martes, diciembre 14, 2010

Los tres infiernos cristianos: ¿Cuál prefiere usted? (Tercera parte)

El infierno como castigo y tormento eterno

            Este criterio es sostenido por los católicos tradicionales. Dicen que el infierno es un lugar de tormento eterno donde van todos los malos, los que no siguieron los mandamientos de Jehová y los que no creen en él. O sea, desde asesinos y peligrosos criminales hasta gente buena y ejemplar cuyo único pecado es el no haber creído. Es ese dios quien creó tal lugar de tortura, y que al mismo tiempo es considerado un ser justo y amoroso sin igual.

            Los católicos tienen dos respuestas a esta paradoja: Si no son clérigos dirán que su dios es justo y amoroso, no importa que haya creado un lugar así. Y que si no somos capaces de entender su decisión es porque no creemos en él, y por ende no tenemos derecho de juzgarlos ni tampoco a su dios. También pueden decir que los caminos del señor son misteriosos, y que lo único que podemos hacer es aceptarlo y alabarlo. Si son clérigos dirán una de dos cosas: O que él juzgará si hemos sido buenos o malos, y que nos dará la oportunidad de arrepentirnos, en esta vida o en la muerte, y que si nuestros pecados no han sido graves estaremos un tiempo en el purgatorio; o si son más apegados a lo que dice la iglesia, que sufriremos por toda la eternidad por nuestra propia decisión, por no querer aceptarlo cuando pudimos. Y sobre todo, que los no católicos, en especial los ateos, no somos buenos, pues solo creyendo en su dios es posible definir lo bueno y lo malo. Aunque se haya sido una persona excelentemente buena y ejemplar, se es malo por el solo hecho de no tener su misma fe, y por ello se justifica e incluso se disfruta de todo el sufrimiento que se nos pueda causar. En esto todos los cristianos son iguales, pues dicen que ser “bueno según el mundo” es ser malo a los ojos de su dios. La versión más difundida del infierno es esta última, y la interpretación más aceptada es la anteriormente mencionada.

            El punto más importante para entender todo esto es el de la muerte como algo extraño, ajeno y peligroso. La imaginación febril de los pueblos semíticos ideó, en los albores de su concientización grupal, su cosmovisión particular. Esta, a diferencia de la de pueblos de extremo oriente como China y Japón, veía la muerte como un castigo, algo deleznable, el mal supremo y mayor que ningún otro. Los temores atávicos de ser presa en lugar de depredador se expresaron de forma moderna y adecuada a su contexto, convirtiéndose en el aliciente negativo y positivo, según el caso: El temor a la muerte en los soldados hebreos seguramente hizo que fueran mas bravos en combate, y el concepto de la muerte como algo malo reforzaba el instinto asesino, haciendo que el destino de los enemigos pasados a mejor vida fuera, idealmente, el peor posible. La idea de que a los enemigos les esperaba un castigo inimaginablemente peor del que en vida se les pudiera dar animó las campañas de conquista narradas en el antiguo testamento, y hasta no hace mucho, la cacería de brujas y la condena de científicos y escépticos como Giordano Bruno, Galileo Galilei y muchos otros, incluidos todos aquellos de quienes la historia olvidó su nombre.

            Estos son algunos de los pasajes que sustentan la idea del seol como un lugar concreto y como un lugar de castigo, en contraposición a las dos posturas anteriores:

Num 16:30  Mas si Jehová hiciere algo nuevo, y la tierra abriere su boca y los tragare con todas sus cosas, y descendieren vivos al Seol, entonces conoceréis que estos hombres irritaron a Jehová.

Num 16:31  Y aconteció que cuando cesó él de hablar todas estas palabras, se abrió la tierra que estaba debajo de ellos.

Num 16:32  Abrió la tierra su boca, y los tragó a ellos, a sus casas, a todos los hombres de Coré, y a todos sus bienes.

Num 16:33  Y ellos, con todo lo que tenían, descendieron vivos al Seol, y los cubrió la tierra, y perecieron de en medio de la congregación.

Job 24:19  La sequía y el calor arrebatan las aguas de la nieve;
 Así también el Seol a los pecadores.

Sal 9:17  Los malos serán trasladados al Seol,
 Todas las gentes que se olvidan de Dios.

Sal 30:3  Oh Jehová, hiciste subir mi alma del Seol;
 Me diste vida, para que no descendiese a la sepultura.

Sal 31:17  No sea yo avergonzado, oh Jehová, ya que te he invocado;
 Sean avergonzados los impíos, estén mudos en el Seol.

Sal 55:15  Que la muerte les sorprenda;
 Desciendan vivos al Seol,
 Porque hay maldades en sus moradas, en medio de ellos.

Sal 86:13  Porque tu misericordia es grande para conmigo,
 Y has librado mi alma de las profundidades del Seol.

Estos versículos muestran que el seol o la muerte eran vistos como algo negativo. También se consideraban un castigo, pues se lo deseaba a los enemigos. Y considerando la violencia y furia salvaje con que los judíos antiguos efectuaban sus campañas de carnicería llamadas guerras santas, no extraña que la concepción popular de aquel lugar también incluyera tormentos para los malvados. A esto se podría contestar que es la muerte y no el seol mismo lo que se identifica con algo indeseable. Esto puede parecer convincente, pero en realidad no lo es. La perspectiva de la cesación de la existencia puede parecer triste y desalentadora, pero no es nada comparado con un castigo eterno. Y los judíos, siendo conscientes de eso, al igual que muchos otros pueblos, seguro habrán considerado que la muerte sería algo malo no porque significara la cesación de la existencia, sino porque implicaba algo peor que la vida. Y como sin consciencia no se puede dar este hecho, se deduce que tras la vida debe persistir la conciencia, de una u otra forma, de acuerdo con la doctrina de un espíritu trascendente a la que los judíos, le pese a quien le pese, no fueron ajenos. La extinción total, aparte del natural e infundado miedo a la muerte, no puede ser peor que la vida, pues no habría sufrimientos ni consciencia de ellos. Por ello, la única forma de ver la muerte como algo malo es si implicara algo mucho peor que la vida.

Los versículos anteriores mencionan que la gente incluso puede descender viva al seol. Si se tratara de una forma alegórica de decir que su muerte acaeció de repente, aún así se afianzaría la idea de que este es un lugar dentro de la tierra, en sus profundidades, y que tal era el pensamiento de la época. De la biblia también se deduce       que en él los malvados sufren, y los buenos quien sabe, pero ambos permanecen ahí. El pensamiento de la profundidad del seol no corresponde, como citan los testigos de Jehová, a la tumba común de la humanidad, sino mas bien, como citan los estudiosos serios, a un lugar homólogo al hades. Un lugar que se consideraba como morada de los muertos, independientemente de sus acciones, tal vez con algún tipo de separación según los actos de la gente. La idea del cielo como recompensa en la otra vida es un concepto propio del cristianismo, influido por las creencias extranjeras, especialmente el zoroastrismo. Si no se trata de una alegoría, significaría que en el seol se puede pensar, sentir y realizar actividades, cosa que está en clara contradicción con la biblia en varios pasajes. ¡Y luego dicen que en ella no hay contradicciones!

La muerte y el seol, vistos como castigos, no pueden corresponder a la cesación de la vida. Para sostener esta idea es indispensable tener la idea de un castigo, que es exactamente lo que representa el infierno cristiano. Uno de los pasajes más ilustrativos, y uno de los menos conocidos, es el siguiente:

Isa 14:15  Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo.

¿Por que lo es? Pues porque en él se hace uso de una forma muy útil. Si quien me lee ha leído la biblia, sabrá que en ciertos pasajes se repiten con otras palabras una misma cosa. Esto suele suceder mucho cuando se escribe de forma poética, y es así como fueron redactados muchos pasajes bíblicos (lo cual explica también por qué este libro es tan inexacto en temas científicos). La primera parte de pasaje usa el término seol, pero la segunda usa el término abismo como su sinónimo. Esto nos deja ver que para ser considerado como tal, su significado debe ser equivalente. Y es por medio de este término que podemos saber algo más sobre la idea hebrea de la palabra seol. Veamos la forma hebrea de esta palabra:

H953

בּור
bor
bore

From H952 (in the sense of H877); a pit hole (especially one used as a cistern or prison): - cistern, dungeon, fountain, pit, well.

            En resumen, abismo es una prisión o calabozo. Por ello, se requiere la permanencia de la conciencia en este estado quejumbroso. Esto sostiene la idea de que los hebreos creían en un espíritu inmortal, y en el seol como un equivalente arcaico al infierno cristiano. El siguiente pasaje ilustra la situación de los muertos en el seol, y cómo se supone que en ese lugar sí tienen, por lo menos, vida intelectiva:

Eze 32:21  De en medio del Seol hablarán a él los fuertes de los fuertes, con los que le ayudaron, que descendieron y yacen con los incircuncisos muertos a espada.

Nuevamente hago hincapié en que no importa si se dice que estos pasajes son alegóricos, pues en todo caso representan la idea que en esa época se tenía de aquel lugar. Y no hubieran usado esa idea, ni siquiera en una parábola, si no existiera en el contexto sociocultural del pueblo judío, si no fuera de uso común o no se tomara en cuenta. Lo más que se podría decir es que algunos creían en que se trataba de un infierno literal y otro no, lo cual deja abierta la cuestión, y ni los cristianos tradicionales ni los testigos de Jehová podrían reivindicar en definitiva nada para su propia ideología. Además, si aunque sea un pequeño porcentaje de los judíos hubiera creído en eso, con base en ello igual se podría decir que ellos lo creían, pues formaba parte de su tradición, aunque no fuera universalmente aceptada. Este punto puede parecer abstracto y casi siempre es mal entendido como una generalización apresurada, pero no lo es. La mejor manera de comprender eso es ver al judaísmo como la suma de sus partes. Al igual que cualquier otro grupo, el pueblo judío incluye muchas sectas o grupos en los que se tienen determinadas ideas. Si tomamos al pueblo judío como la suma de todas sus sectas, creencias organizadas o no pero que siguen en el contexto de su religión, podemos considerar a las personas que creen el la literalidad de algo como un grupo. Y como el judaísmo englobaría este grupo, al igual que a muchos otros, ergo la afirmación de que en el judaísmo se cree en el seol como un lugar de tormento jamás podría ser errónea.

            Es con el advenimiento del cristianismo que la visión clásica del seol se combina definitivamente con los infiernos zoroástricos, hindúes y budistas, donde por cierto también se plantea la idea de un infierno de hielo. Los siguientes pasajes tratan el tema del infierno como tradicionalmente se conoce:

Mar 9:43  Si tu mano te fuere ocasión de caer, córtala; mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado,

Mar 9:44  donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.

Mar 9:45  Y si tu pie te fuere ocasión de caer, córtalo; mejor te es entrar a la vida cojo, que teniendo dos pies ser echado en el infierno, al fuego que no puede ser apagado,

Mar 9:46  donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.

Mar 9:47  Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno,

Mar 9:48  donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.

Probablemente los versículos 44 y 46 fueron superpuestos por influencia del 48. Aun así, estos versículos prueban la idea del infierno como un lugar de castigo eterno. Es patente que la cantidad de versículos en los que se ve el infierno como un lugar literal de tormento eterno es más consistente bíblicamente, además de contar con un mayor número de versículos a su favor, con la tradición judía previa y la tradición cristiana posterior. La idea del infierno como un lugar metafórico es relativamente reciente, y es producto de la transformación del dios cristiano de una criatura febrilmente obsesionada con la guerra y el nacionalismo hebreo, a un ser pálido y semipotente, más amoroso que justiciero, pero sin olvidar por completo su misión como devastador supremo. Los embates del escepticismo, especialmente el de tipo ateo han contribuido significativamente, hasta el punto de poder afirmar que la moderna decadencia del dios cristiano se debe casi por completo a éstos. La ciencia también ha puesto su parte, reduciendo cada vez más los agujeros donde los fideístas tratan de ocultar a su dios.

