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Ateísmo vs. Budismo vs. Cristianismo. Parte 3: La condición humana

En este artículo analizaré un tema desde la perspectiva del ateísmo, el budismo y el cristianismo: La condición humana. Como todos deben saber, los puntos de vista de cada una son completamente diferentes, y es poco probable que encontremos puntos de conciliación, por lo menos en lo que a cristianismo y ateísmo se refiere. Pero al incluir al budismo en la ecuación podemos obtener resultados diferentes. En los artículos anteriores he demostrado, usando al budismo como máximo ejemplo, que hay dos puntos muy interesantes: Primero, que no todas las religiones son igual de irracionales. Asumiendo la innegable influencia cultural, se puede extraer una buena dosis de escepticismo en algunas filosofías religiosas antiguas, lo que contribuye a que veamos el pasado como algo más que la prehistoria del mundo tecnocivilizado, así como su único pero irremediablemente vulgar y tosco prefacio. Segundo, podemos ver que el escepticismo compite con la fe desde antaño, así que la idea de que ésta es un instinto o fuerza primordial, siempre más poderosa que la razón, queda por completo destruida. El escepticismo budista, por ejemplo, limita la medida de la fe que puede ejercerse en el Dharma y la confianza a depositar en la Sangha, e incluso puede llevar a dudar de la palabra de Buda, e incluso de su existencia, sin que ello sea visto como un insulto, una ofensa ni una herejía. En este sentido, la racionalidad de la creencia se combina con elementos fideístas, y aunque esto no siempre es bueno, lo es si puede generar un debilitamiento de la fe como elemento preponderante de decisión, pues a la larga la razón tenderá a dominar por completo. Y esto es exactamente lo que hace el budismo. Pero sigamos sin entrar en un largo exordio y veamos de una vez el punto mencionado en un principio en acción:



LA CONDICIÓN HUMANA


Ateísmo

            Desde el ateísmo el hombre es libre y esclavo a la vez. Esclavo de sus instintos, y por ende de la naturaleza, así como también de la materia y las condiciones inherentes a la misma. Libre por cuanto es capaz de alcanzar, en cuyo caso es capaz de escarpar del férreo control que la evolución ha ejercido sobre nosotros por largo tiempo. Ahora comenzamos a ser libres de guiar nuestra evolución hacia donde queramos o más nos convenga, y con el tiempo esa libertad irá intensificándose y extendiéndose a todos los campos de la vida. Esto significa, en palabras sencillas, que el hombre comienza a ser libre desde el momento en que toma conciencia de su naturaleza y sus limitaciones, y se propone a superarlas.

            El hombre no se encuentra sometido a la voluntad ciega y dictatorial ningún dios, sino que es libre de elegir su destino, conforme a sus propias luces y a su grado de desarrollo sociocultural y psicoemocional. No es un ser atrapado en un plano donde el sufrimiento es ley, sino que el sufrimiento y la felicidad son cosas que debe construir por sí mismo, y de su propio esfuerzo depende cuán feliz o desdichado pueda llegar a ser.

            La vida del hombre es limitada. Como todo ente natural estamos sujetos a la extinción, y con ello, al final de nuestra consciencia. Nuestro yo desaparece con la muerte, pero esto no debe ser objeto de temor excesivo. Si bien en las etapas tempranas de la vida, conforme pasan los años uno se da cuenta que la perspectiva de eternidad es una extensión injustificada de los miedos y las debilidades de ciertas personas, que da la casualidad y mala suerte que son mayoría, y por ende controlan los medios y las esferas del poder (no por su poder numérico solamente, sino más importante aún, porque de entre ellos emergen los gobernantes, ya que su proporción mayoritaria hace que sea más probable que ellos alcancen el poder). Aunque fuera posible que el hombre alcance la eternidad, o por lo menos una gran longevidad, la extensión de la existencia no solucionaría los problemas esenciales del hombre. Solo mediante su desarrollo personal, la concientización de la naturalidad de su naturaleza, que no es un ser especial, sino un animal más, y que por ende que aprenda a ser respetuoso y humilde cuando debe (pues por falta de esta virtud se ha dejado el planeta casi en ruinas), y que cuando haya que serlo se vea al mundo como un lienzo en blanco, en el cual podemos dibujar lo que queramos. El universo entero está lleno de materiales a nuestra disposición. Y nosotros, si queremos sobrevivir, deberemos volvernos una especie científica, y aprender a aprovechar lo existente como materiales e instrumentos útiles, sin darles algún significado diferente ni más especial del que merecen. El universo no es un gran ente vivo, sino una bodega, una reserva esperando ser explotada adecuadamente. Una mina de oro, si el ejemplo cabe. Y somos nosotros, como entes inteligentes y habitantes de este universo, los responsables de aprovechar esta materia prima para dar vida a nuestros deseos.

