lunes, diciembre 06, 2010

Los tres infiernos cristianos: ¿Cuál prefiere usted? (Primera parte)

El infierno es probablemente una de las zonas más temidas por el creyente occidental promedio. Las religiones del libro ven este lugar de muchas formas diferentes. Pero sorprende en sobremanera que la mayoría de estas diversas interpretaciones provienen de una sola religión. Claro, si sabemos cuál es no nos sorprenderemos tanto. Sí, es el cristianismo. En él existen por lo menos tres variantes del mismo, que aunque parezca imposible, son totalmente diferentes e incluso antagónicas.

¿Por qué sucede esto? Bueno, la primera razón es la interpretación. Dado que la Biblia es un documento tan ambiguo y poco claro, es imposible encontrar en sus páginas una visión coherente y meridiana del mismo. Es más, esta idea es relativamente tardía en el contexto de la historia del judaísmo, es relegada por el grueso del pueblo (el infierno judío es diferente al cristiano), y no es sino hasta la incursión cristiana que toma importancia. Dado que en ese momento era un concepto “resucitado”, como con toda moda reciclada podemos asumir dos cosas: Primera, que existía con anterioridad y de una forma diferente. En un principio los judíos no tenían ningún concepto del infierno. Éste se adquirió con su contacto con otros pueblos, los cuales sí lo habían desarrollado, ya que debido a su vida nómada los judíos eran un pueblo relativamente atrasado. Al leer la biblia uno se da cuenta que este concepto es inexistente en el antiguo testamento antes de los escritos considerados de la época del exilio. Esto se debe a que en dicho exilio los judíos tuvieron contacto con otras culturas y fes, entre las que se encuentran los zoroastrianos, quienes parecen ser los autores de los conceptos contemporáneos del bien y el mal. Así, ni siquiera éstos son creación original hebrea, sino una mala copia adecuada a las condiciones de vida de un grupo errante y a duras penas semiorganiado. Los cristianos copiaron el mal hábito judío de apropiarse de la moral y la ética universal, ya sea como robo descarado o malas copias de lo ajeno, y reformularon el concepto del infierno a como quisieron. Ahora se trata de un lugar de tormento eterno para quienes cometan terribles pecados como matar, violar, torturar, robar, entre muchos otros. Y no olvidemos el peor de todos: No tener la misma fe.

Segunda, que se le dio una importancia crucial, diferente a la que hasta entonces había tenido. Es normal en el proceso de creación de identidad grupal el que se definan tratando de diferenciarse de otros grupos. Y es tanto o más importante saber en lo que no se cree que en lo propiamente nuevo. Toda fe que deriva de otra (actualmente casi todas las del planeta) arranca de sí creencias que considera erróneas, inapropiadas, ofensivas y inútiles. Este es el origen de los cismas. En el cristianismo hay conceptos judíos, los cuales originalmente no tenían gran importancia y trascendencia, o se veían de forma diferente. Por ejemplo, el pronunciar en nombre de su dios. Los judíos no lo hacían porque compartían la creencia popular, común a muchas culturas de su tiempo, de que las palabras tienen poder. Esto se prueba en el pasaje bíblico donde Jacob pelea con Jehová, y éste se rehúsa a decirle su nombre. Se consideraba que saber el nombre de algo le daba al conocedor cierto poder sobre aquello conocido. Es por eso que los pueblos paganos conocían el nombre de sus dioses, por lo que creían poder doblegar su voluntad en determinadas circunstancias. Esto hacía que su relación con la divinidad fuera realmente dinámica, y que posibilitara el acercamiento de la gente a sus dioses. Era una creencia que hacía a los dioses más accesibles, y por ende menos arrogantes y mezquinos que el antiguo dios hebreo. En cambio, el dios judío era un ser despótico que no tenía consideración con sus criaturas, a quienes incluso torturaba y dejaba que las torturaran sin piedad, como se ve en la historia de Job y su ridícula apuesta con Satán. Al negar a sus criaturas una relación en la que tengan participación real, el judaísmo se revela como la extensión del pesimismo atávico, propio de épocas en las que el hombre era menos hombre, y la muerte, la violencia y la traición eran el pan de cada día. Y precisamente esta fue la gran innovación del cristianismo. El malinterpretar y reinterpretar a su conveniencia el antiguo testamento era parte de su labor consolidante. Tenían que ofrecer algo diferente al resto, y encontraron en el miedo que los escenarios apocalípticos suelen producir en el hombre promedio la forma de asegurarse una cuota en el pletórico mercado de la fe.

Dado que el cristianismo se originó en medio de la clase baja y era para la clase baja, el recurso del miedo fue el favorito a la hora de hacer una moral propia. El infierno es una muestra de ello, pues contiene todo lo que aterra a un hombre: Una perspectiva privada de felicidad, donde se pierde la esperanza, donde se vive un tortura eterna y sin descanso, donde van desde ladrones hasta asesinos. Un destino que destruye la idea del futuro asusta a mas de uno, y estando en un determinado punto de la vida, cuanto más alta es la pérdida, más alta hay que dibujar la ganancia para que parezca que la vida tiene sentido. Y aquí hay un punto muy importante. Se deben definir bien las reglas para acceder al cielo o al infierno. Deben satisfacer necesidades específicas, pues es indispensable para contar con un gran público meta. Y como el cristianismo era bastante popular (en su sentido gnoseológico, no en el de aceptación), tenía que atraer a la gente con la idea de que podían sentirse felices y contentos, pues ellos disfrutarían la gloria eterna, mientras que sus enemigos, si bien eran prósperos y felices en vida, se las verían muy negras al morir. Este deseo de venganza, propio del impotente, es el que propició el aumento desmedido del cristianismo. Y no extraña, ya que los judíos del primer siglo lo eran en sobremanera, aplastados una y otra vez y de forma bastante lastimera por los romanos.

Esta es la razón por la que las condiciones para acceder al cielo eran tan comunes a los seguidores de Cristo. La pobreza, la sencillez, el comunitarismo, la estrechez mental, la doctrina del maestro inefable y la justificación escatológica de la humanidad centrada en la figura de un héroe semisedentario convertido en poco más que un semidiós, son rasgos de una idiosincrasia de baja ralea. El sentir de los marginados hecho una identidad.

La segunda razón por la que existen tantas versiones del infierno cristiano es la inspiración divina. La interpretación se da en el imaginario de los creyentes, y siendo la biblia tan confusa se necesita un criterio para discernir su supuesto significado. Y este criterio suele ser la inspiración. Según ellos, el espíritu santo guía la forma como debe ser leída la biblia. Por eso mismo dicen que los no creyentes no pueden entenderla adecuadamente, y descartan de plano todo análisis imparcial. El problema es que la inspiración puede hacer que se diga cualquier cosa, y lo dicho debe ser tomado como una verdad trascendente y de importancia suma, en lugar de lo que realmente es: Una estafa premeditada, un autoengaño inocente o un problema mental. Los pastores cristianos, quienes más afirman poseer el toque del espíritu, suelen decir estupidez tras estupidez, balbuceos hilarantes y afirmaciones inconsecuentes, que su feligresía toma como obra divina, maravillas inmerecidas, regalos del cielo. Y toda la verborrea del líder de turno es aceptada sin más, pues cuando la fe está presente, la razón sale por la ventana y a la fuerza.

Cada líder religioso puede afirmar que su revelación es la última, la única válida, la real de entre todas, aunque contradiga todas las de los otros líderes. Es más, a cuantos más supuestos iluminados niegue, más verdadera se considera una revelación; pues al igual que en el cristianismo inicial, se distingue más y tiene más importancia lo que no se cree que lo que sí. Además, una negación mayor hace el tirón más fuerte cuando se deja una fe, y se tiene un cambio traumático a nivel psicológico, lo que les da la sensación de que están dejando algo más que simples costumbres. Es el errado concepto que confunde un cambio grande con uno importante. Y puede ser que se cambie mucho, pero en realidad no se esté haciendo nada mejor. Y no hay razón alguna, por lo menos desde coordenadas cristianas, para desmentir ninguna revelación ni a ningún líder sin desacreditar a todos.

¿Cuáles son las tres versiones del infierno cristiano? Veámoslas, y notemos las diferencias y similitudes, y cómo todas dicen basarse en la biblia. Y lo más importante, cómo todas se adaptan a la idiosincrasia de los creyentes, así como a sus esperanzas, su contexto sociocultural y su nivel intelectual.


El infierno como separación de Dios

Esta idea nace de los nuevos católicos, quienes piensan que el mal no posee independencia ontológica. Muchos fieles e incluso sacerdotes consideran que el mal no es algo concreto, sino la simple ausencia de Jehová en sus vidas. Que debido a esa ausencia se da todo lo que consideramos malo. Que dios, todo amor y benevolencia, no puede castigar con un tormento eterno. Este criterio tiene similitudes asombrosas e inesperadas (para los creyentes, pues para los escépticos es bastante notorio e incluso normal) con el gnosticismo, que afirma que el cuerpo es una prisión, que el dios de este mundo es un dios de oscuridad y que el dios verdadero es un dios de luz; así como que el dios verdadero no castiga a nadie, sino que cumple los deseos de sus criaturas de experimentar este mundo material. También se aproxima al criterio de los testigos de Jehová, que afirman también que un dios amoroso no crearía un sitio de tortura y sufrimiento sádico.

Obviemos por ahora los múltiples problemas que eso representa: Que fue Jehová quien creó el mal (recordemos el árbol en Edén y las múltiples declaraciones bíblicas donde se dice explícitamente que él causa el mal y los desastres), que las cosas malas suceden con su conocimiento y consentimiento, tanto a nivel humano como de la naturaleza, que la existencia del infierno como lugar de tormento está firmemente asentada en la biblia, que según la biblia misma existe un divino placer en condenar a los pecadores al infierno, y no el profundo dolor que supuestamente Jehová como padre amoroso experimentaría, etc. El punto es que, tal como el mal solo sería ausencia de Yavé, el infierno sería una eternidad condenados a la privación de su presencia, conscientemente o no, pero sí por voluntad propia al no haber querido aceptarlo en su vida. Igual que en el criterio gnóstico, Yavé solo actuaría como ejecutor del deseo de sus criaturas, en este caso el de estar apartadas de él.