            Jesús mismo habla a sus enemigos con una furia incandescente, haciendo discursos incendiarios, sin tino ni pudor, ni respeto alguno por instituciones o costumbres, ni siquiera las buenas. Al intentar pasar como librepensador terminó haciendo el ridículo. Sin embargo, como siempre sucede, la historia es injusta y trata de manera inapropiada a los hombres, despreciando a los mejores y mas buenos, y enalteciendo a los pequeños y mezquinos, y si por algo recordamos a los primados de la historia, por lo menos desde que podemos tener constancia objetiva de la existencia de alguno, los recordamos más que por sus virtudes, por su humanidad doliente e inevitablemente esquiva. Los grandes de la historias siempre se nos presentan con un halo divino, y siempre los recordamos por lo que ellos tienen de parecido con nosotros: Sus defectos, y la manera en como ellos, y también nosotros, podemos superarlos. Es por eso por lo que jamás podremos identificarnos con un ser divino, y toda creencia que exija poner toda nuestra confianza en un dios está inevitablemente destinada al fracaso o a la hipocresía. Solo podemos identificarnos con alguien en cuanto humanos, en lo que alcanzan en aprehenderse las semejanzas. Solo podemos identificarnos con los objetos, e incluso encariñarnos con ellos en cuanto ellos tengan de nosotros mismos, es decir, en la cantidad en que estén humanizados. Por eso solemos atribuir un sentido teleológico a objetos y animales, aunque sepamos que la mayoría de experiencias afectivas o intelectivas como las conocemos y experimentamos les estén vedadas. ¿En qué podría parecerse un hombre a un dios? ¿Cómo podríamos relacionarnos seres de naturalezas tan diferentes? ¿Cómo podríamos conocernos, si nuestras diferencias hacen que tengamos insalvables diferencias, yantas que lo único que podemos hacer es sufrir y lamentarnos? ¿Qué poder puede tener un ser así sobre nosotros? ¿Qué obligaciones tenemos ante seres tan desconocidos, ante seres que jamás podremos conocer? ¿No sería lo mismo que obedecer al destino o al “ciego azar”? ¿Por qué deberíamos dejar que ser divino alguno decida sobre lo que no puede, por naturaleza no por lógica conocer, comprender ni experimentar? ¿Qué derecho tiene de gobernarnos un dios que no pudo, puede ni podrá ser capaz de entendernos? Sería lo mismo que dejarnos guiar por la barbarie. Y eso exactamente es lo que ha hecho el hombre antes del advenimiento del predominio de la ciencia. Antes de ella no éramos mejores que las bestias. Ahora, por primera vez en la historia, tenemos la oportunidad de ser verdaderamente humanos, y no hay por qué avergonzarse de ello.


II


            Un pasaje más que corrobora la idea del infierno tradicional es, extrañamente, protagonizada por ángeles. Si el infierno fuera como dicen algunos, la tumba común de la humanidad o simplemente el sepulcro, entonces no se explica lo que sucede en el siguiente versículo:

2Pe 2:4  Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio;

            En este pasaje, el término para infierno es “tártaro”. Podemos ver su significado en el diccionario Strong:

G5020

ταρταρόω
tartaroō
tar-tar-o'-o

From Τάρταρος Tartaros̄ (the deepest abyss of Hades); to incarcerate in eternal torment: - cast down to hell.

            Aquí surgen dos cuestiones importantísimas: Primero, el hecho de que los ángeles sean arrojados al infierno significa que debe ser un lugar real, no metafórico, ya que de no ser así se estaría indicando que los ángeles pueden morir, cosa que contradice lo que dice la biblia, o que ellos mismos tampoco existen. Dado que son seres espirituales, no tienen alma ni espíritu como complemento de un cuerpo, de modo que si los tuvieran que matar los eliminarían por completo. Y si esto sucediera, se contradeciría a la misma biblia, pues estos seres se predican inmortales. Además, el concepto del día del juicio indica que aún si los ángeles pudieran morir, el que se queden en el infierno significaría que éste es un lugar donde quedan presos, como una especie de prisión mágica. Esto concordaría con Isaías 14:15 y toda la tradición cristiana anterior a las primeras herejías, pero son malas noticias para los testigos de Jehová y todos los que intentan identificar al dios de la biblia con un ser incapaz de condenar a sus criaturas a un tormento eterno. El “Jehová de los ejércitos” y el dios de los cariñositos no son el mismo, y jamás podrán serlo.

            Segundo, aquí se vuelve a la idea del infierno como castigo. Supuestamente los ángeles son criaturas de luz, y no hay mejor forma de castigar a los rebeldes que ponerlos en el elemento contrario. Si de por sí el encarcelamiento sería un castigo e incluso una tortura por sus propios méritos, el ponerlos en la oscuridad, dada la naturaleza de los seres encarcelados, indica el deseo de Jehová de hacerlos sufrir lo más que se pueda. Y si el infierno es un lugar que hace sufrir incluso a seres tan poderosos como supuestamente serían los ángeles, es lógico pensar que debe ser fuente de una desgracia indecible para los espíritus humanos. El mismo significado del diccionario Strong y una pequeña dosis de cultura general nos dicen que el tártaro es un lugar de tormento eterno. Suponiendo que como dicen los cristianos, los apóstoles escribieron ellos mismos escribieron la biblia bajo inspiración divina, la elección de palabras deja de ser una cuestión secundaria para pasar a ser algo primordial. Y si Jehová hizo que el apóstol escribiera tártaro, sabiendo lo que significaba, es porque eso es exactamente lo que quiso decir: El infierno es un lugar donde las almas sufren un tormento eterno. Y no hay interpretación que pueda cambiar el significado de las palabras, sin torcerlo maliciosamente, ignorantemente o ad hoc. Y en todos los casos sería una interpretación sin valor.

III

            Hay tres doctrinas más que analizar para zanjar el tema del infierno. Primera, que es Jehová quien manda a la gente al infierno. Segunda, que existe una diferencia entre el cuerpo y el alma o el espíritu, no son lo mismo, y es más, son sustancialmente diferentes. Para el primer punto el versículo que sigue representa una justificación absoluta e irrefutable:

Luc 12:5  Pero os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno; sí, os digo, a éste temed.

            Esto refuta la opinión de los nuevos católicos de que es el hombre mismo quien se condena, por lo que a su dios no se le puede atribuir mal alguno. Según ellos, lo bueno viene de seguir la voluntad de su dios, y lo malo es alejarse de sus deseos. Por ello, los hombres alejados de Jehová y sus acciones son evidentemente malos, a menos que estén inspiradas en el amor, entendido como la forma en que su dios lo define. Como lo bueno es hacer la voluntad de su dios, todos los de otros credos, y aquellos que no tienen ninguno, lo quieran o no, están siendo malos. Y cuando hacen cosas buenas, es que están siguiendo la voluntad de su dios, aunque sea de forma inconsciente. Así nunca hay pierde, pues Jehová siempre queda bien (al ser la supuesta fuente de todo amor, de toda moral y de todo lo bueno) y el hombre resulta ser la escoria que siempre debe atenerse a su voluntad, pues de otra manera solo podría hacer daño al mundo y a sí mismo. El versículo siguiente lo demuestra:

Jer 10:23  Conozco, oh Jehová, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos.

Por eso es muy común que los cristianos menosprecien la capacidad humana para la autogobernación, hasta el punto que lleguen a boicotear cualquier sociedad con tal de hacer ver que la misma no es capaz de alcanzar la paz ni la justicia. ¡Y cómo, si son los mismos cristianos, mayoría en el mundo occidental, quienes suelen despreciar y atacar a las instituciones que critican! ¡Si éstas no pueden hacer su trabajo es debido a la injerencia del cristianismo, que a propósito destruye todo lo bueno y lo útil del mundo, para luego decir que no sirve para nada!

            El punto es que el mal del mundo sería siempre culpa del hombre, y que Jehová sería siempre inocente. Bien, normalmente suelen comparar esto con un examen, en el que es el alumno quien obtiene una nota con base en su desempeño, y el maestro es solo un intermediario o facilitador de la educación. Sin embargo, este símil tiene varios defectos. Y como no pretendo hacer un análisis del problema del mal, solo me limitaré a mencionarlos: Primero, el profesor es un ser “contingente” mientras que Jehová sería un ente “necesario”. Al margen de la validez, utilidad y exactitud con que estos vocablos definen la realidad, de que sean verdaderos, y de que sean aplicables a alguna parte del todo, es imposible en todo sentido comparar a ambos tipos de seres, pues son tan diferentes que toda comparación, a lo sumo solo llegaría a ser simbólica; y sus resultados, además de insignificantes y superfluos (las analogías no son demostrativas), serían totalmente supuestos y subjetivos.

Segundo, la omnisciencia de Jehová, a diferencia de la limitada capacidad cognitiva del profesor, haría que dicho dios sepa de antemano todo lo que vamos a hacer. Eso implicaría que estamos predeterminados en todo sentido, y que él determina todo lo que hacemos, de forma que jamás seríamos verdaderamente responsables de nuestras acciones, buenas o malas. Así las cosas, jamás podríamos pecar sin que esto fuese culpa de Jehová. Y si este dios nos castiga por ello, es por simple malicia y ansias de disfrute sádico. La omnisciencia, entendida como actualmente lo es, implica que el hombre no es verdaderamente libre, y que si va al infierno es por la voluntad de su dios. Mientras Jehová exista, jamás podrá decirse que el hombre es capaz de autocondenarse, como lo dicen los nuevos católicos.

Tercero, el profesor califica a los alumnos no con sus criterios propios, cual si fuese un autócrata, sino bajo reglamentos que si bien le permiten cierta flexibilidad docente, a su vez le impiden usar la totalidad de su criterio, esto en aras de la imparcialidad. Sin embargo, Jehová podría calificar nuestras acciones como él quisiera, así que lo que se considere bueno o malo, y lo necesario para alcanzar el cielo o el infierno depende de él. Por ello, es jamás podría ser imparcial, ya que para ello se requeriría ser objetivo, lo cual implicaría salirse de sí y ver la propia opinión en perspectiva. En el mundo humano esta perspectiva está dada por las figuras de autoridad, la moral y el concepto de que los propios deseos no son en absoluto importantes, sino los hechos. A diferencia de esto, el dios cristiano no está obligado a esto, y solo debe tomar en cuenta lo que él quiere, sus sentimientos, pensamientos, sin someterse a nadie ni a nada. Y como es el supuesto soberano y dueño de todo lo existente, tendría el derecho de hacer lo que quiera y nadie podría objetar. Jehová no está obligado a ser justo e imparcial, y al solo seguir sus propios deseos jamás podrá serlo. El hombre, por más esfuerzos que haga, no puede decidir si va al cielo o al infierno. Sin esto, el concepto del libre albedrío es solo un concepto vacío.

Y cuarto, esto solo sería cierto si el mal fuera un concepto abstracto, una idea nada más. Pero el mal, entendido desde la perspectiva cristiana tradicional y desde la perspectiva bíblica no encaja con esta descripción. Jehová, si es el creador de todo, también debe haber creado el mal, y debe complacerse con su efecto en el mundo, en especial cuando hace sufrir a los hombres, como lo demuestra este versículo:

1Sam 16:14  El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová.
           
            La visión tradicional de Jehová como un ser amoroso que es incapaz de hacer daño a sus criaturas es desmentida por infinidad de versículos e historias bíblicas, desde el diluvio la destrucción de Sodoma y Gomorra, y sus otros innumerables asesinatos.

            Por otro lado, existen por lo menos dos tipos de mal: El mal moral (maldad y malas acciones) y el mal natural (desastres naturales o accidentes). En todo caso, no se puede exculpar a Jehová de ninguno de ellos Y la propia biblia es la que lo delata como un homicida, o mejor dicho, un vivicida consumado, y el autor de toda suerte de males:

Gen 2:9  Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal.

            Aquí se dice claramente que crea “el árbol de la ciencia del bien y del mal”, lo que no deja duda de la autoría definitiva de todo lo que aqueja al hombre desde hace mucho. Durante milenios las religiones del libro han asociado al mal con el pecado y la responsabilidad humana, pero al verdad es que existe por el puro deseo de su dios de que todo hombre sufra, y sufra en abundancia.