            En cuanto podemos controlar y modificar nuestra naturaleza y lo que está a nuestro alrededor, en esta medida somos libres. En cuanto podemos ser conscientes de nosotros mismos y elegir hacer lo bueno a lo malo, lo útil y constructivo a lo destructivo, lo conveniente en lugar de lo perjudicial, en esa medida somos libres. En cuanto somos capaces de dar un sentido a nuestras vidas, de definir lo bueno y lo malo, en cuanto tenemos la capacidad y el valor de tomar las riendas de nuestro destino, y no dejarlo al viento o a la ciega y advenediza voluntad de algún dios, en lo que podamos ser dueños de nosotros mismos y responsables al mismo tiempo de las consecuencias de nuestras acciones, en esa medida y en ese momento seremos auténticamente libres. Así las cosas, el ateísmo es una perspectiva de responsabilidad personal y social, donde no podemos esconder la cabeza bajo tierra, esperando que un ser supremo resuelva nuestros problemas.

El ateísmo es una ideología de compromiso, al no dejar duda de la inexistencia de los dioses, y por ende de la materialidad de nuestra existencia, lo cual nos hace conscientes de que si queremos vivir bien hace falta mucho más que rezar y regocijarse en la complaciente suavidad de la pereza y la inacción, hace falta el compromiso de cuidar nuestro rincón del espacio y proteger a todos los seres vivientes, pues después de todo, no somos mejores ni tenemos más derecho a existir que ningún otro. Y tal como ahora somos la especie dominante, después podrá serlo cualquier otra, lo que nos quita el ego, la arrogancia y el orgullo, pues las razones por las que triunfamos evolutivamente pueden luego volverse en nuestra contra y definitivamente no son exclusivas de la raza humana. Un extraterrestre tecnológicamente desarrollado lo sabría, y si estamos conscientes de que tal vez no seamos los únicos en el universo, también debemos saberlo.

            En resumen, en el ateísmo el hombre solo es verdaderamente libre cuando deja tras de sí la ominosa cadena de los dioses, cuya supuesta existencia ha sido el mayor lastre que la imaginación, la necesidad, la conveniencia y las disonancias cognitivas han podido crear. El hombre no está atado a un destino, y puede llegar a ser tan feliz como se lo proponga. Pero eso sí, debe admitir que es completamente responsable de sus actos, y que si hace algo mal deberá vivir con la culpa  pagar las consecuencias. La perspectiva de naturalidad lo hace consciente de que no somos mejores ni peores que ningún ser vivo, lo que estimula la protección del ambiente, así como la compasión y la paz social, al entender que solo humanamente se pueden resolver los problemas de la existencia. Un ser inmaterial no tiene nada que decir ante problemas que escapan a su naturaleza. Somos nosotros los únicos responsables de nuestra felicidad y de vivir bien, por lo cual lo mejor es colaborar para mejorar el mundo en que vivimos, propiciando el reforzamiento de los lazos sociales y mejorando la sana eutaxia, pues es algo que conviene a todos.