Esta perspectiva acaba con tres problemas: Primero, la poco atractiva idea de una eternidad sufriente, la cual hace que la mayoría de los católicos rechace vivir su fe y acercarse a su dios. Segunda, la idea de que su dios es un ser maligno que se complace en condenar a gran parte de la humanidad por no seguir una estrecha y anticuada lista de deberes para con él. Tercero, se traslada el problema del mal de Yavé hacia el hombre, achacándole todos los problemas habidos y por haber, exculpando a su dios de cualquiera de ellos, dejándolo como un ser inmaculado, puro y santo, y por supuesto, atractivo y digno de alabanza. Más que nada, esa estrategia resalta la miseria de la condición humana y la indispensable intervención del creador en la vida de cada uno. Es una forma inteligente de ganar adeptos a expensas del esfuerzo del hombre, el cual desde la perspectiva religiosa sería inútil, no valdría nada, no sin el poder de su dios.

¿Qué versículos justifican esta idea? Ninguno, pero los siguientes son esgrimidos a veces para justificarla:

Job 14:13  ¡Oh, quién me diera que me escondieses en el Seol,
 Que me encubrieses hasta apaciguarse tu ira,
 Que me pusieses plazo, y de mí te acordaras!

Job 17:13  Si yo espero, el Seol es mi casa;
 Haré mi cama en las tinieblas.

¿Por qué el uso de la palabra Seol, y qué significa? Esta palabra se encuentra en el antiguo testamento, y es usada como sinónimo de muerte, reino de la muerte y hogar de los muertos. Allí residen sus almas. Pospondré el aclarar la diferencia entre alma y cuerpo para explicar el significado de esta palabra según el diccionario bíblico Strong:

H7585  

שׁאל    שׁאול
she'ôl  she'ôl
sheh-ole', sheh-ole'

From H7592; Hades or the world of the dead (as if a subterranian retreat), including its accessories and inmates: - grave, hell, pit.

            Aquí es claro que se trata de un equivalente del hades griego. No es solo el nombre que se le da al sepulcro y a la muerte, sino al reino de la muerte, un lugar real donde descansan las almas de los muertos. Para confirmar esto veamos algunos comentarios de la traducción Reina-Valera de 1995:

Núm 16.33 Descendieron vivos al seol: es decir, al fondo de la tierra o al reino de la muerte.

Deu 32.22 Las profundidades del seol: o sea, la región de los muertos, que los antiguos Hebreos situaban en lo más profundo de la tierra.

Salm 6.5 Seol (o morada de los muertos): Los antiguos israelitas se representaban esa morada como un lugar oscuro, situado en lo más profundo de la tierra (Job 10.21-22; Sal 63.9). En aquel "lugar del silencio" (Sal 115.17) los muertos no podían ejercer ninguna actividad ni mucho menos alabar a Dios (Sal 30.9; 88.4-6,10-12; Isa 38.18-19). Más tarde, estas antiguas creencias fueron sustituidas por la fe y la esperanza en la resurrección de los muertos al fin de los tiempos.

Como vemos, la traducción bíblica por excelencia, la más conocida, y la más reconocida por la iglesia católica no concuerda con el criterio de los nuevos católicos. En primer lugar, porque “Seol” es un término correspondiente al antiguo testamento, no al nuevo, sobre el que descansa la mayor parte de la creencia cristiana, y por ende no puede ser apropiadamente utilizado por ellos. Segundo, porque en el nuevo testamento este término cambia de sentido, como se ve en el comentario del versículo de salmos. Al no tener el sentido original, es imposible de usar para justificar las pretensiones de los nuevos católicos, excepto si se lo reinterpreta a conveniencia, lo cual no sorprendería.

Si se tuviera que ser coherente con las consignas de los nuevos católicos, se tendría que decir que en el infierno existe la misma libertad que en el cielo, única forma de afirmar que lo único que hizo Yavé fue conceder a sus criaturas el deseo de existir al margen de él. Y hay versículos para probarlo:

Luc 16:23  Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno.

Aunque esto proviene de un parábola, ilustra el hecho de que los judíos de ese tiempo veían el hades (sinónimo de infierno o seol en el contexto la biblia, sin por eso rechazar su raíz griega) como un lugar donde las almas podían efectuar acciones, y según el versículo, también estar en tormentos. La contraposición de este versículo con otros en los que el seol engloba a todos los muertos, sean pecadores o no, hizo pensar a los príncipes de la iglesia y otros santos varones en la doctrina de los muchos infiernos, cuya mayor exposición se dio en “La divina comedia”. Esto también es reflejo de la doctrina de los siete cielos. Así, cada infierno y cada cielo corresponden al nivel de santidad de la persona. Pero lo más importante es que el infierno, tal como es concebido por los nuevos católicos, no puede existir. La libre acción, según la biblia, implica el tormento. Sin ella, solo es permitida la inconsciencia. Ninguna de estas posturas bíblicas sustenta la idea del infierno como un lugar ajeno al sufrimiento y al dolor.

lunes, noviembre 22, 2010

Contra Veritas: La falsedad del NOMA, o la imposibilidad de conciliar fe y razón

En un artículo de la revista ¡Despertad! de enero del 2011 se redactó un artículo sobre la compatibilidad de fe y razón. Esto nos lleva a pensar automáticamente en el NOMA, reivindicado principalmente por la iglesia católica. Sin embargo, en este caso es un poco diferente. Los testigos de Jehová no aducen que estos dos magisterios tengan campos de acción separados, sino que la verdadera razón se somete a la fe, y que de hecho emana de ella. Evidentemente ellos no usan el mismo concepto de razón que usamos los librepensadores. Para ellos, la razón es una herramienta más que nos dio Jehová para descubrir el valor de su palabra. También nos serviría para conocerlo mejor, y por ende amarlo más.

Comienzan el artículo, ubicado en la página 28 de la revista, y que ocupa 2 páginas, con un espurio ataque hacia la ciencia, como es costumbre. Sacan, o intentan sacar a la luz algunos trapos sucios de la ciencia, proclamando que si algunas ‘creencias científicas fuertemente arraigadas eran erróneas’ y no por eso se descartaban, ese mismo criterio debía aplicarse a las creencias religiosas, como si ambas fueran comparables, o valieran lo mismo. Y como siempre cometen ingentes errores. Primero, en la ciencia no hay ‘creencias’, solo hipótesis, teorías o leyes. Astutamente evitan dar detalles sobre esas supuestas creencias científicas, pues tales no existen. Segundo, piden el principio cuando asumen que son iguales o comparables la fe y la razón. Esto es más grave aún cuando consideramos el hecho de que la razón nos da muchas cosas, cosas que funcionan, cosas útiles, coas que sirven. La fe no produce nada, cuando mucho representa un consuelo para quienes no tienen poder par controlar su propia vida. Y esto, lejos de ser un cosa útil, es un aliciente para hacer la vida todavía mas sombría de lo que ya es, al sostener en este mundo a seres que de otro modo se habrían suprimido a sí mismos, si es que este ‘valle de lágrimas’ no acaba con ellos antes.

Dudas e intrigas son las armas de los testigos de Jehová contra todo aquello que se opone a sus creencias. Quien haya podido leer sus textos sabrá a que me refiero. Siempre tratan los temas de la misma forma. En ninguno de ellos hay algo, aunque sea mínimo, que pueda denominarse intelectualmente honesto. No hay forma en que dejen este estilo, pues quien no tiene armas para entablar una guerra justa, recurre a la guerrilla, a la revolución y la intriga, y mediante sucios ardides obliga al enemigo, si es demasiado tonto como para no darse cuenta, a destruirse a sí mismo al aceptar una duda insana sobre sus propias premisas. No es cualquier clase de duda. No es una duda escéptica, sino una maliciosa, repleta de la satisfacción de sí misma, de saberse plena y absoluta, aunque solo sea una fachada que esconde su verdadera e innegable incapacidad de luchar.

El tipo de razonamiento (que dicen es compatible con la fe) no es el común y corriente. Mucho menos el razonamiento culto e intelectual. Circunscriben la razón a las coordenadas de la palabra de su dios, en donde obviamente no puede contradecirla. Si se asume la razón como un don divino, es evidente que no representaría peligro alguno a su palabra, ni levantaría su sombra el fantasma del escepticismo, acallado previamente por una definición absurda y gratuita de lo que la razón debe ser. Así pretenden quitarnos lo único verdaderamente humano: El derecho, el deber y el poder de pensar y razonar sin tapujos, el librepensar. Es por eso que la biblia, correcta y concienzudamente leída, es la mejor máquina de hacer ateos.

En su artículo dicen que la fe debe estar basada sólidamente en el conocimiento. Pero ¿conocimiento de qué? ¿Qué conocimiento?... ¿De qué mas podría ser? De la palabra de su dios, suma, cumbre y final del saber para todo creyente. Bien, en la revista dan una serie de pruebas que no quisiera juzgar a priori, por lo que daré un breve resumen de cada una, y en el transcurso comentaré algo al respecto.

Bueno, en realidad son solo dos pruebas, o mejor dicho dos títulos que pretenden serlo. El primero se llama “Fe basada firmemente en la razón”. El segundo, a manera de conclusión precipitada, es “Podemos tener fe en la Biblia”. Analicemos cada uno de ellos.


Fe basada firmemente… ¿en qué?

En este apartado afirman que la adoración a dios debe ser algo razonado. Este razonamiento debe basarse en algún conocimiento, como sustento intelectual y contexto desde el cual razonar. Esto está muy bien, y está acorde con los requisitos del libre examen. Uno no piensa desde la nada. Requiere un cuerpo de conocimientos previos, los cuales lo llevan a comparar, deducir, inducir, reflexionar, y dar una conclusión con base en a información obtenida, la capacidad de raciocinio de la persona, su inteligencia, su lógica, su sentido común y su conocimiento del tema. Obviamente para que este conocimiento previo sea válido debe ser imparcial, y no adelantar, suponer ni asumir previamente la conclusión. Ello sería un error, y de hecho esto se da en una: La demostración en círculo.