            Jehová no solo es responsable del mal, sino de sus consecuencias: Todas las guerras, la miseria, el hambre, el dolor y el sufrimiento no hubieran existido si el mal jamás hubiera sido creado. El hombree jamás hubiera caído de la gracia si el mal, en forma de tentación, no hubiera existido de antemano. Cualquier intento de exculpar a Jehová no es mas que el intento patético de defender lo indefendible, y de cerrar los ojos a la realidad por medio de la fe. Sin la fe, y en cualquier otra circunstancia el grueso del mundo podría afirmar sin ruborizarse que el ser identificado como el dios cristiano tendría que ser más malvado que cualquiera de sus antagonistas, y más malvado que ningún otro ser, existente o por existir. Y para probarlo, otro pasaje de la biblia:

Job 37:6  Porque a la nieve dice: Desciende a la tierra;
 También a la llovizna, y a los aguaceros torrenciales.

Job 37:10  Por el soplo de Dios se da el hielo,
 Y las anchas aguas se congelan.

Job 37:12  Asimismo por sus designios se revuelven las nubes en derredor,
 Para hacer sobre la faz del mundo,
 En la tierra, lo que él les mande.

Job 37:13  Unas veces por azote, otras por causa de su tierra,
 Otras por misericordia las hará venir.

Job 42:11  Y vinieron a él todos sus hermanos y todas sus hermanas, y todos los que antes le habían conocido, y comieron con él pan en su casa, y se condolieron de él, y le consolaron de todo aquel mal que Jehová había traído sobre él; y cada uno de ellos le dio una pieza de dinero y un anillo de oro.

Después de todo esto, ¿Quién tendrá la suficiente candidez, desfachatez o deshonestidad intelectual para afirmar todavía que Jehová es todo amor y nada de fuego consumidor? ¿Que es el autor de todo lo bueno y el defensor ante todo lo malo? ¿Qué es absolutamente amoroso, cuidadoso y protector? ¿Que es el dios que pretendían que fuera?


IV


La segunda doctrina a analizar es que existe una diferencia entre el cuerpo y el alma o espíritu. Al contrario de lo que sostienen sectas como las de los testigos de Jehová, en el resto del cristianismo se acepta la idea de que el hombre tiene dos esencias: Una material y otra espiritual. El cristianismo común divide éstas dos en tres: El cuerpo, el alma y el espíritu. Por ahora tomemos solo las dos naturalezas humanas básicas según la fe, y veamos lo que la biblia dice al respecto:

Mat 10:28  Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.

Hech 2:31  viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción.

            La referencia a entidades diferentes es obvia. El alma y el cuerpo son dos cosas diferentes. Es más, el diccionario Strong sugiere que el alma y el espíritu eran, o bien términos intercambiables o muy parecidos en el léxico judío; tanto así que en la traducción al griego (divinamente inspirada, por lo tanto literalmente citable para dilucidar asuntos como éstos) estos dos términos son equivalentes a una misma palabra: psoo-khay. Veamos el significado de la palabra “alma” según el diccionario Strong para el versículo de Mateo 10:28:

G5590

ψυχή
psuchē
psoo-khay'


From G5594; breath, that is, (by implication) spirit, abstractly or concretely (the animal sentient principle only; thus distinguished on the one hand from G4151, which is the rational and immortal soul; and on the other from G2222, which is mere vitality, even of plants: these terms thus exactly correspond respectively to the Hebrew [H5315], [H7307] and [H2416]: - heart (+ -ily), life, mind, soul, + us, + you.

Para que no digan que soy maliciosamente descarado y que hago un pésimo uso de la hermenéutica bíblica (como si eso sirviera de algo) pongo las palabras correspondientes a los términos Strong citados en el G5590:

H5315

נפשׁ
nephesh
neh'-fesh

From H5314; properly a breathing creature, that is, animal or (abstractly) vitality; used very widely in a literal, accommodated or figurative sense (bodily or mental): - any, appetite, beast, body, breath, creature, X dead (-ly), desire, X [dis-] contented, X fish, ghost, + greedy, he, heart (-y), (hath, X jeopardy of) life (X in jeopardy), lust, man, me, mind, mortality, one, own, person, pleasure, (her-, him-, my-, thy-) self, them (your) -selves, + slay, soul, + tablet, they, thing, (X she) will, X would have it.


H7307

רוּח
rûach
roo'-akh


From H7306; wind; by resemblance breath, that is, a sensible (or even violent) exhalation; figuratively life, anger, unsubstantiality; by extension a region of the sky; by resemblance spirit, but only of a rational being (including its expression and functions): - air, anger, blast, breath, X cool, courage, mind, X quarter, X side, spirit ([-ual]), tempest, X vain, ([whirl-]) wind (-y).


H2416

חי
chay
khah'ee

From H2421; alive; hence raw (flesh); fresh (plant, water, year), strong; also (as noun, especially in the feminine singular and masculine plural) life (or living thing), whether literally or figuratively: -  + age, alive, appetite, (wild) beast, company, congregation, life (-time), live (-ly), living (creature, thing), maintenance, + merry, multitude, + (be) old, quick, raw, running, springing, troop.

            El diccionario Strong nos dice que este término psoo-khay es equivalente al nephesh (alma) y ruaj (espíritu), ambos términos hebreos. No es por hacer uso del argumento de autoridad, pero el diccionario Strong ha sido hecho por expertos, y no estaría mal suponer que ellos saben de lo que hablan, por lo menos en este contexto. No hay razón entonces para creer que alma y espíritu sean cosas diferentes, por lo menos para el cristianismo y el judaísmo del primer siglo. Eso a menos que los evangelios sean todos falsos y no hayan sido escritos por quienes dicen ser sus autores, cosa bastante probable, pero que desde la fe es imposible y pecaminoso siquiera considerar. Si el judío de antaño y el judío moderno consideran que ambos son términos diferentes, corresponde al cristiano justificar por qué deberían considerarse iguales, y por qué el nuevo testamento así los califica.

Pero no nos desviemos del tema. Volvamos a él. Estos versículos prueban más allá de toda duda que los judíos y cristianos del siglo primero entendían el cuerpo, el alma y el espíritu como entidades diferentes, y a lo material como esencia antagónica de lo espiritual o inmaterial. En ningún momento el alma es igualada al cuerpo, y el problema que se da en este caso es simplemente un problema de traducciones y la ambigüedad de la inspiración divina. Como ejemplo tomemos el pasaje más utilizado por quienes defienden una posición u otra, desde diferentes traducciones de la biblia:

Traducción Kadosh Israelita Mesiánica de estudio
Gen 2:7 Entonces YAHWEH Elohim formó al hombre del polvo de la tierra y sopló sobre su rostro el aliento de vida, y el hombre se convirtió en un alma viviente.

La Biblia - Versión Jünemann
Gen 2:7 Y plasmó Dios al hombre, polvo de la tierra. E inspiró en su faz soplo de vida, y vino a ser el hombre en alma viviente.

Biblia - Versión moderna
Gen 2:7 Y Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en sus narices aliento de vida, y el hombre vino a ser alma viviente.

Biblia de Jerusalén 1976
Gen 2:7 Entonces Yahveh Dios formó al hombre con polvo del suelo, e insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente.

Reina-Valera 1865
Gen 2:7 Formó pues Jehová Dios al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz soplo de vida: y fue el hombre en ánima viviente.

Reina-Valera 1960
Gen 2:7  Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente

Reina-Valera 1995
Gen 2:7  Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, sopló en su nariz aliento de vida  y fue el hombre un ser viviente.

Reina-Valera 2000
Gen 2:7 Formó, pues, El SEÑOR Dios al hombre [del] polvo de la tierra, y sopló en su nariz [el] aliento de vida; y fue el hombre un alma viviente.

Es por este desorden y libertinaje de traducción que hay tanta confusión a este respecto. El termino usado para “alma” o “ser” es nephesh, que se traduce comúnmente como alma. Pero hay una diferencia sustancial entre alma y ser. Mientras el alma, como se menciona en el nuevo testamento bajo el término psoo-khay, suele significar espíritu, “ser” identifica a un ente, con o sin alma, pero indispensablemente con cuerpo. Mientras que por un lado lo indispensable es lo inmaterial, por el otro lo material es lo que prima. Nótese que incluso entre las versiones de la Reina-Valera hay tantas divergencias, pues el uso común que le daban los judíos de la época es bastante vago, y para el tiempo de Jesús la ignorancia gobernaba Israel (no es que haya sido algo nuevo, pero en esa ocasión lo fue más).

Si nephesh puede significar ambas cosas, no tiene sentido decir que significa solo una cosa u otra. Por ello, el reclamo de los testigos de Jehová no tiene fundamento, pues alma no es igual a cuerpo.

En Mateo 10:28 la palabra traducida como infierno es gehena, que literalmente se traduce como “valle de Hinom” y que en el contexto bíblico se traduce como sigue:

G1067

γέεννα
geenna
gheh'-en-nah

Of Hebrew origin ([H1516] and [H2011]); valley of (the son of) Hinnom; gehenna (or Ge-Hinnom), a valley of Jerusalem, used (figuratively) as a name for the place (or state) of everlasting punishment: - hell.

            El diccionario Strong nos dice que en esa época este término se usaba para designar el lugar de castigo eterno. Evidentemente hay diferencias entre el seol judío y el infierno cristiano, pero el segundo absorbió los atributos del primero, por lo que se puede decir sin temor a equivocarse que el antiguo concepto de seol tenía por lo menos en parte estas características, y que la inclusión de las demás no era una labor difícil. El seol era un concepto fácil de adaptar porque desde siempre fue un concepto cambiante y susceptible de caer bajo la influencia del pueblo poderoso de turno. Prueba de ello es el evidente viraje del imaginario hebreo durante y después de la época del exilio, cuya transición puede observarse en los libros de Reyes y Crónicas.

Dado el significado de gehena, es evidente que debe tratarse de un tormento sobrenatural, pues un cuerpo, por más que pueda durar, no soportaría una tortura así. Los cuerpos se acaban, los seres vivos mueren. Si se va a castigar de una forma tan atroz, o se trata de un castigo meramente ideal o meramente falso. Y eso es extraordinariamente extraño, pues un lugar de tortura eterna no puede acabar con el cuerpo. Si el infierno efectivamente es un lugar de eterno tormento, no puede ser un lugar físico. Por ende, no se podría destruir el cuerpo en un lugar no material; en primer lugar porque en el reino de lo inmaterial no cabe lo material (el cuerpo); y en segundo lugar porque sería imposible que algo inmaterial afecte a algo material o viceversa, ya que son dos naturalezas tan distintas que es imposible desde toda punto de vista pensar que alguna pueda afectar a la otra.

Así, la existencia de un lugar eterno supone eternidad obligatoria para una parte de nosotros. Es ahí donde entra en juego el espíritu. Es la única solución que permite este tipo de saltos de fe. Por eso, la eternidad del infierno y el que se diga que allí se pueda destruir al cuerpo (confundiendo el concepto del valle de Hinom con el de castigo eterno) es una contradicción bíblica más. Y aún s no fuera algo eterno, el alma, como entidad inmaterial, no podría destruirse por medios materiales. Si el infierno puede destruirla, ergo este lugar debe ser inmaterial también. El versículo y los comentarios de la biblia señalan que quien puede destruir el alma en el infierno es Jehová mismo, que por su naturaleza inmaterial refuerza esta idea. Lucas 12:5 y Mateo 10:28 hablan de esto claramente, y siendo honestos, no hay nada más que decir.

            El siguiente versículo habla de la persistencia del alma en otro lugar luego de la muerte.

Hech 2:31  viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción.

            Aunque aquí no se habla del infierno, se asume que así es, por lo menos desde la tradición católica. En el credo se dice que Jesús descendió a los infiernos, y en apocalipsis se dice que él posee las llaves del mismo:

Apoc 1:17  Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último;

Apoc 1:18  y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.