Budismo

            En el budismo nuestro mundo es denominado “Saha”, que significa mundo de sufrimiento. Se lo ve como pasional y primitivo, sujeto a los más grandes sufrimientos: La vejez, la enfermedad y la muerte. Para hacer honor a la verdad, “Saha” es el nombre de nuestro plano de existencia, que califica no solo a nuestro planeta, sino a todos los que existían en el mismo plano material. El hecho de que el hombre sufre y el mu8ndo es un lugar de sufrimiento es la base de su doctrina y su cosmovisión, y sin ella ésta se derrumba. ¿Por qué? Porque la idea de que podemos superar el dolor y el sufrimiento del mundo material es la base de su pensamiento. Éste es el motivo del advenimiento del Buda, su peregrinación, sus sermones, su vida y obras.

            Por un lado, esto es una perspectiva algo deprimente, pues un mundo supuesto malo de antemano no es algo muy esperanzador desde donde partir. La novedad es que el método que da para desasirse del sufrimiento no es sobrenatural, sino natural, material y humano. Dice que todos somos capaces de superar el sufrimiento y el dolor, y se despoja de los exclusivismos con que los maestros se veían a sí mismos. También del velo cuasisagrado del que se revestían estos hombres, los que llegaban a trabar una relación de dios-hombre con sus discípulos, y cuya supuesta divinidad de sus revelaciones los hacía copartícipes del poder trascendental. Aunque no podía esperarse completa imparcialidad de una religión, su doctrina del empoderamiento humano y su capacidad de cambiar su destino revolucionó el panorama religioso de la época. Aunque en ese tiempo había una multitud de sistemas ideológicos que daban al hombre el control de sí mismo, e incluso negaban completamente a los dioses, ninguno de esos sistemas filosóficos tenía tanto poder dialéctico como el budismo.

            En el budismo, en la “enseñanza verdadera” (posterior a la enseñanza provisional, dictada esta última supuestamente antes de que Shakyamuni obtuviera la budeidad, mientras que la primera se da luego de su iluminación), se declara la igualdad de todos los seres, y de sexos humanos, siendo éste un temprano avance en la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, cosa extraña para la época, y que tardó miles de años para poder concretarse a nivel mundial. El cristianismo, tan alabado en occidente por su ética y moral “superior” (por su supuesto origen divino), ni siquiera contempla la posibilidad de equiparar a hombres y mujeres, y trata a éstas últimas como seres inferiores, maliciosos por naturaleza, e indignos de la salvación. No por nada en el islamismo las mujeres no heredan el cielo como los hombres. Es más, algunos afirman que las mujeres carecen de espíritu.

            En el budismo incluso los animales pueden alcanzar la budeidad. Esto es especialmente interesante porque ninguna filosofía anterior había incluido a los animales como sujetos de derechos o beneficios, lo cual es un adelanto de más de 2500 años en cuanto a derechos animales se refiere. En la actualidad, solo los países desarrollados están comenzando a dar verdaderos derechos a los animales, y no la triste protección que se les da hoy en día, la cual incluye tratarlos como poco más que máquinas sin sentimientos, y en caso de gran sufrimiento muchos veterinarios prefieren recomendar el sacrificio que los cuidados paliativos. Lastimosamente muchos veterinarios y personal de los ministerios de salud de muchos países no ven a los animales en el mismo nivel que el hombre. Esto se debe a la influencia cristiana en la política, y que muchos veterinarios, mal que nos pese, siguen creyendo en los dioses, lo que los hace verlos como un negocio (igual que los médicos para humanos, que han llegado a hastiarse de ver gente y los tratan como trozos de carne con beneficios económicos incluidos) y como “criaturas de dios, bonitas pero sin espíritu”, lo que antaño promovió la práctica de la vivisección y el uso de animales con fines de estudios de laboratorio (práctica que algunos países aún preservan). A diferencia de nuestra moderna mezquindad, el budismo trata a todos los seres vivos con el mismo respeto, y no hace diferencia en ninguno, porque dicha diferencia es vista como un apego a la forma, una manifestación del ego, y por ende un estorbo para la iluminación. Un ejemplo de esto lo podemos ver en el “Metra Sutra”, o discurso del amor hacia todos los seres:

[1] “Aquel que desea penetrar el Nirvana
y persigue su propio bienestar
debería ser capaz, recto, muy recto, obediente,
apacible y sin vanidad.