Pero para los cristianos, ¿Cuál es ese conocimiento? El único que podrían aceptar, el “conocimiento de Dios”. Pensar de esta manera lo llaman tener “un conocimiento exacto de la verdad” (1 Timoteo 2:4). Pero ¿qué verdad es esta? Que dios existe, creó el mundo y que su palabra, la biblia, no se equivoca. Bien, si parten desde este punto de vista gnoseológico, no sorprende que lleguen a la conclusión de que la razón no contradice a la fe. Pero esta razón, como derivada de la creencia en dios, es hemipléjica, paralítica y sobre todo, parcial. El conocimiento de dios es el anticonocimiento por excelencia.

El tipo de escepticismo que predican no es el de los librepensadores, no es imparcial, sino que se limita a la expresión bíblica. Ser escépticos en este caso es escudriñar las escrituras para ver si lo dicho está conforme a la palabra de su dios. Sino me creen, léanlo ustedes mismos:


Hechos 17:11 Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así

Juan 5:39 Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí


Este es el modelo cristiano de sabiduría: No importa si lo dicho es real o no, es lógico o no, solo debe estar conforme a la biblia. Es resto es locura. ¿Por qué digo esto? Porque esto es lo que en realidad piensan los cristianos del conocimiento imparcial:


1 Corintios 1:19 Pues está escrito:
Destruiré la sabiduría de los sabios,
Y desecharé el entendimiento de los entendidos.

1 Corintios 1:20 ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo?

1 Corintios 1:21 Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación.

1 Corintios 1:22 Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría;

1 Corintios 1:23 pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura;

1 Corintios 1:24 mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios.

1 Corintios 1:25 Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.

1 Corintios 1:26 Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles;

1 Corintios 1:27 sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte;

1 Corintios 1:28 y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es,


En resumen: El conocimiento imparcial, para todo cristiano sincero, debe ser locura y abominación. La mismísima esencia del mal encarnada. Y la ignorancia es el gran estandarte de la fe. Es de lo que más se enorgullecen, su don más preciado. Sólo por medio de la ignorancia pueden acceder a la fe. Y solo mediante la fe pueden comprender adecuadamente la biblia, pues están más atentos a la voz de su dios que a los sentidos y vicios del mundo. Ergo, cuanto más ignorante se es, más cerca se está de Jehová. Su dios aborrece el conocimiento, y no le agradan los sabios. Tal vez por eso es que durante el transcurso de la historia el cristianismo ha proscrito toda forma de saber diferente a la interpretación bíblica de turno, y ha proclamado una guerra sin cuartel a todo aquel que ose tocar, con palabra o acción, el sacrosanto derecho de los creyentes a ser ignorantes y creer en lo que les venga en gana. Nadie les negaría el derecho a no saber, lo que les negamos y siempre les negaremos los ateos es el derecho de imponer esa cosmovisión al mundo. No los dejaremos llevarnos al abismo, no debemos permitir una nueva era de oscurantismo.

Este no es un llamado de guerra. Es un llamado a defender el derecho a ser humanos. Lo que nos diferencia del resto de seres vivos es nuestra capacidad cerebral y la única forma en que podemos vivir sin dejar de lado nuestra humanidad es usando nuestra capacidad de raciocinio sin miedo ni dudas, sin que los antiguos temores de un distante pasado nos remuerdan la consciencia, y nos arrastren a una ignominiosa caída. No podemos volver al abismo de la barbarie, del que con tanto esfuerzo la humanidad emergió hace tanto tiempo.


¿Podemos tener fe en ese libro?

Si dudamos de la veracidad de la biblia, la revista nos dice que podemos comprobarla si la conocemos. Y como es obvio, la única forma aceptada por los creyentes de conocer la biblia y entenderla es mediante la guía del espíritu santo. Cualquier toro método es inválido para tal fin. De forma que, para entender la biblia, antes hay que creer que es cierta. Creer para leer y creer para entender. ¿Algo de esto les suena a prejuicio, parcialidad y aceptación ciega e infundada, o es solo a mí? Por eso es que afirman que razonando (a partir de las escrituras, claro está) se puede “llega[r] a la convicción de que incluso cosas que no pueden verse son, no obstante, realidades”.

Para Jehová la sabiduría es casi un pecado. Es el mayor mal que alguien pueda tener, y más aún, por que es un mal deseado por muchos. Pero si supuestamente él es el origen del saber y es capaz de otorgarlo, y sabiendo que el saber que otorga no puede ser el que desprecia, pregúntense: ¿Qué tipo de sabiduría acepta este dios? ¿Cuál saber, cuál conocimiento es el que otorga? La respuesta la da la misma biblia:


Proverbios 2:1 Hijo mío, si recibieres mis palabras,
Y mis mandamientos guardares dentro de ti,

Proverbios 2:5 Entonces entenderás el temor de Jehová,
Y hallarás el conocimiento de Dios.

Proverbios 2:6 Porque Jehová da la sabiduría,
Y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia.

Proverbios 2:7 El provee de sana sabiduría a los rectos;
Es escudo a los que caminan rectamente.


Este es el conocimiento que da. Un conocimiento vacío. La mismísima encarnación de la nada. La hipostatización de lo abstracto alguna sin razón para hacerlo. La locura hecha saber. Y para el gran final, escriben un párrafo que deberían, si fueran intelectualmente sinceros, aplicar a ellos mismos:


"…no es una falta de respeto examinar lo que uno cree para demostrarse a sí mismo que su forma de pensar está de acuerdo con la Palabra de Dios (Romanos 12:2). La Biblia nos aconseja: 'Prueben las expresiones inspiradas para ver si se originan de Dios' (1Juan4:1).” (¡Despertad!, Enero del 2011, página 29)"


Es increíble ver un caso en el que el proceso de doblepensamiento esté tan avanzado como para no darse cuenta que todo lo que piden a otros podría aplicarse igualmente a ellos. O tal vez lo saben, pero como son “la religión verdadera” o “el esclavo fiel y discreto”, no necesitan ensuciarse las manos ni las mentes con razonamientos humanos, pues son sabiduría mundana, algo que su dios destruirá.

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lunes, noviembre 01, 2010

Por qué soy ateo

Luego de largo tiempo he querido hacer un paréntesis y mostrar algo de mí. Casi a todos los ateos se les ha interrogado por la o las razones por las que no creen en ningún dios. Esto es casi una confesión, una apertura de parte de mi verdadero ser, una muestra de mi yo. Es un relato de lo que soy y por qué lo soy, y sobre todo cómo he llegado a ser lo que soy y a ser quien soy. En modo alguno esto se asemeja a una experiencia religiosa de desconversión traumática, ni tampoco a un lento caminar, errante y ermitaño, en busca de un sentido de la vida. Es mas bien el cómo evitar ser creyente en una sociedad que casi por completo te lleva a ser poco más que un número, sea para fines políticos (ciudadano mayor de edad) o religiosos (feligrés, en el que en todas la edades sirve, en especial en la juventud. No por nada los llaman “pescadores de hombres” –aunque suene manipulador o gay–). Y como cuanto mayor es el número, mayor es el sentido y sentimiento de masa, por lo que esta también es la historia de cómo evité formar parte de la masa.

Este post se podría haber llamado de cualquier otra manera, que para el caso da lo mismo: “Por qué no soy cristiano” (muy a lo Bertrand Russell, pero y había usado ese título en otro post), “Por qué no soy teísta” (al estilo del llamado “ateísmo vergonzante” o agnosticismo), “Por qué no creo en dios” (con minúscula, pues no es nombre propio, y aunque la RAE lo reconozca como una forma de llamar al dios cristiano –y por ende se le tenga que poner mayúsculas– en realidad es solo uno de los tantos errores que se cometen en nombre de la fe, la tradición y la cultura cristianas; además esta oración implica sin pruebas que la negación de dios también es una creencia, concepto totalmente equivocado pero muy popular y utilizado por el lobby cristiano), “Por qué niego a dios” (negación escéptica), “Por qué afirmo la inexistencia de dios” (pregunta que probablemente haría un agnóstico más que un creyente, intrigado por el sustento de tamaña afirmación –afirmación de segundo grado o condicionada, en este caso por Onus Probandi y el principio de primacía del escepticismo, que entre muchas cosas nos dice: ‘Lo que se afirma sin pruebas puede rechazarse sin pruebas’–), “Por qué no soy uno de los ‘perros infieles de occidente’” (muy al estilo musulmán, y lastimosamente no lejos de su verdadero sentir contra nosotros), o “Por qué estoy ateo” (como leí a un pastor en una publicación cristiana, diciendo que el ateísmo es un estado pasajero y/o ‘curable’, comparándolo literalmente con una enfermedad o un estado de ánimo). Todas estas formas de decir lo mismo divergen ciertamente, en algunos casos mucho, pero todas tienen el mismo sentido: Explicar por qué no creo en lo que la mayoría ha dado a llamar “la única fuente de felicidad y de verdad absoluta”. Ahí les va:

Nací como casi todos, en una familia de corte católico. Mi padre proviene de una familia muy devota, mientras que mi madre es todo lo contrario, siendo mi abuelo materno un maestro masón, y por ende muy estudiado y erudito. El jamás se conformó con las explicaciones religiosas y fue uno de los que nos inculcó el hermoso y útil amor a la lectura. Podría decir que es agnóstico de corte ateo, aunque en algunos aspectos encaja más como ignóstico. Mi abuela materna es inconformista religiosa, nunca se inclinó hacia los cultos ni ceremonias, y a pesar de su creencia católica jamás fue de llevarnos a misa ni nada parecido. Mis abuelos paternos son bastante católicos, así como mis tíos por parte de padre. No son puritanos, pero sí muy creyentes. Pues bien, esa influencia era muy diversa, pero como pasamos mayor tiempo con la familia de mi madre que con la de mi padre, ergo se me pegó parte del carácter de mi abuelo paterno. Aparte de eso, la familia de mi abuela materna variaba entre católicos, adventistas, mormones y cristianos en general. La familia de mi abuelo tenía cierta rama judía, y nunca conocí a un musulmán en la familia. Esa es toda la variedad religiosa a la que fui expuesto desde el llamado “núcleo de la sociedad”.

