics. Recuperado de https://stats.unodc.org/#state:13
[3] Total Sexual Violence at the national level, number of police-recorded offences. UNODC Statistics. Recuperado de https://stats.unodc.org/#state:11
[4] Forcible rape. Uniform Crime Report Crime in the United States, 2012. Recuperado de https://ucr.fbi.gov/crime-in-the-u.s/2012/crime-in-the-u.s.-2012/violent-crime/rape/rapemain.pdf
[5] Attorney General Eric Holder Announces Revisions to the Uniform Crime Report’s Definition of Rape. FBI. Recuperado de https://archives.fbi.gov/archives/news/pressrel/press-releases/attorney-general-eric-holder-announces-revisions-to-the-uniform-crime-reports-definition-of-rape
[6] National Center for Injury Prevention and Control. The National Inmate Partner And Sexual Violence Survey. 2011. Available at: http://www.cdc.gov/ViolencePrevention/pdf/NISVS_Report2010-a.pdf
[7] Weiss, K. G. (2008). Male Sexual Victimization. Men and Masculinities, 12(3), 275–298. Recuperado de https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/1097184X08322632
[8] Código Penal Español, Ley Orgánica 10/1995. Recuperado de https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-1995-25444
[9] McMahon-Howard, J. (2011). Does the controversy matter? Comparing the causal determinants of the adoption of controversial and noncontroversial rape law reforms. Law & Society Review 45(2), 401-433. Recuperado de https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1111/j.1540-5893.2011.00438.x
[10] Male rape. Recuperado de https://www.secasa.com.au/assets/Statstics/male-rape.pdf
[11] Department of Justice, Office of Justice Programs, Bureau of Justice Statistics, Female Victims of Sexual Violence, 1994-2010 (2013), p. 3. Recuperado de https://www.bjs.gov/content/pub/pdf/fvsv9410.pdf
[12] Victims of Sexual Violence: Statistics. Rape, Abuse & Incest National Network (RAINN). Recuperado de https://www.rainn.org/statistics/victims-sexual-violence
[13] Ellis, C. D. (2002). Male Rape – The Silent Victims. Collegian, 9(4), 34–39, p.1. Recuperado de https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1322769608604321
[14] Dube, S., Anda, R., Whitfield, C., Brown, D., Felitti, V., Dong, M., & Giles, W. (2005). Long-Term Consequences of Childhood Sexual Abuse by Gender of Victim. American Journal of Preventive Medicine, 28(5), 430–438. Recuperado de http://www.theannainstitute.org/ACE%20folder%20for%20website/37LTCG.pdf
[15] The 1 in 6 Statistic. 1in6.org. Recuperado de https://1in6.org/get-information/the-1-in-6-statistic
[16] Stemple, L., & Meyer, I. H. (2014). The sexual victimization of men in America: new data challenge old assumptions. American journal of public health, 104(6), e19-26. Recuperado de https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4062022
[17] Weiss, K. G. (2008). Male Sexual Victimization. Men and Masculinities, 12(3), 275–298. Recuperado de https://journals.sagepub.com/doi/abs/10.1177/1097184X08322632
[18] Denov, M. S. (2003). The myth of innocence: Sexual scripts and the recognition of child sexual abuse by female perpetrators. Journal of Sex Research, 40(3), 303–314. Recuperado de https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/14533025
[19] Sexual Victimization by Women Is More Common Than Previously Known. Scientific American. Recuperado de https://www.scientificamerican.com/article/sexual-victimization-by-women-is-more-common-than-previously-known
[20]  The National Intimate Partner and Sexual Violence Survey: 2010–2012 State Report. Centers for Disease Control and Prevention (USA). Recuperado de https://www.cdc.gov/violenceprevention/pdf/NISVS-StateReportBook.pdf
[21] "La Guardia Civil equipara en Twitter la violencia de hombres y mujeres". Recuperado de https://www.eldiario.es/sociedad/Guardia-Civil-equipara-Twitter-violencia_0_373062695.html
[22] En una noticia sobre un violador serial de hombres, se banaliza el daño hacia las víctimas diciendo sobre ellas “No one has been seriously hurt” (ninguna ha sido seriamente dañada). Male-Stalking Rapist Puzzles Experts. CBS News. Recuperado de https://www.cbsnews.com/news/male-stalking-rapist-puzzles-experts
[23] Fiebert, M. S. (2000). References examining men as victims of women’s sexual coercion. Sexuality and Culture, 4(3), 81–88. Recuperado de https://link.springer.com/article/10.1007%2Fs12119-000-1023-7