Debería estar satisfecho, ser fácil de 
mantener, tener pocas actividades y pocas
posesiones, controlado en sus sentidos,
prudente, sin desvergüenza y sin apego a familias.

No debería cometer la más mínima falta
que podría ser objeto de censura por parte de los 
sabios. Que todos los seres estén felices y seguros.
Que estén felices en sus corazones.

Que todos los seres que existen, débiles o
fuertes, largos o grandes, medianos o bajos, 
pequeños o gruesos, conocidos o desconocidos,
cercanos o lejanos, nacidos o por nacer, que todos los
seres sin excepción estén felices.

Que nadie engañe ni desprecie al otro
en ningún lugar; que no desee el sufrimiento
del otro con provocación o enemistad.

Así como una madre protege a propio hijo,
su único hijo, a costa de su propia vida,
de la misma forma uno debería cultivar un
corazón sin límites hacia todos los seres.

Que sus pensamientos de amor llenen todo
el mundo, arriba, abajo y a lo largo; sin diferencias, 
sin malicia, sin odio.

Parado, caminando, sentado o acostado,
mientras despierto uno debería cultivar esta
meditación de amor. Ésta, ellos dicen, es la
mejor conducta en este mundo.

Sin caer en opiniones erróneas,
virtuoso y dotado de visión,
uno elimina el apego a los sentidos y
realmente no viene de nuevo al vientre.”


Un ejemplo de esto también lo podemos ver en el siguiente pasaje del Sutra del Loto:


[2] El Buda le dijo a Shariputra:

Todos los Budas, los Así Venidos, enseñan y transforman solamente
a los Bodhisattvas. Todas sus acciones son siempre para un solo
asunto, y ese es solamente demostrar e iluminar a los seres vivientes
sobre el conocimiento y la visión  de los Budas; a los que solamente
usan el único Vehículo de Buda. No hay otros vehículos, ya sean dos o
tres. Shariputra, el Dharma de todos los Budas de las diez direcciones
es así.

Shariputra, los Budas del pasado, a través de los ilimitados e
incontables expedientes útiles, causas variadas y condiciones,
analogías y expresiones, han proclamado extensivamente todos los
Dharmas a los seres vivientes. Esos Dharmas eran todos para el
beneficio del Único Vehículo de Buda. Todos esos seres vivientes,
oyendo el Dharma de los Budas, alcanzan eventualmente la Sabiduría
de Todos los Medios.

Shariputra, cuando los Budas del  futuro, lleguen al mundo, ellos
también a través de los medios ilimitados e incontables expedientes
hábiles, las variadas causas y condiciones, las analogías y las
expresiones, proclamarán todos los Dharmas a los seres vivientes.
Estos Dharmas serán todos para el  beneficio del Único Vehículo de
Buda. Oyendo el Dharma de los Budas, todos esos seres vivientes
alcanzaran eventualmente la Sabiduría de Todos los Medios.

Shariputra, en el presente, todos los Budas, los Honrados por el
Mundo, a través de las diez direcciones en ilimitados cientos de miles
de miríadas de millones de Tierras de Buda, benefician grandemente a
los seres vivientes y les traen paz y felicidad. Esos Budas también a
través de medios ilimitados, incontables expedientes útiles, variadas
causas y condiciones, analogías y expresiones, proclaman
extensivamente todos los Dharmas a los seres vivientes. Esos
Dharmas son todos para el beneficio del Único Vehículo de Buda.
Todos estos seres vivientes, oyendo el Dharma de los Budas, logran
eventualmente la Sabiduría de Todos los Medios.