Mis comienzos en el descreimiento comenzaron a los pocos años de vida. A los 8 años, si mal no recuerdo, le pregunté a mi papá de dónde había salido el dios cristiano (obviamente no con estas palabras, sino literalmente “Papá, ¿de donde salió Dios?”). “Apareció de una varita mágica” me dijo. Y le pregunté de donde había salido la varita. “Siempre existió” contestó. Extraña respuesta, poco ortodoxa, bastante herética y un completo flatus vocis, pero ahí terminó la conversación.

Luego, entre los 8 y 10 años mi hermana y yo hacíamos elucubraciones extrañas sobre el mundo espiritual: Creíamos que los santos podían volverse dioses si reencarnaban lo suficiente y evolucionaban su alma, que el dios cristiano podía ser un extraterrestre o un desconocido ente ultradimensional, etc. Entre los libros que leíamos estaban de todo. El primero que leí (completo) fue “La naturaleza inacabada”, que hablaba sobre evolución y biología, y “El telar mágico”, que se centraba más en el tema evolutivo, pues el primero entraba más en el ámbito de la genética. A los 10 años cumplidos me bauticé como católico por deseo de mi padre, y como en ese entonces no tenía poder de veto, no hubo nada que hacer.

Como entre los 11 y 12 años mi mamá nos llevó a mi hermana y a mí (aún no había nacido mi hermano menor) a un tour religioso: Fuimos a diferentes iglesias, nos informamos y conocimos sus creencias. Fuimos a algunas muy insistentes como la de los mormones. Conocimos varios grupos cristianos, muchos en realidad. Conocimos a los testigos de Jehová por su predicación cotidiana, mi abuela siempre les cerraba la puerta, mientras que a mi abuelo siempre le dejaban sus revistas. A esa edad ya empezaba a dudar de la religión, y sobre todo del concepto de dios. Nunca fui religioso, solo iba a misa por obligación (cuando nos visitaba mi bisabuela, muy anciana y de delicada salud, se alegraba de que la acompañáramos; cuando moría un conocido de fe católica; entre otras situaciones extremas). A esa edad no solo dudaba seriamente de la religión organizada (aunque no es sino hasta ahora que soy anticlerical) sino del concepto de dios, el cual me parecía superfluo y muy chapucero. Siempre me pareció que dios, tal como se lo figuran en la biblia, es demasiado parecido al hombre como para ser realmente un ser divino. Es demasiado humano. Uno esperaría una muestra de sabiduría infinita y no una sanguinaria sed de venganza, cual si fuera un indio tribal. Y esa es exactamente la imagen que tenía, según todos mis estudios, del dios cristiano.

También conocimos muchos cultos de extremo oriente. Entre ellos destacan los Hare Krishna, los cuales son vegetarianos y extraños. Aunque no me sorprendió la diferencia cultural, me pareció extraño el hecho de que se sacrificaran (o santificaran) los alimentos antes de comerlos, para ofrecerlos a Kríshna. Le pregunté al sacerdote, pues me dijo que eso se hacía y que así la ofrenda llegaba a Kríshna, que cómo es que comía Krishna, pues solo se podían comer vegetales, y sus acólitos eran relativamente pocos. Pensaba que tal vez ese dios tendría hambre y ganas de un buen bistec. El tipo se rió y me dijo que Krishna tenía más vegetales para comer que los que se le sacrifican. Y me pregunté: “¿Entonces para qué se le sacrifican vegetales?”.

A los trece años entré en la secundaria. El año anterior se daba el curso de religión (obligatorio en todo el país) por un profesor que enseñaba historia de la religión. Tuve la mala suerte de que cuando comenzó el año académico cambiaron al profesor el párroco de la localidad, por lo que se nos enseñaba únicamente religión católica. Nada de historia del cisma, la reforma, la contrarreforma, Lutero, Calvino, albigenses, catrujenses o cátaros, valdenses (también llamados anabaptistas o bautistas, que sobreviven hasta hoy) monofisitas, arrianos (como los testigos de Jehová), nestorianos (como los musulmanes), etc., que tuve que aprender por mi cuenta. En ese curso confirmé lo que ya sabía: Que era ateo. Dicha confirmación vino en la forma de una fotocopia, en la que estaban las 5 vías de Aquino. Las leí y las encontré incoherentes, ridículas, ilógicas y fácilmente refutables. Desde ese entonces siempre me presentaba como ateo, pues desde un poco antes lo era, pero tenía que saber si efectivamente los supuestos argumentos de la fe eran convincentes, fuertes o por lo menos no tirados de los pelos. Y mi sorpresa fue grande cuando me di cuenta que todo lo que había pensado ya lo habían pensado otros grandes pensadores de la historia, e incluso de la misma forma que yo. ¡Qué puedo decir!, siempre fui muy intuitivo, y mi mente es muy matemática (participé en varios concursos escolares de matemática y lengua a nivel regional), de modo que fácilmente encontré las incoherencias, peticiones de principio y supuestos indemostrados en los dogmas religiosos y en los que afirmaban no serlo. A los 13 años ya me sabía ateo, y no hubo en ello ninguna conversión forzosa, ninguna revelación sobrenatural ni ninguna experiencia traumática, solo pasé de ser católico forado y no practicante a escéptico básico (jamás pasé por la etapa del agnosticismo ni del ignosticismo), y luego a ateo convicto y confeso.

No hubo milagros, pero sí coincidencias interesantes. En la secundaria mi hermana conoció a un chica budista, la cual nos habló de su religión y nos interesó mucho. Me enteré por ella de la filosofía budista como realmente es, no como la pintan quienes ignoran tan admirable religión, de gran valor e integridad intelectual. Bud, un príncipe que buscó el conocimiento, me recordaba a mí mismo, y descubrí que al igual que yo había llegado a la conclusión de que este universo no había sido creado, sino que había evolucionado; que los dioses no eran mas que inventos de la gente que representan las fuerzas de la naturaleza y las “funciones de la vida”; que la gente siembra lo que cosecha (la ley del karma aplicada a escala antrópica y física); que no existe un espíritu inmortal (el concepto de reencarnación budista no es el mismo que el hindú); que no debemos creer en nadie solo porque lo diga, pues Buda mismo dijo que no deberíamos creer en nada de lo que diga si aquello que dice no es lógico y está de acuerdo a nuestro sentido común ni a nuestro razonamiento (el budismo supone, a diferencia del cristianismo, que el individuo es perfectamente capaz de tener una vida feliz y próspera sin necesidad de recurrir a lo sobrenatural, menos aún a seres divinos. Todo esto está escrito en el “Sutra de los Kalamas”, parte del Sutra del Loto); que incluso debemos rechazar lo que dice si las evidencias señalan lo contrario (uno de los tres pilares del budismo: la fe, la práctica y el estudio, este último incluye todo tipo de estudios y los métodos para confirmar la veracidad de lo estudiado); la aceptación de que todo es material y hecho de materia y energía (todos los estados de conciencia del budismo son estados psicológicos, nada inmaterial en el sentido de sobrenatural), etc. Todo esto jamás encajaría en el cristianismo, donde el ideal no es ser mejor como individuo ni vivir feliz y pleno, sino la obediencia, la rendición de la voluntad y la extinción de la individualidad, el pensamiento y todo lo que constituye a una persona en beneficio de un supuesto creador amoroso, pero que sin embargo te envía al infierno si no cumples hasta el más mínimo detalle de lo que el quiere que hagas.

Conocer esta filosofía me abrió las puertas a un nuevo mundo de pensadores que, si bien alguno no me eran desconocidos, me fueron mas familiares y mas fácilmente comprensibles, ahora que podía conocer de cerca el contexto y la cultura de aquella zona y de aquellos tiempos. Demás está decir que he leído es Sutra del Loto (muchas partes), el Bhagavat-Gita (parte del Srimad-Bhagavatam, que leí parcialmente pues la traducción de los clásicos hinduistas y budistas al español es escasa, esto por motivos de idioma –sánscrito y pali, lenguas actualmente muertas y difíciles de traducir sin perder parte del sentido original del texto–). Obviamente también leí la Biblia y conozco algo del Corán (ambas las tengo en formato digital, así como el Sutra del Loto, que conseguí hace relativamente poco tiempo). Aprendí que Buda no era un dios obeso que se rascaba la barriga par conceder milagros o aparecer dinero, visión occidental que corresponde al Buda chino, el cual es una mezcla de el Buda original con sus antiguos dioses.

