lunes, mayo 24, 2010

El precio de ser ateo

Para todos aquellos que piensan que la discriminación es cosa del pasado, esta serie de videos demuestra lo equivocado de este punto de vista. Los incrédulos, tantgo ateos como agnósticos, somos perseguidos, ignorados y menospreciados por una sociedad que, jactándose de ser moderna y pluralista, no ha superado en realidad los salvajes dogmas del pasado. Un pasado despiadado y cruel, que no deja de recordarnos que la humanidad, por más que diga que no, muy dentro de sí conserva esos instintos de odio e intolerancia. No dudo que haya habido y haya también hoy mucha gente buena, sin embargo, la mayor parte  no son mas que hipócritas haciendose pasar por santos.

Estos videos son prueba fehaciente del desprecio que sufrimos quienes hemos decidido vivir sin miedo a lo desconocido, sin temor a la vida misma y sin someternos al qué dirán ni a la mejor interpretación de la realidad que hacen y siempre harán queines dicen ser la "gente bien".

Video 1  Video 2 Video 3 Video 4

Y que luego no digan que somos nosotros los malos...

jueves, mayo 20, 2010

¿Es mala la convivencia antes del matrimonio?

Para muchos, la convivencia prenupcial es algo de todos los días. La asumen sin mayores problemas de los que día a día pueda enfrentar cualquier pareja. Para los testigos de Jehová, por el contrario, esta situación presenta ingentes problemas, al ser tanto la causa de numerosos pecados, como una alteración del orden instituido por su creador.

En el ¡Despertad! de octubre del 2009 se trata este tema desde una perspectiva netamente religiosa. Ya que esta revista manifiesta expresamente el punto de vista de todos los testigos de Jehová (o por lo menos así debería ser), vale preguntarse: ¿Cómo es posible que tal cantidad de personas crea esto? ¿No es esta una perspectiva anticuada y racionalmente insostenible? Efectivamente es así. Para demostrar el punto anterior, he elegido algunas ideas básicas de esta revista, las cuales presento a continuación, en el orden de aparición en que lo presenta la misma revista, junto a su respectiva refutación:


1. Que el matrimonio genera amor entre las partes

En la antigüedad, los matrimonios se decidían por acuerdo entre los padres, quienes prácticamente vendían a sus hijos en función de sus intereses comerciales, políticos o económicos. Esta costumbre barbárica ha desaparecido casi por completo en la actualidad, exceptuando países como la India, que además conserva otras costumbres de antaño como la división de castas y una constitución basada en sus libros religiosos. Se esperaba que con el tiempo, los esposos se enamoraran, o por lo menos que no se desagradaran y así pudieran tener hijos. Esto pudiera parecer medianamente coherente, pues la costumbre muchas veces puede más que el amor en una relación. Sin embargo, esto no implica de ninguna forma que los cónyuges vayan a amarse. Los testigos de Jehová (TJs en lo sucesivo), aunque no sostienen formalmente el matrimonio arreglado, sí lo hacen implícitamente, pues quien desee casarse no podrá escoger libremente, sino que se verá obligado a elegir pareja entre sus correligionarios.

Para muchos esto no sería un problema, pues desde niños los han criado así; sin embargo, no se dan cuenta que esa es una de las formas más abusivas de coerción infantil y dogmática predisposición. Quienes son así adoctrinados califican de pecaminoso y sobre todo de incorrecto y malo cualquier comportamiento diferente al que han aprendido, aún si este está justificado por el mutuo cariño y consentimiento. Cosa diferente es el matrimonio arreglado, y aunque no lo parezca, el tipo de obligación nupcial que alegan correcta y divina no es muy diferente ni se encuentra demasiado lejos de la primera, pues el sentimiento que justifica la una como la otra es el mismo.

Lo más que el matrimonio genera es costumbre. Y si por azares del destino y por efectos del tiempo generaran algún tipo de cariño, no hay razón alguna para creer que este sentimiento pueda ser apropiadamente llamado amor. ¿Puede alguien en su sano juicio creer que se puede amar a alguien por coerción, deber u obligación? Juzguen ustedes mismos.


2. Que el matrimonio es un compromiso (bajo la forma de una imposición indisoluble, por supuesto).

Evidentemente lo es, por lo menos en lo que concierne al matrimonio civil. En cuanto al matrimonio religioso, solo podría representar un imperativo para quien que considere verdadera alguna fe, y la practique en consecuencia. Si nos enfocamos en el matrimonio cristiano, la única razón para pensar que este vínculo no legal efectivamente tiene carácter de imperativo es la idea de que Jehová existe, y que sin duda ha instituido esas normas, y no tras, para regir la vida marital y familiar. Viendo que, objetivamente, no hay evidencia de una cosa ni de la otra, y que el típico creyente fideísta no puede ni quiere presentar pruebas a favor de fe, se puede decir (por lo menos en cuanto a los matrimonios sin hijos) que no hay obligación real alguna en el matrimonio religioso mas que el deseo de creer que efectivamente existe tal.

Tampoco es válida la obligación de indisolubilidad del matrimonio, por lo menos en cuanto al ámbito civil. El que el cristianismo considere otra cosa es algo muy propio de sí, y sus motivos tendrán...motivos que son harto conocidos, y que no dejan de sorprender a todo aquel que eche una mirada seria al asunto. ¿Por qué no admiten el divorcio? Porque aún creen en cuentos de la edad de bronce, o como diría un conocido, aún creen en santos que orinan.

¿Quién instituyó la indisolubilidad del matrimonio? Su dios, obviamente. ¿Y qué pruebas hay de que dicho dios exista? Absolutamente ninguna. Conclusión: Consideran una obligación (muy cómoda, eso sí) creer en Jehová (diciendo que es la mejor opción, realizando mas bien implícitamente una burda imitación de la apuesta de Pascal), por lo que consideran también una obligación el seguir los mandamientos de un dios que no se deja ver.


3. Que su dios es el creador y autor del matrimonio, por lo que está mal (¡Es pecado!) la interpretación libre del mismo.

Para decir esto con propiedad, quienes creen en Jehová deberían probar su existencia, cosa que no han hecho a lo largo de dos milenios. No hay razón alguna para creer que un dios que se nos presenta como un ente desconocido (por ser todopoderoso, necesario y absoluto, conceptos que jamás podríamos comprender en su totalidad, y menos en su aplicación a un ser, dicen ellos) y trascendente, y del que no hay prueba alguna de su existencia, tenga alguna autoridad para decir cómo es que el hombre debe vivir su vida. El concepto de pecado, como subproducto de la creencia en el dios cristiano, no tiene el mas mínimo valor veritativo mientras no sea posible demostrar sin la menor sombra de duda la existencia del ser absoluto autor de dichos decretos. El matrimonio humano, por otra parte, tiene que ser regido de acuerdo con la conciencia humana y la conveniencia de quienes efectúan esta unión. Y no podría ser de otra manera, pues el matrimonio civil está regido por leyes y convenios humanos, los cuales ningún dios ni ser ultraterreno están en derecho de cuestionar. Nadie tiene derecho a cuestionar como decidimos vivir o morir, menos aún como debemos casarnos ni vivir en familia. Quien menos está calificado para ello es el creyente fideísta, pues pretenden que aceptemos sin prueba la veracidad de sus afirmaciones, que tildan de trascendentales, y por tanto, de eterna e inigualable calidad.