O este otro:


[3] En ese momento el Honrado por el Mundo, deseando reafirmar lo que había expresado, pronunció los siguientes versos:

Si hay un Bodhisattva,
En la era diabólica futura,
Que con una mente valerosa,
Desea hablar este Sutra,
Él debe entrar en la extensión de la práctica
Y la extensión de asociación.
Él debe siempre mantenerse aparte
De los reyes, tanto como de los príncipes,
Los grandes ministros y los oficiales
Ejecutantes brutales y peligrosos;
De los chandalas junto con 
Los externalistas y brahmacharis.
Él no debe acercarse a
Aquellos de orgullo arrogante
……….
Él tampoco debe acercarse
A los que cruelmente matan a los animales, a los carniceros,
O a cualquiera que mata por sacar producto de ello,
O a los que venden carne como medio de vida,
O aquellos que trafican con carne femenina:


Cristianismo

            En el cristianismo la idea es simple. El hombre está hecho a imagen y semejanza de Jehová, el cual le infunde un espíritu que lo hace potencial acreedor de la vida eterna. Los animales no lo tienen, por lo que al morir desaparecen, y por ende se puede hacer lo que sea con ellos, lo que incluye la masacre, la experimentación desconsiderada, la vejación, el maltrato y su muerte para diversión y disfrute del hombre. El cristianismo no prohíbe la caza, ni otorga derechos a los animales. Es más, no exige ningún respeto por ellos. Los testigos de Jehová recomiendan no encariñarse con ellos, pues son seres sin espíritu que no tienen un valor intrínseco.

            El hombre debe seguir la voluntad de su dios si no quiere ser condenado al infierno. Y a esto lo llaman libre albedrío: A elegir entre una vida de sumisión a Yavé, o una eternidad en un lugar de sufrimiento sin fin. ¡Y a eso lo llaman libertad de elegir, a poner a la gente entre la espada y la pared!

            En el cristianismo este mundo es un lugar de sufrimiento, y el cielo es la verdadera patria, la recompensa, el lugar a donde se debe volver. El destino de todo lo existente está en manos de Yavé, por lo que el hombre no es responsable de mantener ni cuidar el planeta. No por nada la biblia solo dice que el hombre debe multiplicarse y fructificar, dominar la tierra y sojuzgarla. No dice nada de respetarla ni de no depredar sus recursos. Es más, los testigos de Jehová aducen que solo su dios puede restaurar las condiciones mundiales y traer la paz, por lo que todo esfuerzo humano es vano. Otros cristianos los critican por esta y otras opiniones, pero las mismas no son ajenas a la biblia, sino su inexorable, directa, mejor y única consecuencia. La omnipotencia de Jehová da como resultado la impotencia humana, y la completa dependencia del hombre al poder de la divinidad. Esto en teoría debería liberarlo de responsabilidad alguna, pues de existir un ser todopoderoso es incomprensible la responsabilidad humana en algo que no le compete. Y como el hombre no ha pedido venir a la existencia ni tener que vivir, ergo no puede ser responsable del universo, a menos que esto no sea una responsabilidad, sino una imposición. Y por lo mismo, la existencia de un dios, en especial uno omnipotente, siempre será una ofensa del mayor calibre a la dignidad del ser humano, por no ser un ser libre, sino haber nacido como esclavo de su materialidad, de sus necesidades y de su propia naturaleza. Pero Yavé, indolentemente, hace al hombre responsable de la creación entera, y lo obliga a cargar con un peso demasiado grande. Y cuando se muestra incapaz de ello, como es patente, se enoja y lo castiga desproporcionadamente, pues una pena eterna jamás podrá hacer justicia de un mal limitado, como lo es todo lo material.



OBJECIONES A LAS PERSPECTIVAS DE LA CONDICIÓN HUMANA


Ateísmo

1.  La naturaleza meramente material y finita del hombre es triste. Éste es un criterio únicamente emocional, por lo que no constituye un argumento contra el ateísmo ni su perspectiva de la condición humana. Es producto del apego a la existencia, al yo y a lo material, así como del miedo a la muerte, es decir, una opinión basada en la debilidad y los más rastreros instintos del hombre. Por lo tanto no merece que se le preste atención.