            El versículo 1:18 dice literalmente: “Y tengo las llaves del Thanatos y el Hades”.  En la versión Jünemann dice: “y tengo las llaves de la muerte y del infierno.” Como dije, hades e infierno, por inspiración divina se convirtieron en sinónimos. Haya estado o no Jesús en el infierno, lo que el versículo de Hechos 2:31 indica es que Jesús no fue allí con su cuerpo, pues se habla por separado del destino de su alma y su cuerpo. Por ello, insisto en que toda forma de identificación entre cuerpo y alma es total y completamente supuesta, pretenciosa, injustificada y ad hoc. Y para los que no me crean, veamos por último el significado del término hades:

G86

ᾅδης
hadēs
hah'-dace


From G1 (as a negative particle) and G1492; properly unseen, that is, “Hades” or the place (state) of departed souls: - grave, hell.

            ¿Parece este la descripción de un lugar cristiano o judío? No. Es evidentemente un lugar griego. Y si el dios cristiano quiso que los evangelistas tomaran este término para describir el infierno, o ellos fueron muy descuidados al oír su voz, o su dios fue muy poco eficiente al comunicar sus intenciones a los judíos y al resto del mundo, como para que su pacto único con judíos primero y con cristianos después les haya sido copiado con tantos siglos de antelación. O tal vez hay otra alternativa: Que los cristianos hayan construido su fe con base en las creencias de otros pueblos, adaptándolas en una religión sincrética con un toque de servilismo, a la vez ignorante y orgulloso, propio de los idealistas y de todos los impotentes.

¿Es el infierno una idea unívoca, equívoca o análoga? Eso decídalo usted mismo, pero lo que es seguro es que no es una idea unívoca. Cada creyente lo que como mejor le parece, y cada religión lucra con ello lo mejor que puede. Cuanto más ajustada esté una creencia a un determinado grupo o individuo mejor satisfará sus necesidades, y mas fe tendrán dichos individuos. Pero también será más difícil su adaptación, lo que impedirá su expansión y aceptación por más gente. En este caso, lo único que queda por hacer es una de dos: O adaptarse a las necesidades del mercado de la fe, modificando las doctrinas, y ganar adeptos; o imponer ese cambio, por la fuera si es necesario, justificando que es una obra necesaria y ordenada por su dios, y que criticarla sería una violación a la libertad religiosa. Cualquiera de estas opciones les sirve a los religiosos, pero solo hará que en el mundo haya menos creyentes de verdad, y más creyentes nominales, hipócritas, crédulos fieles pero ignorantes, y un número creciente de descreídos, especialmente ateos. Ante el delirio religioso, la inconsecuencia clerical, el doble discurso y la falta de pruebas objetivas de los dogmas de fe, no hay nada que hacer mas que esperar el lento declive de la religión tradicional y el surgimiento de nuevas fuerzas en el escenario religioso. Y precisamente la diversidad de percepciones e interpretaciones sobre el infierno revela que ya estamos en esa etapa. Los actores han aparecido, el escenario está listo. Solo falta que el mundo comprenda que las religiones son como una gran obra de teatro: Una ficción que distrae, pero que debe llegar a su fin. La función no debe continuar.

lunes, diciembre 06, 2010

Los tres infiernos cristianos: ¿Cuál prefiere usted? (Segunda parte)

El infierno como muerte segunda y extinción total

Esta postura es sostenida por los testigos de Jehová, quienes niegan la maldad de su dios, y achacan todo el mal del mundo al diablo. Ellos consideran que el mal sí es algo objetivo, y que el hombre es incapaz de crearlo, por lo que el único ser que lo podría originar sería el diablo. El hombre, bajo influencia satánica y por su libre albedrío, es capaz de cometer males, pero el protagonismo de todo lo malo es exclusividad satánica.

Esta idea es sostenida por versículos que sugieren que en la muerte se está como en un estado de inconsciencia. Los testigos de Jehová no creen en un espíritu inmaterial que sobreviva a la muerte, e identifican el cuerpo con el alma. Por eso la idea de un infierno de fuego les es ajena y extraña, además que los identifica y diferencia de los demás cristianos, una vez más, por lo que no creen. En este sentido, esta idea posiblemente es lo más cercano que una religión cristiana puede llegar del ateísmo.

Veamos a continuación los versículos que según ellos sostienen su punto de vista:

Sal 6:5  Porque en la muerte no hay memoria de ti;
 En el Seol, ¿quién te alabará?

Sal 30:9  ¿Qué provecho hay en mi muerte cuando descienda a la sepultura?
 ¿Te alabará el polvo? ¿Anunciará tu verdad?

Sal 115:17  No alabarán los muertos a JAH, Ni cuantos descienden al silencio;

Isa 38:18  Porque el Seol no te exaltará, ni te alabará la muerte; ni los que descienden al sepulcro esperarán tu verdad.

En el contexto bíblico, Seol y sepultura se usan de forma intercambiable, así como ambos y la palabra muerte. Veamos el significado de sepultura en el segundo versículo con el diccionario bíblico Strong:

H7845
שׁחת
shachath
shakh'-ath

From H7743; a pit (especially as a trap); figuratively destruction: - corruption, destruction, ditch, grave, pit.

Este significado es usado por los testigos de Jehová para sustentar que Seol significa simplemente la tumba común de la humanidad. Bien, esto está lejos de ser verdad, pues hay dos problemas: Primero, el concepto de tumba común o colectiva se parece demasiado al del hades, así como al de otras zonas de ultratumba, las cuales son de influencia pagana. Este concepto, si fuera verdadero, indicaría que los testigos de Jehová siguen “ideas de hombres” e “ideas paganas”, lo cual contradeciría su supuesta pureza cristiana y su afán por seguir a su dios y al hijo de su dios de manera devota y casta. También negaría que tuvieran el “espíritu santo”, asegurando mas allá de toda duda que son influenciados por el diablo.

Segundo, los testigos de Jehová niegan los conceptos históricos para apegarse a la biblia, en especial a su particular versión. Tanto así que incluso niegan acontecimientos o deducciones de acontecimientos que no podrían haber sido de otra forma. Como ejemplo tenemos el tema de la crucifixión. Los historiadores dicen que, de haber existido Jesús, debió haber sido crucificado. Pero ellos dicen que Jesús debió haber sido clavado en un madero vertical, negando el hecho de que el término stauros significa tanto madero común como cruz. Para probarlo, veamos nuevamente el diccionario Strong para dilucidar este término:

G4716

σταυρός
stauros
stow-ros'

From the base of G2476; a stake or post (as set upright), that is, (specifically) a pole or cross (as an instrument of capital punishment); figuratively exposure to death, that is, self denial; by implication the atonement of Christ: - cross.

¿Si significa ambas cosas, y la evidencia histórica confirman la crucifixión, entonces por qué dicen lo contrario? Por dos razones: Primera, por un exagerado, ridículo y sin sentido purismo bíblico. Segundo, y más importante, porque les da la gana. Como dije antes, toda nueva religión o secta, ene especial cuando está en crecimiento, debe distinguirse y atraer en primer lugar por lo que no cree, pues da una sensación de cambio radical y asegura el efecto psicológico de estar abandonando algo falso. Dejar gran cantidad de cosas nuevamente se confunde con dejar cosas inútiles, y peor aún, con hacer un cambio importante.

Bien, ¿Y qué quiero decir con todo esto? Pues que los testigos de Jehová (como siempre) obviaron el contexto y las costumbres de los antiguos judíos al hacer sus interpretaciones de los textos bíblicos. Es por esto que tampoco encuentran sentido en la costumbre de no pronunciar o escribir el nombre de su dios, ni que los judíos la sigan. Es una muestra simple y clara de ignorancia. Como vimos en el comentario de salmos 6,5, seol significa tanto muerte como morada de los muertos. Es un concepto muy similar al del hades. Y no sorprende, pues hay teorías que consideran que desde ese tiempo hubo intercambio cultural entre la zona del mediterráneo y la de medio oriente. Así, el seol se identificaría con el hades, y aún si no lo hiciera, es obvio que las costumbres judías lo veían como la morada de los muertos, donde yacían sus almas y eran pasibles de tortura según sus actos.

En el siguiente tipo de infierno demostraré con versículos bíblicos que el cuerpo y el alma son cosas diferentes, y que la pretensión de los testigos de Jehová de que son lo mismo no solo es antibíblica, sino también hereje, pues se acerca demasiado al materialismo ateo como para ser obra del señor. Por ahora veamos algunos otros versículos que según ellos confirman la validez de su idea:

Sal 115:17  No alabarán los muertos a JAH, Ni cuantos descienden al silencio;

Ecl 9:5  Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido.

Ecl 9:10  Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría.

Isa 38:18  Porque el Seol no te exaltará, ni te alabará la muerte; ni los que descienden al sepulcro esperarán tu verdad.

Por último, hay un solo versículo en toda la biblia que hace una diferencia medianamente sustancial entre el infierno, el seol y el lago de fuego:

Apoc 20:14  Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda.

            A primera vista parece que los testigos de Jehová tienen razón, pero un análisis más minucioso revela que, además de que ellos cometieron un gran error y están influenciados por quien llaman “la gran ramera”, esto no es más que otra contradicción, o a lo mucho el delirio de un pobre hombre atormentado por sus propios fantasmas.

            En primer lugar, el libro de apocalipsis casi no fue aceptado en el canon bíblico por su evidente gnosticismo, además de referencias obvias a un juicio final, idea más propia de otras culturas, y que refiere a cualquier lector medianamente informado al zoroastrismo, incluso a la leyenda nórdica de la batalla de Ragnarok, donde el lobo Fenrir comandará las fuerzas del mal, y todos los héroes volverán a la vida, así como todos los malvados, para un último enfrentamiento. Cualquiera que lo lea, así como otros evangelios, sabrán que el énfasis cristiano en la naturaleza trascendental del reino de Jehová deriva del gnosticismo y el zoroastrismo, en los cuales la contraposición cuerpo-alma es evidente y de suma importancia, tanto como para desdeñar el cuerpo a expensas del alma, buscando la liberación de ésta. En el caso cristiano, esta idea se transformó en el reino de los cielos, el cual era el objetivo a alcanzar al final de la vida. En todos estos casos, la trascendentalidad de la recompensa era el aliciente perfecto para soportar e incluso menospreciar el cuerpo y todo lo material. Y es por esto que los cristianos han arruinado el mundo, despreciado el conocimiento y actuado siempre de forma tan irracional cuando algo amenaza sus creencias. Y no es para menos, pues el hecho de perder semejante perspectiva y reducirse a sí mismos a solo materia funcional es algo que casi nadie tiene el valor de aceptar. Prefieren vivir engañados en una dulce fantasía a abrirse a cualquier posibilidad real, sea la que sea, y aceptarla con valor y gallardía. Por culpa del cristianismo la humanidad ha tenido un lastimoso derrotero, una actitud mucho más cobarde y homicida. Con la muerte del conocimiento antiguo mataron lo que el mundo pudo ser. Pero con el nuevo conocimiento, el conocimiento científico, con éste no podrán, e inevitablemente el mundo llegará a ser lo que tenga que ser, y nadie podrá detenerlo.

En segundo lugar, Juan, el escritor de ese libro, a quien llaman “el teólogo”, era un hombre torturado. Su destino final, un encierro en una prisión hasta sus últimos días, hace que esta obra pueda ser considerada como producto de la mente de un alienado. No puede descartarse que, de haber existido, haya sido un loco o haya llegado a serlo por efecto del encierro. Y quien se tome en serio esta obra, que exuda demencia, gnosticismo, esperanza de pie de tumba  y un tufo a putrefacción física y mental, de él por lo menos se puede decir que no está bien de la cabeza, o que no es suficientemente crítico. Y ambas condiciones se cumplen a la perfección cuando se trata de los testigos de Jehová.

En tercer lugar, es extraño que a pesar de que consideran al conjunto de religiones mundiales como falsas, en especial a la iglesia católica y a las creencias mágicas, adopte su elección de las escrituras. Es muy extraño, y no habla muy bien de su calidad y santidad cristianas. Deberían, si realmente se llaman a sí mismos “el esclavo fiel y discreto”, hacer su propia elección de los libros de la biblia, como lo hacen los protestantes, que tienen su propia versión, la Nueva Versión Internacional, donde se excluyen los deuterocanónicos, pues a su parecer no son inspirados por Jehová. El que los testigos de Jehová no hagan esto hace pensar que no son tan santos, críticos ni puristas como suelen predicar, sino mas bien que sus creencias son convenidas e hipócritas.