Luego de eso, a los 15 años (iba a cumplir 16) viajé desde Perú, mi tierra natal, a Costa Rica, donde he vivido hasta el momento de escribir este artículo. Entrando al colegio (me faltaban 4º y 5º de secundaria) me topé con la ignorancia de un país que, para mi sorpresa, era más creyente aún que el mío (y eso que en Perú hubo virreinatos y todo eso, con lo que uno imaginaría una la cultura católica especialmente fuerte y enrizada). Subestimé el efecto “pueblo chico”. No estoy renegando del país, sino de la forma de pensar de sus habitantes. Esa fue la razón de que comenzara uno de los más penosos calvarios de toda mi vida. Resulta que un día había llevado al colegio el libro “El Anticristo” y lo leí durante el receso. Fui al baño un momento y al volver el libro (que había dejado sobre mi pupitre) estaba en manos de unos compañeros curiosos y excitados con solo leer el título del libro. Me preguntaron de qué se trataba y se los expliqué. Pero en ese entonces llegó la profesora de español y le quitó el libro a mis compañeros, y aún cuando le dije que ellos me lo habían quitado (me lo pidieron prestado luego de quitármelo, se los di y permanecieron estupefactos frente al título y la contraportada, incapaces de abrirlo) no dio vuelta atrás y para mi desgracia dijo en clase que el libro era mío, y me acusó de ser un corruptor de la juventud, un ser moral y un ateo. Un poco más y dice que soy un “perro infiel a la fe”. Ms tarde mis compañeros de clase me preguntaron por todo lo que dijo la profesor, y les dije que sí era ateo. ¡Y para qué se los dije! Corrió el rumor por todo el colegio, tanto que a los 2 días todos los quintos lo sabían, y al cabo de 1 semana todo el colegio se enteró. Todos me miraban de forma extrañísima: Unos con desprecio, otros con curiosidad, otros más con asco, otro grupo (bastante grande, casi todo el que pudo hablar conmigo) que trataba de convertirme a la fe cada 5 minutos. Tanto es así que a veces se juntaban 10 ó 15 personas a hablarme de su fe y “argumentar” a favor de la existencia de Dios. Yo me tomaba mi tiempo para refutar sus ideas, y por lo menos tres cuartas partes de los que hicieron esto acabaron odiándome o burlándose mas de mí. La cuarta parte restante más bien me veía con cierto aprecio, pues notaban que no era un ignorante, sino alguien bastante culto y preparado. Incluso, en algunos pocos casos, claro está, hizo que se acercaran a mí las chicas (además de mi condición de extranjero, que les atraía también), pero por igual me impedía llegar a algo con ellas, pues por hablar de unos pocos ejemplos, una era judía mesiánica (y menos mal que me salvé, pues luego me enteré que era de esas que cambian de novio más rápido que de ropa interior), e intentar algo con ella hubiera sido un error por 2 razones: 1) Ella tenía novio (cosa que me enteré después), y 2) hubiera sido repetir la historia de Nietzsche y Lou-Salomé. Aunque ella nunca me gustó, mis compañeros maliciosamente inventaron chismes míos con ella, y a pesar de que ni siquiera nos hablábamos eso no hizo mas que empeorar el problema. Ahora además de ateo era un depredador sexual. Y todo por ser ateo, o sea, sin moral (casi todos pensaban así).

Bien, volviendo al tema de la profesora y el libro, mi madre tuvo que ir a la dirección y reclamar (aún era menor de edad, así que ni caso me hacían), con lo que consiguió que me devolvieran el libro y poner en cintura a esa profesora. Esa fue la razón por la que durante toda mi estancia en ese colegio me quitó puntos injustificadamente en los exámenes. Fue por ella que no obtuve un promedio perfecto, pues mis demás calificaciones eran superiores al 95% de ciertos. Aún con todo, mi promedio general ponderado era superior a 90, por lo que pude obtener una beca en la universidad. Por buenas calificaciones las universidades me ofrecieron buenas becas, pero pudieron haber sido mejores.

También tuve problemas con otros profesores, en especial mujeres, que tenían un terrible mal hábito que parece solo a mí molestaba: Leían la biblia a todo pulmón en horas de clase. Y lo peor es que no era en clases de religión (de la que no puede eximirme por mi condición de ateo, sino porque mi madre hizo una carta que decía que era budista. Era la única forma de saltarme religión. Era un abuso de poder y una injusticia aparte, pero ya estaba demasiado cansado de los líos para ese entonces), ¡sino de química! ¡Qué va! Mi estancia en el colegio en Costa Rica fue un calvario.

Ya en la universidad las cosas no fueron demasiado diferentes, pero sí más esporádicas. La peor experiencia la tuve hace relativamente poco, cuando una profesora muy devota (llevaba a clases un crucifijo plateado gigantesco, collares de Jesús, la virgen y varios santos, así como otros artículos religiosos de gran tamaño) se enteró de mi ateísmo, y empezó a tratarme diferente, discriminarme en la entrega de proyectos, revisiones de avances de trabajos, asesorías, explicaciones, entre otros. Mientras que a los demás alumnos los trataba bien y no les negaba atención académica, a mí me la negó, y cuando me la dio no era de la calidad requerida, sino unas rápidas consultas mientras caminaba cuando mis consultas requerían de profundidad en la explicación. Su facilidad de abstracción en la explicación de cosas complejas y su habilidad para tornar banales las cosas que no lo son me enervaba en sobremanera. No había mucho que hacer. Por culpa suya tuve problemas académicos, y cuando le pregunté sobre el porqué de su actitud hacia mí, me dio a entender que no le caía nada bien. Más que dar a entender usó palabras bastante literales y fuertes que obviamente no pienso repetir.

La última y peor experiencia la tuve con mi última novia, en la que su familia no me ve nada bien. Ellos son cristianos, y como tal tratan a todo aquel que no lo sea como trató Jesús a los que no lo oían: Muy a lo “serpientes, raza de víboras. ¿Cómo escaparán del fuego eterno?”, o a lo “Quien no está conmigo, contra mí es”. No hay nada que agregar.

Superé hace unos años la veintena, y sigo siendo ateo. Hay quienes dicen, basados en no se qué, sus esperanzas tal vez, que el ateísmo es la antesala de la perfecta fe. Que es un estado por el que pasan muchos, y que al final vuelven a creer, y quien no lo hace es una especie de retrasado social y moral. Cierran los aojos a la verdad: El ateísmo existe, y por más que quieran negarlo, los ateos seguiremos existiendo. Seguiremos ocupando espacios públicos, seguiremos estando entre todos, luchando por un mundo menos dogmático, supersticioso y salvaje. No cejaremos en el empeño de liberar a la sociedad de imperativos categóricos surgidos de miedos atávicos y creencias primitivas carentes de todo bello y valioso que como especie hemos logrado. No dejaremos que derroten al humanismo y a la libertad con el látigo de la fe ciega e irracional. Jamás dejaremos de luchar, por los derechos de todos y de nosotros mismos, por el derecho a ser como somos, a ser quienes somos y a estar felices y orgullosos de serlo. Ahora sé que jamás dejaré de ser ateo, pues es lo que soy, es parte de lo que soy. Es una consecuencia de ser intelectualmente honesto y de tener un intelecto ágil y de inclinación científica, así como un temperamento poco tolerante a las inconsistencias y las imposibilidades sustentadas únicamente por la fe. Jamás dejaré de ser lo que soy.

lunes, septiembre 27, 2010

Una cruzada en contra del ateísmo, del escepticismo, la libertad de expresión y el libre examen

Hoy me he topado con uno más de los tantos enemigos de la razón. Sin lugar a dudas, ellos aseguran ser los elegidos, los avatares de un nuevo mundo, los fieles y discretos ayudantes de su magnánimo hacedor. Estoy hablando de los testigos de Jehová. En su portada de noviembre atacan lo que consideran un grave mal en el mundo: El ateísmo. Desde sus coordenadas, que mal podrían calificarse de filosóficas, menos aún de científicas, despotrican contra lo que casi todas las religiones consideran el mal mayor, el más grave de los pecados contra la fe, la vida, la verdad, la ética y la moral. Tanto es así que en la catequesis católica califican el ateismo como un pecado imperdonable causal de excomunión.



En este número de ¡Despertad! se hace un mal disimulado llamado de aversión y repudio a una filosofía de vida que, por lo que puede leerse en la revista y deducirse de conversar con sus predicadores, desconocen por completo, relacionándolo espuriamente con el hedonismo, el relativismo, el postmodernismo, el nazismo, el comunismo y las masacres tipo Texas o Columbus (como ignominiosamente también hace Ratzinger). Posteriormente también hablaré de las incoherencias y las infamias de este personaje, de las que si no se lo tratara con las honras de un jefe de estado, se lo podría procesar por calumnias, daños y perjuicios, además de encubrimiento criminal (complicidad, obstrucción de la justicia y asociación ilícita para delinquir).

Veamos ahora los diferentes aspectos desde los que la revista trata el tema del ateismo, y como influye en la mente de las personas, instigándolas al desprecio, la aversión, el odio y el temor contra los ateos, comunidad (si es que se la puede llamar así) bastante desprestigiada y despreciada por factores que nada tienen que ver con su ideología (pues a diferencia de las creencias religiosas o fanatismos de cualquier tipo no incita a ningún mal) ni con su praxis (pues los ateos son personas comunes y corrientes, despreciados por su falta de creencias –que la mayoría de la sociedad considera indispensable para un correcto vivir y para tener algún tipo de código ético y moral- que por cualquier otra cosa). Esta revista puede verse en esta pagina y descargarse AQUÍ.

Este tema comienza en la página 3 de la revista, poniendo en duda las ideas de los partidarios del nuevo ateísmo, calificándolas sibilinamente de erradas, sesgadas, parciales y fanáticas. No lo dicen, pero se deduce de la lectura de la revista su opinión. Hipocresía pura y dura.

En la página 10 comienzan con los temas esbozados en la página anterior: El (según ellos) infundado descrédito de la religión por parte del ateismo (por irracional, entre otras cosas); el (según ellos también infundado) deseo de los ateos de propagar sus ideas, tal como las demás personas propagan las suyas con mucho menos tino, y como hacen los religiosos con mucha mayor agresividad, desfachatez y todo tipo de autoconferidas (así como socialmente celebradas y aceptadas) indulgencias.

Comienzan con la historia de Anthony Flew, un ex-ateo que durante mucho tiempo fue un gran defensor del escepticismo, el ateísmo y la razón. A diferencia de lo que falsamente asumen los Testigos de Jehová, él no se convirtió en teísta sino en deísta, por lo que su pretendido abandono del ateísmo no es tan estridente ni tan escandaloso como pretenden hacerlo pasar. Tampoco es un abandono real, pues como dijo un entendido: “El deísmo es solo un ateísmo cortés”. A diferencia del teísmo, el deísmo solo comprende la aceptación de un principio creativo, no de un ser creador personal, hacedor de milagros y coleccionista de prepucios. El deísmo encaja tanto para un creador despreocupado como para una fuerza abstracta o un manifestación cósmica que cabría en la definición de “inconsciente colectivo”.