4. Que la convivencia necesariamente incluye “fornicación” (cual si fuera algo sucio y repulsivo) por lo cual es indeseable (¡Afortunadamente solo para ellos!).

¿Por qué la convivencia tendría que implicar sexo? Y si así fuera ¿Qué tendría de malo? En realidad, los que creen que el sexo premarital es indecente, sucio y pecaminoso generalmente son quienes están en los extremos: O tienen una enfermedad nerviosa por debido al tabú impuesto por varios años de forma sistemática y consistente, sea por otros o por ellos mismos (deseos de buscar la santidad); o por el contrario son los más propensos al sexo, llegando a trastornos de gran cuantía, como la adicción al sexo, o en el peor de los casos al abuso sexual.

¿Por qué tendríamos que obedecer o siquiera prestar oídos a lo que digan quienes están dispuestos a dejar morir a sus hijos antes de consentir una transfusión de sangre? ¿Qué autoridad moral se desprende de quienes prefiere obedecer los mandatos de un dios imaginario antes que las conclusiones del sentido común y la empatía? ¿Qué pruebas objetivas hay de que el sexo premarital es malo? Quienes esperan hasta el matrimonio para iniciar su vida sexual pierden la oportunidad de conocer el ars amandi, por lo que su vida posterior se ve afectada para siempre y sin remedio. Todo por creer sin pruebas. Todo por tener fe.


5. Que por la anterior razón sea pecado la cohabitación prenupcial (haya o no relaciones sexuales).

El pecado es un concepto cristiano, el cual no obliga a otros a seguirlo ni a encontrarlo verdadero mas que por los méritos propios obtenidos a través de la investigación seria e imparcial. Tampoco nadie está obligado a respetar dicho concepto, pues ¿Por qué debería respetarse algo que no ha sido hallado verdadero, y que hasta prueba en contrario no resulta ser más que la pretensión dogmática de un grupúsculo que se cree dueño de la verdad? Solo el cristiano, y en este caso el TJ puede considerar esto como pecado. Pero eso no implica de ninguna manera que nosotros debamos hacerlo también.


6. Que quienes consideran anticuado el punto de vista bíblico son unos relajados morales (afirmación tácita).

Quienes dicen eso presuponen sin base que la moral cristiana es la base y el origen de todas las demás, y por tanto, toda moral que no se ajuste a la cristiana no es digna de llamarse así. Como es obvio, no hay razón alguna para esta suposición. Además, la moral cristiana es una de las más crueles y perversas que la historia ha tenido la desdicha de conocer. Pruebas de ello sobran: Pogromos, cacerías de brujas, la inquisición, cruzadas, el juicio de Galileo y el de Scopes, etc. No hace falta hacer gala de mucha creatividad, pues los cristianos nos han dado ingentes y lamentables ejemplos de su pérfida imaginación de cuando de defender su fe se trata.

La afirmación de la moral cristiana como única verdadera es una afirmación que debe probarse de acuerdo a la obligación de Onus Probandi. Ya que los creyentes no han logrado realizar esta tarea, y que, en cuanto a absolutos, ausencia de prueba sí es prueba de ausencia, no hay mocho más que decir a este respecto.

7. Que la convivencia no ha solucionado los problemas de divorcios masivos y separaciones (¡Como si para eso fuera la convivencia!).

Los TJs malentienden el sentido de la convivencia. Esta sirve para comprobar la compatibilidad de dos personas, para ver si están preparados para la vida marital. Sin embargo los TJs aducen que esta no es una manera adecuada para prevenir futuros problemas maritales ¿Se imaginan cuántos divorcios habrían si se siguiera el criterio de los TJs y la gente se casara sin convivir? Probablemente ellos no han ponderado este asunto tan bien como lo haría cualquier otra persona con un deseo mínimo de sentido común.

La convivencia no es una forma de arreglar los problemas maritales. Por tanto, no tiene sentido culpar a esta práctica del aumento de divorcios de hoy en día. Tampoco no tiene sentido decir que es por esta práctica que la calidad de los matrimonios es tan mala. Y dicen esto porque consideran que la sexualidad y muchas otras cosas solo deben darse en el matrimonio. Pero aparte del dilema religioso, de nuevo nos damos con la sorpresa de que no hay ningún impedimento objetivo para la convivencia, el sexo ni ninguna otra cosa. Tampoco hay razón para creer lo que dicen acerca de la maldad y las supuestas desventajas de comenzar una vida sentimental y sexual antes de la “madurez” (entiéndase más de 30 años).


8. Que lo más importante es ver el matrimonio como lo ve dios, con lo que se busca evitar una confrontación directa entre la interpretación racional de un hecho social e histórico, con su cosmovisión idealista, lo cual generaría un cisma al interior de su religión.

¿Se entiende la malicia de esta proposición? Los TJs pretenden hacernos creer que algo tan mundano como el matrimonio merece la atención especial de un supuesto creador universal. ¿Qué clase de creador se interesaría por las cuitas de seres ínfimos, débiles y salvajes? Tal vez un creador ocioso, uno aburrido, o uno especialmente obsesionado con su “jardín de hormigas”.

¿Por qué tendríamos que fijar nuestra mirada en lo trascendental para resolver problemas mundanos? ¿Por qué fijar estándares imposibles de alcanzar para seres supuestamente imperfectos (perfección, santidad, pureza absoluta así como una fuerza moral hercúlea, incólume e impoluta)? ¿Por qué deberíamos asumir estándares que no corresponden a nuestra realidad? Sería como pedir excelencia en el servicio hospitalario en un país del tercer mundo. Si ni aún en los países desarrollados esto se logra plenamente, ¿Qué decir de los demás? Además ¿Qué nos obliga o nos persuade de asumir como cierta, o siquiera útil tal forma de pensar? El deseo explícito de la fe colectiva no es suficiente para conminar a los sin dios, ni a nadie, a seguir su ejemplo.

El matrimonio, tal como lo ve el dios cristiano, es uno en donde el hombre tiene la primacía. Uno donde el rol de la mujer no pasa de ser un mero medio para la reproducción y la satisfacción de los bajos instintos masculinos. No pasa de ser una empleada sin beneficios o una niñera sin paga. El matrimonio cristiano pone de manifiesto el machismo asociado a una visión patriarcal de la familia, misma que es una herencia de tiempos antiguos, donde los hombres eran mucho más salvajes y crueles de lo que son ahora (aunque a veces parece que no hubiera tanta diferencia). Es un reflejo de antaño, el recuerdo de un pasado que jamás debió ser, y que si aún sobrevive es porque los cristianos modernos son tanto o más salvajes que los judíos de antaño. Este es un lamentable capítulo de la historia de la ética y la moral humana, que con una buena dosis de sentido común, razonamiento crítico y empatía pudo haber sido superado hace mucho tiempo de no ser por las mentes pías de los creyentes que consideran un sagrado deber mantener las costumbres de antiguos bárbaros errantes.