Y en cuarto y último lugar, no sorprende la diferencia entre apocalipsis y los demás libros en cuanto al tema del infierno, pues los demás los consideran igual, mientras que apocalipsis los trata como algo diferente. Esto es debido a la influencia, primero zoroástrica y luego gnóstica, en la creencia cristiana. No sorprende que aceptaran este libro de mala gana, pues contradice otros pasajes de la biblia, así como la creencia judía de que eran lo mismo. Es más, el concepto de infierno tal y como lo conocemos hoy es una inclusión relativamente tardía en el judaísmo, producto del sincretismo ocurrido en el exilio. Esto es otra muestra que lo crucial de toda nueva creencia es saber claramente en lo que no se cree, y en segundo lugar lo que sí se cree. Frente a las múltiples citas de Jesús condenando a sus adversarios al infierno de fuego, y viendo la diferencia entre éste y la primitiva idea judía del seol (donde no se habla de fuego), las semejanzas crecientes con el mismo cuando la historia judía avanza, junto al intercambio religioso y cultural (el seol como lugar de tormento), y su uso indiscriminado en boca de los evangelistas, es posible decir sin lugar a dudas que el infierno cristiano es el producto por absorción de todas estas creencias previas, y que el la época del nuevo testamento todas se tratan como una sola. Además, debemos recordar que la biblia fue seleccionada por los padres de la iglesia y el gobernante de turno, no por la comunidad cristiana, por lo que dicha elección, desde un punto de vista imparcial, solo refleja sus intereses y pareceres, y lo que ellos consideraban que encajaba entre sí Por ello la mala gana de aceptar el apocalipsis, porque no encajaba. Pero no tuvieron otra opción. Y dado que era considerado un texto con considerable influencia gnóstica, podemos imaginarnos que los demás textos cristianos gnósticos tenían una idea similar, y que todos ellos serían tanto o más incompatibles con la biblia. La publicación reciente de muchos textos gnósticos confirma esta teoría, y deja entrever que por lo menos en el cristianismo primitivo existían dos corrientes: La esotérica o mistérica, y la exotérica. Por ello no extraña que estos textos se contradigan, lo que de paso ayuda a demostrar la invalidez y la nula inspiración divina de todos ellos.

Los tres infiernos cristianos: ¿Cuál prefiere usted? (Primera parte)

El infierno es probablemente una de las zonas más temidas por el creyente occidental promedio. Las religiones del libro ven este lugar de muchas formas diferentes. Pero sorprende en sobremanera que la mayoría de estas diversas interpretaciones provienen de una sola religión. Claro, si sabemos cuál es no nos sorprenderemos tanto. Sí, es el cristianismo. En él existen por lo menos tres variantes del mismo, que aunque parezca imposible, son totalmente diferentes e incluso antagónicas.

¿Por qué sucede esto? Bueno, la primera razón es la interpretación. Dado que la Biblia es un documento tan ambiguo y poco claro, es imposible encontrar en sus páginas una visión coherente y meridiana del mismo. Es más, esta idea es relativamente tardía en el contexto de la historia del judaísmo, es relegada por el grueso del pueblo (el infierno judío es diferente al cristiano), y no es sino hasta la incursión cristiana que toma importancia. Dado que en ese momento era un concepto “resucitado”, como con toda moda reciclada podemos asumir dos cosas: Primera, que existía con anterioridad y de una forma diferente. En un principio los judíos no tenían ningún concepto del infierno. Éste se adquirió con su contacto con otros pueblos, los cuales sí lo habían desarrollado, ya que debido a su vida nómada los judíos eran un pueblo relativamente atrasado. Al leer la biblia uno se da cuenta que este concepto es inexistente en el antiguo testamento antes de los escritos considerados de la época del exilio. Esto se debe a que en dicho exilio los judíos tuvieron contacto con otras culturas y fes, entre las que se encuentran los zoroastrianos, quienes parecen ser los autores de los conceptos contemporáneos del bien y el mal. Así, ni siquiera éstos son creación original hebrea, sino una mala copia adecuada a las condiciones de vida de un grupo errante y a duras penas semiorganiado. Los cristianos copiaron el mal hábito judío de apropiarse de la moral y la ética universal, ya sea como robo descarado o malas copias de lo ajeno, y reformularon el concepto del infierno a como quisieron. Ahora se trata de un lugar de tormento eterno para quienes cometan terribles pecados como matar, violar, torturar, robar, entre muchos otros. Y no olvidemos el peor de todos: No tener la misma fe.

Segunda, que se le dio una importancia crucial, diferente a la que hasta entonces había tenido. Es normal en el proceso de creación de identidad grupal el que se definan tratando de diferenciarse de otros grupos. Y es tanto o más importante saber en lo que no se cree que en lo propiamente nuevo. Toda fe que deriva de otra (actualmente casi todas las del planeta) arranca de sí creencias que considera erróneas, inapropiadas, ofensivas y inútiles. Este es el origen de los cismas. En el cristianismo hay conceptos judíos, los cuales originalmente no tenían gran importancia y trascendencia, o se veían de forma diferente. Por ejemplo, el pronunciar en nombre de su dios. Los judíos no lo hacían porque compartían la creencia popular, común a muchas culturas de su tiempo, de que las palabras tienen poder. Esto se prueba en el pasaje bíblico donde Jacob pelea con Jehová, y éste se rehúsa a decirle su nombre. Se consideraba que saber el nombre de algo le daba al conocedor cierto poder sobre aquello conocido. Es por eso que los pueblos paganos conocían el nombre de sus dioses, por lo que creían poder doblegar su voluntad en determinadas circunstancias. Esto hacía que su relación con la divinidad fuera realmente dinámica, y que posibilitara el acercamiento de la gente a sus dioses. Era una creencia que hacía a los dioses más accesibles, y por ende menos arrogantes y mezquinos que el antiguo dios hebreo. En cambio, el dios judío era un ser despótico que no tenía consideración con sus criaturas, a quienes incluso torturaba y dejaba que las torturaran sin piedad, como se ve en la historia de Job y su ridícula apuesta con Satán. Al negar a sus criaturas una relación en la que tengan participación real, el judaísmo se revela como la extensión del pesimismo atávico, propio de épocas en las que el hombre era menos hombre, y la muerte, la violencia y la traición eran el pan de cada día. Y precisamente esta fue la gran innovación del cristianismo. El malinterpretar y reinterpretar a su conveniencia el antiguo testamento era parte de su labor consolidante. Tenían que ofrecer algo diferente al resto, y encontraron en el miedo que los escenarios apocalípticos suelen producir en el hombre promedio la forma de asegurarse una cuota en el pletórico mercado de la fe.

Dado que el cristianismo se originó en medio de la clase baja y era para la clase baja, el recurso del miedo fue el favorito a la hora de hacer una moral propia. El infierno es una muestra de ello, pues contiene todo lo que aterra a un hombre: Una perspectiva privada de felicidad, donde se pierde la esperanza, donde se vive un tortura eterna y sin descanso, donde van desde ladrones hasta asesinos. Un destino que destruye la idea del futuro asusta a mas de uno, y estando en un determinado punto de la vida, cuanto más alta es la pérdida, más alta hay que dibujar la ganancia para que parezca que la vida tiene sentido. Y aquí hay un punto muy importante. Se deben definir bien las reglas para acceder al cielo o al infierno. Deben satisfacer necesidades específicas, pues es indispensable para contar con un gran público meta. Y como el cristianismo era bastante popular (en su sentido gnoseológico, no en el de aceptación), tenía que atraer a la gente con la idea de que podían sentirse felices y contentos, pues ellos disfrutarían la gloria eterna, mientras que sus enemigos, si bien eran prósperos y felices en vida, se las verían muy negras al morir. Este deseo de venganza, propio del impotente, es el que propició el aumento desmedido del cristianismo. Y no extraña, ya que los judíos del primer siglo lo eran en sobremanera, aplastados una y otra vez y de forma bastante lastimera por los romanos.

Esta es la razón por la que las condiciones para acceder al cielo eran tan comunes a los seguidores de Cristo. La pobreza, la sencillez, el comunitarismo, la estrechez mental, la doctrina del maestro inefable y la justificación escatológica de la humanidad centrada en la figura de un héroe semisedentario convertido en poco más que un semidiós, son rasgos de una idiosincrasia de baja ralea. El sentir de los marginados hecho una identidad.

La segunda razón por la que existen tantas versiones del infierno cristiano es la inspiración divina. La interpretación se da en el imaginario de los creyentes, y siendo la biblia tan confusa se necesita un criterio para discernir su supuesto significado. Y este criterio suele ser la inspiración. Según ellos, el espíritu santo guía la forma como debe ser leída la biblia. Por eso mismo dicen que los no creyentes no pueden entenderla adecuadamente, y descartan de plano todo análisis imparcial. El problema es que la inspiración puede hacer que se diga cualquier cosa, y lo dicho debe ser tomado como una verdad trascendente y de importancia suma, en lugar de lo que realmente es: Una estafa premeditada, un autoengaño inocente o un problema mental. Los pastores cristianos, quienes más afirman poseer el toque del espíritu, suelen decir estupidez tras estupidez, balbuceos hilarantes y afirmaciones inconsecuentes, que su feligresía toma como obra divina, maravillas inmerecidas, regalos del cielo. Y toda la verborrea del líder de turno es aceptada sin más, pues cuando la fe está presente, la razón sale por la ventana y a la fuerza.

Cada líder religioso puede afirmar que su revelación es la última, la única válida, la real de entre todas, aunque contradiga todas las de los otros líderes. Es más, a cuantos más supuestos iluminados niegue, más verdadera se considera una revelación; pues al igual que en el cristianismo inicial, se distingue más y tiene más importancia lo que no se cree que lo que sí. Además, una negación mayor hace el tirón más fuerte cuando se deja una fe, y se tiene un cambio traumático a nivel psicológico, lo que les da la sensación de que están dejando algo más que simples costumbres. Es el errado concepto que confunde un cambio grande con uno importante. Y puede ser que se cambie mucho, pero en realidad no se esté haciendo nada mejor. Y no hay razón alguna, por lo menos desde coordenadas cristianas, para desmentir ninguna revelación ni a ningún líder sin desacreditar a todos.

¿Cuáles son las tres versiones del infierno cristiano? Veámoslas, y notemos las diferencias y similitudes, y cómo todas dicen basarse en la biblia. Y lo más importante, cómo todas se adaptan a la idiosincrasia de los creyentes, así como a sus esperanzas, su contexto sociocultural y su nivel intelectual.


El infierno como separación de Dios

Esta idea nace de los nuevos católicos, quienes piensan que el mal no posee independencia ontológica. Muchos fieles e incluso sacerdotes consideran que el mal no es algo concreto, sino la simple ausencia de Jehová en sus vidas. Que debido a esa ausencia se da todo lo que consideramos malo. Que dios, todo amor y benevolencia, no puede castigar con un tormento eterno. Este criterio tiene similitudes asombrosas e inesperadas (para los creyentes, pues para los escépticos es bastante notorio e incluso normal) con el gnosticismo, que afirma que el cuerpo es una prisión, que el dios de este mundo es un dios de oscuridad y que el dios verdadero es un dios de luz; así como que el dios verdadero no castiga a nadie, sino que cumple los deseos de sus criaturas de experimentar este mundo material. También se aproxima al criterio de los testigos de Jehová, que afirman también que un dios amoroso no crearía un sitio de tortura y sufrimiento sádico.