Luego confunden lo que Einstein y otros científicos, de forma poética, llamaron “la mente de Dios”. Es bien sabido que Einstein también dijo “Dios no juega a los dados” con relación a un concepto de física. Y es imposible que se refiriera literalmente a Dios cuando hablaba de física, pues sino él hubiera tenido graves problemas de disonancia cognitiva, que evidentemente no tuvo. Cuando los científicos usan expresiones así se refieren a que el universo no existe por completo al azar, sino que por lo menos a nivel de la física clásica existen leyes que se cumplen. Estas leyes se erigen como pilares del estudio del cosmos producto de la probabilidad, pues a nivel cuántico parecen desvanecerse todo tipo de reglas tanto para la energía como para la materia. Pero la aceptación de orden y complejidad no son sinónimo de aceptación de diseño. Y no todos los científicos aceptan la hipótesis de un dios creador. Es más, la simple mayoría de los científicos, y la aplastante mayoría de los científicos de élite rechazan esta idea, lo que debería decirnos algo entre la correlación de inteligencia y religiosidad, moral y religiosidad, así como entre los campos de estudio y la creencia religiosa de quienes abarcan estos campos. Pero los Testigos de Jehová (llamados TJ’s en lo sucesivo) incurren como de costumbre en tergiversaciones e intencionadas malinterpretaciones con el fin de confundir, manipular y acumular referentes que, en un ejercicio de la falacia ad populum, ad numerum y argumentum ad autorictas, reflejan el grado de honestidad intelectual y amor a la verdad que tanto reclaman para sí como propiedad exclusiva de su secta.

Posteriormente continúan con las tergiversaciones comunes y consabidas, que a nadie medianamente informado sorprenden: Que un universo emergido de la casualidad no es lógico ni “satisface el intelecto”, cosa que es cierta, pero no informando que en realidad nadie afirma eso; que lo diseñado exige un diseñador (obviedad insustancial e innecesaria que a nivel cósmico no se sostiene, pues confunden nuevamente complicado, complejo y ordenado con diseñado). Luego insisten en la vieja falacia de que el ateísmo es una fe, y por lo tanto comparable (y con menos valor aún) con la fe religiosa. De seguro habrá quien sí crea que todo surgió por azar, pero extrapolar eso a todos los ateos (ellos ni saben que es lo que piensan los ateos, ¿Cómo se atreven a hablar desde la ignorancia?) es muestra de una supina ignorancia y un irreprimible odio visceral, así como de un deseo irreverente de no querer saber y no sentirse avergonzado de la propia ignorancia. Pero qué se puede esperar de quienes consideran que “el conocimiento del mundo es vanidad”, y que al hombre “no le corresponde dirigir su paso”, cual si fuéramos todo miserables pecadores urgentemente necesitados de la divina redención. Y si no tenemos conciencia de nuestra “necesidad espiritual”, estamos condenados, a menos que admitamos ser culpables de los supuestos pecados cometidos por los ancestros legendarios de una tribu de polvorientos nómadas ignorantes y sádicos salvajes de la edad de piedra. Vanidad de vanidades es el saber.

Como buenos creacionistas atacan también a la teoría de la evolución, confundiéndola vilmente con la de la abiogénesis, y culpando a la primera de no responder a los interrogantes de esta última. ¿Y con esto pretenden refutar las pruebas y el método científico que valida a la TEB? Sí, además de algunos espurios testimonios de científicos (de dudosa reputación, pues no dicen sus antecedentes ni su posición ideológica al momento de emitir dicha opinión; ni tampoco si están tomando, como de costumbre, frases fuera de contexto). Antes usaban mucho (y usan aún en sus libros) a Michael Behe como la penúltima autoridad en el tema (solo por debajo de Jehová, claro está). Ahora el científico elegido para tan infame impugnación a la TEB es John Barrow, que únicamente se dedica a señalar que la evolución es (a su parecer, inferido del comentario) casi imposible, sin una sol prueba que respalde esa afirmación. Solo siembra la duda y la cizaña, como el que tira la piedra y esconde la mano. Me pregunto cuáles serán las pruebas o argumentos, científicamente válidos, que sustentes tal afirmación, y por qué no han cambiado aún el paradigma científico reinante. Y no vengan con teorías conspirativas del tipo “el evolucionismo es una doctrina atea que todo lo permite y lo acepta, que justifica vivir una vida sin ética, sin moral y sin dios”, o que “los científicos, en su arrogancia, se niegan a creer en un poder superior”. Estas no son más que apreciaciones desde la perspectiva del creyente, y como tal no tienen valor veritativo alguno, pues no se enteran de lo que en verdad implica la justificación según el modelo científico, ni quieren saberlo. Es más fácil criticar que ponerse a probar los propios asertos. Así las cosas, cualquiera podría autocalificarse de científico. Con cualquier fanatismo se nota la verdad: La mediocridad siempre va en su delante.

Al hablar de información se nota todavía más su ignorancia en ciencia. El término “información” es de acuñación humana. Somos los humanos los que calificamos algo como información. También los que calificamos algo como complejo. Nada es complejo de por sí, sino que es una calificación que le damos los seres inteligentes capaces de comprender tal concepto. Además, el que el azar no pueda producir información depende de a qué llamemos azar y a qué llamemos información. Ellos confunden y asumen que azar es lo mismo que caos. Pero lo que no saben es que incluso en el caos existe el orden. Sino, deberían leer algo acerca de la teoría del caos. Y estrictamente hablando, el que del azar no pueda salir orden es algo que no está comprobado, ni es inferible ni deducible lógicamente. Es algo que, ateniéndonos a Onus Probandi, deberían tomarse la molestia de demostrar.

Según Paul Davies, los ateos “escurrimos el bulto” al negarle al universo una finalidad implícita relacionada con nuestro bienestar así como con la satisfacción de nuestros deseos, violando si es preciso todas las leyes de la física con tal de hacer feliz al hombre. Háyase visto alguna vez desfachatez más grande e injuria más abyecta en comentario de científico alguno. Sea de la índole que sea, y refiérase a lo que sea que se refiera, pocas veces he visto un comentario más simplista, ignorante e irresponsable que éste. Es interesante que alguien con carrera de ciencias no considere que el universo es diferente a nosotros, y que no tiene nada que ver con como queramos que sea, sino que es como es. El universo es inconsciente, no piensa, y por ende no puede tener un propósito. Y con respecto a la idea de un creador, es una mala versión del argumento del principio antrópico. Es común en los TJ’s el no querer usar argumentos elaborados para defender al existencia de su dios, pues eso es “filosofía del mundo”. Sin embargo, cuando les conviene cambian el cuento e hipócritamente usan estos argumentos haciéndolos pasar por inocentes pensamientos, cuando en realidad forman parte de la ciencia mundana que tanto detestan. El principio antrópico está relacionado con el argumento del diseño, y como tal es un argumento formal para defender la existencia de Dios que muchos teólogos desarrollaron hace mucho tiempo.

En realidad sorprende que digan que la postura atea se puede usar para justificar cualquier cos, cuando es al contrario: La idea de un universo creado satisface la necesidad de compañía e inteligibilidad de la mayoría de las personas, a la vez que les da el consuelo necesario al pensar que las cosas no pasan en vano, que a la larga todo estará bien. La realidad es mucho más cruda y fea que esta autocomplaciente fantasía, pero es la idea de un universo con propósito lo que anima la vida de la mayoría de la humanidad, en un despliegue de deplorable mediocridad y conformismo. Si el universo dio a luz como cúspide de toda creación a una raza de seres que en su mayoría necesitan una esperanza para no acabar consigo mismos y con su prójimo cada día, para portarse como seres medianamente razonables en el transcurso de su vida, para vivir la vida a plenitud y ser felices, sin ser capaces de darse valor a sí mismos sin recurrir a una felicidad prometida en ultratumba, que no pueden comprender la felicidad sino como un desligamiento de responsabilidades y un abandono de todo compromiso, como una plenitud ociosa y repleta de sí; si la felicidad del hombre consiste en simplemente huir del sufrimiento y de sí mismo, entonces de cierto os digo: La humanidad es una raza miserable, y este universo la parodia de algún imposible paraíso.
¿Qué la TEB parece “un principio de astrología medieval”? ¿Por eso la desprestigian, o porque no corresponde con sus principios de la edad de piedra? ¿Qué es más científico: postular una hipótesis y fundamentarla con pruebas biológicas, anatómicas, genéticas, embriológicas, etc.; o poner peros y dudas sobre las otras hipótesis, hasta decir “No se sabe como pasó, lo único que queda es decir que fue obra de un dios”?


Un mundo sin religión, ¿Sería un gran problema?

 

Un creyente que considere la idea de que sin religión estaríamos mejor probablemente sería carne para el matadero. Sus correligionarios, lejos de verlo como un precursor de la tolerancia interreligiosa y del racionalismo, lo tratarían como uno de los más peligrosos enemigos del bien que pudieran existir. Y como todo buen creyente, un TJ condenaría enérgicamente todo esfuerzo por la tolerancia hacia otras creencias o descreencias. La tolerancia y el respeto lo piden para sí mismos, pero no lo dan a otros. En la página 6 de la revista confunden los beneficios de un mundo ateo con los que se derivarían de eliminar la religión. Desconocen el concepto de laicismo, que quiere decir un estado sin posición religiosa, mas no ateo. ¿Por qué los estados deberían ser laicos? Por tres razones principales: Primera, porque un estado es una persona jurídica, y a ellas no se les aplican las creencias. Tener creencias es algo que solo las personas físicas pueden hacer, las jurídicas no.

Segunda, porque un estado representa a todos los que habitan en él, sean nacionales o extranjeros, buenos o malos, ateos, agnósticos, deístas o teístas. El estado, al representarlos a todos y por este mismo hecho, no puede tener una religión oficial, pues ésta sería representativa de todos los habitantes del país en cuestión, cosa que no puede darse. Un país con religión oficial asume que todos sus habitantes deben respetar o acatar tal o cual fe, lo que está en contra de sus derechos, de la ética internacional y de la democracia. Nadie debe ser conminado a hacer tal o cual cosa, sino se está incurriendo en el delito de coacción. Ningún país o estado puede hacer que alguien haga algo que no quiere, excepto si la negativa lesiona gravísimamente los derechos de otros (como en el caso de un asesino, al cual hay que privar de asesinar –coartar su derecho a la libertad de acción y a su privacidad– para sustentar derechos ajenos –derecho a la vida de muchos–) o si está en contra de un bien común (como en el caso de la expropiación).