9. Por último, que la manera de probar un matrimonio (cual si fuera una prenda de vestir) es ¡Casándose! Para ellos no hay otra opción.

“Más vale casarse que abrazarse” diría canallamente Saulo. Pero, ¿No sería mejor saber antes de arriesgarse, o peor aún, de arruinarse? Puesto que el matrimonio representa una inversión casi siempre irrecuperable (económicamente hablando), además del daño emocional (incuantificable por subjetivo) para fines prácticos es mucho mejor usar criterios racionales, que tomen en consideración los sentimientos tanto de uno como del otro, así como su bienestar general, a la hora de dar cuenta de una moral sexual y afectiva que repercuta en la felicidad de ambas partes.

Casarse sin experiencia previa es uno de los peores errores que alguien pueda cometer. Tanto la madurez afectiva como la sexual deben desarrollarse de forma normal, por medio de los triunfos y los fracasos mediante el ejercicio de las relaciones humanas. Intentar, por cualquier medio, de impedir la madurez emocional es un grave problema, y si no lo es ya, debería considerarse un delito, pues se está privando a una persona de uno de los derechos más importantes que cualquier humano pueda llegar a poseer: El derecho a desarrollarse y crecer con normalidad. Toda creencia, religión, ideología o fe que predique la enajenación de sustrato emocional a expensas de un ser o entidad sobrenatural que nada puede sentir o sufrir, dicha religión, si existe, es culpable de llevar la desdicha al mundo y condenarlo a generaciones enteras de crueldad y detrimento continuo con respecto a la calidad y la dignidad humanas. El impedir el desarrollo normal de los miembros de la sociedad conlleva inevitablemente el empeoramiento de la misma, y la hace susceptible a influencias negativas de cualquier tipo, en especial de las que provienen del que Richard Dawkins llama “El virus de la fe”.

Quien condene a una persona a tomar la peor opción sobre un tema es culpable de coerción del peor tipo existente. Toda persona que se precie debe decidir por sí misma cuando es tiempo de tomar una decisión tan seria como el matrimonio. Toda doctrina que limite o coarte la libertad humana no puede ser más que una doctrina criminal. Y tal es la doctrina que predican por toda la tierra habitada quienes se hacen llamar a sí mismos “Testigos de Jehová”.

lunes, mayo 17, 2010

¿El regreso del geocentrismo?

Titulo:
Galileo Was Wrong: The Church Was Right
Volume I : The Scientific Case for Geocentrism


Autores:
Robert A. Sungenis, Ph.D. 
& Robert J. Bennett, Ph.D.


En este libro, los autores exponen lo que consideran pruebas y evidencias científicas que demuestran la veracidad del geocentrismo. Para tales efectos, apelan a los descubrimientos de la ciencia en los últimos cien años, los que a su parecer constatan el geocentrismo como el modelo cosmológico más acertado y estable, así como el que mejor responde nuestras preguntas. Además de ello, este libro recoge la discordia entre Galileo y la iglesia, haciendo una evaluación de los argumentos de ambos, que si bien es convenientemente mencionada, no es para nada imparcial, al darle a la iglesia la razón en última instancia al apelar a las escrituras como fuente última de la verdad.

De más está decir que el geocentrismo es una hipótesis inviable y demostrablemente falsa, la cual solo es defendida por un grupúsculo que, frente a toda la evidencia en contra, prefiere cerrarse a la verdad e inclinarse en reverencia ante la sinrazón que reconforta sus almas.

No vale la pena detenerse demasiado a analizar los argumentos expuestos en el libro, sin embargo es conveniente dar algunas pistas acerca del contexto y la finalidad de éste. En primer lugar, se inscribe dentro del ámbito de la apologética, la cual, en pocas palabras, es el conjunto de argumentos que pretenden justificar la existencia y acciones de la divinidad y la autoridad de una religión como representante de dicho ente. De esta forma, vemos desde el principio que este texto carece de una verdadera base científica, la cual se inscribe en un marco positivista-naturalista y empirista, valiéndose de métodos y metodologías que presuponen únicamente los fenómenos materiales para su desarrollo. Dado que la ciencia se dedica a los objetos y relaciones del universo y todo o material (físico), pues es lo único que puede estudiar, no es posible estudiar un ente sobrenatural trascendental, que por ende no sería afectado por las mismas. Así, un ente sobrenatural no puede incluirse en ningún programa de estudio científico serio ni en ninguna hipótesis, y viceversa, cualquier hipótesis que incluya a un dios en su explicación no puede ser científica.

Solo tomando en cuenta lo anterior, es evidente que este libro no es de ciencia. Por si fuera poco, pretende vendernos la idea de que los hechos científicos de los últimos cien años respaldan sus extravagantes afirmaciones. Con sus dos volúmenes: “Galileo Was Wrong: The Church Was Right Volume I: The Scientific Case for Geocentrism” y “Galileo Was Wrong: The Church Was Right Volume II: The Historical Case for Geocentrism”, esta obra pretende continuar con la labor realizada por milenios por la iglesia católica de reescribir la historia a su propia conveniencia.

En el sitio de Catholic Apologetics Internacional (http://www.catholicintl.com) estos libros se venden como la justificación de la iglesia para el juicio de Galileo, diciendo que al final la iglesia tenía razón, solo que las pruebas no estaban disponibles en ese momento. Señalan también que el modelo geocéntrico es el más estable y científicamente comprobado, y que es el único capaz de explicar apropiadamente el universo. ¿Qué decir ante esto? Bueno, en realidad la pregunta en realidad sería ¿qué no decir?

Ante una proposición tan falta de justificación científica, sino de sentido común, podrían decirse miles de cosas, levantarse ingentes cantidades de argumentos y todas las pruebas de que disponemos que confirman la esfericidad de la Tierra. Pero, si uno lo piensa bien, ante tal mezcla de desfachatez, pseudociencia e hipocresía fideísta no puede responderse otra cosa que no sea un absoluto y sepulcral silencio. ¿Quién es su sano juicio negaría las evidencias obtenidas por la cosmología moderna y se inclinaría ante la añoranza de los dogmas del pasado? La respuesta es obvia: Aquel que no es capaz de vivir una vida sin un sentido trascendente. ¿Y quién es este tipo de persona? Aquel que de no ser por el sustento austero de su fe, sería un pesimista sin coraje para rebelarse al mundo tal y como es.

Quien pone delante de los hechos y las pruebas sus propias opiniones, e intenta hacer que las primeras encajen con la segunda no puede llamarse realmente un científico. Los autores de estos libros son “científicos” de este tipo. De la misma forma que hacer algo que nos disgusta hace que lo hagamos mal, quienes se dicen creyentes no pueden ser científicos sin dejar a un lado sus creencias y aceptar las pruebas vengan como vengan. Los “científicos creacionistas” y los del “diseño inteligente” son de este tipo. Son profesionales de la apologética disfrazados de científicos. Lo que menos quieren es que las evidencias contradigan sus creencias, por lo que, haciendo gala de no poseer grado alguno de honestidad intelectual, intentan conectar los vacíos de la ciencia con las simplezas de la fe. Reemplazan la incertidumbre y el ansia de conocimiento con la banal satisfacción del que, habiendo hecho poco o menos que eso, da finalmente todo por hecho. La satisfacción que produce la culminación de una labor no es el verdadero sentimiento de la ciencia ni de ningún científico que se respete. Un científico de verdad no busca respuestas trascendentes, sino explicaciones naturales, coherentes y reales. Ningún científico que considere que se ha descubierto todo lo que tenía que saberse sobre algo está realmente calificado para definirse como tal.