Obviemos por ahora los múltiples problemas que eso representa: Que fue Jehová quien creó el mal (recordemos el árbol en Edén y las múltiples declaraciones bíblicas donde se dice explícitamente que él causa el mal y los desastres), que las cosas malas suceden con su conocimiento y consentimiento, tanto a nivel humano como de la naturaleza, que la existencia del infierno como lugar de tormento está firmemente asentada en la biblia, que según la biblia misma existe un divino placer en condenar a los pecadores al infierno, y no el profundo dolor que supuestamente Jehová como padre amoroso experimentaría, etc. El punto es que, tal como el mal solo sería ausencia de Yavé, el infierno sería una eternidad condenados a la privación de su presencia, conscientemente o no, pero sí por voluntad propia al no haber querido aceptarlo en su vida. Igual que en el criterio gnóstico, Yavé solo actuaría como ejecutor del deseo de sus criaturas, en este caso el de estar apartadas de él.

Esta perspectiva acaba con tres problemas: Primero, la poco atractiva idea de una eternidad sufriente, la cual hace que la mayoría de los católicos rechace vivir su fe y acercarse a su dios. Segunda, la idea de que su dios es un ser maligno que se complace en condenar a gran parte de la humanidad por no seguir una estrecha y anticuada lista de deberes para con él. Tercero, se traslada el problema del mal de Yavé hacia el hombre, achacándole todos los problemas habidos y por haber, exculpando a su dios de cualquiera de ellos, dejándolo como un ser inmaculado, puro y santo, y por supuesto, atractivo y digno de alabanza. Más que nada, esa estrategia resalta la miseria de la condición humana y la indispensable intervención del creador en la vida de cada uno. Es una forma inteligente de ganar adeptos a expensas del esfuerzo del hombre, el cual desde la perspectiva religiosa sería inútil, no valdría nada, no sin el poder de su dios.

¿Qué versículos justifican esta idea? Ninguno, pero los siguientes son esgrimidos a veces para justificarla:

Job 14:13  ¡Oh, quién me diera que me escondieses en el Seol,
 Que me encubrieses hasta apaciguarse tu ira,
 Que me pusieses plazo, y de mí te acordaras!

Job 17:13  Si yo espero, el Seol es mi casa;
 Haré mi cama en las tinieblas.

¿Por qué el uso de la palabra Seol, y qué significa? Esta palabra se encuentra en el antiguo testamento, y es usada como sinónimo de muerte, reino de la muerte y hogar de los muertos. Allí residen sus almas. Pospondré el aclarar la diferencia entre alma y cuerpo para explicar el significado de esta palabra según el diccionario bíblico Strong:

H7585  

שׁאל    שׁאול
she'ôl  she'ôl
sheh-ole', sheh-ole'

From H7592; Hades or the world of the dead (as if a subterranian retreat), including its accessories and inmates: - grave, hell, pit.

            Aquí es claro que se trata de un equivalente del hades griego. No es solo el nombre que se le da al sepulcro y a la muerte, sino al reino de la muerte, un lugar real donde descansan las almas de los muertos. Para confirmar esto veamos algunos comentarios de la traducción Reina-Valera de 1995:

Núm 16.33 Descendieron vivos al seol: es decir, al fondo de la tierra o al reino de la muerte.

Deu 32.22 Las profundidades del seol: o sea, la región de los muertos, que los antiguos Hebreos situaban en lo más profundo de la tierra.

Salm 6.5 Seol (o morada de los muertos): Los antiguos israelitas se representaban esa morada como un lugar oscuro, situado en lo más profundo de la tierra (Job 10.21-22; Sal 63.9). En aquel "lugar del silencio" (Sal 115.17) los muertos no podían ejercer ninguna actividad ni mucho menos alabar a Dios (Sal 30.9; 88.4-6,10-12; Isa 38.18-19). Más tarde, estas antiguas creencias fueron sustituidas por la fe y la esperanza en la resurrección de los muertos al fin de los tiempos.

Como vemos, la traducción bíblica por excelencia, la más conocida, y la más reconocida por la iglesia católica no concuerda con el criterio de los nuevos católicos. En primer lugar, porque “Seol” es un término correspondiente al antiguo testamento, no al nuevo, sobre el que descansa la mayor parte de la creencia cristiana, y por ende no puede ser apropiadamente utilizado por ellos. Segundo, porque en el nuevo testamento este término cambia de sentido, como se ve en el comentario del versículo de salmos. Al no tener el sentido original, es imposible de usar para justificar las pretensiones de los nuevos católicos, excepto si se lo reinterpreta a conveniencia, lo cual no sorprendería.

Si se tuviera que ser coherente con las consignas de los nuevos católicos, se tendría que decir que en el infierno existe la misma libertad que en el cielo, única forma de afirmar que lo único que hizo Yavé fue conceder a sus criaturas el deseo de existir al margen de él. Y hay versículos para probarlo:

Luc 16:23  Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno.

Aunque esto proviene de un parábola, ilustra el hecho de que los judíos de ese tiempo veían el hades (sinónimo de infierno o seol en el contexto la biblia, sin por eso rechazar su raíz griega) como un lugar donde las almas podían efectuar acciones, y según el versículo, también estar en tormentos. La contraposición de este versículo con otros en los que el seol engloba a todos los muertos, sean pecadores o no, hizo pensar a los príncipes de la iglesia y otros santos varones en la doctrina de los muchos infiernos, cuya mayor exposición se dio en “La divina comedia”. Esto también es reflejo de la doctrina de los siete cielos. Así, cada infierno y cada cielo corresponden al nivel de santidad de la persona. Pero lo más importante es que el infierno, tal como es concebido por los nuevos católicos, no puede existir. La libre acción, según la biblia, implica el tormento. Sin ella, solo es permitida la inconsciencia. Ninguna de estas posturas bíblicas sustenta la idea del infierno como un lugar ajeno al sufrimiento y al dolor.

lunes, noviembre 22, 2010

Contra Veritas: La falsedad del NOMA, o la imposibilidad de conciliar fe y razón

En un artículo de la revista ¡Despertad! de enero del 2011 se redactó un artículo sobre la compatibilidad de fe y razón. Esto nos lleva a pensar automáticamente en el NOMA, reivindicado principalmente por la iglesia católica. Sin embargo, en este caso es un poco diferente. Los testigos de Jehová no aducen que estos dos magisterios tengan campos de acción separados, sino que la verdadera razón se somete a la fe, y que de hecho emana de ella. Evidentemente ellos no usan el mismo concepto de razón que usamos los librepensadores. Para ellos, la razón es una herramienta más que nos dio Jehová para descubrir el valor de su palabra. También nos serviría para conocerlo mejor, y por ende amarlo más.

Comienzan el artículo, ubicado en la página 28 de la revista, y que ocupa 2 páginas, con un espurio ataque hacia la ciencia, como es costumbre. Sacan, o intentan sacar a la luz algunos trapos sucios de la ciencia, proclamando que si algunas ‘creencias científicas fuertemente arraigadas eran erróneas’ y no por eso se descartaban, ese mismo criterio debía aplicarse a las creencias religiosas, como si ambas fueran comparables, o valieran lo mismo. Y como siempre cometen ingentes errores. Primero, en la ciencia no hay ‘creencias’, solo hipótesis, teorías o leyes. Astutamente evitan dar detalles sobre esas supuestas creencias científicas, pues tales no existen. Segundo, piden el principio cuando asumen que son iguales o comparables la fe y la razón. Esto es más grave aún cuando consideramos el hecho de que la razón nos da muchas cosas, cosas que funcionan, cosas útiles, coas que sirven. La fe no produce nada, cuando mucho representa un consuelo para quienes no tienen poder par controlar su propia vida. Y esto, lejos de ser un cosa útil, es un aliciente para hacer la vida todavía mas sombría de lo que ya es, al sostener en este mundo a seres que de otro modo se habrían suprimido a sí mismos, si es que este ‘valle de lágrimas’ no acaba con ellos antes.

Dudas e intrigas son las armas de los testigos de Jehová contra todo aquello que se opone a sus creencias. Quien haya podido leer sus textos sabrá a que me refiero. Siempre tratan los temas de la misma forma. En ninguno de ellos hay algo, aunque sea mínimo, que pueda denominarse intelectualmente honesto. No hay forma en que dejen este estilo, pues quien no tiene armas para entablar una guerra justa, recurre a la guerrilla, a la revolución y la intriga, y mediante sucios ardides obliga al enemigo, si es demasiado tonto como para no darse cuenta, a destruirse a sí mismo al aceptar una duda insana sobre sus propias premisas. No es cualquier clase de duda. No es una duda escéptica, sino una maliciosa, repleta de la satisfacción de sí misma, de saberse plena y absoluta, aunque solo sea una fachada que esconde su verdadera e innegable incapacidad de luchar.

El tipo de razonamiento (que dicen es compatible con la fe) no es el común y corriente. Mucho menos el razonamiento culto e intelectual. Circunscriben la razón a las coordenadas de la palabra de su dios, en donde obviamente no puede contradecirla. Si se asume la razón como un don divino, es evidente que no representaría peligro alguno a su palabra, ni levantaría su sombra el fantasma del escepticismo, acallado previamente por una definición absurda y gratuita de lo que la razón debe ser. Así pretenden quitarnos lo único verdaderamente humano: El derecho, el deber y el poder de pensar y razonar sin tapujos, el librepensar. Es por eso que la biblia, correcta y concienzudamente leída, es la mejor máquina de hacer ateos.

En su artículo dicen que la fe debe estar basada sólidamente en el conocimiento. Pero ¿conocimiento de qué? ¿Qué conocimiento?... ¿De qué mas podría ser? De la palabra de su dios, suma, cumbre y final del saber para todo creyente. Bien, en la revista dan una serie de pruebas que no quisiera juzgar a priori, por lo que daré un breve resumen de cada una, y en el transcurso comentaré algo al respecto.

Bueno, en realidad son solo dos pruebas, o mejor dicho dos títulos que pretenden serlo. El primero se llama “Fe basada firmemente en la razón”. El segundo, a manera de conclusión precipitada, es “Podemos tener fe en la Biblia”. Analicemos cada uno de ellos.


Fe basada firmemente… ¿en qué?

En este apartado afirman que la adoración a dios debe ser algo razonado. Este razonamiento debe basarse en algún conocimiento, como sustento intelectual y contexto desde el cual razonar. Esto está muy bien, y está acorde con los requisitos del libre examen. Uno no piensa desde la nada. Requiere un cuerpo de conocimientos previos, los cuales lo llevan a comparar, deducir, inducir, reflexionar, y dar una conclusión con base en a información obtenida, la capacidad de raciocinio de la persona, su inteligencia, su lógica, su sentido común y su conocimiento del tema. Obviamente para que este conocimiento previo sea válido debe ser imparcial, y no adelantar, suponer ni asumir previamente la conclusión. Ello sería un error, y de hecho esto se da en una: La demostración en círculo.

Pero para los cristianos, ¿Cuál es ese conocimiento? El único que podrían aceptar, el “conocimiento de Dios”. Pensar de esta manera lo llaman tener “un conocimiento exacto de la verdad” (1 Timoteo 2:4). Pero ¿qué verdad es esta? Que dios existe, creó el mundo y que su palabra, la biblia, no se equivoca. Bien, si parten desde este punto de vista gnoseológico, no sorprende que lleguen a la conclusión de que la razón no contradice a la fe. Pero esta razón, como derivada de la creencia en dios, es hemipléjica, paralítica y sobre todo, parcial. El conocimiento de dios es el anticonocimiento por excelencia.

El tipo de escepticismo que predican no es el de los librepensadores, no es imparcial, sino que se limita a la expresión bíblica. Ser escépticos en este caso es escudriñar las escrituras para ver si lo dicho está conforme a la palabra de su dios. Sino me creen, léanlo ustedes mismos:


Hechos 17:11 Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así

Juan 5:39 Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí


Este es el modelo cristiano de sabiduría: No importa si lo dicho es real o no, es lógico o no, solo debe estar conforme a la biblia. Es resto es locura. ¿Por qué digo esto? Porque esto es lo que en realidad piensan los cristianos del conocimiento imparcial:


1 Corintios 1:19 Pues está escrito:
Destruiré la sabiduría de los sabios,
Y desecharé el entendimiento de los entendidos.