2.  La nula importancia del hombre en el cosmos es una idea deprimente. Otra objeción emocional típicamente cristiana. Ésta se debe a la errada idea, ampliamente propalada por el cristianismo, de que la única forma en que la existencia humana puede tener valor es que se le dé un significado trascendente. Olvidan los creyentes que existe la opción de que el hombre se lo dé, y que pueda ser por sí mismo libre, pleno y feliz. Todo apunta a que podemos hacerlo, mediante la inteligencia, la ciencia y la educación. Pero esto destruiría la dependencia hombre-dios, principio del poder clerical, y      fuente de sustento de todos los arciprestes. Puede ser deprimente para quien es incapaz de vivir por sí mismo y se siente débil, incapaz y desvalido. Pero para alguien consciente de sí mismo, de su condición material y de su realidad existencial, es un estímulo más para vivir plenamente, ya que la efimeridad de la existencia la hace una de las joyas más preciosas del universo.

3.  El hombre es débil e incapaz de gobernarse a sí mismo, decidir su destino o dar propósito a su vida. Esto encaja con lo anterior, pues la cosmovisión tradicional de la fe es que sin un dios no somos nada. Nos hemos hundido en nuestra propia miseria, tratando de alcanzar una gloria irreal e inexistente, para escapar de este mundo tan lleno de sufrimientos y miserias; el lugar de ponernos los pantalones y hacernos responsables de nuestro rincón del universo, de nuestros propios actos y las consecuencias de los mismos, y esforzarnos por hacer un mundo mejor, ya por más difícil que parezca, el beneficio será tangible para nosotros y para todos. La doctrina cristiana, así como todo el teísmo y el deísmo, y por extensión toda fe religiosa, son la expresión sobrevalorada y grandilocuente de la irresponsabilidad humana. La gente quiere algo bueno y bonito, pero no quiere esforzarse por ello. La fe religiosa es, por este motivo, la expresión más abyecta de lo peor, más ruin y más inservible del género humano, al motivar la depredación, el irrespeto y la irresponsabilidad durante los siglos de los siglos.

4.  La igualdad del hombre con todos los seres vivos es ofensiva y no está comprobada, ya que la evolución está frecuentemente siendo puesta en duda. Esto solo pueden decirlo los fundamentalistas, creacionistas y fieles adláteres del diseño inteligente. La evolución es un hecho comprobado y aceptado por la comunidad científica en unísono. Otra cosa es que haya pseudocientíficos, es decir, personas con títulos universitarios en áreas científicas que expresan opiniones que nada tienen que ver con la ciencia, como sucede con los adherentes del instituto Discovery. Pero éstos individuos no pertenecen a la comunidad científica, aunque tengan títulos. Simplemente son rebeldes si causa, o mejor dicho, rebeldes, irresponsables, fatuos, y sobre todo, intelectualmente deshonestos por causa de su fe, la cual anteponen a los resultados de todo estudio intelectualmente imparcial.


Budismo

1.  La visión de mundo como lugar de inexorable sufrimiento es bastante deprimente. Es cierto, y al ser un axioma del budismo no es pasible de discusión, por lo que esta idea es completamente errada. El concepto de sufrimiento es relativo, en su extensión, significado, y sobre todo, porque depende de la existencia de seres capaces de percibirlo. La idea del sufrimiento como algo con independencia ontológica es un error. Pero la novedad del budismo, y en este sentido también de la filosofía hinduista de la época, es que abandonaba esta idea. No se veía al sufrimiento como algo ajeno e irremediable, sino como algo superable. Y es por esto que la filosofía budista, a pesar de su pesimismo inicial, se transforma radiantemente en una filosofía positiva y progresista.

2.  No está comprobado ni es lícito suponer que el hombre es capaz de superar todos sus problemas, dar sentido y propósito a su vida, ni ser feliz por sí mismo. Puede ser, pero todo indica que sí. Digo que puede ser porque evidentemente hay personas incapaces de enfrentar sus problemas o ser responsables de su propia vida. Estas personas son las más débiles de nosotros, a quienes les tenemos especial e infantil deferencia o encerramos en instituciones mentales. El punto de posibilidad en el “puede” que menciono es porque este tipo de fragilidad mental es susceptible de extenderse por la población por múltiples motivos, siendo uno de los más poderosos la filosofía cristiana. Pero en general, el hombre es el destinado de hacerse cargo de sí mismo, porque los problemas humanos no pueden tener una solución que no sea también humana. Una solución sobrenatural solo será una ilusión, una expresión de nuestra irresponsabilidad hecha dios. Solo será el deseo de que alguien más se hace responsable de nuestras acciones, y por ende, una excusa para la inacción.