Si en verdad todos los datos científicos de los últimos 100 años sugieren que la “hipótesis” geocentrista es correcta, ¿Cómo explicar que nadie lo haya advertido hasta ahora? ¿Cómo explicar que los más eminentes científicos del mundo no se hayan tomado la molestia de echar una mirada a tan maravillosa idea y las avasalladoras pruebas que la respaldan? ¿No será que dichas pruebas no existen? Quienes se han planteado esta cuestión responden sin rodeos: “La ciencia rechaza a Dios, porque es atea e impía”, “Hay un acuerdo secreto entre todos los científicos del mundo para no permitir que la explicación bíblica no entre en terreno científico”, “Se quiere sacar a Dios de la sociedad”, etc. Al margen de todas las teorías conspirativas e infundadas ideas sobre la malvada naturaleza de los científicos contemporáneos, hay que decir que en realidad no hay prueba alguna de estas proposiciones. Las ideas de persecución divina corresponden mas bien a siglos pasados. Descaradamente, pretenden hacernos creer que somos los incrédulos y escépticos quienes perseguimos a los creyentes, cuando mas bien es al revés, y muchos que descreen de todo tipo de fe son ahora hostigados, coaccionados, manipulados y perseguidos por las instituciones y organismos que supuestamente son los encargados de llevar la paz al mundo.

¿Por qué habríamos de tolerar esto? ¿Por qué soportar el asedio constante e implacable de todos los poderes eclesiásticos, tanto en la vida pública como en la privada? ¿Por qué no poner en su lugar a quienes cree que se puede jugar con la ciencia y hacer pasar por objetivo y veraz algo que no pasa de ser una simple creencia infundada? Los autores de este libro quieren hacernos creer esto, e intentan que el mundo vuelva a las edades oscuras, donde la palabra de la iglesia era infalible, y su brazo, todopoderoso. La justificación científica de los relatos de la Biblia debe darse, si es que desea hacerse, e el campo abierto de la confrontación intelectual, donde se pondere la verdad con base en las pruebas y los hechos, en lugar de los milagros y las creencias arcaicas sin sustento.

martes, mayo 04, 2010

Ateísmo, religión y moral

Mucho se ha dicho en torno al tema de la moral y la ética. Según la mayoría de las personas, los ateos no podríamos ser personas morales por carecer de religión. Sin embargo, esta perspectiva no corresponde con la realidad. Muchos de quienes se dicen creyentes han sido algunos de los más grandes tiranos, mientras que muchos de los mayores descubridores y científicos de los últimos tiempos han sido incrédulos o declaradamente ateos.

Desde hace tiempo se sabe que existe una relación entre religión y moral. Sin embrago, se desconocía si esta relación era necesaria y de doble vía. Ahora se conoce que por u lado, la moral poco o nada tiene que ver con la religión. Esto debido a recientes descubrimientos (y otros no tan nuevos). Entre los viejos tenemos el proceso de doblepensamiento, el cual hace que pensemos de una forma y actuemos de otra, según como sean nuestras necesidades, mediante un proceso de adaptación dinámica. Por otro lado, entre la confirmación de lo que muchos veíamos como un secreto a voces: Que en última instancia, la religión y la moral no tienen nada que ver, menos aún dependen una de la otra.

Puede sonar extraño, pero así es. Y suena especialmente raro a oídos de quien tiene fe en cualquier suerte de dioses y/o realidad suprafísica. Sin embargo no hay duda: La moral es muy anterior al advenimiento de las religiones primarias, no ya al de las organizadas, mal llamadas por algunos “superiores. Esto se deriva de los recientes estudios en campos novedosos y muy prometedores del quehacer científico. Entre estos tenemos a la neurociencia, la psicología evolutiva, la psicología moral experimental, la neuroteología, etc. Algunos artículos referentes a estos temas son:

1. La experiencia religiosa sería una anormalidad eléctrica en el cerebro. Ver aquí y aquí.

2. La moral no tiene que ver con la religión, sino que esta última sería un subproducto de la primera. Ver aquí.

Ante estas investigaciones, se con firman las sospechas de los incrédulos, y se derrumba la antigua visión beatífica del creyente como único sujeto conciente de derechos y deberes morales. Sin embargo, aún con todo, no es suficiente para eliminar el estigma que todavía pesa sobre los ateos.

La antigua leyenda urbana que versa sobre la correspondencia entre religiosidad y moral está llegando a su fin. Sin embargo, no tocará su ocaso sin dar fiera pelea, sin llevarse para siempre a muchos que, cerrando sus ojos de una vez y para siempre ante lo real, prefieren vivir su vida irresponsablemente, dejando en manos de un dios sus deberes para con el mundo y para consigo mismos. Ese es el verdadero peligro. Quienes ponen lo sobrenatural como centro de su vida están extraviando al mundo y extraviándose a sí mismos, al propagar la idea de que la fuente de la moral, y por ende, el significado de la vida, se encuentra fuera de uno mismo y de la realidad en que se vive. Esta visión del mundo es en la que están envueltos todos aquellos que profesan algún tipo de fe. Esto es especialmente cierto en el caso de los cristianos, judíos y musulmanes, y mucho más en los cristianos que en ningún otro grupo.

Las alusiones al demonio y sus secuaces hacen que la vida tome un aspecto sombrío, al estar condicionados a a la influencia de seres de ultratumba que, sin dar ninguna prueba objetiva de su existencia, se afirma que tienen la capacidad de dañar en gran manera. Locura, enfermedades varias, posesiones, y todas aquellas experiencias que se encuentran más allá de toda posible comprobación son solo algunos de los males atribuidos a estos supuestos entes poderosísimos, de los cuales, fuera de la mitología teísta, nada se sabe.

En la antigüedad se creía en toda suerte de seres con poderes para hacer tanto el bien como el mal. Seres con poder sobre la vida y la muerte. Incluso los dioses podían morir. Ahora, a pesar de que el avance científico ha derribado tantas barreras y roto los límites de nuestro saber, persisten todavía estos seres de la edad de bronce. ¿Por que será?

Dejar la responsabilidad de las propias acciones en las manos de un dios cualquiera, y culpar del mal recibido a los demonios es tomar la salida más fácil y rápida para evadir nuestras responsabilidades y evitar sentirnos culpables por nuestras malas acciones. Esta es la perspectiva desde la que una persona creyente enfrenta el problema de la existencia. De mas está decir que es la forma más sencilla que existe para olvidarse del compromiso personal y los deberes con los otros.