Tercera, un estado confesional asume la primacía de una religión sobre otra, la cual trata con preferencia. Esto constituye discriminación positiva en su favor, eximiéndola de pagos al fisco y dándole sostén a costa de todos los contribuyentes, sean o no adherentes de esa fe, lo que también constituye coacción, además de discriminación negativa para ellos.

Los beneficios de eliminar la religión se traducirían en que habría muchísimas menos guerras (la gran mayoría tienen tintes religiosos), la gente dispondría de más dinero en lugar de regalarlo a pastores y líderes religiosos estafadores (como se desprende de los muchos problemas que tienen los pastores evangélicos y de otras confesiones con respecto a la evasión de impuestos, apropiación de inmuebles de la iglesia traspasados a su nombre, malversación de los donativos de los fieles para su propio beneficio, etc.) y criminales (los escándalos de abusos sexuales por parte del clero católico no deja lugar a dudas sobre ello), sin atentados suicidas (como los perpetrados por sectas extremistas, que sin una base religiosa podrían calificarse como simples criminales, mientras que como su sustrato ideológico es religioso son considerados como excepciones a la regla y malos exponentes de su fe). No solo sería beneficioso eliminar la religión, sino toda creencia sobrenatural e indemostrada, lo cual se traduciría en beneficios mucho mayores que los anteriormente mencionados. Ahora, nunca se ha hecho un ejercicio de expansión atea universal (sería mejor decir global), por lo que no se puede ponderar con imparcialidad lo que sucedería en este caso. Olvidémonos por un momento de las palabrerías religiosas sobre la maldad del ateísmo y consideremos algo muy importante: El ateísmo no es una fe ni un secta, no es un grupo, por lo cual lo que hagan unos ateos no es representativo ni dice nada con respecto del ateísmo, pues la idea de un ateísmo monolítico no corresponde con la realidad. Hay tantos ateísmos como ateos hay en el mundo, y tal vez sea posible agruparlos en ciertas categorías aproximadas, pero bajo el riesgo de ser solo parcialmente acertados. Por el contrario, lo que haga un creyente describe la fuerza coercitiva y directriz que su fe tiene en su vida. Lo que diga Ratzinger o el cuerpo gobernante de los TJ’s es diferente a lo que diga Dawkins, por ejemplo. Mientras que los dos primeros hablan por toda su grey, y si dice un disparate lo tienen que aceptar tal y como es, lo que diga Dawkins solo es válido para él, para quien quiera creerle o para quien encuentre correctos sus razonamientos. La diferencia es evidente.

Los TJ’s, en un ejercicio de manipulación informativa, asumen que las acciones de los jeremes rojos son representativas del ateísmo. Los nuevos ateos abogan por un estado laico y un ateísmo culto y orgánico, no estatal. Nadie asegura que un estado ateo garantizará la paz y tranquilidad, pero esto es así porque la paz no solo tiene matices religiosos, sino políticos, sociales y muchos otros; y aunque la religión juegue un papel preponderante en el origen y desarrollo de los conflictos, no es el único actor en juego. Un estado, toe o confesional, no puede garantizar nada. Eso depende de algo más que las buenas intenciones de los políticos. Requiere de compromiso, educación y cultura, de principios y educación en responsabilidades, en enseñar que cada uno es responsable de sus acciones, y que no puede separarse del mundo y la sociedad y pretender ser un ente en medio de la nada, pues esto es ser un parásito del mundo.

Por otro lado, Stalin fue un seminarista que con su ideología política intentó hacer de las suyas. Pero ésta, aunque fuera inspirada en el ateísmo (lo cual es imposible), no tenía nada que ver con éste, pues el ateísmo es una decisión personal, no un sistema de creencias. No hay mandamientos ateos, ni biblias ateas. Ateo es quien no cree en dioses. Punto. De esa simple idea no puede deducirse el matar a otro porque no piensa como uno. Sin embargo, de una creencia dogmática como el cristianismo pueden extraerse obligaciones como la predicción universal y el extender el polvo de las sandalias a quien no te oye. Estos no son invenciones ad hoc, sino extractos de la Biblia, que en general son más o menos escuchados.

También asumen que el ateísmo excusa el mal comportamiento, al negar los valores objetivos, que según ellos, serían la única guía para una vida plena, buena y ética. Pero ¿Qué evidencia existe para afirmar que los valores objetivos sean los únicos válidos para tener una buena vida? Ninguna, si tomamos en cuenta que la mayor parte de la población mundial cree en algún dios, la mayor parte de esos creyentes es monoteísta (derivado del judaísmo), y que casi nadie toma los mandamientos de su dios demasiado en serio, hasta llegar incluso a decir “lo que importa no es a quien hemos amado, sino como hemos vivido” o “creo en dios pero no soy religioso”. Una creencia sin religiosidad arraigada es tan superficial y falsa que no se puede decir válida, mucho menos que ayude a la gente a ser mejor. Ni siquiera teniendo supuestos valores objetivos estas religiones pueden hacer que sus feligreses se comporten como deberían.

Se puede decir que eso es responsabilidad personal. Pero, si es así, y si los valores objetivos de por sí no logran que la gente sea mejor, entonces ¿Cuál es el problema con el ateísmo? Este propone valores relativos e intersubjetivos, pero apegados a la eutaxia (necesidad de buen gobierno y orden social), a la empatía (cuestión biológica por la cual somos sensibles a los sentimientos, emociones y necesidades de los demás), al sentido común y a la racionalidad. El ateísmo propone un mundo en el que cada cual sea responsable por sí mismo y por los demás, que tenga un compromiso humanista con los demás, un compromiso naturalista con nuestro ambiente, y un compromiso de responsabilidad para con la realidad y la vida, única que tenemos.

Se dice que dios no es el responsable de las desgracias del mundo. Pero un ser creador que, teniendo omnisciencia, prevea todo el mal que va a haber en él, es evidentemente el responsable del mismo. Además, nada ocurre sin que lo sepa dios, por lo que si existe el mal es porque: 1) Dios lo creó, por lo que es malo; 2) Dios no puede evitarlo, por lo que no es omnipotente; o 3) No lo creó ni no puede evitarlo, por lo que no encaja con la definición de Dios dada por la cristiandad.

No hay razón alguna para pensar que el ateísmo represente una fuerza negativa para el mundo. Tampoco quienes sostienen este punto de vista han probado jamás sus afirmaciones. Es probable que sus palabras no sean mas que el eco de sus deseos reprimidos, esperando que el mundo se encargue de hacer su trabajo sucio: Desechar las creencias que no encajan con la suya, y así proliferar una vez más la degradación social, la discriminación y el desprecio.

miércoles, septiembre 22, 2010

Enemigos de la Razón, versión 2.0: Los avatares del desprecio

Me encuentro de nuevo aquí escribiendo, luego de largo tiempo de ausencia. Sucede que no tengo mucho tiempo para dedicarle al blog, pero eso no ha disminuido en nada mi deseo de denunciar a todos aquellos que se jactan de ser iluminados, hijos de dios y otras sandeces por el estilo. El día de hoy solo voy a ocuparme de unos pocos, los cuales me han llamado especialemnte la atención, y que congregan alrededor de sí grandes cantidades de gente, sea por su propio poder de convencimiento o por estar apadrinados por los poderoros de turno. Veamos quienes son:

1. Robert Sungenis

Foto: http://www.catholicintl.com/aboutus/b-robert.htm

Este señor es el presidente de Catholic Apologetics International, y coautor del libro Galileo Was Wrong: The Church Was Right, Vol. 1 & 2, comentado antes en este mismo blog. El está organizando un congreso geocentrista, con la idea de reivindicar el lugar de la iglesia catolica dentro del mundo científico, y de la biblia como libro infalible, inefable y siempre justo y correcto. Si no me creen véanlo por ustedes mismos aquí.

La iglesia católica desea poner cierta distancia sí y entre este movimiento, alegando que no puede hablar en nombre de todos los católicos, pero parece ser que su verdadero interés, además de no hacer uno de los ridículos más grande de su historia, es no enemistarse demasiado con los judíos, por las declaraciones y la postura de Sungenis al respecto, siendo el mismo llamado antisemita. Para quienes creían que la iglesia tenía aunque sea una pizca de integridad moral, pues honestidad intelectual es mucho pedir,  al momento de separarse de las declaraciones aberrantes de Sungenis, sepan que no lo hace por amor a la verdad. Nuevamente sucede como en el tiempo del nacionalsocialismo alemán, donde firmaron un concordato con la alemania nazi. Su ética no ha cambiado con el tiempo. Como muestra de esto tenemos que el mismo Sungenis le envió una carta al papa, la cual puede verse y descargarse aquí. Demás está decir el apoyo que los católicos le dan a Sungenis...veamos a continuación la noticia completa:
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Foto: http://www.galileowaswrong.com/galileowaswrong/

También dió una carta abierta al mundo, donde reta a cualquiera a demostrar la verdad del heliocentrismo, por un premio de 1000 dólares, una vergüenza en comparación con el reto Randi. Le respondieron el reto, a lo que Sungenis nuevamente dio evasivas, como era de esperarse. Pueden ver el reto y las respuestas aquí.

¿Cuánto más tendremos que aguantar estas metidas de pata de los religiosos? ¿Cuántas metidas de pata reclamarán como respetables e intocables por ser dogmas de fe, auqnue intervengan en asuntos científicos? ¿Cuánto más se puede ser descarado, sinvergüenza y caradura?