3.  La igualdad del hombre con todos los seres vivos es ofensiva y no está comprobada, ya que la evolución está frecuentemente siendo puesta en duda.


Cristianismo

1.  La visión del hombre como sometido sin remedio a la voluntad de un dios es deprimente. Esto es más que una objeción emocional, porque en este caso estamos hablando de una ideología que pretende dar felicidad, significado y plenitud a la existencia humana, y un sentido trascendental al universo. Además, esto refleja la visión de dios como un ser autárquico y egoísta, algo diametralmente opuesto a la tradicional imagen del dios cristiano como un ser absolutamente amoroso.

2.  La impotencia del hombre es una idea deprimente y fatalista. La impotencia humana es una prueba de que la voluntad de Jehová, si es que existiera y nos hubiera creado, sería que fuésemos infelices, porque no nos creó con la capacidad que nos daría más felicidad: La de autogobernarnos y poder dar sentido a nuestras propias vidas.

3.  El sometimiento del hombre a la voluntad de un dios viola sus derechos, pues le quita voluntad, independencia y coarta su libertad de acción, expresión y decisión.

4.  De acuerdo a lo anterior, el hombre no debería ser responsable de nada, al anegarse lo existente en la omnipotencia divina, siendo el dios creador el único responsable de su creación. No puede culparse al hombre por las debilidades propias de su naturaleza material, a menos que el dios en cuestión sea malévolo e indolente. Además, siendo el hombre impotente de hacer algo por sí mismo, no debería ser culpable de sus propios errores, ya que no puede luchar contra su naturaleza, obra de su supuesto creador. ¿Por qué? Porque si pudiera entonces el dios en cuestión no podría predicarse como todopoderoso.

5.  La idea de un castigo eterno por los males cometidos en este mundo, y por ende de naturaleza humana y material, vale decir, un mal limitado, es una injusticia. De igual forma, una recompensa eterna por una vida justa es una desproporción, al recompensarse un bien limitado (por la extensión de la vida) con la gloria celestial. Si la recompensa se diera no por las acciones sino por el propósito y el corazón de las personas, Yavé no debería prometer el cielo solo a quienes creen en él, sino a toda buena persona, sea cristiana o no. Pero esto no es así, y la misma biblia lo dice. Y si es como la biblia lo dice, Jehová sería un dios múltiplemente injusto, al recompensar desproporcionadamente (primera injusticia) sólo a quienes creyeron en él (segunda injusticia); y castigar desproporcionadamente (tercera injusticia) a quienes por su propia naturaleza (creada por este dios, sin consentimiento del hombre, y por ende violando sus derechos, lo que sería una cuarta injusticia) son incapaces de cumplir sus estrechos mandamientos (incapacidad producto de la naturaleza que les impuso su creador, por lo que éste dios no solo castigaría el pecado sino la incapacidad, lo que sería una quinta injusticia) o simplemente no creen en él, sea por desconocimiento de sí (Yavé castiga la ignorancia, una sexta injusticia; a la vez que no permite el arrepentimiento de quienes no saben de él, dándoles por algún extraño y malévolo designio suyo un pase directo al infierno, pues si quisiera podría revelárseles, pero no hacerlo constituye una sétima injusticia) o porque se lo encuentra intelectualmente imposible (Yavé castiga la honestidad intelectual y el uso de la razón, capacidades supuestamente dadas por él mismo, lo que constituye una octava injusticia).