Sea como sea, quien tiene fe seguirá creyendo que lo que hace está bien, y que el resto del mundo se equivoca. Por suerte, la moral es independiente de la religión, por lo que se puede llegar a un consenso básico con la mayoría del mundo en cuestiones de derechos humanos y ética. Es con base en este compromiso que se extienden las relaciones diplomáticas. Y no solo estas, sino todas. Se asume que en todos los aspectos de la actividad humana se puede alcanzar un razonable consenso entre los muchos, de modo que se los beneficie también en gran manera, procurando en lo posible no desconocer la opinión de las minorías. Este es el principio de la democracia y de todo derecho humano.

Es por eso que es tan importante romper de una vez por todas la idea de una relación positiva entre religión y moral. Incluso se ha comprobado que existen patrones y estándares de vida más altos entre los países que implementan una forma de ateísmo orgánico en su sociedad, frente a quines eligen obviar el estado laico y declararse, de facto o de jure, estados confesionales. Entre los primeros se encuentra Japón, y entre los segundos EE.UU. Los índices de criminalidad de ambos países hablan por sí mismos. También se han comprobado relaciones inversas entre religión y criminalidad, inteligencia e índice de divorcios.

Este panorama nos habla de un nuevo concepto de moral. Uno que no dependa de los caprichos famélicos de quienes en su pequeño (o grande, a veces) puesto de poder se esfuercen en convertir el futuro en un decadente reflejo del pasado; sino del poder de la conciencia libre y sin barreras que puedan llegar a tener quienes se atrevan a pensar de forma libre y sincera, ajenos a dogmas arcaicos y pretensiones egoicas de loas o alabanzas a entidades etéreas que no se dejan ni nunca se han dejado ver.

martes, abril 20, 2010

Por qué no soy cristiano

Hay muchas personas que no comprenden cómo es que alguien llega a ser un incrédulo de cualquier tipo. Les parece especialmente increíble el que alguien llegue a decirse ateo. Tanto les sorprende a algunos que se han llegado a decir cosas de lo más extrañas. “No eres ateo, solo estás molesto con Dios”, “Seguro tuviste una mala experiencia con la religión”, “seguro no sabes bien qué es Dios/el alma/la trinidad/etc.” o cualquier otro concepto que se supone deberíamos tragarnos de forma sumisa y callada, sin la más mínima pizca de duda.

Vivimos en sociedades donde las costumbres tienden a ser uno de los pocos factores cohesionantes en la actualidad. En algunos casos, estas costumbres adquieren fuerza legal (como en las legislaciones que en los códigos legales afirman que a falta de leyes se juzga según las buenas costumbres y el sentido común). Entre estas costumbres sobresale la religión. Se supone que todos heredemos la religión de nuestra familia, de modo que se perpetúa junto a las demás costumbres transmitibles. Cuando alguien decide ser ateo, esa cadena, símbolo de continuidad y unidad, se rompe y da paso a los malentendidos, el enojo, la incomprensión e incluso a acciones violentas.

Todo esto ocurre porque al abandonar la creencia familiar se rompe uno de los vínculos afectivos entre las generaciones al interior de las familias. Lo mismo se puede aplicar al ámbito nacional. Siendo la sociedad de una nación una especie de gran familia extendida, se puede aplicar el mismo tipo de descripción psicología que a cualquier familia, solo que a una escala mayor, a la vez que deben salvarse las distancias que entre extraños serían prácticamente las mismas que entre los parientes muy lejanos.

El ateísmo es visto como una ruptura con la sociedad, en especial si en la misma la religiosidad es un factor importante. También depende de la religiosidad individual, y el efecto de grupo, así como su cantidad, ejercen sobre las conciencias individuales. Normalmente, la tendencia inicial, como con cualquier situación que se considera potencialmente negativa es la negación. Un ejemplo de esto se dio con G.W. Bush padre, al declarar públicamente que los ateos no podían ser “verdaderos ciudadanos americanos ni patriotas”.

En este escrito, pretendo sacar a relucir las principales razones por las cuales muchas personas vuelven su mirada hacia el ateísmo como una alternativa válida, valiente, acorde con los hechos así como ética y moralmente responsable ante el mal llamado “problema de la existencia”. Esas razones son generales, y excluyen a quienes se denominan “ateos irracionalistas” y a quienes lo son por parte de padres (excluyendo a quienes son parte de religiones ateas, como el budismo).

Debo decir que este también fue mi propio proceso de pensamiento, y aunque el orden a seguir no tiene por qué ser el aquí expuesto, necesariamente todos los ateos tienen en mente estos conceptos, muchos de los cuales serán mas importantes que otros, e incluso serán clave a la hora de comprender los motivos, las razones y las justificaciones de su increencia personal.

Comencemos por un punto cero. Hay algo que normalmente quienes creen en alguna deidad olvidan, y es la obligación que tienen de probar sus creencias. Esta obligación está tipificada como Onus Probandi. El que afirma (en primera instancia) es el que prueba, no el que niega. Los creyentes son quines deben probar la veracidad de sus creencias, no al revés. Durante mucho tiempo se ha creído que somos los incrédulos quienes debemos justificarnos, sin embargo eso no es lo correcto. Quienes descreemos no tenemos obligación alguna en presentar justificación positiva a menos que quienes creen puedan comprobar mas allá de toda duda la certeza de sus respectivos artículos de fe. Esto es un malentendido que a menudo sucede, y que pone a la defensiva a todos por igual, ya que los creyentes no conocen sus obligaciones filosóficas, lógicas y ontológicas, así como los ateos y también los agnósticos desconocen sus derechos discursivos, en aras de defenderse de los ataques de quienes quieren imponer su fe a los demás sin escuchar pruebas ni argumentos en contrario.

De esta forma, llegamos al primer punto. Considerando Onus Probandi, se pueden decir dos cosas: Las creencias en sí mismas no tienen un valor veritativo inherente (no son ciertas porque sí), ni valor alguno proveniente de la cantidad de adherentes que posea (pues eso sería la falacia del argumento ad numerum). Por tanto, la conclusión es clara: Ninguna creencia o fe tiene o debe tener preferencia sobre otra, pues ninguna vale nada ni es cierta hasta prueba en contrario, por lo cual se puede decir sin temor a equivocarse, que todas valen lo mismo, vale decir, nada.

El segundo punto está relacionado con este. Ninguna creencia o fe es cierta hasta que se demuestre lo contrario. Esto conlleva a otra conclusión: Las ontologías propias de cada creencia tampoco son ciertas hasta que se demuestren, por lo tanto, no es posible adjudicarles ni siquiera un pequeño porcentaje de verosimilitud. Jehová no es más ni menos probable en realidad, sino que no es probable en absoluto hasta que se demuestre su existencia.

Esta puede parecer una declaración precipitada y bastante extremista, sin embrago no lo es. Cualquier entidad sobrenatural, hasta no ser probado tendría la misma posibilidad de existir que cualquier otra cosa que imaginemos, por más imposible que esta sea. Dado que continuamos suponiendo Onus Probandi, hasta prueba en contrario las religiones o creencias no pasarían de ser meros productos culturales propios de cada pueblo durante el transcurso de la historia. Y como sabemos que la posibilidad de que exista cualquier cosa que imaginemos es prácticamente nula (a menos que en verdad existan los elefantes rosados cósmicos que sostienen el mundo o algo parecido) por ser corteses, aunque en realidad no hay razón alguna para no afirmar la verdad: Que es imposible que exista cualquier cosa que creamos.