2. Terry Jones



Foto: ABC

Este particular pastor pretende realizar una quema pública del Corán, idea con la que comulgo, añadiendo eso sí bastantes biblias, libros de Mormón y otros textos aleluyos. Además pretende que no se construya una mezquita en la zona cero, de forma que se reemplace por una iglesia cristiana. Es por este tema que este señor saltó a la palestra, pero no solo de quemas de coranes vive el homo religius, sino de todo chisme que sale de la boca de...ya saben quien. Veamos la nota completa:
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Pastor en Gainsville quiere quemar el Corán
Terry Jones, pastor de la iglesia Dove World Outreach en Florida, ratificó que seguirá adelante con su plan para quemar copias del Corán. /Suministrada Suministrada 1/1 Terry Jones, pastor de la iglesia Dove World Outreach en Florida, ratificó que seguirá adelante con su plan para quemar copias del Corán durante el noveno aniversario de los ataques terroristas Nueva York y Washington, que se cumple este sábado 11 de septiembre.

El jefe de las tropas de Estados Unidos en Afganistán, general David Petraeus, advirtió que la quema del libro sagrado de Islám "podría causar problemas significativos" para las fuerzas estadounidenses en ultramar.

Pero Jones, en una entrevista con la red CNN de televisión por cable, sostuvo que Estados Unidos "enfrenta un enemigo con el cual no se puede dialogar".

"Es un enemigo al que debe mostrársele fuerza", añadió Jones quien dirige esa iglesia carismática cristiana con sede en Gainesville, Florida.

Jones añadió que la acción "no es ni un acto de amor ni un acto de odio sino una advertencia sobre la amenaza que representa Islam", agregando que ha decidido declarar el 11 de septiembre como "el día internacional de quemar un Corán".

Cientos de personas manifestaron ayer en Kabul, Afganistán, en una protesta contra la quema de copias del Corán planificada por Jones.

Petraeus indicó que "si la quema se llevase a cabo, la seguridad de nuestros soldados y civiles estará en peligro mayor y se tornará más difícil el logro de nuestra misión" en Afganistán.

Las protestas contra el plan de Jones se han extendido desde los musulmanes en Estados Unidos a los miles de personas que el domingo se congregaron en torno a la embajada estadounidense en Yakarta.

También han expresado su preocupación y su protesta contra la quema del libro la Asociación Nacional de Evangélicos, mientras que dirigentes cristianos, musulmanes, judíos e hindúes en Gainesville han organizado una "congregación para la paz" que hará una vigilia en la víspera del 11 de septiembre.
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Resulta que se le presentaron problemas, pues se supo que en Alemania ya lo tenían fichado por muchas cosas, que dicen supuestamente falsas. Pero caras vemos...y tal vez de los curas católicvos y su pedofilia no es de lo únicos que no sabemos...
 
Aquí otra nota sobre el tema:
 
 
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¿Quién es el pastor que quiere quemar el Corán?
 
Terry Jones, o más bien la acción que Terry Jones propone para este sábado, ha provocado el rechazo más absoluto de políticos y líderes religiosos en todo el mundo. El sábado se celebra el noveno aniversario de los ataques terroristas del 11-S, y a este desconocido pastor de Florida se le ha ocurrido poner la guinda a los incendiarios mensajes que se inventó hace ya un año para elevar su perfil.

Jones, de 58 años, saltó a los medios locales el año pasado, imprimiendo carteles y camisetas con la frase «El islam es el demonio». Ahora propone el «Koran burning», tres horas para quemar el corán este 11-s. «De seis a nueve de la noche», anuncia el camión donde guarda la leña para la hoguera.

«La gente ya nos ha enviado 200 coranes. Estamos listos para hacerlo y no cambiaré de opinión porque estoy convencido de que esto tiene que ocurrir», dice Jones a la cadena ABC.

El pastor reconoce que irán armados. De hecho, algunos de los feligreses que lo acompañan cada domingo en la iglesia (son en total 50 familias) también van armados. «Puede que tengamos algún problema porque nos han amenazado», comenta, añadiendo que no cambiará de idea a pesar de la petición expresa del FBI y el Departamento de Justicia.

Mensaje radical para los musulmanes

Su mensaje da miedo. «Quemaremos el corán porque necesitamos enviar un mensaje radical a los musulmanes. Y desde luego les pedimos que se sometan a nuestra Constitución». El pastor cree que el islam promueve la violencia y que los musulmanes quieren imponer la ley de la sharia en EE.UU. Jones dice entender y compartir la preocupación, «pero si no lo hacemos, la pregunta es ¿cuándo dejaremos de apoyarlos?».

Ex manager de hotel, este hombre trabajó como misionero en Europa durante 30 años y dirigió una iglesia en Alemania antes de encargarse del Dove World Outreach Center, centro cristiano fundamentalista en Gainesville, Forida. Vive allí desde 1996 y suele recorrer los 20 acres de la iglesia con una pistola a la cintura.

El polémico predicador que encendió la mecha en la red social Facebook al pedir a gente de todo el mundo que prendieran fuego al libro sagrado de los musulmanes, ha bautizado el 11-s como el «día internacional de la quema del corán», con casi 11.300 seguidores en Facebook.

«Cristo me lo pediría»

Jones está convencido de que Jesús se lo pediría. «Totalmente. Era una persona amorosa, pero también hizo cosas revolucionarias. Y mi propuesta también lo es».

Fan de Mel Gibson y su película Braveheart, cuyo poster adorna su oficina, el pastor tiene una serie de vídeos online titulados "Braveheart Show" en los que suelta proclamas y sermones anti musulmanes a una audiencia que supera las 50 familias que acuden a su iglesia. Desde 2002, cada sermón del 11-S ha versado sobre el islam y sus peligros.

Otra polémica: en agosto de 2009, dos niños de su iglesia, de 10 y 15 años, fueron al colegio con camisetas donde se podía leer «El islam es el demonio». Los responsables de la escuela los enviaron a casa por violar el código ético del centro.

Además, y según el diario Gainesville Sun, las autoridades del condado de Alachua revocaron parte de la exención de impuestos del templo de Jones a principios de este año, alegando que utilizan parte de sus tierras para sacar beneficio económico. La propiedad está valorada en más de 1,5 millones de euros.

En internet y en varios medios de comunicación ha circulado el rumor de que el pastor fue condenado por pornografía infantil. Rumores que resultaron falsos.
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Pero parece que después de todo no es tan inocente como dice:
 
 
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El pastor norteamericano que quiere quemar un Corán tiene antecedentes en Alemania


El pastor estadounidense Terry Jones, que quiere quemar ejemplares del Corán coincidiendo con el aniversario de los atentados del 11-S, tiene antecedentes en Alemania, país que abandonó en 2008 expulsado por su propia comunidad. Así lo revela, en declaraciones que publica hoy el rotativo Berliner Zeitung, Joachim Keden, antiguo responsable del seguimiento de sectas de la Iglesia Evangélica alemana en Renania, quien afirma que “Jones es el clásico dirigente sectario con un trasfondo fundamentalista extremo”.

Su sucesor en el cargo y experto en sectas, Andrew Schäfer, destaca que Jones fue condenado en el 2002 por un tribunal de Colonia a una pena de 3.000 euros por falsedad documental, al atribuirse un título de doctor que no tenía. Asimismo fue acusado, aunque nunca se llegó a un proceso, de explotación laboral de los miembros mas jóvenes de su secta y de apropiarse indebidamente de fondos de su grupo religioso, lo que condujo a su expulsión por primera vez de la comunidad religiosa que había fundado.

Su readmisión solo se produjo “después de pagar una reparación económica de cuatro a cinco dígitos”, según revela en el mismo rotativo Stephan Baar, uno de los actuales representantes de la Comunidad Cristiana de Colonia, que fundara Jones y que, según sus palabras, tiene ahora unos 80 miembros activos. “Estamos tan conmocionados como el resto del mundo”, dice Baar sobre la reacción de la antigua comunidad de Jones al conocer las intenciones de éste de quemar ejemplares del Corán con motivo del aniversario de los atentados del 11-S.


Prácticas fundamentalistas

Keden comenta que Jones y su familia se vieron obligados finalmente a abandonar la secta y Alemania en el 2008 de manera precipitada y vergonzosa y que es entonces cuando regresan a Estados Unidos y se instalan en Florida. Tras señalar que Jones llegó a Alemania en 1983, donde fundó la comunidad religiosa, Keden comenta que prácticamente desde el principio de las actividades del polémico pastor su oficina tuvo que asesorar a miembros de la secta que deseaban abandonarla.

“La gente se quejaba de severos actos de penitencia y rituales públicos de arrepentimiento y declaración de fe, sobre el miedo a Satanás y los demonios”, explica Keden, quien destaca que, en sus mejores tiempos, Jones llegó a tener un millar de seguidores en Alemania, en su mayoría familias jóvenes.

Schäfer, por su parte, comenta que, mientras Jones controlaba la secta, “tuvimos con frecuencia casos de asesoramiento a miembros de la comunidad, con muchas tragedias privadas”.


Estafaba con los muebles que recibía

“Pero nunca nadie tuvo el valor de rebelarse abiertamente contra Jones”, señala el experto en sectas de la Iglesia Evangélica, quien destaca que el final de Jones en Alemania llegó en el 2008 de la mano de un matrimonio maduro amenazado de expulsión por el polémico pastor y que hizo públicos sus métodos de trabajo.

Entonces salió a la luz que en las seis casas que la secta tenía en Colonia para atender indigentes se explotaba laboralmente a los miembros mas jóvenes de la comunidad como transportistas de muebles viejos que recibían de regalo. “Corrió entonces la sospecha de que vendía los muebles de segunda mano y que se metía el dinero en su propio bolsillo”, revela Schäfer, quien comenta que ese escándalo fue el que condujo a “su huida precipitada de Alemania”.
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¿Quién es el malo ahora: El ateo que no hace daño a su comunidad, pero a juicio del creyente es una influencia negativa para el mundo; o el creyente que en posición de poder miente y defrauda deliberadamente, mientras hay quienes lo defienden porque esta haciendo la obra del señor? Juzguen ustedes mismos.