CONCLUSIÓN

Nuevamente vemos que ante la inevitable disyuntiva de las tres ideologías, el ateísmo sale bien librado, el budismo obtiene una distinción meritoria frente a las diferentes religiones, y el cristianismo sostiene las tesis más anacrónicas de todas, que producen la menor cantidad de dicha posible. Es cierto que para el occidental de hoy, e incluso para muchos otros, el cristianismo es más aceptable, no porque sea poseedor de una verdad absoluta y revelada, o tenga en su haber poderosos argumentos intelectuales, sino porque es más compatible con los instintos de la vida doliente y quejumbrosa, es más afín con el sufrimiento y el dolor que con la valentía necesaria para encontrar una solución. Buscar resolver un problema representa un gran sacrificio, algo doloroso, que sin embargo debe hacerse. El cristianismo sustituye el esfuerzo humano por la dependencia divina, y con ello dispensa al hombre de sus responsabilidades, que de otra forma serían penosa y negativamente realizadas por él. Es el relevo de responsabilidades lo que hace que el hombre sea más compatible con el cristianismo, pues éste despoja al hombre del pesado trabajo de encargarse de sí mismo, y como pago toma como su propiedad a la totalidad del individuo. Por esto ser cristiano, si se desea tener una vida feliz, implica abandonarse a un ser intangible, arrogante y egoísta al más alto grado. Es una mala opción, pues a cambio de una tranquilidad momentánea y falaz se tiene que dar la vida entera, es un mal trato, en el que uno siempre sale perdiendo. Por ello, toda fe que implique perder la independencia a cambio de conseguir una pizca, no demasiado tangible ni segura, de tranquilidad, no vale la pena. Por lo menos en el budismo uno sabe a lo que se atiene, y no se ofrecen recompensas más grandes de las que uno es capaz de alcanzar con su propio esfuerzo. No se da una justificación ad hoc y completamente inverosímil e incomprensible sin fe, sino una descripción fría y seca del mundo: Un lugar donde existe el sufrimiento. En este caso, aunque sean mucho más frías, el budismo y el ateísmo dan las mejores opciones de vida. Otra cosa es que la gente sea lo suficientemente fuerte o valiente para aceptarlas y vivir bajo el nada grato peso de sí mismos. Pero la debilidad de otros es algo que no debe interesarnos demasiado, y en definitiva es otro tema.



REFERENCIAS

[1] Texto editado y traducido del pali por Bhikkhu Nandisena. Edición del Sexto Concilio Budista. ©CMBT 1999. Revisión, 13 de marzo de 2000. Fondo Dhamma Dana.

[2] El Sutra del Loto, pág. 38. Traducido al español por Rev. Yin Zhi Shākya, de la Orden Hsu Yun del Budismo Chan/Zen en el año 2007.

[3] Misma obra, pág. 207.

5 comentarios:

Milo dijo...

Interesante entrada, aunque no comparto algunos puntos me ha resultado original y constructiva. Estaré pendiente de tu blog
Un saludo

c. oriental dijo...

El apartado sobre cristianismo lo ha escrito un deficiente mental.

atea1 dijo...

Es un muy buen texto pero me parece que la parte que discute el cristianismo está muy subjetiva. Además de los pormenores deben mostrarse las ventajas que expone esta ideología.

Yakuza Dylan dijo...

Si tú lo dices. Lo usual, ni argumentos presentas. ¿Cuánta desesperación? Un petardo que cree huir de las simples bestias. La caída a tierra siempre vino de la mano de tu familia, ¿no es verdad? Te compadezco, ¡cuánta vergüenza te has comido, Cristiano Oriental! La pureza infantil nunca vuelve, ni sirve que hagas memoria.

Saludos!

Yakuza Dylan dijo...

@c. oriental

Si tú lo dices. Lo usual, ni argumentos presentas. ¿Cuánta desesperación? Un petardo que cree huir de las simples bestias. La caída a tierra siempre vino de la mano de tu familia, ¿no es verdad? Te compadezco, ¡cuánta vergüenza te has comido, Cristiano Oriental! La pureza infantil nunca vuelve, ni sirve que hagas memoria.

Saludos!

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