La tercera razón por la cual ser ateo es que, siendo consecuentes con Onus Probandi, la entidad o suceso sobrenatural en el que los creyentes quisieran que creamos debe estar bien definido en sus propiedades, atributos y características. La entidad elegida no debe ser contradictoria tanto interna (entre sus propios atributos y características) como externamente (sus atributos y características contra el mundo conocido y predecible). Una entidad creadora o que afecte en forma alguna el universo conocido forzosamente debe ser compatible con las leyes del mismo, y la energía o materia de la que están compuestos debe ser interconvertible con la de nuestro universo. Esa es la única forma en la que una entidad de ese tipo sería posible, pues tendría un mínimo de coherencia lógica y de compatibilidad con las leyes de la física.

Un dios que no se ajuste a la descripción anterior sería imposible, y solo podría sostenérselo por medio de la fe. Fe que no prueba nada, y que solo sirve para confirmar las opiniones previas que una persona con juicios formados previamente pueda tener, o de consuelo para quien anhela desesperadamente un significado intrínseco para esta vacía vida, el cual no cuenta con ninguna prueba en su favor.

lunes, marzo 22, 2010

Nociones básicas sobre ateísmo

Nociones básicas sobre ateísmo

He realizado este escrito con el fin de ilustrar algunas nociones básicas sobre ateísmo. Muchos no comprenden lo que es en realidad, y otros, de manera peor aún, tergiversan lo que significa, identificándolos con sus ideas preconcebidas que nada tienen que ver con su verdadero significado. Los teístas, en especial los cristianos, creen que el ateísmo es una fe, comparable a su creencia en dios. Nada más lejos de la realidad. También consideran que los ateos son satánicos, que practican rituales sangrientos (en el peor de los casos) o que simplemente son seres sin ningún tipo de valores, ética ni moral (en el mejor de ellos).

Ante todo esto, es preciso abordar de manera relista el problema, de forma que de una vez por todas sea comprensible por lo menos una pequeña parte de lo que constituye el verdadero pensamiento ateo.


1) ¿Qué es el ateísmo?

Es la posición ontológica (e incluso gnoseológica) que afirma la no existencia de dios. No es nada más ni nada menos que eso.


2) ¿Es el ateísmo una creencia o fe?

No, no lo es. Para ser ateo no se requiere tener fe, solo aplicar la lógica, el sentido común y sobre todo el escepticismo sobre las creencias de cada uno, siendo sincero con los resultados que de ello se obtengan, por mas molestos o dolorosos que sean.

No se necesita fe porque en el ateísmo no se cree en nada. Simplemente no se acepta la existencia de dios por inconsistente, así como por falta de pruebas, pruebas en contra, etc. El ateísmo no es una creencia, a lo mucho una ideología que tiene diferentes matices de acuerdo a cada persona.


3) ¿Cuántos y cuales tipos de ateos existen?

Existen varias definiciones de ateos y ateísmo, dependiendo de cada persona. Aún así, hay algunas definiciones generales:

a) Por la forma de su ateísmo:

- Ateos fuertes: Son aquellos que afirman la inexistencia de dios. Realmente son pocos entre los ateos. Su ateísmo tiene la misma base que el de los ateos débiles, añadiendo a eso una objeción de tipo esencial o existencial, sí como histórico-crítica que termina por destruir la afirmación de la existencia de dios.

- Ateos débiles: Son aquellos que niegan la existencia de dios, pero se abstienen de afirmar su inexistencia. Normalmente su ateísmo se basa en la falta de pruebas de la existencia de dios, con lo cual mas que negar su existencia asumen su inexistencia.

- Ateos agnósticos: O simplemente agnósticos. Son aquellos que afirman que la cuestión de la existencia de dios excede los límites de nuestro conocimiento, y que no admiten la vía de la fe, por lo que suspenden el juicio. Normalmente son agnósticos teóricos y ateos prácticos.

- Deístas: Es la idea de que el universo puede (OJO: POSIBILIDAD) haber sido creado por algo, sin especificar si es una creador personal o no, que luego de realizar la creación se desentendió de esta. Es lo que se llama “ateísmo cortés” pues muchas personas se llaman a sí mismas deístas, pero son por completo ateas excepto en ese vago resquicio que llaman principio creativo, que a la larga puede ser cualquier cosa. Ese principio creativo es tan vago e indefinido que muchos pasan rápidamente y sin problemas al ateísmo o al agnosticismo. Por este motivo, a los agnósticos y a los deístas se les conoce como “ateos vergonzantes” (pues son prácticamente ateos, pero al no presentarse como tales no ofenden lo “políticamente correcto”).

b) Por el tipo de negación de dios:

- Ateísmo esencial: Son los que objetan la idea de dios señalando la contradicción interna de sus atributos y características. Al triturar filosófica-lógicamente la esencia de dios, se niega su existencia. Principalmente toman el argumento ontológico como base para atacar la idea de dios, a la que, con razón, califican de pseudoidea.

- Ateísmo existencial: Es aquel en el que la objeción a la existencia de dios se basa en la negación de su existencia por medios tecno-cientificos, demostrando que un ser definido a la manera de dios, por su misma definición no puede existir en el universo físico ni en nada que se relacione con él. También hace énfasis en que la idea de dios fue de desarrollo humano, tomando como prueba los descubrimientos de las ciencias como la arqueología, sociología, etc.


4) ¿Son los ateos satánicos?

No. Los ateos no creemos en dios ni en satanás. Si se supone que dios creó a Satán, la relación es obvia: Sin que exista uno no puede existir el otro. La identificación ateo=satánico se da en el imaginario cristiano, sin embargo dado que no existen pruebas de ninguno de ellos, estas elucubraciones se toman como mera mitología.


5) ¿Tienen valores éticos y morales los ateos? ¿De donde provienen si no es de un referente absoluto?

Los ateos tenemos valores, ética y moral como cualquier otra persona, e incluso más, ya que para nosotros no existe una recompensa celestial que nos espere, por lo que nuestras buenas acciones provienen directamente de nuestro deseo positivo y empatía con la vida. No esperamos premios ni castigos de ultratumba, por lo que somos mas sinceros en todo lo que hacemos, tanto bueno como malo, y asumimos las consecuencias de nuestros actos en este mundo.

El bien, el mal, los valores y la ética tienen diferentes fuentes para cada ateo. No puedo arrogarme el derecho de hablar por todos, pero si puedo decir brevemente mi propio caso. Para mí, hacer el bien no es un imperativo divino, sino algo necesario, una obligación autoimpuesta en las sociedades con fines de autoconservación. Toda sociedad debe mantener la eutaxia (buen gobierno) para continuar subsistiendo. De lo contrario, la sociedad se desintegraría. El hombre no puede sobrevivir si no es en grupos, por lo cual es indispensable desarrollar un código de conducta que satisfaga tanto a la sociedad como a sus individuos. Este código es diferente para cada sociedad a través de la historia, por lo que se ve que no hay valores absolutos, sino relativos al tiempo, el espacio y el contexto.