1 Corintios 1:20 ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo?

1 Corintios 1:21 Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación.

1 Corintios 1:22 Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría;

1 Corintios 1:23 pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura;

1 Corintios 1:24 mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios.

1 Corintios 1:25 Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.

1 Corintios 1:26 Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles;

1 Corintios 1:27 sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte;

1 Corintios 1:28 y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es,


En resumen: El conocimiento imparcial, para todo cristiano sincero, debe ser locura y abominación. La mismísima esencia del mal encarnada. Y la ignorancia es el gran estandarte de la fe. Es de lo que más se enorgullecen, su don más preciado. Sólo por medio de la ignorancia pueden acceder a la fe. Y solo mediante la fe pueden comprender adecuadamente la biblia, pues están más atentos a la voz de su dios que a los sentidos y vicios del mundo. Ergo, cuanto más ignorante se es, más cerca se está de Jehová. Su dios aborrece el conocimiento, y no le agradan los sabios. Tal vez por eso es que durante el transcurso de la historia el cristianismo ha proscrito toda forma de saber diferente a la interpretación bíblica de turno, y ha proclamado una guerra sin cuartel a todo aquel que ose tocar, con palabra o acción, el sacrosanto derecho de los creyentes a ser ignorantes y creer en lo que les venga en gana. Nadie les negaría el derecho a no saber, lo que les negamos y siempre les negaremos los ateos es el derecho de imponer esa cosmovisión al mundo. No los dejaremos llevarnos al abismo, no debemos permitir una nueva era de oscurantismo.

Este no es un llamado de guerra. Es un llamado a defender el derecho a ser humanos. Lo que nos diferencia del resto de seres vivos es nuestra capacidad cerebral y la única forma en que podemos vivir sin dejar de lado nuestra humanidad es usando nuestra capacidad de raciocinio sin miedo ni dudas, sin que los antiguos temores de un distante pasado nos remuerdan la consciencia, y nos arrastren a una ignominiosa caída. No podemos volver al abismo de la barbarie, del que con tanto esfuerzo la humanidad emergió hace tanto tiempo.


¿Podemos tener fe en ese libro?

Si dudamos de la veracidad de la biblia, la revista nos dice que podemos comprobarla si la conocemos. Y como es obvio, la única forma aceptada por los creyentes de conocer la biblia y entenderla es mediante la guía del espíritu santo. Cualquier toro método es inválido para tal fin. De forma que, para entender la biblia, antes hay que creer que es cierta. Creer para leer y creer para entender. ¿Algo de esto les suena a prejuicio, parcialidad y aceptación ciega e infundada, o es solo a mí? Por eso es que afirman que razonando (a partir de las escrituras, claro está) se puede “llega[r] a la convicción de que incluso cosas que no pueden verse son, no obstante, realidades”.

Para Jehová la sabiduría es casi un pecado. Es el mayor mal que alguien pueda tener, y más aún, por que es un mal deseado por muchos. Pero si supuestamente él es el origen del saber y es capaz de otorgarlo, y sabiendo que el saber que otorga no puede ser el que desprecia, pregúntense: ¿Qué tipo de sabiduría acepta este dios? ¿Cuál saber, cuál conocimiento es el que otorga? La respuesta la da la misma biblia:


Proverbios 2:1 Hijo mío, si recibieres mis palabras,
Y mis mandamientos guardares dentro de ti,

Proverbios 2:5 Entonces entenderás el temor de Jehová,
Y hallarás el conocimiento de Dios.

Proverbios 2:6 Porque Jehová da la sabiduría,
Y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia.

Proverbios 2:7 El provee de sana sabiduría a los rectos;
Es escudo a los que caminan rectamente.


Este es el conocimiento que da. Un conocimiento vacío. La mismísima encarnación de la nada. La hipostatización de lo abstracto alguna sin razón para hacerlo. La locura hecha saber. Y para el gran final, escriben un párrafo que deberían, si fueran intelectualmente sinceros, aplicar a ellos mismos:


"…no es una falta de respeto examinar lo que uno cree para demostrarse a sí mismo que su forma de pensar está de acuerdo con la Palabra de Dios (Romanos 12:2). La Biblia nos aconseja: 'Prueben las expresiones inspiradas para ver si se originan de Dios' (1Juan4:1).” (¡Despertad!, Enero del 2011, página 29)"


Es increíble ver un caso en el que el proceso de doblepensamiento esté tan avanzado como para no darse cuenta que todo lo que piden a otros podría aplicarse igualmente a ellos. O tal vez lo saben, pero como son “la religión verdadera” o “el esclavo fiel y discreto”, no necesitan ensuciarse las manos ni las mentes con razonamientos humanos, pues son sabiduría mundana, algo que su dios destruirá.

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lunes, noviembre 01, 2010

Por qué soy ateo

Luego de largo tiempo he querido hacer un paréntesis y mostrar algo de mí. Casi a todos los ateos se les ha interrogado por la o las razones por las que no creen en ningún dios. Esto es casi una confesión, una apertura de parte de mi verdadero ser, una muestra de mi yo. Es un relato de lo que soy y por qué lo soy, y sobre todo cómo he llegado a ser lo que soy y a ser quien soy. En modo alguno esto se asemeja a una experiencia religiosa de desconversión traumática, ni tampoco a un lento caminar, errante y ermitaño, en busca de un sentido de la vida. Es mas bien el cómo evitar ser creyente en una sociedad que casi por completo te lleva a ser poco más que un número, sea para fines políticos (ciudadano mayor de edad) o religiosos (feligrés, en el que en todas la edades sirve, en especial en la juventud. No por nada los llaman “pescadores de hombres” –aunque suene manipulador o gay–). Y como cuanto mayor es el número, mayor es el sentido y sentimiento de masa, por lo que esta también es la historia de cómo evité formar parte de la masa.

Este post se podría haber llamado de cualquier otra manera, que para el caso da lo mismo: “Por qué no soy cristiano” (muy a lo Bertrand Russell, pero y había usado ese título en otro post), “Por qué no soy teísta” (al estilo del llamado “ateísmo vergonzante” o agnosticismo), “Por qué no creo en dios” (con minúscula, pues no es nombre propio, y aunque la RAE lo reconozca como una forma de llamar al dios cristiano –y por ende se le tenga que poner mayúsculas– en realidad es solo uno de los tantos errores que se cometen en nombre de la fe, la tradición y la cultura cristianas; además esta oración implica sin pruebas que la negación de dios también es una creencia, concepto totalmente equivocado pero muy popular y utilizado por el lobby cristiano), “Por qué niego a dios” (negación escéptica), “Por qué afirmo la inexistencia de dios” (pregunta que probablemente haría un agnóstico más que un creyente, intrigado por el sustento de tamaña afirmación –afirmación de segundo grado o condicionada, en este caso por Onus Probandi y el principio de primacía del escepticismo, que entre muchas cosas nos dice: ‘Lo que se afirma sin pruebas puede rechazarse sin pruebas’–), “Por qué no soy uno de los ‘perros infieles de occidente’” (muy al estilo musulmán, y lastimosamente no lejos de su verdadero sentir contra nosotros), o “Por qué estoy ateo” (como leí a un pastor en una publicación cristiana, diciendo que el ateísmo es un estado pasajero y/o ‘curable’, comparándolo literalmente con una enfermedad o un estado de ánimo). Todas estas formas de decir lo mismo divergen ciertamente, en algunos casos mucho, pero todas tienen el mismo sentido: Explicar por qué no creo en lo que la mayoría ha dado a llamar “la única fuente de felicidad y de verdad absoluta”. Ahí les va:

Nací como casi todos, en una familia de corte católico. Mi padre proviene de una familia muy devota, mientras que mi madre es todo lo contrario, siendo mi abuelo materno un maestro masón, y por ende muy estudiado y erudito. El jamás se conformó con las explicaciones religiosas y fue uno de los que nos inculcó el hermoso y útil amor a la lectura. Podría decir que es agnóstico de corte ateo, aunque en algunos aspectos encaja más como ignóstico. Mi abuela materna es inconformista religiosa, nunca se inclinó hacia los cultos ni ceremonias, y a pesar de su creencia católica jamás fue de llevarnos a misa ni nada parecido. Mis abuelos paternos son bastante católicos, así como mis tíos por parte de padre. No son puritanos, pero sí muy creyentes. Pues bien, esa influencia era muy diversa, pero como pasamos mayor tiempo con la familia de mi madre que con la de mi padre, ergo se me pegó parte del carácter de mi abuelo paterno. Aparte de eso, la familia de mi abuela materna variaba entre católicos, adventistas, mormones y cristianos en general. La familia de mi abuelo tenía cierta rama judía, y nunca conocí a un musulmán en la familia. Esa es toda la variedad religiosa a la que fui expuesto desde el llamado “núcleo de la sociedad”.

Mis comienzos en el descreimiento comenzaron a los pocos años de vida. A los 8 años, si mal no recuerdo, le pregunté a mi papá de dónde había salido el dios cristiano (obviamente no con estas palabras, sino literalmente “Papá, ¿de donde salió Dios?”). “Apareció de una varita mágica” me dijo. Y le pregunté de donde había salido la varita. “Siempre existió” contestó. Extraña respuesta, poco ortodoxa, bastante herética y un completo flatus vocis, pero ahí terminó la conversación.

Luego, entre los 8 y 10 años mi hermana y yo hacíamos elucubraciones extrañas sobre el mundo espiritual: Creíamos que los santos podían volverse dioses si reencarnaban lo suficiente y evolucionaban su alma, que el dios cristiano podía ser un extraterrestre o un desconocido ente ultradimensional, etc. Entre los libros que leíamos estaban de todo. El primero que leí (completo) fue “La naturaleza inacabada”, que hablaba sobre evolución y biología, y “El telar mágico”, que se centraba más en el tema evolutivo, pues el primero entraba más en el ámbito de la genética. A los 10 años cumplidos me bauticé como católico por deseo de mi padre, y como en ese entonces no tenía poder de veto, no hubo nada que hacer.

Como entre los 11 y 12 años mi mamá nos llevó a mi hermana y a mí (aún no había nacido mi hermano menor) a un tour religioso: Fuimos a diferentes iglesias, nos informamos y conocimos sus creencias. Fuimos a algunas muy insistentes como la de los mormones. Conocimos varios grupos cristianos, muchos en realidad. Conocimos a los testigos de Jehová por su predicación cotidiana, mi abuela siempre les cerraba la puerta, mientras que a mi abuelo siempre le dejaban sus revistas. A esa edad ya empezaba a dudar de la religión, y sobre todo del concepto de dios. Nunca fui religioso, solo iba a misa por obligación (cuando nos visitaba mi bisabuela, muy anciana y de delicada salud, se alegraba de que la acompañáramos; cuando moría un conocido de fe católica; entre otras situaciones extremas). A esa edad no solo dudaba seriamente de la religión organizada (aunque no es sino hasta ahora que soy anticlerical) sino del concepto de dios, el cual me parecía superfluo y muy chapucero. Siempre me pareció que dios, tal como se lo figuran en la biblia, es demasiado parecido al hombre como para ser realmente un ser divino. Es demasiado humano. Uno esperaría una muestra de sabiduría infinita y no una sanguinaria sed de venganza, cual si fuera un indio tribal. Y esa es exactamente la imagen que tenía, según todos mis estudios, del dios cristiano.

También conocimos muchos cultos de extremo oriente. Entre ellos destacan los Hare Krishna, los cuales son vegetarianos y extraños. Aunque no me sorprendió la diferencia cultural, me pareció extraño el hecho de que se sacrificaran (o santificaran) los alimentos antes de comerlos, para ofrecerlos a Kríshna. Le pregunté al sacerdote, pues me dijo que eso se hacía y que así la ofrenda llegaba a Kríshna, que cómo es que comía Krishna, pues solo se podían comer vegetales, y sus acólitos eran relativamente pocos. Pensaba que tal vez ese dios tendría hambre y ganas de un buen bistec. El tipo se rió y me dijo que Krishna tenía más vegetales para comer que los que se le sacrifican. Y me pregunté: “¿Entonces para qué se le sacrifican vegetales?”.