Al llegar la sociedad globalizada, se hizo necesario un código común de derechos y deberes, lo cual dio como resultado el actual código de derechos humanos. Este, además del común acuerdo de las países miembros se basa en la moral intuitiva que todos (o casi todos) tenemos de forma natural. Esta moral intuitiva es resultado de nuestra evolución biológica, de la cual hay pruebas innegables, y que se ha trazado con precisión. Recientemente se han dado estudios que demuestran que nuestras elecciones más morales se dan sin pensar demasiado, lo cual es un punto a favor de la biologicidad de la misma.

No es necesario un referente absoluto para el bien o el mal, simplemente necesitamos combinar sentido común, razonamiento, empatía y algo de instinto para lograr una ética y valores que lleven felicidad a todos los seres vivientes.


6) ¿Cuál sería una secuencia válida de razonamiento para dilucidar la existencia o inexistencia de dios?

Primero que nada, hay que ser conscientes que lo citado a continuación no se aplica solo al tema de la existencia de dios. Lo que viene no son mas que las reglas mínimas para cualquier tipo de aseveración en una conversación, sea esta de tipo informal, coloquial, formal, filosófico y hasta científico. Lo que se debe saber cada vez que se afirma la veracidad de algo, esperando que sea creído por otros, es lo siguiente:

a) Obligación de Onus Probandi: El que afirma algo en primera instancia es el que prueba. La afirmación “Dios existe” no es cierta automáticamente solo porque el que la dice la crea. El hecho de que se afirme algo no significa nada hasta que se pruebe dicha afirmación. Así, los que creen en dios deben probar que este ente existe antes de tener el derecho de conminar a otros a que crean sus palabras. De no poder probarlo o no querer hacerlo, se puede afirmar que dios no existe sin ningún problema, pues esta solamente sería la comprobación de una verdad evidente.

La fe no cuenta como prueba, así como los testimonios, pues no constituyen pruebas objetivas. Las pruebas presentadas para la existencia de u ser como lo sería dios (necesario, omnipotente, etc.) deben ser extraordinarias y objetivas, jamás subjetivas (como los testimonios o experiencias individuales, pues estas se interpretan únicamente por parte del afectado) o netamente intersubjetivas (como los testimonios o experiencias colectivas sin algún tipo de inspección imparcial). Los testimonios los interpreta cada quien, y por tanto no vale como prueba. Las experiencias colectivas no valen si no hay quien(es) independientemente del sentimiento y las conclusiones del grupo sea capaz de evaluar la experiencia desapegada a los matices propios que una experiencia produce en los que creen en algo de antemano. Tener fe en algo anula el valor de la descripción de la experiencia, e incluso el valor de la experiencia misma, pues quien pone fe en algo acomoda todo lo que vive a esa creencia.

b) Identificación del principio creativo con el dios elegido: El dios probado en la primera fase no pasaría de ser un mero “principio creativo”, pues no es hasta que se identifica con una deidad concreta y se definen claramente sus atributos que se puede afirmar su existencia. Antes de eso, lo que se consigue probar con el primer punto es “algo” que creo lo existente, pero este “algo” aún es tan abstracto que bien podría tratarse de un ente personal, una energía amorfa, una “conciencia cósmica” o una mera fluctuación de energía.

De no poder probarse este segundo punto, lo único que se conseguiría sería introducir en la ecuación universal a una fuente de energía, que bien podría ser una fuente de estudio científico, y por qué no, en un futuro podría usarse ésta como una fuente de energía para el consumo humano.

c) Definición correcta de sus atributos: Una vez probado que existe un principio creativo (asumiendo únicamente por fines de comprensión que esto se pueda hacer) y que se identifica con la deidad elegida, ésta debe definirse con claridad. Sus atributos no deben ser contradictorios, y no debe violar las leyes de la ciencia. Esto es muy importante, pues un dios que viole la física por ejemplo, con su infinito poder podría causar un derrumbamiento de vacío cuántico, y con un solo movimiento acabar con el universo.

De no poder probarse este punto, o de darse atributos imposibles o contradictorios entre ellos mismos (contradicción interna) o entre ellos y la existencia del universo (contradicción externa), la existencia del dios elegido sería un objeto de crítica del ateísmo esencial principalmente, así como del ateísmo existencial. Al ser imposible la esencia de dios, este no puede existir (objeción esencial); la deidad definida, al ser incompatible con la existencia del universo y las leyes que rigen el comportamiento de la materia y energía del universo, así como de todo lo existente (estando compuesto también de energía de algún tipo) se deduce que ésta no puede existir.

d) Relación de la deidad elegida con sus libros sagrados: Se debe probar que existe una correlación positiva entre el dios elegido y los libros sagrados que se aducen de su autoría. Esto no puede hacerse por fe, pues como se ha mencionado antes, la fe es mera creencia subjetiva sin fuerza probatoria.

e) Veracidad histórica de los libros sagrados: Los libros sagrados deben relatar con exactitud fechas y sucesos del pasado y del futuro. La historicidad de los libros sagrados es casi tan importante como sus profecías. Un libro lleno de falsedades históricas no puede ser confiable en absoluto, y no tiene fuerza de ningún tipo para obligar a nadie, n siquiera para sugerir que se le deba tener alguna consideración, atención o respeto.

Un libro cuyas profecías no se cumplen no puede ser inspirado por ninguna deidad. Aunque sus profecías se cumplieran, podría darse el caso de que existan otros cuyas profecías también se cumplan. Entonces surgiría una paradoja: ¿Serían todos aquellos libros ciertos, y por tanto inspirados por el mismo dios; o habría otro poder, maligno o no, involucrado?

En caso de que la primera opción fuera la correcta, sería imposible que hayan sido inspirados por el mismo dios, pues no hay garantía de que todos ellos digan lo mismo (es más, es casi imposible).

Si fuera cierta la segunda opción, entonces el poder de la profecía no sería exclusividad del dios elegido, lo que deja la puerta abierta a una interpretación para muchos escalofriante: ¿Cómo saber si la religión y los libros sagrados que rigen una creencia son realmente inspirados por la deidad que se supone adoran? En el caso de los teístas, en especial de los cristianos esto es especialmente grave, pues una fe errónea resulta en una condena eterna.

f) Desligamiento histórico y socio-cultural: Tanto la deidad como los libros sagrados atribuidos a ella deben estar desligados del contexto histórico y socio-cultural del pueblo que cultivó originalmente la religión que los utiliza como referentes divinos. Si la deidad elegida tiene parecidos muy grandes con el temperamento de los dirigentes del pueblo, su comportamiento se encuadra en la justificación de acontecimientos históricos acontecidos al mismo, justifica las victorias y desgracias de dicho pueblo al estilo de todo un dios tribal, se usa para mantener el poder y la supremacía ideológica y política sobre el pueblo mismo (derecho divino de gobierno) y sobre otras poblaciones (dios de batalla, patrón de los ejércitos, bendecidor de conquistas las cuales son justificadas por razones divinas), que cambia de acuerdo a los periodos históricos y los periodos de guerras, conquistas propias (que un conquiste) y ajenas (que lo conquisten a uno), y que en conjunto reivindique el nacionalismo y la superioridad de un pueblo como poseedor de algún tipo de verdad trascendental exclusiva, estamos ante la imagen inequívoca de un dios inventado.

Si el(los) libro(s) sagrado(s) en cuestión justifican el comportamiento de este dios que se descubre inventado, no narra con exactitud los acontecimientos históricos, y sus profecías no se cumplen sin necesidad de reinterpretación previa, estamos frente a un (conjunto de) libro(s) sagrado(s) inventado(s).


Espero que estas puntualizaciones ayuden a arrojar luz sobre las verdaderas ideas del ateísmo, y que se acabe la desinformación que reina en las sociedades, las cuales apoyadas por las diferentes iglesias y cultos cristianos, difunden mentiras y tergiversaciones que afectan la imagen de los ateos.

En última instancia, lo único que queremos es que se nos deje vivir en paz, así como que se respete el derecho de cada quien a expresarse a favor o en contra de una idea, y a hacer activismo conforme a ello, y que se entienda que atacar una idea no significa atacar a las personas que las creen correctas. Las ideas, por más importantes que parezcan, no son inmunes a la crítica y al debate, por lo cual, no existe ninguna obligación de parte de nadie de respetar las ideas que consideran incorrectas, mas aún si estas afirman cosas incomprobables, imposibles y que dañan a la sociedad, como estimo es el caso de la creencia en dios.

Los creyentes de todas las religiones han tenido miles de años para probar sus afirmaciones. Ahora tenemos el derecho de propagar nuestras ideas como ellos alguna vez propagaron las suyas, a modo de hacer un equilibrio en el plano ideológico que fomente el pensamiento crítico, la duda y la investigación honesta de parte de cada persona en el mundo.

miércoles, marzo 03, 2010

La mayoría moral protestante se acerca a su fin en Estados Unidos

Tendencias21

Las afiliaciones religiosas de los estadounidenses son muy diversas y extremadamente cambiantes, señala la U.S. Religious Landscape Survey, realizada por la organización The Pew Forum on Religion & Public Life, dedicada a promover una mayor comprensión de las relaciones entre la religión y los asuntos públicos en Estados Unidos.

La propia organización ha hecho público un comunicado que recoge los datos clave generados por la encuesta, realizada a escala nacional entre mayo y agosto de 2007.

En total fueron encuestados más de 36.000 adultos norteamericanos, en una considerable labor de indagación en las creencias de la población que reveló, por ejemplo, que más de una cuarta parte de los norteamericanos adultos (el 28%) ha abandonado la religión en la que se ha criado para adscribirse a otra religión o para no profesar ninguna religión. Si se incluyen en este grupo los adultos que abandonaron un tipo de protestantismo por otro, el porcentaje ascendería al 44%.

Por otro lado, la encuesta señala que un 16,1% de la población norteamericana no comulga con ninguna fe particular. Entre los jóvenes, esta proporción aumenta, dado que una de cada cuatro personas de edades comprendidas entre los 18 y los 29 años afirma no estar adscrito a ninguna religión.

Protestantismo fragmentado y catolicismo a la baja

La encuesta confirma que un 51% de la población estadounidense se considera protestante, aunque este grupo está marcado por una fragmentación y diversidad internas significativas, que comprenden cientos de denominaciones distintas y más o menos cercanas a tres núcleos: las iglesias protestantes evangélicas (a las que se adscribe el 26,3% del total de la población adulta), las iglesias del protestantismo moderado (con un 18,1%) y las iglesias protestantes a las que históricamente se han adscrito los afroamericanos (el 6,9% de la población).

Por otro lado, el catolicismo ha sido el que mayores pérdidas ha sufrido como resultado de los cambios en las afiliaciones religiosas de los norteamericanos. Mientras que uno de cada tres americanos (el 31%) ha crecido en la fe católica, hoy día sólo uno de cada cuatro (el 24%) se describe a sí mismo como católico.

Además, aproximadamente un tercio de las personas que contestaron a la encuesta, y que habían crecido como católicos, no se describieron a sí mismos como tal.

Estas pérdidas serían aún más pronunciadas de no ser por el impacto compensatorio de la inmigración ya que, entre la población adulta nacida en el extranjero, los católicos casi doblan en porcentaje a los protestantes. Entre los cristianos norteamericanos también se incluyen un 1,7% de mormones, un 0,7% de testigos de Jehová, y otros grupos cristianos (0,3%).

Ateísmo, agnosticismo y competitividad

En el grupo de personas que no se declaran adscritas a ninguna religión particular (el 16,1% de la población) también se produce una marcada diversidad. Aunque una cuarta parte de este grupo está formado por aquéllos que se describen ateos o agnósticos (1,6 y 2,4% de la población respectivamente), lo cierto es que un 12,1% de la población general simplemente señala que no sigue ninguna religión concreta.

Pero incluso las religiones menos importantes de Estados Unidos reflejan una diversidad interna considerable, señala la encuesta. Por ejemplo, la mayoría de los judíos (el 1,7% de la población adulta global) se identifica con uno de los tres grupos principales: judíos ortodoxos, conservadores o reformistas.

En el caso de los budistas (0,6% de la población general) ocurre algo parecido: el porcentaje se reparte entre el budismo zen, el budismo theravada o el budismo tibetano. Los musulmanes (0,6%) son suníes o chiítas.

Además de la diversidad, también se da un movimiento constante en lo que la encuesta denomina “el mercado religioso americano”. Los grupos religiosos principales simultáneamente ganan y pierden seguidores. Y los grupos pequeños también reciben y pierden adeptos en mayor o menor medida.

La escena religiosa norteamericana es dinámica, informa la encuesta y, al parecer, también está condicionada por las edades de la población: por ejemplo, más del 60% de los norteamericanos mayores de 70 años son protestantes, pero sólo el 43% de los norteamericanos de entre 18 y 29 años también se declaran protestantes. Según el informe, si este patrón generacional persiste, el protestantismo seguirá perdiendo adeptos en los próximos años. Por esta razón, la revista TIMESONLINE comenta al respecto del protestantismo que los días de la “mayoría moral” protestante Americana se acercan a su fin.

Otros datos

Algunos datos más revelados por la encuesta señalan que los hombres tienden mucho más que las mujeres a señalar que no se adscriben a ninguna religión (uno de cada cinco, frente al 13% de las mujeres), y que un 37% de los matrimonios están formados por individuos de religiones distintas.

De entre los principales grupos raciales y étnicos de Estados Unidos, los afroamericanos son los que más tienden a señalar una afiliación religiosa concreta.

Por otro lado, en contraste con el islamismo y el hinduismo, el budismo en los Estados Unidos es seguido principalmente por gente nacida en el país, en concreto, americanos blancos que se convierten.

Los testigos de Jehová son los que menor tasa de retención disfrutan, porque sólo el 37% de las personas que dijeron haber crecido como tales se siguen identificando con esta religión en la edad adulta.