A los trece años entré en la secundaria. El año anterior se daba el curso de religión (obligatorio en todo el país) por un profesor que enseñaba historia de la religión. Tuve la mala suerte de que cuando comenzó el año académico cambiaron al profesor el párroco de la localidad, por lo que se nos enseñaba únicamente religión católica. Nada de historia del cisma, la reforma, la contrarreforma, Lutero, Calvino, albigenses, catrujenses o cátaros, valdenses (también llamados anabaptistas o bautistas, que sobreviven hasta hoy) monofisitas, arrianos (como los testigos de Jehová), nestorianos (como los musulmanes), etc., que tuve que aprender por mi cuenta. En ese curso confirmé lo que ya sabía: Que era ateo. Dicha confirmación vino en la forma de una fotocopia, en la que estaban las 5 vías de Aquino. Las leí y las encontré incoherentes, ridículas, ilógicas y fácilmente refutables. Desde ese entonces siempre me presentaba como ateo, pues desde un poco antes lo era, pero tenía que saber si efectivamente los supuestos argumentos de la fe eran convincentes, fuertes o por lo menos no tirados de los pelos. Y mi sorpresa fue grande cuando me di cuenta que todo lo que había pensado ya lo habían pensado otros grandes pensadores de la historia, e incluso de la misma forma que yo. ¡Qué puedo decir!, siempre fui muy intuitivo, y mi mente es muy matemática (participé en varios concursos escolares de matemática y lengua a nivel regional), de modo que fácilmente encontré las incoherencias, peticiones de principio y supuestos indemostrados en los dogmas religiosos y en los que afirmaban no serlo. A los 13 años ya me sabía ateo, y no hubo en ello ninguna conversión forzosa, ninguna revelación sobrenatural ni ninguna experiencia traumática, solo pasé de ser católico forado y no practicante a escéptico básico (jamás pasé por la etapa del agnosticismo ni del ignosticismo), y luego a ateo convicto y confeso.

No hubo milagros, pero sí coincidencias interesantes. En la secundaria mi hermana conoció a un chica budista, la cual nos habló de su religión y nos interesó mucho. Me enteré por ella de la filosofía budista como realmente es, no como la pintan quienes ignoran tan admirable religión, de gran valor e integridad intelectual. Bud, un príncipe que buscó el conocimiento, me recordaba a mí mismo, y descubrí que al igual que yo había llegado a la conclusión de que este universo no había sido creado, sino que había evolucionado; que los dioses no eran mas que inventos de la gente que representan las fuerzas de la naturaleza y las “funciones de la vida”; que la gente siembra lo que cosecha (la ley del karma aplicada a escala antrópica y física); que no existe un espíritu inmortal (el concepto de reencarnación budista no es el mismo que el hindú); que no debemos creer en nadie solo porque lo diga, pues Buda mismo dijo que no deberíamos creer en nada de lo que diga si aquello que dice no es lógico y está de acuerdo a nuestro sentido común ni a nuestro razonamiento (el budismo supone, a diferencia del cristianismo, que el individuo es perfectamente capaz de tener una vida feliz y próspera sin necesidad de recurrir a lo sobrenatural, menos aún a seres divinos. Todo esto está escrito en el “Sutra de los Kalamas”, parte del Sutra del Loto); que incluso debemos rechazar lo que dice si las evidencias señalan lo contrario (uno de los tres pilares del budismo: la fe, la práctica y el estudio, este último incluye todo tipo de estudios y los métodos para confirmar la veracidad de lo estudiado); la aceptación de que todo es material y hecho de materia y energía (todos los estados de conciencia del budismo son estados psicológicos, nada inmaterial en el sentido de sobrenatural), etc. Todo esto jamás encajaría en el cristianismo, donde el ideal no es ser mejor como individuo ni vivir feliz y pleno, sino la obediencia, la rendición de la voluntad y la extinción de la individualidad, el pensamiento y todo lo que constituye a una persona en beneficio de un supuesto creador amoroso, pero que sin embargo te envía al infierno si no cumples hasta el más mínimo detalle de lo que el quiere que hagas.

Conocer esta filosofía me abrió las puertas a un nuevo mundo de pensadores que, si bien alguno no me eran desconocidos, me fueron mas familiares y mas fácilmente comprensibles, ahora que podía conocer de cerca el contexto y la cultura de aquella zona y de aquellos tiempos. Demás está decir que he leído es Sutra del Loto (muchas partes), el Bhagavat-Gita (parte del Srimad-Bhagavatam, que leí parcialmente pues la traducción de los clásicos hinduistas y budistas al español es escasa, esto por motivos de idioma –sánscrito y pali, lenguas actualmente muertas y difíciles de traducir sin perder parte del sentido original del texto–). Obviamente también leí la Biblia y conozco algo del Corán (ambas las tengo en formato digital, así como el Sutra del Loto, que conseguí hace relativamente poco tiempo). Aprendí que Buda no era un dios obeso que se rascaba la barriga par conceder milagros o aparecer dinero, visión occidental que corresponde al Buda chino, el cual es una mezcla de el Buda original con sus antiguos dioses.

Luego de eso, a los 15 años (iba a cumplir 16) viajé desde Perú, mi tierra natal, a Costa Rica, donde he vivido hasta el momento de escribir este artículo. Entrando al colegio (me faltaban 4º y 5º de secundaria) me topé con la ignorancia de un país que, para mi sorpresa, era más creyente aún que el mío (y eso que en Perú hubo virreinatos y todo eso, con lo que uno imaginaría una la cultura católica especialmente fuerte y enrizada). Subestimé el efecto “pueblo chico”. No estoy renegando del país, sino de la forma de pensar de sus habitantes. Esa fue la razón de que comenzara uno de los más penosos calvarios de toda mi vida. Resulta que un día había llevado al colegio el libro “El Anticristo” y lo leí durante el receso. Fui al baño un momento y al volver el libro (que había dejado sobre mi pupitre) estaba en manos de unos compañeros curiosos y excitados con solo leer el título del libro. Me preguntaron de qué se trataba y se los expliqué. Pero en ese entonces llegó la profesora de español y le quitó el libro a mis compañeros, y aún cuando le dije que ellos me lo habían quitado (me lo pidieron prestado luego de quitármelo, se los di y permanecieron estupefactos frente al título y la contraportada, incapaces de abrirlo) no dio vuelta atrás y para mi desgracia dijo en clase que el libro era mío, y me acusó de ser un corruptor de la juventud, un ser moral y un ateo. Un poco más y dice que soy un “perro infiel a la fe”. Ms tarde mis compañeros de clase me preguntaron por todo lo que dijo la profesor, y les dije que sí era ateo. ¡Y para qué se los dije! Corrió el rumor por todo el colegio, tanto que a los 2 días todos los quintos lo sabían, y al cabo de 1 semana todo el colegio se enteró. Todos me miraban de forma extrañísima: Unos con desprecio, otros con curiosidad, otros más con asco, otro grupo (bastante grande, casi todo el que pudo hablar conmigo) que trataba de convertirme a la fe cada 5 minutos. Tanto es así que a veces se juntaban 10 ó 15 personas a hablarme de su fe y “argumentar” a favor de la existencia de Dios. Yo me tomaba mi tiempo para refutar sus ideas, y por lo menos tres cuartas partes de los que hicieron esto acabaron odiándome o burlándose mas de mí. La cuarta parte restante más bien me veía con cierto aprecio, pues notaban que no era un ignorante, sino alguien bastante culto y preparado. Incluso, en algunos pocos casos, claro está, hizo que se acercaran a mí las chicas (además de mi condición de extranjero, que les atraía también), pero por igual me impedía llegar a algo con ellas, pues por hablar de unos pocos ejemplos, una era judía mesiánica (y menos mal que me salvé, pues luego me enteré que era de esas que cambian de novio más rápido que de ropa interior), e intentar algo con ella hubiera sido un error por 2 razones: 1) Ella tenía novio (cosa que me enteré después), y 2) hubiera sido repetir la historia de Nietzsche y Lou-Salomé. Aunque ella nunca me gustó, mis compañeros maliciosamente inventaron chismes míos con ella, y a pesar de que ni siquiera nos hablábamos eso no hizo mas que empeorar el problema. Ahora además de ateo era un depredador sexual. Y todo por ser ateo, o sea, sin moral (casi todos pensaban así).

Bien, volviendo al tema de la profesora y el libro, mi madre tuvo que ir a la dirección y reclamar (aún era menor de edad, así que ni caso me hacían), con lo que consiguió que me devolvieran el libro y poner en cintura a esa profesora. Esa fue la razón por la que durante toda mi estancia en ese colegio me quitó puntos injustificadamente en los exámenes. Fue por ella que no obtuve un promedio perfecto, pues mis demás calificaciones eran superiores al 95% de ciertos. Aún con todo, mi promedio general ponderado era superior a 90, por lo que pude obtener una beca en la universidad. Por buenas calificaciones las universidades me ofrecieron buenas becas, pero pudieron haber sido mejores.

También tuve problemas con otros profesores, en especial mujeres, que tenían un terrible mal hábito que parece solo a mí molestaba: Leían la biblia a todo pulmón en horas de clase. Y lo peor es que no era en clases de religión (de la que no puede eximirme por mi condición de ateo, sino porque mi madre hizo una carta que decía que era budista. Era la única forma de saltarme religión. Era un abuso de poder y una injusticia aparte, pero ya estaba demasiado cansado de los líos para ese entonces), ¡sino de química! ¡Qué va! Mi estancia en el colegio en Costa Rica fue un calvario.

Ya en la universidad las cosas no fueron demasiado diferentes, pero sí más esporádicas. La peor experiencia la tuve hace relativamente poco, cuando una profesora muy devota (llevaba a clases un crucifijo plateado gigantesco, collares de Jesús, la virgen y varios santos, así como otros artículos religiosos de gran tamaño) se enteró de mi ateísmo, y empezó a tratarme diferente, discriminarme en la entrega de proyectos, revisiones de avances de trabajos, asesorías, explicaciones, entre otros. Mientras que a los demás alumnos los trataba bien y no les negaba atención académica, a mí me la negó, y cuando me la dio no era de la calidad requerida, sino unas rápidas consultas mientras caminaba cuando mis consultas requerían de profundidad en la explicación. Su facilidad de abstracción en la explicación de cosas complejas y su habilidad para tornar banales las cosas que no lo son me enervaba en sobremanera. No había mucho que hacer. Por culpa suya tuve problemas académicos, y cuando le pregunté sobre el porqué de su actitud hacia mí, me dio a entender que no le caía nada bien. Más que dar a entender usó palabras bastante literales y fuertes que obviamente no pienso repetir.

La última y peor experiencia la tuve con mi última novia, en la que su familia no me ve nada bien. Ellos son cristianos, y como tal tratan a todo aquel que no lo sea como trató Jesús a los que no lo oían: Muy a lo “serpientes, raza de víboras. ¿Cómo escaparán del fuego eterno?”, o a lo “Quien no está conmigo, contra mí es”. No hay nada que agregar.

Superé hace unos años la veintena, y sigo siendo ateo. Hay quienes dicen, basados en no se qué, sus esperanzas tal vez, que el ateísmo es la antesala de la perfecta fe. Que es un estado por el que pasan muchos, y que al final vuelven a creer, y quien no lo hace es una especie de retrasado social y moral. Cierran los aojos a la verdad: El ateísmo existe, y por más que quieran negarlo, los ateos seguiremos existiendo. Seguiremos ocupando espacios públicos, seguiremos estando entre todos, luchando por un mundo menos dogmático, supersticioso y salvaje. No cejaremos en el empeño de liberar a la sociedad de imperativos categóricos surgidos de miedos atávicos y creencias primitivas carentes de todo bello y valioso que como especie hemos logrado. No dejaremos que derroten al humanismo y a la libertad con el látigo de la fe ciega e irracional. Jamás dejaremos de luchar, por los derechos de todos y de nosotros mismos, por el derecho a ser como somos, a ser quienes somos y a estar felices y orgullosos de serlo. Ahora sé que jamás dejaré de ser ateo, pues es lo que soy, es parte de lo que soy. Es una consecuencia de ser intelectualmente honesto y de tener un intelecto ágil y de inclinación científica, así como un temperamento poco tolerante a las inconsistencias y las imposibilidades sustentadas únicamente por la fe. Jamás dejaré de ser lo que soy.